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Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 86


︶ Capítulo Especial ︶

‘Yo soy de otro mundo’.

Anton aún recordaba aquellas palabras que Anya había confesado durante aquella profunda conversación entre los cuatro, después de lo sucedido con los esclavistas. La frase había quedado dando vueltas en su mente desde entonces.

Si bien Ymir solía revelarle cosas que ningún mortal común conocía, aquel detalle jamás se lo había mencionado.

Sin embargo, después de confirmar con sus propios ojos que Anya era una anomalía en el monumento de los héroes, ya no resultaba tan extraño que las cosas estuvieran desarrollándose de aquella manera.

Al principio, Isla no le había creído.

Había necesitado escuchar la confesión de Anya más de una vez, analizar cada una de sus palabras y, sobre todo, observar la seguridad con la que Anton la respaldaba antes de comenzar a aceptar poco a poco aquella realidad.

‘Ni Tate ni su alteza el príncipe Ashton saben de esto’.

Eso significaba que un secreto que hasta hacía poco había estado cuidadosamente protegido ahora se encontraba en manos de otras tres personas, incluyéndolo a él.

Durante aquella conversación habían abordado numerosos asuntos. Hablaron de Amery, de Ashton, de la mentira que Ryra y Anton habían mantenido durante tanto tiempo y, por último, aunque no menos importante, de Patsy.

Dentro de poco tendrían que entregarla al templo.

El problema era encontrar la manera de hacerlo sin levantar sospechas, sin llamar innecesariamente la atención y, sobre todo, sin ponerla en peligro.

Había demasiadas cosas que resolver.

Y demasiados secretos que proteger.

Habían pasado varios días desde el incidente con los esclavistas. La noticia había recorrido Prukad con una velocidad alarmante. Los periódicos hablaban de una masacre especialmente sangrienta ocurrida en una taberna cercana a la frontera con Greendale y, como si aquello no fuera suficiente, cuatro figuras conocidas habían desaparecido sin dejar rastro.

Marcus.

Vanessa.

Dmitri.

Y el querido héroe de Prukad, Therese Osborne.

Mientras Anton recorría las calles del centro de Prukad con las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo, el bullicio de la ciudad llegó hasta sus oídos.

Entre el sonido de los carruajes avanzando sobre las calles empedradas, las conversaciones de los comerciantes y el murmullo constante de los transeúntes, una voz infantil destacó por encima de las demás.

Un niño caminaba por la calle agitando varios periódicos sobre su cabeza.

—¡Nuestro querido héroe Therese está desaparecido!

Al instante, varias personas comenzaron a acercarse.

Algunos tomaron periódicos de sus manos. Otros simplemente se quedaron alrededor, intentando escuchar las noticias que el pequeño voceaba con entusiasmo.

Pero no había emoción en los rostros de quienes lo rodeaban.

Había preocupación, incertidumbre.

Y, sobre todo, miedo.

Anton continuó caminando mientras escuchaba los comentarios de los ciudadanos.

—Espero que Therese esté bien…

—Seguro lo está. Es el aventurero más fuerte de Prukad.

—¿Será que los otros tres aventureros están con él?

La desaparición de cuatro aventureros ya habría sido suficiente para inquietar a la ciudad.

Pero tres de ellos eran de rango S.

Y la cuarta era una aventurera de rango A.

A eso se sumaba la masacre ocurrida en una taberna llena de aventureros de rangos inferiores.

Demasiadas coincidencias.

Prukad jamás había presenciado algo semejante.

La tensión podía sentirse incluso en las calles más concurridas. Los comerciantes hablaban en voz baja, los aventureros intercambiaban teorías y algunos ciudadanos miraban constantemente por encima del hombro, como si esperaran que algo más ocurriera.

Anton chasqueó la lengua.

‘Mierda. Llamamos demasiado la atención. Espero que no encuentren la entrada a la base de la organización’.

Ese era, precisamente, uno de los problemas que más le preocupaban.

La masacre había sido necesaria.

También había sido inevitable.

Pero eso no significaba que sus consecuencias pudieran ignorarse.

Si alguien comenzaba a investigar demasiado, tarde o temprano podría encontrar rastros de la organización.

Y si descubrían la entrada a la base…Las cosas se complicarían bastante.

Anton continuó avanzando entre la multitud, sumido en sus pensamientos.

