Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 66
Isla y yo veníamos llegando de una misión cuando el anochecer ya había cubierto la ciudad. Habíamos salido de madrugada para cumplir un encargo bastante sencillo: recolectar unos insectos que solo aparecían durante las primeras horas de la mañana. Sin embargo, una vez terminamos, nos distrajimos recolectando pieles de algunas bestias que encontramos en el camino. La cantidad había terminado siendo suficiente como para venderlas y sacar unas monedas adicionales, así que, sin darnos cuenta, el día entero se nos había ido entre una cosa y otra.
Cuando entramos a la posada, lo primero que noté fue que algo no estaba bien.
El comedor, que normalmente se encontraba lleno de conversaciones, carcajadas y aventureros discutiendo sobre sus últimas misiones, estaba extrañamente apagado. Había gente sentada en las mesas, pero casi nadie hablaba. Algunos tenían periódicos entre las manos; otros simplemente permanecían mirando sus platos con expresiones sombrías.
Isla también lo notó.
—¿Qué está pasando…?
Se quedó detenida junto a mí, observando el lugar con desconcierto.
Yo tampoco tenía ganas de averiguarlo. Estaba de mal humor, tenía hambre, sueño y necesitaba urgentemente un baño. Mi ropa estaba cubierta de manchas de sangre de bestia y sentía el cuerpo pesado después de haber pasado prácticamente todo el día fuera.
Miré a Isla y me limité a encoger los hombros.
—No lo sé, pero no le tomemos importancia. Busquemos una mesa, me muero de hambre.
Comencé a buscar un lugar libre entre las mesas. Fue entonces cuando reconocí dos figuras al fondo del comedor.
—¡Mira! ¡Ahí están Caroline y Grayson!
Sin pensarlo, tomé la mano de Isla y tiré de ella para acercarnos.
—E-espera, Anya…
Isla tuvo que seguirme a toda prisa para no quedarse atrás.
No había visto a aquel par de aventureros durante varios días, así que encontrarlos allí produjo una sensación agradable dentro de mí. Había algo extrañamente reconfortante en volver a ver a Grayson. Desde que lo había conocido, estar cerca de él producía en mí una tranquilidad difícil de explicar.
—¡Grayson! ¡Caroline!
Sonreí mientras agitaba una mano al acercarme.
Caroline volteó hacia mí. Grayson también levantó la mirada del periódico que sostenía entre sus manos.
Pero ninguno de los dos sonrió.
Ambos tenían una expresión tensa.
A medida que nos acercábamos, comprendí que no eran los únicos. El ambiente del comedor se sentía mucho más pesado que de costumbre mientras mas nos adentramos en el comedor. Las conversaciones eran apenas murmullos y las miradas de los aventureros parecían cargadas de preocupación.
Entonces vi el titular del periódico que Grayson sostenía.
Mi sonrisa desapareció.
«El príncipe heredero de Eternia se vuelve loco y es arrestado»
Sentí que todo mi cuerpo se quedaba frío.
Mi rostro palideció.
—¿Freya, qué pasa?
Isla me miró al notar que me había quedado completamente inmóvil.
Levanté una mano y señalé el periódico.
Ella siguió mi dedo. Al leer el titular, sus ojos se abrieron ligeramente y llevó una mano hasta su boca.
Yo me acerqué lentamente a Grayson.
Caroline fue la primera en hablar.
—Freya… ¿estás bien?
No pude contestarle.
—Grayson… ¿me prestas el periódico?
Él me observó durante unos segundos antes de entregármelo sin decir nada.
Lo tomé entre mis manos.
La sensación de tranquilidad que normalmente aparecía cuando estaba cerca de él no desapareció, pero tampoco consiguió calmar la ansiedad que comenzaba a extenderse por mi cuerpo.
Bajé la mirada y empecé a leer.
«El príncipe heredero Ashton Eternia se vuelve loco después de años tras perder a sus padres a manos del malvado dragón Eternia y desaparece al segundo príncipe Peter Eternia. ¿Será que temía que el segundo príncipe le robara el puesto de heredero? ¿Cómo es esto posible si el príncipe heredero tenía todo a su favor? Pero esto es imperdonable, un pecado imborrable: deshacerte de tu propia familia por pura codicia…»
El artículo continuaba.
Mis ojos recorrieron las siguientes líneas cada vez más rápido.
Ashton…
¿Tenía un hermano?
'¿Peter?'
No sabía siquiera que existía.
Seguí leyendo desesperadamente, buscando cualquier información que pudiera explicar lo ocurrido. Busqué el nombre de Tate, esperando encontrarlo mencionado en alguna parte.
Nada.
No decía absolutamente nada sobre él.
Sentí cómo el hambre desaparecía por completo. El cansancio que había cargado durante todo el día dejó de importar.
Solo podía pensar en una cosa.
'Esto no puede ser verdad.'
Mi instinto me decía que Ashton no tenía nada que ver con aquello. No sabía explicar por qué. Simplemente lo sentía.
Quería ir a la capital.
Quería encontrarlo.
Quería saber qué estaba ocurriendo.
