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Compañera humana Cap. 34


Las últimas dos noches habían sido prácticamente el paraíso. Para empezar, había podido dormir profundamente y, por fin, mi cuerpo se sentía descansado.

La inflamación horrible en mis amígdalas casi había desaparecido por completo. Gracias al aerosol de la veterinaria y a que ahora me obligaban a cepillarme los dientes todos los días.

Aunque la pasta sea de atún, es mejor que enjuagarme solo con agua a escondidas de mi dueño...

Pero hoy también me he vuelto a dormir, lo cual es una lástima. Porque para ver la televisión tendría que levantarme al amanecer.

Tengo que aprovechar cuando el señor pantera negra salga a hacer ejercicio.

En solo dos días mi oído ha mejorado de manera asombrosa. Porque al seguir escuchando el idioma de los hombres bestia, hay palabras que al principio no entendía nada, pero de repente me viene su significado.

Claro que todavía hay muchas palabras que entiendo a medias o no entiendo nada. Por ejemplo, los hombres bestia llaman al señor pantera negra "Senatur" . Entiendo que no es su nombre, sino un título, pero no sé muy bien qué significa.

Tengo una idea de por qué. O son palabras que no conozco en absoluto, o son expresiones poco familiares que los humanos no usan.

Tengo el presentimiento de que viendo la televisión sin parar se resolverá este problema de vocabulario. Así que por un momento tuve la esperanza de que el señor pantera negra, que estaba preparándose para ir a trabajar, me dejara sola en casa.

Pero él era un hombre absolutamente incapaz de cumplir mis expectativas.

Clac.

La correa se enganchó nuevamente a mi collar.

Al salir de casa, pensé que esto era un retorno a la rutina. Que había vuelto a la monótona rutina del señor pantera negra.

Su rutina matutina de trabajo suele ser así:

Me llevaba con él hasta el auto conducido por el señor guepardo, su chófer. Era una limusina gigantesca con todos los cristales tintados de negro.

El chófer cruza la ciudad, repleta de relucientes rascacielos, hasta una zona determinada. Una calle que, dentro de esa metrópolis futurista, se ve especialmente cargada de historia.

De pronto, la altura de los edificios comenzaba a disminuir. A ambos lados del camino crecían árboles enormes, viejos, cuyas hojas rojizas y amarillas proyectaban largas sombras otoñales.

El otoño ya estaba bastante avanzado.

Los propios edificios de la calle tampoco parecían modernos, pero eso no significa que estén viejos. Simplemente tenían un estilo arquitectónico clásico, elegante y muy bien conservado. ¿Como el Whitehall de Londres?

Y entre ellos, el edificio más imponente es el lugar de trabajo del señor pantera negra, eh... ¿su oficina? ¿su empresa? Algo así.

Al llegar, el siguiente paso es que el señor gato secretario nos recibe abriéndonos la puerta del coche. ¿Ves? Hoy también está.

—Buenos días, Senatur. ¿Dormiste bien, Miro?

Parece que el nombre del gato atigrado es "Noh Min". Como el señor pantera negra casi nunca lo llama por su nombre, todavía no estoy completamente segura.

—Al fin llegó el día. Ya di instrucciones a todo el piso, todos están esperándolo con ansias. Miro, qué suerte tienes.

¿Eh? ¿Qué significa eso de suerte?

En fin, al bajar del coche, dejamos atrás la cortés reverencia del chófer guepardo y entramos al edificio.

El vestíbulo de la primera planta es imponente y elegante, hasta el punto de intimidar. Recibimos otra ronda de saludos de los empleados de recepción y nos dirigimos al ascensor.

Pero aquí también, como en el penthouse, hay un ascensor exclusivo para el señor pantera negra.

¿Este hombre... es incapaz de compartir algo con otras personas o qué?

El destino del ascensor es siempre la última planta del edificio, la quinta. Allí está la oficina del señor pantera negra. También parece que usa toda la planta él solo porque no quiere compartirla con otros hombres bestia.

Llegados a este punto… ¿es maniático de la limpieza o simplemente tiene fobia social?

Hoy también íbamos a subir directamente al quinto—

「4」

¿Eh? ¿Qué pasa? El señor gato ha pulsado el botón con el número 4, no el 5.

Ding.

Al cabo de un momento, se abren las puertas del ascensor y ante mí se despliega el paisaje de una oficina normal.

Veo un espacio de trabajo distribuido con mesas en forma de L, armarios y separadores bajos. Sobre cada mesa hay montañas de papeles y cosas.

También llama la atención que en las paredes de la oficina hay flotando una docena de pantallas holográficas. Unas monitorizan datos estadísticos, otras tienen puestos canales de televisión con noticias.

Y hombres bestia con pinta de oficinistas trabajan ajetreados desde primera hora de la mañana.

Pero entonces—

De golpe, toda aquella actividad se detuvo. Uno tras otro, todos giraron la cabeza hacia nosotros.

Alguien gritó.

—¡Ohhh, llegaron! ¡Voy a avisar a todos!

Era un joven hombre bestia guepardo, con una voz particularmente juvenil. Sale corriendo escaleras abajo.