Sin embargo, había otro tipo de atención que no tenía absolutamente nada que ver con la masacre.

Varias mujeres comenzaron a mirarlo a medida que pasaba.

Algunas lo observaban discretamente desde las tiendas.

Otras se quedaban completamente embobadas al verlo pasar.

Y más de una terminaba sonrojándose cuando sus miradas llegaban a encontrarse con él.

Anton, por supuesto, ni siquiera parecía darse cuenta.

Era casi irónico.

Un hombre que se la pasaba intentando evitar llamar la atención podía terminar atrayéndola simplemente por caminar tranquilamente por una calle.

Su cabello, sus facciones marcadas, su porte elegante y aquella presencia dominante que emanaba incluso cuando no hacía absolutamente nada lo convertían en alguien difícil de ignorar.

No era solamente su apariencia.

Era su aura.

Anton tenía una presencia imponente, una de esas que hacían que las personas sintieran que acababan de cruzarse con alguien mucho más peligroso de lo que aparentaba.

—D-Disculpa…

Una joven reunió el valor suficiente para hablarle justo cuando Anton pasó junto a ella.

Él continuó caminando.

Ni siquiera giró la cabeza.

La chica se quedó inmóvil, con el rostro completamente rojo por la vergüenza.

Su amiga, que había observado toda la escena, frunció el ceño.

—¡Oye!

Anton siguió caminando.

—¡Te estamos hablando!

La amiga de la joven comenzó a seguirlo mientras esta intentaba detenerla tomándola del antebrazo.

—¡Marie, déjalo!

Pero Marie no estaba dispuesta a rendirse.

—¡Oye! ¡Te estamos hablando!

La mujer estiró la mano e intentó tomar a Anton del brazo.

Fue entonces cuando él reaccionó.

Con un movimiento rápido y natural, Anton apartó el brazo antes de que ella pudiera tocarlo.

El gesto fue tan preciso que la joven apenas comprendió qué había sucedido.

Ambas se quedaron sorprendidas.

Anton se detuvo.

Lentamente, giró el rostro hacia ellas.

Su ceño estaba fruncido y su expresión había perdido cualquier rastro de amabilidad.

—¿Qué quieren?

Su voz fue seria.

No necesitó elevarla.

La sola manera en que las observó bastó para que Marie sintiera un escalofrío recorrerle el cuerpo.

Había algo intimidante en aquellos ojos.

Algo que hacía evidente que Anton no toleraba que desconocidos lo tocaran.

Marie retrocedió un paso.

—M-Mi amiga te habló y tú la ignoraste…

Aunque intentaba mantener un tono molesto, su voz terminó perdiendo fuerza bajo aquella mirada.

La otra joven, Kaitlyn, permanecía unos pasos detrás.

Era una aventurera de rango D que llevaba tiempo viendo a Anton por el gremio de Prukad. Desde hacía mucho había sentido curiosidad por él, pero nunca se había atrevido a acercarse.

Ahora que finalmente lo había encontrado solo, había considerado aquella oportunidad demasiado buena para desperdiciarla.

Aunque, en ese momento, comenzaba a arrepentirse profundamente.

Anton levantó ligeramente la barbilla.

—¿Y? ¿Crees que por eso tienes derecho a tomar mi brazo como si me conocieras?

Las palabras hicieron que varias personas alrededor comenzaran a prestar atención.

Algunos curiosos se detuvieron.

Otros fingieron continuar con sus asuntos mientras observaban discretamente la escena.

Kaitlyn sintió que la vergüenza se apoderaba de ella.

Anton dirigió entonces la mirada hacia la joven.

Era considerablemente más baja que su amiga y ahora parecía querer desaparecer entre la multitud.

—¿Qué necesitabas decirme?

Finalmente tenía su atención.

Pero ahora que la tenía, las palabras simplemente no querían salir.

Mucho menos con tantas personas observándola.

—N-No es n-nada…

Anton cerró los ojos durante un instante.

Luego suspiró y se llevó una mano a las sienes.

No parecía enojado ya, sino cansado.

—Bien. Lamento si fui grosero, no fue mi intención ignorarte, pero no vuelvan a intentar tocarme.

Lo dijo con seriedad antes de volver a caminar.

Incluso cuando pasó junto a ellas, apenas les dedicó una mirada por encima del hombro.

Marie frunció el ceño.

