Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 84
Emris cargó a Therese sobre uno de sus hombros como si no fuera más que un saco vacío. El cuerpo del hombre, todavía inconsciente, colgaba sin resistencia, completamente a merced de la fuerza del héroe de Greendale. Una vez más, quedaba demostrado que la fuerza de los héroes no era algo con lo que cualquiera pudiera jugar.
—Listo.
Emris sonrió ampliamente. Sus mejillas tenían un ligero tono rosado, no por esfuerzo, sino por la emoción que le provocaba la posibilidad de investigar algo tan extraordinario. Para alguien como él, acostumbrado a estudiar fenómenos que desafiaban los límites de la ciencia, tener frente a sus ojos a algo creado mediante una combinación artificial de varios humanos y Pesadillas era una oportunidad que difícilmente volvería a presentarse.
Anton lo observó durante unos segundos. Apoyó una mano sobre su cintura y descansó el peso de su cuerpo sobre una sola pierna, alzando ligeramente una ceja.
—Te ves feliz.
—Ah, ¡es porque lo estoy! Duh. No cualquier día tienes oportunidad de tratar con un humano híbrido entre Pesadilla y humano.
La sonrisa de Emris no hizo más que ensancharse.
Anton, sin embargo, había dejado de prestarle verdadera atención.
Las palabras de Therese seguían dando vueltas en su cabeza.
Si realmente todo lo que aquel hombre había contado era cierto, entonces Johan era mucho más peligroso de lo que había imaginado. No se trataba únicamente de un emperador obsesionado con la ciencia oscura ni de un gobernante capaz de cometer atrocidades a espaldas de su pueblo. Había creado seres como Therese deliberadamente.
'Johan tiene que desaparecer.'
Anton estaba seguro de que, en algún momento, Ymir terminaría ordenándole hacer algo al respecto. Pero una cosa era desmantelar una organización criminal y otra completamente distinta era asesinar a un emperador.
Primero había que arrancar las raíces que sostenían aquel veneno.
—¡Tierra hablando a Anton!
La voz de Emris lo devolvió de golpe al presente.
El héroe había levantado una mano y la agitaba frente a su rostro, hasta que finalmente le pasó los dedos por delante de los ojos como si comprobara si seguía allí.
Anton parpadeó y lo miró.
—Lo siento.
—Siempre nos haces lo mismo.
Emris se cruzó de brazos y frunció el ceño con fingida molestia. Anton solo pudo soltar una pequeña risa avergonzada mientras se rascaba la nuca.
Con sus compañeros podía permitirse ese tipo de momentos.
Más que compañeros, los cuatro eran sus verdaderos amigos.
Habían pasado por cosas que nadie más podría comprender. Habían conocido el peso de proteger un imperio, la soledad que acompañaba a un título que los obligaba a mantenerse firmes incluso cuando querían caer y el precio que debían pagar cada vez que intervenían para salvar vidas. Solo ellos podían entender realmente el dolor y el sacrificio que significaba ser un héroe.
—¿Sabes si los otros dos podrán venir a la reunión de este año?
—Pues no tienen opción. Son órdenes de Ymir.
Anton y Emris dirigieron la mirada al mismo tiempo hacia las llamas que representaban a sus compañeros en la base.
Cada una permanecía suspendida sobre su respectiva piedra, como una pequeña representación de aquellos que todavía se encontraban lejos.
—Tengo sabido que Cyril viene en camino y que Sylv recién está en preparaciones para partir de su imperio. ¿No has hablado con ellos?
Anton negó con la cabeza.
—No. He estado demasiado ocupado. Más de lo que quisiera.
Emris hizo una mueca y levantó las cejas.
—Sí... Hasta la capital de Greendalle han llegado las noticias.
Su tono cambió.
La ligereza que había mantenido durante toda la conversación desapareció poco a poco.
—Lo que está pasando con tu príncipe... ¿es verdad?
Anton permaneció en silencio durante unos instantes.
La pregunta había tocado un asunto mucho más delicado de lo que Emris probablemente pretendía.
Finalmente, negó con la cabeza.
—No. Lo más probable es que sea información falsa. No conozco bien al príncipe Ashton, solo sé pero sé muy bien, por mis antiguas fuentes, que me odia por lo que mi maestro le hizo a sus padres.
—Pero no fue tu culpa.
Emris se mostró molesto. Su voz adquirió una firmeza poco habitual en él.
—No lo fue, pero él es un niño y, de alguna manera, tenía que aferrarse a algo que le pudiera seguir motivando a sobrevivir. La venganza.
—¿Se quiso vengar?
—No. Se quiso vengar de mi maestro. Al final, ni siquiera pudo hacerlo. Sorprendentemente, Ashton nunca cometió nada contra mí a pesar de su odio. Al contrario de Johan.
Los dedos de Anton comenzaron a cerrarse lentamente.
El nombre de Johan había despertado recuerdos que llevaba demasiado tiempo intentando mantener enterrados.
Ethan.
Su hermano.
