Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 95
La noche de la reunión de héroes finalmente había llegado.
Los cuatro héroes se habían transportado juntos hasta el monumento situado bajo tierra, el lugar al que acudían una vez al año para encontrarse con Ymir. Aquel espacio, normalmente austero y silencioso, se veía diferente aquella noche.
Al llegar, descubrieron que el lugar había sido preparado con una atención poco habitual. En el centro había una mesa repleta de comida y, alrededor de ella, varios troncos habían sido dispuestos como asientos. Lo extraño no era la sencillez de aquellos muebles improvisados, sino que estaban adornados con pequeñas flores blancas y amarillas que contrastaban con el ambiente oscuro de la caverna.
Sylv observó el lugar con una ceja levantada.
—Ymir nunca había adornado así.
Emris caminó unos pasos hacia delante para examinar con mayor atención la comida y los troncos decorados. Incluso se inclinó ligeramente para observar uno de los arreglos florales.
—Eso solo significa una cosa.
Anton, que ya parecía cansado incluso antes de que la reunión comenzara, respondió con absoluta seriedad:
—Nos va a dar mucho trabajo.
Los cuatro guardaron silencio.
No necesitaron decir nada más. Si Ymir se había tomado la molestia de preparar aquel lugar de una manera tan inusual, era evidente que aquella reunión no sería precisamente sencilla.
Emris, sin embargo, no parecía preocupado por ello. Aprovechó que los demás todavía permanecían de pie y tomó discretamente uno de los pequeños panqués que habían sido colocados sobre la mesa.
Los otros tres lo observaron, pero decidieron no decir nada.
Finalmente, todos tomaron asiento.
El silencio se apoderó de la caverna.
Entonces llegó el momento.
Como todas las noches, una vez al año, Ymir descendió a la tierra.
La oscuridad del monumento desapareció en un instante.
Una luz cegadora inundó completamente el lugar, extendiéndose por las paredes de piedra y haciendo que las sombras desaparecieran, incluso reflejándose en la hermosa cascada presente en el lugar. La presencia mágica que acompañaba aquella manifestación era tan abrumadora que incluso los cuatro héroes, acostumbrados desde hacía años a presenciarla, sentían el peso de aquel poder sobre sus cuerpos.
No era simplemente una luz.
Era la presencia de su dios.
Para ellos, soportar la materialización de Ymir era casi una tortura para el alma. Su poder era tan inmenso que durante aquellos pocos segundos sentían como si algo invisible presionara cada parte de su ser. Ninguno se movía. Ninguno hablaba. Simplemente esperaban a que aquella presencia terminara de tomar forma.
Poco a poco, el resplandor comenzó a disminuir.
El sonido aturdidor que había acompañado la llegada de Ymir también se apagó hasta convertirse en un silencio profundo.
Entonces apareció un hombre alto.
Su cabello era de un azul claro casi etéreo y sus ojos poseían un tono completamente azul, tan intenso que parecían contener el reflejo de un océano infinito. A pesar del poder que acababa de desplegar, su aura permanecía completamente oculta, haciendo que, a simple vista, pudiera pasar por un humano cualquiera.
Los cuatro hombres se levantaron inmediatamente.
Sin decir una palabra, se arrodillaron frente a él.
Para ellos, Ymir no era simplemente una deidad a la que veneraban.
Era su único rey.
El verdadero y único ser al que habían jurado obedecer.
—Pueden sentarse.
La orden no salió de los labios de Ymir.
La voz apareció directamente dentro de sus mentes.
Los cuatro héroes obedecieron con rostros serenos y volvieron a tomar asiento.
Ymir permaneció frente a ellos durante unos segundos, observándolos uno por uno.
—Gracias por venir esta noche, aunque sé que muchos de ustedes ya están pasando por sus propios problemas.
El dios tomó asiento sobre un tronco mucho más grande y elevado que los demás. Su posición lo hacía parecer un verdadero trono, aunque no necesitaba de semejante cosa para recordarles quién era.
—Pueden hablar y comunicarme lo que piensan y sienten de forma sincera.
Los cuatro héroes comenzaron entonces a exponer, uno por uno y de manera ordenada, los problemas que estaban atravesando sus respectivos países.
Mientras uno hablaba, los otros permanecían en silencio. Nadie interrumpía. Todos escuchaban con atención, incluido Ymir, quien mantenía la mirada fija sobre cada uno de ellos.
Cuando terminaron, el dios permaneció unos segundos en silencio.
—Entiendo. Soy consciente de cada uno de ellos, pero escucharlo de ustedes me hace conocer más sobre la perspectiva humana de lo que está pasando.
Ymir soltó un suspiro.
—Entonces, recapitulando en pocas palabras. Sylv, la emperatriz se suicidó y dejó como culpables a su esposo e hijo. Emris, la gente no puede coexistir entre autómatas y humanos. Cyril, los humanos no aceptan a las demás especies. Y por último, pero no menos importante, Anton, tu gobernante es un monstruo.
Los cuatro permanecieron en silencio.
Anton tenía una mirada sombría.