—¡Qué idiota!

Kaitlyn, en cambio, bajó la cabeza.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas hasta que finalmente estas recorrieron sus mejillas.

Marie entró en pánico al verla llorar y rápidamente la abrazó.

—¡Kai, no llores! ¡No te merece!

—Ahora seguro me odia.

—Lo siento… No debí haberlo intentado detener por la fuerza.

Marie la abrazó con más fuerza mientras la multitud comenzaba a dispersarse.

Una vez más, sin siquiera proponérselo, Anton había dejado un corazón roto a su paso.

Ya era el segundo corazón que rompía en Prukad.

¿Cuántos más iba a romper sin siquiera darse cuenta?

Anton, completamente ajeno a aquella pequeña tragedia, continuó avanzando por las calles.

Sin embargo, después de unos minutos recordó cuál era realmente el motivo por el que se encontraba en aquella zona de Prukad.

Escoger un regalo.

Y entonces apareció un problema mucho más complicado que cualquier enemigo al que hubiera enfrentado recientemente.

Anton no tenía la menor idea de qué regalarle a una mujer.

Un ligero gesto de incomodidad cruzó su rostro.

Jamás había tenido que comprarle un regalo de cumpleaños a alguien.

Mucho menos a una mujer tan peculiar como Anya.

No quería preguntarle a Ryra.

Mucho menos a Isla.

Si lo hacía, ambos comenzarían a molestarlo y, peor aún, querrían saber exactamente por qué estaba buscando un regalo.

Así que había decidido guardar aquel pequeño secreto para sí mismo.

Todo había comenzado unas noches atrás.

Las palabras de Ymir habían aparecido en su mente con una claridad incómoda.

‘En dos días será el cumpleaños de Anya en el otro mundo. Podrías regalarle algo, tal vez la haga sentir mejor’.

Anton había aceptado sin pensarlo demasiado.

Hoy era el día de su cumpleaños. Ahora se arrepentía un poco de no haber pensado en los detalles los días anteriores.

‘¿Pero qué se supone que podría regalarle?’

Miró las tiendas que se extendían a ambos lados de la calle.

Prukad tenía establecimientos para todo tipo de personas. Había comercios sencillos frecuentados por trabajadores y aventureros, pero también elegantes boutiques destinadas a aristócratas, decoradas con enormes vitrinas y letreros dorados.

Quizá allí pudiera encontrar ayuda.

Después de todo, seguramente las personas que trabajaban en una tienda especializada en regalos sabrían mejor que él qué podía gustarle a una mujer.

Anton observó una de aquellas tiendas.

Era un establecimiento elegante, con grandes ventanales, cortinas blancas y una fachada adornada con detalles dorados.

Tomó una decisión.

—Sí, haré eso… Iré ahí.



Las puertas de la tienda se abrieron con un suave tintineo.

El interior era completamente diferente al bullicio de las calles.

Un agradable aroma floral flotaba en el aire. Las paredes estaban decoradas con molduras doradas y pequeños cuadros, mientras que las vitrinas exhibían joyas, cajas ornamentales, libros, perfumes y todo tipo de objetos cuidadosamente seleccionados.

En el centro de la tienda había varios sillones de terciopelo blanco alrededor de una pequeña mesa de cristal.

Sobre ellos colgaba un enorme candelabro cuyas luces se reflejaban sobre las superficies pulidas del establecimiento.

Una mujer de cabello castaño perfectamente arreglado apareció frente a Anton.

Vestía un elegante uniforme blanco con detalles dorados y llevaba un pequeño tocado sobre la cabeza.

Su sonrisa era impecable.

Su voz, dulce y melodiosa.

—¡Bienvenido, mi señor, a la mejor tienda de regalos de Prukad!

Y ahora, querido lector, eres tú.

Por una vez, tendrás la oportunidad de abandonar nuestro mundo y entrar directamente en Eternia.

Tu conciencia ha sido colocada dentro del cuerpo de la encargada de aquella prestigiosa tienda.

Tu misión es sencilla.

Ayudar a Anton Sant Clair a escoger un regalo para Anya.

Una responsabilidad bastante importante, considerando que el propio héroe de Eternia parece completamente perdido.

Anton se acercó a ti sin ningún preámbulo.

—Una mujer importante para mí está por cumplir años. Necesito que me des opciones sobre qué podría gustarle.