El recuerdo de todo lo ocurrido regresó con una claridad dolorosa. Por un instante, Anton volvió a sentir el vacío que había dejado aquella pérdida.
Una pequeña lágrima recorrió su mejilla.
Emris dejó de hablar.
Sin decir una sola palabra, dejó caer el cuerpo inconsciente de Therese al suelo y se acercó a Anton. Lo rodeó con los brazos y lo atrajo hacia sí con una sinceridad que no necesitaba explicaciones.
Le dio unas suaves palmadas en la espalda.
—Todos nos enteramos de la muerte de Ethan. Realmente lamentamos tu pérdida.
Anton tembló ligeramente entre los brazos de su amigo.
Esta vez no intentó ocultarlo.
No tenía por qué hacerlo.
Emris era una de las pocas personas frente a las que podía permitirse llorar sin sentir que debía esconder una parte de sí mismo. Habían compartido demasiadas cosas como para necesitar fingir fortaleza entre ellos.
—Pero déjame decirte algo, Anton. Si Ymir nos llegara a dar la opción de ayudarte... no tengas duda de que lo haremos.
Las lágrimas de Anton continuaron descendiendo.
Emris, que vestía con mucha más elegancia que él, llevó una mano hacia el interior de su atuendo y sacó un pañuelo cuidadosamente doblado. En una de sus esquinas estaba bordado el escudo de Greendale.
Se lo ofreció sin decir nada más.
Anton lo tomó y se limpió el rostro.
—Ese hombre caerá, Anton. Algo me dice que, en la reunión de este año, Ymir nos dirá qué haremos al respecto.
—¿Crees?
Emris asintió con una pequeña sonrisa.
Anton bajó la mirada hacia el pañuelo y después volvió a limpiarse algunas lágrimas antes de devolvérselo.
—Sí. Yo también lo creo. No puede dejar libre a ese ser que está dañando el mundo con criaturas como Therese.
Ambos miraron hacia el cuerpo inconsciente tendido sobre el suelo.
Therese parecía insignificante ahora.
Después de toda la arrogancia que había mostrado, después de haber tratado a otras personas como objetos que podía comprar, vender o destruir, se encontraba completamente indefenso.
—Aunque me sorprende que haya preferido traer a una anomalía a nuestro mundo que simplemente hacernos intervenir directamente a todos nosotros.
—Él sabrá por qué toma sus decisiones.
Anton levantó la mirada hacia más allá de las piedras de la base de los héroes.
Sus ojos permanecieron fijos en aquel falso horizonte, como si esperara encontrar allí una respuesta.
En el fondo, sabía que Ymir probablemente los estaba escuchando.
—
Ymir había escuchado cada palabra.
Sentado frente a su pequeña mesa de cristal, apoyó el rostro sobre una de sus manos mientras una sonrisa tranquila aparecía en sus labios.
—Es cierto... se acerca nuestra reunión anual.
La voz del dios se perdió entre la serenidad de su dominio.
Ymir se levantó.
Sus pies tocaron la superficie del hermoso lago y, en lugar de hundirse, caminaron sobre el agua como si aquella fuera una sólida extensión de cristal. Cada paso producía pequeñas ondas que se expandían a su alrededor, deformando por un instante el reflejo del cielo.
Entonces levantó una mano.
Con un chasquido perfecto, seco y preciso, una hilera de enormes globos terráqueos descendió lentamente desde lo alto.
Cada uno estaba colocado sobre una base elaborada completamente de oro puro.
No eran simples representaciones de planetas.
Eran mundos.
Mundos a los que Ymir tenía acceso ilimitado gracias a los permisos que los dioses de aquellos lugares le habían concedido.
Eran mundos menores, realidades donde la vida seguía caminos muy diferentes.
No existía la magia. No había Pesadillas.
No había bestias capaces de devorar personas en medio de un camino.
La humanidad había encontrado otras formas de sobrevivir.
La tecnología había reemplazado aquello que en Eternia, Greendale, Dravenn y los demás imperios dependía de la magia. Sus habitantes podían avanzar durante generaciones sin vivir bajo el temor constante de que una criatura surgiera de la oscuridad para atacarlos.
Pero ¿por qué precisamente esos mundos?
La respuesta era sencilla: sus almas eran compatibles con las de este mundo y, con la ayuda de energía vital y mágica, podían transmigrar o incluso ocupar otros cuerpos.
Sin embargo, esa no era la única razón por la que Ymir los consideraba importantes.
Las Pesadillas no aparecían de la nada. En aquellos mundos frente a él también existían fantasmas, espíritus, duendes y otras entidades sobrenaturales, pero los humanos no podían percibirlos ni interactuar físicamente con ellos. Por eso, cuando una persona moría, su alma podía quedar atrapada durante demasiado tiempo sin que nadie pudiera verla, ayudarla a ascender o siquiera comprender lo que estaba ocurriendo.
Con los años, esas almas comenzaban a corromperse hasta convertirse en Pesadillas, capaces de abrir brechas entre ambos mundos.