Los otros tres, aunque no lo demostraban exteriormente, sentían una profunda impotencia. Conocían la situación de su amigo, pero también sabían que no podían intervenir directamente contra el emperador de Eternia.
Lo único que podían hacer era esperar.
Esperar que Ymir les permitiera actuar.
Y esperar que aquello ocurriera antes de que fuera demasiado tarde.
—El asunto más urgente ahora es la situación de Anton. Las pesadillas han sido subyugadas en tu imperio gracias a la presencia de Anya. De hecho, ni siquiera han querido abrir portales en Eternia y por eso es que han estado apareciendo con más frecuencia en las áreas de los demás.
Ymir dirigió la mirada hacia los otros tres.
Cyril levantó una mano.
Ymir le concedió la palabra.
—Entonces es cierto que han adquirido consciencia propia.
Ymir asintió con los ojos cerrados.
—Sí. Si bien la llegada de Anya a Eternia fue un bien para ellos, también fue un descontrol. Su llegada hizo que algunas pesadillas evolucionaran y tuvieran consciencia propia. Esas pesadillas dirigen a las que no tienen consciencia y saben que Anya es peligrosa, porque no pueden hacerle nada.
Ymir se levantó.
Comenzó a caminar lentamente alrededor de los cuatro mientras continuaba hablando.
—Al principio, pensaron que se trataba de uno de ellos porque tienen un aroma similar, ya que sus almas provienen del mismo mundo. Sin embargo, al tenerla más de cerca se dieron cuenta de que no son iguales, y es así como decidieron hacerla su enemiga.
Cyril volvió a hablar.
—¿Eso representa un peligro?
Ymir respondió inmediatamente.
—Por ahora no representan un peligro, pero quién sabe cuánto más permanezca así. Es vital que siempre estén al tanto de sus movimientos y nivel de consciencia.
Cyril bajó la mano.
No tenía más preguntas.
Ymir continuó caminando unos pasos antes de detenerse.
—Ahora, ya que tocamos el tema de las pesadillas, lo que les diré es importante y algo delicado.
La atención de los cuatro héroes aumentó de inmediato.
—Anton…
El héroe levantó la mirada.
Ymir lo observó directamente.
—Sabes que el príncipe Ashton tiene un hermano menor, Peter.
Anton asintió.
Entonces Ymir comenzó a explicarles todo.
Les habló de las atrocidades que Johan había cometido contra la familia imperial de Eternia. Les contó lo que había hecho con Peter, los experimentos a los que había sometido al niño y las consecuencias que aquello estaba teniendo sobre su cuerpo.
A medida que las palabras de Ymir avanzaban, las expresiones de los cuatro héroes fueron cambiando.
Sus rostros palidecieron.
Incluso Emris, que normalmente encontraba la manera de hacer algún comentario o bromear ante las situaciones más tensas, parecía contener las ganas de vomitar.
Habían visto maldad.
Habían conocido guerras, asesinatos y personas capaces de cometer atrocidades inimaginables.
Pero aquello era diferente.
Johan había hecho todo eso con su propia familia.
Con niños que dependían de él.
Emris levantó una mano.
—Pero, ¿qué tiene que ver el tema de las pesadillas con Peter?
Ymir suspiró.
—Al niño no le queda mucho tiempo.
Emris frunció el ceño.
—¿A qué se refiere?
Por primera vez desde que había comenzado la reunión, Ymir parecía verdaderamente apenado.
Desvió la mirada.
Con el paso del tiempo se había vuelto insensible ante gran parte de las tragedias que ocurrían en el mundo, pero incluso para él resultaba difícil contemplar lo que aquel niño había sufrido después de perder a sus padres.
—El niño es una bomba del tiempo. Johan incrustó tanto órganos como sangre de pesadilla en el niño y él se está convirtiendo en una. Sin embargo… no se convertiría en una pesadilla normal. Sería una catástrofe, una que podría destruir Bansia y sus alrededores o incluso Eternia entero si no se detiene.
Anton se levantó de golpe.
El tronco sobre el que estaba sentado crujió ligeramente bajo el movimiento.
Sus cejas estaban fruncidas y sus puños se encontraban cerrados con fuerza.
—¡¿Y no hay nada que podamos hacer?!
Ymir lo miró con una expresión seria.
—Solo hay dos opciones. Matarlo antes o cuando se convierta, lo cual será tarea únicamente tuya.
La mirada de Ymir se volvió severa.
No había necesidad de explicar el significado detrás de aquella frase.
Estaba claro que no permitiría que, esta vez, alguien más hiciera el trabajo por Anton.
El héroe lo comprendió.
Desvió la mirada y tragó nerviosamente.
Ymir continuó.
—Y la otra opción es llevar a Patsy con él y que intente purificarlo.
El rostro de Ymir se ensombreció.
Frunció el ceño.
—Pero sinceramente esa opción no me gusta. No quiero arriesgar a una niña a ver eso.
Nadie dijo nada.
La decisión era demasiado difícil.
Pero, al final, tampoco les correspondía completamente a ellos.
Patsy tendría que decidir por sí misma si estaba dispuesta a intentarlo.
