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Compañera humana Cap. 39


No lo había visto mal. Sus dedos rectos y alargados estaban desabrochando los botones de la camisa blanca.

¿P-pero por qué...? ¿Por qué...?

El cuello, que siempre llevaba impecable, ya estaba abierto. Cada vez que la camisa se separaba entre botón y botón, me tragaba la saliva sin darme cuenta.

Desde la línea del cuello, pasando por las clavículas, hasta los marcados músculos pectorales y los definidos abdominales, ya no quedaban más botones.

El señor pantera negra dejó la camisa sobre el estante y, sin darme tiempo a respirar, bajó las manos.

Se desabrochó el cinturón de cuero.

Dios mío.

En un instante, los pantalones del traje desaparecieron, y por último también se quitó los calzoncillos.

¡Aaaaaaaaaah!

Toda la fuerza de voluntad con la que había conseguido mantener la compostura hasta ese momento se hizo añicos de golpe.

Ante la desnudez completa —o perfecta— del señor pantera negra.

¡¿Eh?!

No era mi intención, pero aquella parte de su anatomía captó inmediatamente mi atención. Aparté la mirada a toda prisa.

¡N-no he mirado! ¡No he visto absolutamente nada!

Aunque tenía una presencia bastante... imponente, no había mirado. De verdad. ¡Y no pensaba volver a mirar!

Mientras yo entraba en pánico, los pasos del señor pantera negra se alejaron del borde de la bañera.

Shhhh.

Poco después, escuché un sonido. Era el agua que salía de la ducha.

Sin querer, mi mirada se dirigió hacia la cabina de ducha y...

—¡Ah!

Me giré de golpe.

No, es solo que... como sonó el agua, tenía curiosidad por saber qué era...

De todas formas, la pared de cristal lo cubría y no se veía bien. Sí, eso.

Shhhh.

Jamás habría imaginado que el simple sonido de una ducha pudiera resultar tan indecente. Mi imaginación no dejaba de dar vueltas a ideas que no necesitaba tener.

El agua que caía sobre el cuerpo desnudo del señor Pantera Negra...

El agua...

E-el agua es solo agua. ¿Qué otra cosa podría ser?

No pensaré en ello.

Volví a sumergir en el agua mi torso, que había quedado apoyado sobre el borde de la bañera. Hasta el cuello, nada más.

Después cerré los ojos.

Shhhh.

Ay, maldito sonido del agua...

También me tapé los oídos.

Con dignidad. Con serenidad.

Fingiendo que no me importaba, que no me interesaba.

Con el mundo oscuro y silencioso, pensé que podría descansar de alguna manera.

—Huuh.

Visto en retrospectiva, hoy había sido un día en el que se sucedieron cosas que con una sola al día ya serían agotadoras. La cantidad de información absorbida había sido enorme, me había sentido herida, agobiada, ansiosa, cansada... Podría seguir enumerando mis impresiones sin parar.

Primero voy a descansar. Si sigo con la cabeza tan llena de cosas, podría volver a cometer algún error.

Decidí entregar mi fatigado cuerpo y mi mente cansada al cálido baño.

Mientras se bañaba a una mascota, que su dueño decidiera ducharse también era, sin duda, una decisión poco segura.

Pero Doyle no tenía otra opción. Había dejado a Miro en el agua de la bañera y el olor a lobo seguía subiendo sin cesar. Y precisamente de su propia ropa.

Pensó que, si lavaba a Miro así, no tendría sentido. Porque él mismo le volvería a transmitir el olor.

Pero entonces vio a Miro sentada con la parte superior del cuerpo erguida, muy digna. Desde la primera vez que casi se ahogó en el agua, había tenido cuidado, pero, para su satisfacción, parecía que ahora se había acostumbrado por completo.

Doyle decidió que era buen momento para ducharse él también. Por si acaso, dejó la parte superior del cuerpo de Miro apoyada en el borde de la bañera.