Precisamente por compartir ese mismo origen, las almas de las personas nacidas en esos mundos eran más resistentes a la presencia de las Pesadillas. Esa afinidad, sumada a su compatibilidad con otras realidades, las convertía en candidatos ideales para convertirse en anomalías capaces de sobrevivir en mundos donde estas criaturas podían manifestarse físicamente.
Anya, sin embargo, era una excepción. Su alma no solo provenía de uno de aquellos mundos; dentro de ella también existía una parte de Eternia, el dragón que había protegido esta nación durante tanto tiempo. Aquella presencia hacía que su resistencia y compatibilidad fueran muy superiores a las de cualquier otra persona que Ymir pudiera encontrar.
Así, mientras los habitantes de esos mundos podían vivir relativamente seguros, ajenos a las entidades que los rodeaban, las almas que quedaban atrapadas terminaban convirtiéndose en una amenaza para otros mundos.
Era realmente todo un caso como es que los mundos y las leyes funcionaban. De cierta manera, le parecía entretenido a Ymir.
El dios observó los tres globos que tenía frente a él.
En cada uno había un punto perfectamente marcado.
Tres lugares.
Tres personas.
Tres posibles anomalías.
—Mmmmh...
Ymir se llevó una mano al mentón.
Aquella situación le recordó inevitablemente a Anya.
Él también había observado a la joven durante mucho tiempo antes de decidir llevarla a aquel mundo.
Recordó lo débil que había sido cuando llegó.
Recordó el miedo, la confusión y la incertidumbre que habían marcado sus primeros días.
Y ahora...
Una sonrisa más amplia apareció en el rostro del dios.
Ahora era una mujer fuerte.
Una mujer capaz de enfrentarse a situaciones que, al principio, jamás habría imaginado superar.
Una mujer que había aprendido a levantarse incluso después de conocer el miedo y el dolor.
Su evolución había sido magnífica.
Por eso había decidido observar cuidadosamente a aquellas tres nuevas anomalías.
Quería encontrar individuos que pudieran ser llevados a los otros imperios, uno para cada uno, con el propósito de mantener cierto equilibrio entre ellos.
–Tal vez la próxima anomalía sea puesta en Greendalle.
Pero antes de hacerlo, necesitaba asegurarse de que realmente fueran las elecciones correctas.
No podía repetir una decisión sin observar primero hasta dónde podían llegar.
Ymir dejó escapar un suave suspiro y comenzó a caminar de regreso hacia su asiento.
Mientras avanzaba, continuó escuchando la conversación entre Anton y Emris.
También podía observarlos.
Gracias a su magia, una imagen viva de ambos apareció frente a él, permitiéndole contemplar cómo los dos héroes abandonaban juntos la base.
Ymir fijó su atención en Anton.
Su semblante había cambiado.
Era algo sutil, pero evidente para alguien que llevaba tanto tiempo observándolo.
Antes, su rostro parecía cargar con un cansancio permanente. Incluso cuando cumplía con sus deberes, había en él una especie de vacío que no desaparecía.
Ahora había algo diferente.
Un poco más de vida y luz en esos ojos vacíos.
Incluso después de la muerte de Ethan.
Anya había conseguido darle un nuevo propósito.
Ymir sonrió.
Aquello era precisamente lo que había esperado.
Aunque ninguno de los dos admitiera sus sentimientos, ni siquiera ante sí mismos, aquello era algo que surgiría de manera natural con el tiempo.
Y, por ahora, era suficiente.
Anya le había dado a Anton una razón para mantenerse firme.
Una razón para seguir adelante.
—Por eso te traje aquí, Anya...
Ymir murmuró aquellas palabras mientras observaba cómo Anton sonreía ligeramente ante algún comentario que Emris acababa de hacer.
Sus ojos se mantuvieron sobre el héroe durante unos segundos más.
—No solo eres una buena heroína y aumentas la esperanza del imperio con tu poder...
La sonrisa de Ymir se volvió más suave.
—También devolviste la vida al alma del héroe.
❘─. ♡
Subo de una vez porque mañana no podré.
Nota importante:
A partir de este capítulo comenzarán a aparecer algunas referencias a las demás anomalías y a los héroes de los otros imperios. Sin embargo, sus historias no se desarrollarán a fondo en Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen que Puedo Salvarlo , ya que esta novela seguirá centrada en Anya y en su propia historia.
Aun así, cada una de las demás anomalías tendrá su propia novela dentro de este mismo universo, acompañada por la historia de su respectivo héroe.
Y un pequeño aviso: las anomalías serán las protagonistas de esas historias , al igual que Anya lo es en esta. Así que pueden esperarse de todo, porque cada una tendrá una personalidad, un mundo y una historia completamente diferente.
Cuando llegue el momento de publicar alguna de esas novelas, se los haré saber por si les interesa conocer las historias de las otras anomalías y descubrir qué ocurrió con sus respectivos héroes.
Por último, quiero agradecerles muchísimo por todo el apoyo que le han dado a esta historia. Cada comentario, voto y puntuación positiva significa muchísimo para mí y me motiva a seguir construyendo este universo y todas las historias que todavía quedan por contar. ♡
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