LOS CAMPOS OLVIDADOS (NOVELA) Cap. 300
Talia no discutió y se limitó a asentir con la cabeza.
—Está bien. Regresa hoy a tus aposentos y descansa.
Tan pronto como recibió el permiso, Tiuran se apresuró a recoger sus cosas y salió de la habitación.
En cuanto se cerró la puerta, Talia volvió al lado de Khan. Con cuidado, levantó la cabeza del lobo y la acomodó sobre sus piernas.
Comenzó a peinar lentamente con los dedos su pelaje enredado; de pronto, los párpados de Khan temblaron levemente y aparecieron sus ojos de un azul grisáceo con un tenue brillo.
Talia examinó a Khan con la mirada llena de preocupación.
El lobo parecía como si lo hubieran sacado a la fuerza de un largo sueño.
Tras parpadear varias veces con la vista nublada, Khan intentó mover las patas para levantarse, pero enseguida volvió a quedar desfallecido. Parecía que el efecto de la medicina aún no había desaparecido por completo.
—Quédate quieto.
Luego de calmar al lobo, que dejó escapar un leve gruñido, Talia extendió la mano para desatar la cadena de hierro que rodeaba el cuello de Khan. Sin embargo, los eslabones, enredados como un nudo, no se soltaban con facilidad.
—¿Hasta qué punto apretaron estas ataduras?
Tras intentarlo varias veces más, Talia llamó al guardia que custodiaba al otro lado de la puerta.
—Quítale esto.
El soldado no se movió de inmediato; se limitó a mirar con cautela a Khan, que yacía en el suelo.
Talia lo apresuró con un tono de voz lleno de molestia:
—¿Es que no me oyes?
Tras dudarlo un instante, el soldado se acercó a Khan a regañadientes y le quitó la cadena. Talia envolvió a Khan firmemente entre sus brazos cuando el lobo intentó levantarse tambaleándose, y comenzó a darle palmaditas en la lomo con suavidad.
Entonces, tras aferrarse al suelo varias veces en un intento por moverse, el lobo terminó acurrucándose en su regazo. Los soldados se quedaron mirando la escena un tanto desconcertados; luego, tomaron la cadena de hierro y se pusieron en pie.
—Nos retiramos entonces. Si ocurre algún problema, llámenos.
—Un momento.
Talia los detuvo apresuradamente antes de que cruzaran la puerta y les dio instrucciones con voz firme:
—No le informen al duque sobre lo sucedido hoy.
—No podemos hacer eso...
—Saben muy bien lo ocupado que ha estado Varkas últimamente. No quiero preocuparlo innecesariamente por algo que no tiene importancia.
Los dos guardias se miraron el uno al otro con incomodidad y terminaron asintiendo.
—Entendido. No presentaremos un informe por separado.
Las facciones de Talia se relajaron tras la respuesta obediente, y añadió con una voz más tranquila:
—Cuando regrese Varkas, díganle que tengo la intención de quedarme esta noche en la habitación del segundo piso.
Luego hizo un ligero gesto con la mano, y los guardias se inclinaron con respeto antes de salir de la estancia.
Talia tomó un puñado de hierba para dormir que tenía preparada para emergencias —por si acaso Khan volvía a ponerse agresivo— y lo colocó dentro del incensario. De inmediato comenzó a emanar un humo tranquilo con el característico aroma amargo de la planta. La fragancia pareció molestar a Khan: la punta de su hocico arrugó la nariz varios temblores y cerró los ojos de nuevo.
Pasado un tiempo, tras asegurarse de que Khan se había calmado por completo, Talia hizo que el lobo subiera a la cama y lo forzó a comer los alimentos que las sirvientas habían preparado con antelación. Pensó que tener el estómago lleno podría mitigar un poco su carácter violento. Sin embargo, Khan apenas tragó uno o dos trozos de carne que le introdujo a la fuerza en la boca y luego cerró el hocico herméticamente. Al ver eso, la inquietud volvió a apoderarse del corazón de Talia.
¿Qué le había pasado de repente?
Hasta hacía solo unas pocas horas, se comportaba con la calma de siempre, sin diferencia alguna con lo habitual.
¿Acaso se debía a que lo había regañado? ¿O intentaba llamar su atención con actitudes violentas porque ella ya no le prestaba los mismos cuidados de antes?
Talia continuó acariciando suavemente a Khan, quien sepultaba el rostro en su pecho emitiendo gruñidos continuos. Se mantuvo en esa posición durante bastante tiempo.
De pronto, se escuchó un ligero toque en la puerta.
—Adelante.
Dijo Talia con indiferencia, sin molestarse siquiera en verificar quién era.
A continuación se oyó el chirrido de las bisagras seguido de pasos pesados.
Talia levantó la mirada siguiendo la sombra que se adentró en la habitación.