Shhhh.

Se lavó a toda prisa. Ni siquiera en circunstancias normales era de los que se quedaban disfrutando tranquilamente del agua.

Mientras se enjuagaba el gel de baño, de repente su agudo oído captó unos sonidos preocupantes.

Un ¡fss! de algo resbalando. Un ¡plof! de agua salpicando, seguido de un borboteo de burbujas.

Doyle salió inmediatamente de la cabina de ducha de un salto.

—¡A-aguapf...!

Me había quedado dormida. ¡Me había quedado dormida de verdad!

—¡Ejem! ¡Cof, cof, cof!

Me había entrado agua por la nariz y me escocía muchísimo.

Gracias a que el señor pantera negra me sujetó por ambas axilas y me levantó, no tragué demasiada agua. Seguramente salió corriendo de la ducha por mi culpa.

Debía de haberme quedado dormida con los ojos cerrados y los oídos tapados, y mi trasero había resbalado. ¡Por poco me ahogaba en la bañera...!

¡¡¡Aaaah!!!

¿Q-qué...

Q-qué...

¡¿QUÉ ES ESO?!

¡¿Por qué es tan grande?!

No, es que... ¡E-esto...!

A ver, el señor Pantera Negra me había rescatado. Estaba inclinado hacia delante, completamente desnudo, con ambos brazos extendidos para sacarme del agua.

Y, como resultado, justo al final de mi mirada, que había descendido involuntariamente... había una cosa oscura y enorme.

Algo cuya presencia no se veía eclipsada ni siquiera por los firmes muslos del señor Pantera Negra.

¡¡¡Aaaaaaaaaah!!!

Mi cerebro dejó de funcionar por completo. Era tan largo y grueso que me costaba creer que aquello fuera real.

¿Cómo se llamaba?

¿Excitación? ¿E-rección?

Incluso sin estar excitado, cuando colgaba hacia abajo, laaaaaargo y tendido, seguía siendo enorme.

Aunque yo no había tenido una relación amorosa decente, sí había visto el miembro de un hombre.

En el REV Discovery . Porque era habitual que hombres borrachos corrieran desnudos por la cubierta o durmieran roncando desnudos en el comedor.

Sin embargo, el p-pene del señor Pantera Negra no se parecía a ninguno de los que había visto hasta entonces.

¿Cómo demonios consigue meter semejante cosa dentro de los pantalones?

El tamaño y la forma eran simplemente... diferentes.

Incluso el color de la piel de esa zona era fundamentalmente distinto al humano.

La base era oscura, pero el color se iba aclarando gradualmente hacia la punta, adquiriendo un tono rojizo. Era una combinación de colores extrañísima para mí y, al mismo tiempo, inexplicablemente natural.

Vaya, pero por mucho que sea un hombre bestia, ¿no tiene pelo ahí abajo...?

¡Ah!

¡Basta!

¡Para!

¡¿En qué estás pensando?! ¡Eso es acoso sexual, Lee Wooyeon!

—Miro. ¿Estás bien?

—¡Hyaaaah!

De repente, el rostro del señor pantera negra se acercó y solté un grito.

Tras confirmar que estaba perfectamente bien, enderezó la espalda. Y entonces, justo a la altura de mis ojos, se desplegó una escena de lo más indecente.

Creo que voy a perder la cabeza.

Acto seguido, el panel de control emitió varios pitidos y el agua de la ducha se detuvo a lo lejos. Estaba claro que el señor pantera negra quería lavarme a mí primero.

¡Todo muy bien, pero, por favor, póngase algo de ropa antes de continuar!

Pero, tristemente, mi dueño, que era un maniático de la limpieza, no iba a recoger la ropa ya usada y ponérsela. Además, el baño estaba ahora a una temperatura tan alta que era como una sauna.

Sin esperanza, tuve que recurrir de nuevo al viejo conjuro y recitarlo con todas mis fuerzas.