Este edificio tiene un diseño curioso. En el centro de cada piso había una enorme abertura conectada por una escalera de caracol clásica. Por lo que veía, las escaleras conectaban del segundo al quinto piso. El primer piso no tenía acceso central.

Mientras caminábamos fuera del ascensor, el joven guepardo regresó casi de inmediato a la cuarta planta. Trayendo consigo a los empleados de otras plantas.

¿Pero por qué?

Pocos segundos después, decenas de hombres bestia se reunieron frente al señor pantera negra y a mí. Ellos, conscientes de la manía de limpieza de mi dueño, mantienen una distancia de unos dos metros. Normalmente, ni el señor gato se acerca a menos de un metro.

Así que la única pegada al señor pantera negra soy yo.

Y todos tienen los ojos brillantes de emoción.

Preocupada, recordé que en el REV Discovery también pasaba algo parecido a veces. Ese tipo de ambiente donde hay...

¿Una fiesta de cumpleaños?

¿El cumpleaños de quién?

¡Ah! ¿Será el cumpleaños del señor pantera negra?

Levanté la cabeza de golpe para mirar a mi dueño. Pero él se limitó a acariciarme la cabeza en silencio.

—¿Estamos todos? Ejem, bien. ¡Señores!

El señor gato carraspeó, extendió la palma de la mano y me señaló a mí, que estaba allí plantada sin saber qué hacer.

—¡A partir de hoy! ¡Les presento a Miro, que será la mascota oficial de la oficina del Senatur!

¿Eh? ¿Qué dijo?

¡Paf, paf, paf, paf!

Una lluvia ensordecedora de aplausos explotó a mi alrededor. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... de unos cincuenta hombres bestia.

—¡Mucho gusto, Miro!

—¡Esperamos llevarnos bien contigo!

Todos comenzaron a saludarme con entusiasmo.

G-Gracias. Pero...

La mayoría eran hombres bestia felinos, y sus brillantes miradas desde todos los ángulos resultaban bastante intimidantes. También me incomodaba que tantos hombres bestia desconocidos me prestaran atención.

Al final, me escondí discretamente detrás del señor pantera negra.

Y entonces, como si eso fuera lo más adorable...

—¡Ay, qué bonita es Miro!

Click, click, click, click, click.

Todos vitoreaban y empezaron a hacer fotos con sus tablets.

Esto era literalmente—

Señor gato × 50 personas.

—¡Ah, no olviden enviar las fotos buenas a la encargada de redes sociales! ¡Planos enteros, primeros planos, vídeos! ¡Se aceptan todo tipo de formatos!

El señor gato dio la indicación rápidamente.

Sobre mi cabeza escuché un pequeño suspiro.

—Ha…

Era el señor pantera negra.

Pero sinceramente… la persona que tenía derecho a suspirar era yo.

Se dice que los animales de alta inteligencia necesitan diversos estímulos mentales y físicos. Que, si no se satisfacen, se aburren. Y que cuando los animales se aburren, causan problemas.

—Se dice que cuanto más inteligentes son, más creativos y destructivos se vuelven. Romper cosas, morder muebles, destrozar la casa... no es nada comparado con lo que pueden llegar a hacer. No es broma. Por lo tanto, hay que proporcionar a Miro un entorno que satisfaga su curiosidad para que no se aburra.

Eso había defendido Noh Min, su secretario jefe, después de ver decenas de vídeos sobre bienestar de mascotas la mañana anterior.

Doyle también lo reconocía hasta cierto punto. Hasta entonces, Miro había tenido que pasar todo el tiempo en la oficina o dentro del coche mientras él trabajaba. No era un entorno adecuado para una mascota.

Así que decidió dejar a Miro suelta por la oficina para que pudiera moverse libremente. Y también que la acompañara siempre que fuera posible.

En la oficina del diputado Doyle Shaw existía la norma de que se podía ir con mascotas. Aunque como era un trabajo muy ajetreado, casi nadie tenía animales, pero Doyle sabía que de vez en cuando había quien traía a su mascota al trabajo.

Pero seguro que nadie imaginaba que el propio Doyle Shaw se beneficiaría de esa norma interna.

Doyle se sentó solo en su amplio despacho de la quinta planta y empezó a trabajar.

A pesar de que su secretaría y su secretario jefe filtraban muchos documentos, los que él tenía que revisar personalmente eran una montaña.

Llevaba cuatro días fuera desde que envió a Miro al centro de entrenamiento. Era el período más largo que había estado ausente desde que asumió como diputado. Y como en unas semanas empezarían las elecciones, el trabajo era interminable.

Pero, curiosamente... le costaba concentrarse.

¿Sería porque Miro no estaba a su lado?

Sus sensibles oídos captaban de vez en cuando risas de los empleados de la oficina. Un bullicio alegre que claramente era culpa de Miro.

Parecía que Miro se divertía perfectamente sin su dueño. Había temido... no, había esperado que Miro lo buscara con ansiedad. Pero no.

Quizá no debería haberla traído.

Ese pequeño arrepentimiento comenzó a rondar lentamente su mente.

Traducción y corrección: Queen Hans