Pero no podía.
Todavía no.
Necesitaba ser más fuerte.
Mucho más fuerte.
—Oye, Freya… deberías sentarte. Te ves mal.
La voz de Grayson me hizo levantar la mirada.
Se había puesto de pie y estaba apartando una silla para mí.
—Gretel, puedes sentarte al lado de Caroline.
También le ofreció un lugar a Isla.
No dije nada. Simplemente hice lo que me pidió y me senté. Dejé el periódico doblado sobre la mesa, pero mi mente continuaba atrapada en aquellas palabras.
Grayson se inclinó ligeramente hacia mí, hablando lo suficientemente bajo para que solo yo pudiera escucharlo.
—¿Pasa algo?
—N-no, no es nada.
Mentí.
Miré de reojo a Isla.
Ella también estaba preocupada.
Ahora todo tenía sentido.
—La noticia del príncipe sí que es trágica —comentó un hombre sentado en la mesa de al lado.
Sin querer, agucé el oído.
—Era despiadado, pero no tanto como el emperador Johan.
Algunos hombres se sobaron las sienes, mientras otros simplemente continuaron comiendo con expresiones sombrías.
—Él era nuestra única esperanza.
—Pero ¿realmente desapareció a su hermano? Si cuando eran pequeños eran muy unidos.
—La gente cambia siempre, Pat.
Apreté ligeramente las manos debajo de la mesa.
No quería creerlo.
No podía creerlo.
Pero tampoco tenía ninguna prueba que demostrara lo contrario.
—Y bien, las dos señoritas que llegaron, ¿qué les puedo traer?
El encargado de la posada se acercó a nuestra mesa.
Isla tomó la carta y la observó durante unos segundos.
—Una cerveza.
La miré con cierta sorpresa.
Era extraño que pidiera alcohol, pero supuse que ella también necesitaba procesar la noticia.
El hombre me miró.
—¿Y usted?
Bajé la mirada.
—No tengo hambre, gracias.
Era mentira.
Cuando había entrado a la posada sentía que podía comerme cualquier cosa.
Ahora no quería probar absolutamente nada.
—
Ryra y Anton se enteraron de la noticia poco después de llegar a la posada.
Habían seguido a Anya y a Isla durante prácticamente todo el día desde la madrugada y, aunque ambas no se habían dado cuenta, los dos habían permanecido a cierta distancia vigilándolas durante la misión.
Cuando Anya e Isla se adentraron en la ciudad para vender las pieles que habían recolectado, Ryra y Anton decidieron dirigirse a la posada. Fue durante el camino que compraron un periódico.
Y entonces se enteraron de todo.
Ryra sostuvo el periódico entre sus manos mientras leía nuevamente la noticia.
—Maestro… ¿qué tanto estará sucediendo en la capital?
Anton mantuvo los brazos cruzados.
—No lo sé… pero estoy seguro de que con esto podremos confirmar si está ligado a Ashton.
Ryra levantó la mirada.
—¿No es suficiente que Tate Falksen haya estado cuidándola?
—Sí, pero pudo haber sido un favor personal. Con su reacción ante la noticia podremos ver si tiene un vínculo cercano al príncipe Ashton.
Y así fue.
En cuanto Anton vio el rostro de Anya palidecer y aquella expresión de tristeza apoderarse de sus facciones, lo entendió.
Era algo que ya esperaba, pero verlo de aquella manera le produjo una sensación desagradable.
No le gustaba verla así.
No sabía exactamente por qué aquello le afectaba tanto.
'Maldita sea…'
La conexión de su alma con Anya, producto de los restos de su maestro, seguía provocándole sensaciones que no comprendía del todo.
Y eso lo irritaba.
Comieron en silencio mientras el comedor permanecía lleno de murmullos apagados.
Anya, por su parte, no probó prácticamente nada.
Anton la observó durante unos segundos antes de hablar.
—¿Estás segura de que no quieres comer nada? Después puede que te dé hambre.
Hizo referencia, indirectamente, a todas aquellas ocasiones en las que Anya se escapaba durante la noche para comprar comida.
Ella negó con la cabeza, cabizbaja.
Isla la observó con tristeza.
No sabía qué decirle. Ni siquiera estaba al tanto de todo aquello.
Finalmente, extendió una mano sobre la mesa y apretó la de Anya, intentando transmitirle sin palabras que todo estaría bien.
La cena terminó poco después.
Más tarde, la posada cerró y los últimos clientes se retiraron hacia sus hogares o habitaciones.
La noche cubrió por completo la ciudad.
Anya se encontraba sentada sobre el alféizar de la ventana, vestida con una bata blanca para dormir. La luz de la luna entraba por la abertura e iluminaba parcialmente su rostro mientras el viento hacía ondear sus cabellos negros hacia atrás.
Isla dormía tranquilamente en la cama.
Anya cerró los ojos.
—No puedo dormir…
Anton la vigilaba desde el techo del edificio vecino.
Sentado tranquilamente, pelaba una fruta con una pequeña navaja. La hoja se movía con precisión entre sus dedos mientras retiraba la cáscara en una tira continua.