¡Soy un maltés, soy un maltés...!

Pero era inútil. Ignorar aquel enorme miembro que se balanceaba justo delante de mis ojos era demasiado para mí.

No. Tengo que tranquilizarme.

Un animal de verdad no se fijaría en el pene de su dueño. De hecho, apartar la mirada con horror podría resultar sospechoso.

Al fin y al cabo, ese hombre solo me considera su mascota.

Mira, aunque yo estuviera completamente desnuda, el miembro del señor Pantera Negra seguía colgando flácidamente...

—¡Aaaah!

De repente, aquella sombra oscura se elevó de golpe.

¡Se levantó!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡¿Qué hago?!

Preso del pánico, me tapé la cara con ambas manos. Cerré los ojos con todas mis fuerzas. (Aunque no tenía ni idea de qué utilidad podía tener aquello).

Entonces, al poco rato, algo me golpeó suavemente el dorso de la mano.

—¡Aaaah!

Di un salto, horrorizada.

Por un instante, pensé que aquel hombre demente, se habia excitado con su mascota y quizás me había tocado con su enorme miembro.

Pero la sensación era extrañamente suave y esponjosa. Reuní valor y entreabrí los ojos.

¿C-cola?

Entre mis dedos vi la cola del señor Pantera Negra, negra como la noche. No era aquella enorme e inapropiada parte de su cuerpo.

Por fin pude comprender la situación. El señor Pantera Negra me estaba ofreciendo la punta de su cola.

Por lo visto, quería alcanzar la toalla de baño que colgaba en la pared de enfrente. Pero como yo podría volver a caerme al agua, parecía que me decía que me agarrara a su cola.

¿Qué demonios...? ¿Es esto un pasamanos?

Como hasta hacía un momento la había confundido con su miembro, sinceramente sentí rechazo primero. Además, su cola tenía casi el mismo grosor que su pene.

—Miro.

Uuugh...

A regañadientes, agarré su gruesa cola. Pero, cuando por fin la toqué...

¿E-espera? ¿No está tan mal como pensaba?

Al contrario de lo que esperaba, tenía una textura suave, mullida y bastante adorable.

Teniendo en cuenta que la cola está cubierta de pelo, eso significaba que su miembro debía de ser todavía más grueso... ¡No! ¡¿Pero qué estoy pensando otra vez?!

¡Basta!

En fin, tras confirmar que yo sujetaba la punta de su cola, el señor pantera negra se dio la vuelta. Gracias a eso, sus hermosas nalgas quedaron a la vista.

¡Aaaah, su trasero!

N-no. Solo voy a mirar la cola.

Concentrémonos.

Ejem. La larga cola del señor pantera negra comenzaba aproximadamente al final de la columna, en el lugar donde estaría el coxis, y se extendía con flexibilidad. Su espalda negra, de brillo sedoso, se prolongaba de manera completamente natural hasta convertirse en aquella cola.

Recordé que, durante mi primer baño, me había tocado el coxis. Ahora estaba convencida de que lo había hecho para comprobar si tenía cola.

Y, justo debajo de aquella elegante cola, se encontraban sus glúteos, firmes y esculpidos como una estatua...

¡No! ¡Concéntrate! ¡Concéntrate!

Aferré la cola como si fuera una cuerda salvavidas y me limité a mirar su punta. Para no distraerme con nada más.

Por suerte, el señor pantera negra cogió enseguida la toalla y se la enrolló a la cintura. Pero como yo seguía agarrando su cola, la parte trasera quedó levantada como una tienda de campaña.

La cola se movió ligeramente, como diciendo que ya podía soltarla.

—¡Ah!

Me sobresalté y abrí la mano.

La cola del señor pantera negra se escapó de mi mano y rozó suavemente mi mejilla al pasar.

Por alguna razón, esa zona se encendió como fuego.

Traducción y corrección: Queen Hans