Vio a Varkas de pie frente a ella con el rostro inexpresivo. Llevaba una camisa blanca impecable y, sobre ella, una chaqueta ligera de color azul marino holgadamente puesta.
Sin dirigirle ningún saludo formal, se encaminó directamente hacia la ventana y la abrió de par en par.
A continuación, tapó el incensario del que salía un hilo fino de humo, apagó las brasas y le dirigió una mirada fría.
—¿Acaso pretendes asfixiarte? ¿Cuánto tiempo piensas quedarte así...?
Sin embargo, Varkas, que la estaba reprendiendo con severidad y frialdad, se calló de golpe. Parecía haberse dado cuenta de que el estado de Khan no era normal. Talia estrechó al lobo aún más hacia sí como para protegerlo, y murmuró:
—No tenía otra opción. Hoy se estaba comportando un poco extraño...
Varkas se acercó al lado de la cama y comenzó a examinar a Khan con detenimiento. Talia pudo percibir el tenue aroma a cuero que emanaba de su cuerpo y el olor a menta, mezclados con su fragancia corporal fría.
En ese instante, se le secó por completo la garganta. Incluso se sorprendió un poco de ser capaz de experimentar semejantes sensaciones, a pesar de que aún se encontraba sumida en un profundo temor por causa de Khan.
Abrió la boca fingiendo que no le importaba:
—Parece que estaba nervioso porque lo dejé solo anoche. Y encima, de repente le impedí salir... Parece que su descontento se acumuló por todo eso.
—¿Esa bestia provocó algún incidente hoy?
Después de examinar durante un largo rato a Khan, que continuaba aletargado por el efecto de la medicina, Varkas dirigió su mirada hacia ella y le preguntó. Talia tragó saliva con dificultad. ¿Acaso los dos guardias habían desobedecido sus órdenes y presentado un informe sobre Khan?
Talia lo miró con cautela y dijo:
—Khan no provocó ningún incidente. Solo parecía un poco ansioso.
Varkas no dio muestras de creerle en lo más mínimo.
Al ver su mirada fría posarse sobre Khan, Talia se apresuró a decir:
—Creo que debería quedarme con Khan esta noche.
Luego envolvió al lobo con sus brazos como si estuviera abrazando a un peluche gigante, y le dirigió una mirada suplicante. Entonces, Varkas asentó con la cabeza lentamente, con una expresión de total indiferencia.
—No te preocupes por mí y duerme.
Se dio la vuelta hacia la puerta sin dudarlo. Sin embargo, Talia lo sujetó del borde de la ropa por acto reflejo. Sabía que era mejor no compartir la cama con él esa noche, ya que desconocía la razón del repentino comportamiento agresivo de Khan. Aun así, cuando él estuvo a punto de abandonar la habitación, la invadió un extraño sentimiento de inquietud. Murmuró sin querer, como si le estuviera suplicando:
—...¿No podrías quedarte tú también aquí?
La garganta de él se movió con fuerza al tragar. Varkas permaneció de pie e inmóvil por unos instantes, como si estuviera reprimiendo algo, mientras la miraba en silencio. Luego se quitó el calzado, la chaqueta y subió a la cama.
Talia se apresuró a apartarse un poco para hacerle espacio.
Cuando Varkas se recostó reclinado, apoyándose en el borde de la cama, la sábana se hundió bajo su peso, haciendo que la espalda de Talia se pegara a su cuerpo de forma natural.
Para ocultar su rostro, que se había enrojecido por el calor, Talia hundió una de sus mejillas en la nuca de Khan.
Él colocó un brazo alrededor de su cintura con relajación y luego pasó la otra mano sobre su frente húmeda de sudor, en un movimiento que parecía de lo más natural. El cuerpo de ella se encogió instintivamente, acurrucándose tanto como le fue posible.
Desde el regreso de Varkas, compartían la cama casi todos los días. ¿Por qué, entonces, sentía esta tensión cada vez que sus cuerpos se tocaban?
—Estaré vigilando a Khan. Así que duerme tranquila.
Su voz ronca y profunda acarició el lóbulo de su oreja. Ella asintió levemente con la cabeza mientras yacía de lado en posición fetal, y luego cerró los ojos fingiendo no sentir nada. Sin embargo, todos sus sentidos estaban concentrados en el cálido calor corporal del hombre que la envolvía por la espalda y en los pesados latidos de su corazón.
Apretó la sábana con fuerza entre los dedos y comenzó a regular su respiración poco a poco.
Él enrollaba los mechones de su cabello alrededor de su dedo y luego los soltaba una y otra vez, como si estuviera disfrutando la textura de los hilos de fina seda. Y por alguna razón, a ella se le llenaron los ojos de lágrimas por un calor misterioso ante aquellos roces espontáneos de su mano.
Comentarios