Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 64
Peter le contó a Ashton y a Tate lo poco que recordaba de lo ocurrido. Sus recuerdos estaban fragmentados, cubiertos por una niebla espesa que le impedía distinguir cuánto tiempo había pasado realmente ni qué le habían hecho durante aquellos meses. Aun así, Ashton comprendió lo suficiente para saber que no podía permitir que su hermano conociera toda la verdad de golpe.
Por eso, antes de que Peter pudiera siquiera imaginarlo, Ashton le dejó claro a Tate que no mencionarían nada relacionado con los experimentos de Johan.
Peter jamás había sospechado que su tío pudiera estar haciéndole daño. Para él, todo lo que había ocurrido formaba parte de un tratamiento médico destinado a ayudarlo con su ansiedad y depresión, y que lo de Nicole era un caso aparte. Ashton prefería conservar aquella pequeña inocencia antes que destruirla con una verdad para la que sabía que su hermano todavía no estaba preparado.
Era aquella misma madrugada, mucho antes del amanecer, cuando Ashton decidió esconderlo en una de las habitaciones del palacio. No informó a ningún sirviente ni permitió que nadie se acercara al cuarto. Lo único que hizo antes de dejarlo descansar fue asegurarse de que tuviera algo decente que comer.
Sobre una pequeña mesa había un plato de galletas y un vaso de leche.
Ashton se sentó junto a la cama y empujó lentamente el plato hacia su hermano.
—¿Aún son tus favoritas?
Peter observó las galletas con cierta duda. Sus ojos se detuvieron en ellas durante unos segundos antes de relamerse los labios.
—¿De verdad… puedo comerlas?
Ashton asintió. Tomó una de las galletas y se la acercó directamente a la boca.
—Come despacio.
Peter obedeció. Apenas dio el primer mordisco, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. El sabor le resultaba familiar. Era una de esas pequeñas cosas que pertenecían a una época en la que su vida todavía era sencilla.
Ashton soltó un suspiro y acarició suavemente su mejilla. Sus dedos, ásperos y llenos de pequeñas cicatrices, contrastaban con la delicada piel que todavía conservaba en algunas zonas del rostro.
—Sigues siendo un llorón como siempre.
Sus dedos se deslizaron hasta detenerse cerca de su ojo hinchado. La expresión de Ashton cambió ligeramente.
—¿Te duele?
Peter negó con la cabeza.
—E-Es incómodo, pero no m-me duele.
Tomó el vaso de leche con ambas manos y bebió con inocencia. Al terminar, un pequeño bigote blanco quedó sobre su labio superior. Peter levantó la mirada hacia su hermano y, después de unos segundos de silencio, preguntó con cautela:
—Hermano… ¿de verdad… no me tienes m-miedo?
Ashton le sonrió y pasó los dedos por sus cabellos grises.
—No, Peter. No te tengo miedo. Aún con tu aspecto, sigues siendo mi hermanito y te apoyaré en todo lo que pueda. ¿De acuerdo?
Peter asintió. Sus mejillas se tiñeron ligeramente de rosa; un color que apenas podía distinguirse entre las pocas zonas de piel que todavía no estaban cubiertas por aquellas venas oscuras y los extraños piquetes negros.
Ashton se quedó mirándolo unos segundos. Aquella criatura frente a él seguía siendo el mismo niño que recordaba. Solo estaba atrapado dentro de un cuerpo que ya no reconocía.
—Te dejaré descansar. Estaré en la habitación de al lado con Tate. ¿De acuerdo?
Peter bajó la mirada.
—No quiero que te vayas. Por favor…
La expresión de Ashton se suavizó.
—Tengo que ir a hablar con Tate de unas cosas, pero en cuanto termine vendré a verte. ¿De acuerdo?
Ayudó a Peter a acomodarse nuevamente en la cama. El chico seguía débil después de toda la adrenalina que su cuerpo había tenido que soportar durante su huida. Ashton tomó la manta y lo cubrió con cuidado, asegurándose de que no quedara ninguna parte de su cuerpo expuesta al frío.
Antes de abandonar la habitación, se inclinó y dejó un beso sobre su frente.
—Descansa.
Cerró la puerta detrás de él.
Tate lo esperaba recargado contra una de las paredes del pasillo, con los brazos cruzados y los ojos cerrados.
Ashton permaneció unos segundos frente a él antes de hablar.
—Tate… si esa cosa que mataste en el bosque era Nicole… entonces tendré que pedirte algo.
Sus puños se cerraron a los lados de su cuerpo con tanta fuerza que llegaron a temblarle.
—Llévate a mi hermano. Escapa con él.
Tate abrió los ojos y lo miró fijamente.
—Me temo que no podré obedecer esa orden.
Ashton frunció el ceño.
—¿Por qué? ¡Para eso te pago!