Anton levantó una mano.
—Pero, ¿de qué serviría purificar su alma si tiene órganos de pesadillas?
—Los órganos sirven, pero están contaminados por sangre de pesadilla. Ella, al purificarlo, prácticamente estaría descontaminando aquello también.
Anton bajó la mirada.
Los otros héroes lo observaron en silencio.
La carga que llevaba sobre los hombros acababa de hacerse todavía más pesada.
No se trataba solamente de proteger a Anya.
Ahora también tenía frente a él la posibilidad de decidir entre salvar a un niño o acabar con su vida antes de que se convirtiera en una catástrofe.
Sylv se puso de pie de repente.
—Gran Ymir, ¿hay algo que podamos hacer para ayudar a nuestro amigo? Aunque sabemos que no podemos involucrarnos directamente con el emperador, debe haber alguna otra cosa.
Ymir sonrió ligeramente y pasó una mano por su cabello, acomodándolo hacia atrás. Siguió hablándoles en su mente.
—De hecho, sí hay algo que pueden hacer. Todos.
La atención de los cuatro se concentró por completo en él.
Ymir comenzó entonces a explicarles el plan de Tate.
Todos escuchaban con atención.
Anton permanecía pensativo, procesando cada detalle de lo que acababa de escuchar. Emris lo volteó a ver durante unos segundos y, al notar que parecía estar perdiéndose un poco en sus propios pensamientos, pasó un brazo por encima de sus hombros para hacerlo sentir apoyado.
Ymir comenzó a asignar las tareas.
—Emris, escoltarás al príncipe Ashton.
Emris levantó ligeramente las cejas.
—Sylv, ayudarás a Tate protegiéndolo mientras está herido.
Entonces Anton levantó la mirada.
—E-Espere, y discúlpeme que lo interrumpa. ¿Escoltar al príncipe Ashton? Pero primero debemos sacarlo de la celda.
Ymir negó con la cabeza.
—El príncipe Ashton escapó hace unas horas de la prisión.
Anton abrió ligeramente los ojos.
—¿Qué? ¿Cómo?
Ymir lo observó con calma.
—El príncipe es más fuerte de lo que crees, Anton. No deberías subestimarlo, pero, de igual manera, sigue siendo un niño. Un adolescente normal, claramente.
Al decirlo, dirigió la mirada hacia Emris.
El más joven de los héroes también tenía diecisiete años.
Pero definitivamente no era un adolescente normal.
Ymir continuó con las asignaciones.
—Prosigo. Cyril, reúne toda información contra el emperador Johan. Ya sea que te infiltres en las casas de los aristócratas de sus facciones o como tú desees manejarlo.
Los tres asintieron.
Ninguno protestó.
Entonces llegó el turno de Anton.
—Anton, para el día de la floración tendrás que estar en Bansia, pero antes tendrás que hacer una parada. La casa de los Falksen.
Anton frunció el ceño.
La mención de aquel lugar era suficiente para comprender que algo no estaba bien.
Ymir lo sabía.
—Sé lo que estás pensando. Que Ryra e Isla pueden encargarse, ¿no es así?
La tensión en los hombros de Anton aumentó.
Ymir nunca decía las cosas al aire.
Si le estaba ordenando personalmente que fuera a la casa de los Falksen, entonces debía existir una razón.
—Esa no es lucha de ellas, Anton. Es lucha de Anya y necesito que tú tampoco te metas.
La voz de Ymir adquirió un tono serio y estricto.
—Ella necesita pelear sola contra Amery. Es algo que ella debe pasar sí o sí. Tú, Ryra o Isla no siempre estarán para protegerla y debes entender eso. Cada quien tiene que luchar sus propias batallas.
Anton permaneció en silencio.
No podía discutir aquello.
Ymir tenía razón.
Anya sabía pelear. Él lo reconocía mejor que nadie. Tenía valor, muchísimo más del que habría esperado de alguien que había llegado a aquel mundo sin estar preparada para semejante vida.
Incluso había sido capaz de hacer aquello que él no podía.
Matar.
Pero todavía le faltaba experiencia.
Y jamás conseguiría adquirirla si Anton, Ryra o Isla intervenían constantemente para resolver sus problemas por ella.
Era difícil aceptarlo.
Especialmente para alguien como Anton, cuyo primer instinto siempre había sido protegerla.
Pero algunas batallas no podían ser libradas por otras personas.
—Parece que lo entiendes. Entonces… tan pronto como puedas ir, tendrás que ir a Rosendal de regreso y dejar que Anya luche su batalla. Mientras tanto, los demás harán lo que les dije.
El silencio volvió a instalarse en el monumento.
Las instrucciones habían quedado claras.
Cada uno tendría que enfrentarse a una parte diferente del problema.
Emris tendría que encontrar y escoltar a Ashton.
Sylv tendría que ayudar a Tate.
Cyril tendría que reunir información contra Johan.
Y Anton tendría que regresar a Rosendal y permitir que Anya enfrentara sola a Amery.
Pero aquello no era lo único que los esperaba.
El día de la floración estaba a cuatro meses de ocurrir.
Comentarios