Soltó un bostezo.
Más tarde intentaría contactar a Ymir para averiguar qué estaba sucediendo.
Entonces vio que Anya abandonaba el alféizar y regresaba al interior de la habitación.
Anton no apartó la mirada de la ventana.
—Ah… ahí va.
Minutos después, Anya salió nuevamente.
Esta vez llevaba puesta su túnica.
Anton apoyó el rostro sobre una mano y suspiró.
—Por eso te dije que comieras algo.
Dejó la canasta de frutas a un lado y se preparó para seguirla.
Sin embargo, algo le llamó la atención.
Anya no caminaba con el entusiasmo habitual con el que se dirigía a comprar comida.
Esta vez iba cabizbaja.
Su andar era lento.
No parecía tener siquiera un destino claro.
En lugar de dirigirse hacia alguna taberna, terminó llegando hasta una pequeña plaza situada a pocos metros de la posada.
Allí había una banca bajo un árbol.
Una fuente dejaba escapar el sonido constante del agua y, a la distancia, podían escucharse las risas de algunos hombres provenientes de las tabernas cercanas.
Anya se sentó.
Anton se quedó observándola desde la entrada de uno de los callejones.
Alzó una ceja.
'¿Tanto le afectó lo del príncipe?'
Entonces la vio llorar.
Primero fueron apenas unas lágrimas.
Después, sus manos terminaron cubriéndole el rostro mientras se encorvaba sobre sí misma.
—No entiendo nada, maldición…
Anton no se movió.
No quería acercarse.
Aquello era un momento personal para ella y no quería interrumpirlo.
Pero tampoco le gustaba verla así.
Decidió quedarse allí, oculto en el callejón, esperando a que pudiera desahogarse.
—¡¿Por qué nadie me da respuestas?!
La voz de Anya se elevó ligeramente.
Anton permaneció sentado, con la espalda apoyada contra la pared y una pierna extendida frente a él.
Entonces escuchó pasos.
Un grupo de aproximadamente 4 hombres apareció por uno de los caminos de la plaza.
Eran grandes, corpulentos y caminaban juntos mientras hablaban entre ellos.
Al verla sola en la banca, uno de ellos se separó del grupo.
—Señorita, ¿qué tanto dice? Hasta allá se puede escuchar su llanto.
Los demás soltaron algunas risas.
Anya levantó lentamente el rostro.
Sus ojos estaban enrojecidos.
—No me molestes. Sigan su camino.
El hombre sonrió.
—¿Huh? Pero tal vez te gustaría la compañía de un hombre como yo.
Se acercó demasiado.
Antes de que Anya pudiera apartarse, el hombre la tomó de la barbilla con sus dedos gruesos, obligándola a mirarlo.
—Eres bella. Demasiado bella.
Se relamió los labios.
Los hombres detrás de él comenzaron a reír.
Anya bajó la mirada hacia la mano que sujetaba su rostro.
Después tomó la muñeca del hombre.
Sus dedos comenzaron a cerrarse alrededor de ella.
—Te dije que me dejaran sola.
El hombre dejó de sonreír.
La presión aumentó.
—¿Q-qué…?
Intentó zafarse.
No pudo.
Su rostro comenzó a cambiar.
Una gota de sudor frío recorrió su sien.
Anton chasqueó la lengua.
Se quitó la túnica.
No había planeado intervenir.
Pero aquello ya había ido demasiado lejos.
En un movimiento tan rápido que ninguno de los hombres alcanzó a percibirlo, apareció detrás de Anya y tomó su muñeca.
—Freya, suéltalo.
Anya volteó sorprendida.
—Pero…
—Hazlo. Te puedes meter en problemas si lastimas físicamente a un ciudadano.
Anya obedeció de inmediato.
El hombre retrocedió sujetándose la muñeca, que ya estaba completamente roja.
—¡Estás loca! ¡Solo quería ayudarte!
El hombre gritó mientras él y sus compañeros comenzaban a alejarse.
Anton los observó con cautela hasta asegurarse de que se marcharan.
Después volvió la mirada hacia Anya.
Ella se secó rápidamente las lágrimas con el dorso de las manos.
—Grayson… ¿qué haces aquí?
Anton se encogió de hombros.
—Ah, solo iba a comprar unas cosas para mi siguiente misión… y vi esto por accidente. No fue a propósito, claramente.
Anya soltó una pequeña risa.
Todavía tenía lágrimas en los ojos.
—Gracias por defenderme.
—Más bien creo que los defendí a ellos de salir lastimados. Lo que le hiciste a ese doctor hace días no es algo que cualquiera pueda hacer. Era un rango B.
Anya volvió a reír.
Su risa, aunque todavía cargada de tristeza, consiguió arrancarle a Anton una reacción que no pudo controlar.
Sus orejas se enrojecieron.
'Maldición… Haaah. Al menos no llora.'
Anton apartó ligeramente la mirada.
Anya lo observó durante unos segundos.
Después señaló el lugar vacío a su lado.
—¿Podrías sentarte conmigo un rato…?
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