Tú sonreíste de inmediato.

Juntaste las manos frente al pecho y diste una pequeña palmada, encantada de tener semejante oportunidad.

—¡Pero por supuesto, mi señor! Por favor, tome asiento. En un momento le traeré algunas opciones que a toda mujer que vive en Eternia le gustaría.

Anton simplemente asintió.

Se dirigió hasta uno de los sillones y tomó asiento.

El terciopelo blanco se hundió ligeramente bajo su peso mientras él acomodaba la espalda contra el respaldo.

Bajo la luz del candelabro, su expresión seria contrastaba de manera casi absurda con la situación.

Era un héroe capaz de enfrentarse a monstruos y criminales de rango S.

Pero elegir un regalo para Anya parecía ponerlo más nervioso que cualquier batalla.

Tú desapareciste unos minutos detrás de uno de los mostradores.

Cuando regresaste, llevabas tres objetos cuidadosamente seleccionados.

Los colocaste sobre la mesa de cristal frente a Anton.

Era una delicada cadena de plata cuyo centro sostenía una pequeña piedra azul pálida con forma de media luna.

La piedra tenía diminutas partículas brillantes en su interior que parecían moverse lentamente cuando la luz del candelabro las alcanzaba.

—Este collar es uno de los más populares entre las jóvenes de Eternia —explicaste mientras lo levantabas con cuidado—. La piedra está encantada para reflejar la luz de una manera diferente dependiendo del ambiente. No es una joya demasiado ostentosa, así que podría utilizarla incluso con ropa sencilla.

Anton observó el collar.

Lo tomó entre sus dedos y dejó que la pequeña luna descansara sobre su palma.

El segundo objeto era una pequeña caja musical de cristal transparente, decorada con diminutas flores metálicas.

En su interior había una pequeña figura de una mujer sentada bajo un árbol.

Al darle cuerda, comenzó a sonar una melodía tranquila y delicada.

—Esta es una caja musical artesanal —explicaste—. La melodía fue compuesta por uno de los músicos más conocidos de Prukad. Además, puede personalizarse con una pequeña inscripción en la parte inferior. Podría escribir algo especial para ella.

Anton guardó silencio.

Sus ojos permanecieron sobre la pequeña figura mientras la melodía continuaba llenando la tienda.

Por un instante, pareció imaginar a Anya sosteniéndola entre las manos.

Finalmente, colocaste sobre la mesa un libro de tapa dura.

La cubierta estaba confeccionada con cuero beige y decorada con pequeñas estrellas doradas.

No era un libro de magia ni una novela.

Era una colección de relatos e ilustraciones sobre los distintos territorios de Eternia.

—Y esta es una opción un poco más sencilla —explicaste—. Es un libro ilustrado sobre los territorios de Eternia. Tiene mapas, dibujos de ciudades, criaturas, costumbres y pequeñas historias sobre cada región. Pensé que podría gustarle porque parece ser una persona curiosa.

Anton tomó el libro.

Pasó lentamente los dedos por la cubierta.

Después lo abrió.

Sus ojos recorrieron las ilustraciones y los mapas con atención.

Los tres objetos permanecieron frente a él.

El collar.

La caja musical.

El libro.

Anton no era bueno con estas cosas.

Podía evaluar un arma en cuestión de segundos, analizar a un enemigo.

Podía encontrar una estrategia en medio de una batalla.

Pero aquello era diferente.

Aquello dependía de conocer los gustos de otra persona.

Y Anya seguía siendo, en muchos sentidos, un misterio para él.

Después de observar los tres regalos durante varios segundos, levantó finalmente la mirada hacia ti.

—¿Cuál me recomiendas tú?

Y ahora viene la decisión importante . En comentarios dejen la opción que creen que Anton debería regalarle a Anya en su cumpleaños:

1. Collar de luna — algo bonito y delicado que Anya podría usar.

2. Caja musical — un regalo más sentimental y con la posibilidad de que Anton deje una pequeña inscripción.

3. Libro ilustrado — algo relacionado con Eternia que podría despertar la curiosidad de Anya y, además, tener un significado especial por venir de alguien de este mundo.

La opción más comentada será el regalo que Anton le dará a Anya. Por supuesto, todos los regalos tienen reacciones diferentes.

¡Nos vemos el Lunes con el siguiente capítulo!