—No. Me paga para protegerlo y apoyarlo a usted.
Tate mantuvo la calma.
—Si bien respeto al segundo príncipe Peter, usted es la persona a la que debo proteger. Además, supongamos que escapara con él. ¿Qué haría usted?
Ashton apretó la mandíbula.
—Yo… me tengo que quedar aquí para tratar de arreglar todo.
—Usted sabe que no puede hacer nada contra su tío.
Ashton chasqueó la lengua.
—Tengo que intentarlo. No tengo opción…
La irritación desapareció poco a poco de su rostro. En su lugar quedó una expresión que casi nadie había visto jamás en él. Una mezcla de tristeza, miedo y vulnerabilidad que no pertenecía al príncipe heredero que todos conocían.
—Él es mi único hermano… Tate. La única familia que me queda…
Sus pupilas temblaron.
—En la tumba de mis padres prometí que lo protegería, costara lo que me costara. Incluso si es mi vida…
Tate permaneció en silencio.
Ashton bajó la cabeza.
—No lo protegí bien… Si tan solo no lo hubiera dejado aislarse. Si tan solo hubiera insistido más, aunque él se negara a verme… tal vez… tal vez…
Se cubrió el rostro con ambas manos. Sus hombros comenzaron a temblar mientras las lágrimas se escapaban entre sus dedos.
Tate soltó un suspiro y se acercó. Colocó una mano sobre el hombro del príncipe.
—El hubiera no existe, su alteza.
Ashton no respondió.
—Pero ¿sabe qué sí existe? —continuó Tate—. La realidad en la que estamos. Una donde su hermano escapó y logró llegar con vida hasta aquí.
Tate miró hacia la puerta detrás de la cual Peter descansaba.
—No puede permitirse sufrir por el pasado o por cosas que ya no se pueden cambiar. Al menos no ahora.
Ashton finalmente levantó la mirada.
Tate suspiró.
—Está bien. Lo ayudaré. Pero con una condición. Las cosas se harán a mi manera.
Ashton chasqueó la lengua y desvió la mirada. No le gustaba aquella respuesta, pero sabía que no tenía otra opción.
—De acuerdo.
—Bien. Partiré esta noche con él. Arreglaré todo.
Ashton abrió los ojos con sorpresa.
—¿T-Tan rápido? Pero…
No quería admitirlo, pero apenas acababa de recuperar a su hermano y ya estaba a punto de perderlo nuevamente.
—No hay tiempo, su alteza. Para el día de mañana ya se habrán dado cuenta de la ausencia de Nicole y Peter. Debo sacarlo de Bansia lo más rápido posible.
Ashton bajó la mirada.
—E-Está bien. ¿Ya sabes a dónde irán?
Ambos comenzaron a avanzar rápidamente por el pasillo. Ashton caminaba junto a Tate, todavía intentando encontrar alguna alternativa.
—No se lo diré.
Tate ni siquiera lo miró.
—Así, si lo torturan, no podrán sacarle nada.
Añadió el pelirrojo. Ashton se quedó callado unos segundos.
—¿Crees que me torturen?
Tate endureció la expresión.
—Sí, su alteza. Su tío es un psicópata capaz de muchas cosas.
—--
Los días pasaron.
Tate y Peter partieron aquella misma madrugada en la que el segundo príncipe había llegado al palacio de Ashton. Lo hicieron sin despedidas, sin testigos y sin dejar más rastros de los necesarios. Aparentemente.
Mientras tanto, dentro de las murallas de los palacios imperiales, la investigación continuó por orden de Michael Bennet.
Para entonces, el comandante ya tenía profundas ojeras bajo los ojos. Llevaba tres días prácticamente sin dormir, recorriendo un territorio enorme en busca de Peter y Nicole. El terreno era extenso, pero no infinito. Tarde o temprano tendrían que encontrar algo.
Y lo hicieron.
El olor llegó antes que la imagen.
Un hedor penetrante a azufre y carne putrefacta se extendió entre los árboles hasta obligar incluso a algunos caballeros experimentados de la Primera Orden a cubrirse la boca. Uno de ellos terminó vomitando a pocos metros del lugar.
Theodore, en cambio, parecía más interesado que perturbado.
—Esa es nuestra Nicole.
Se acomodó las gafas y se agachó frente al cuerpo destrozado.
Observó los restos con una atención casi enfermiza, como si estuviera examinando una pieza de laboratorio en lugar de los restos de una persona.
—Mmh… qué extraño. Le hace falta el núcleo. Se lo arrancaron.
Su tono cambió ligeramente.
—¿Quién se atrevería a dañar a este hermoso ser?
Michael apretó los dientes.
Theodore levantó la mirada.
—¿Qué palacio está cerca de aquí?
Michael hizo memoria y suspiró.
—El palacio del príncipe Ashton.
—Mmmmh.
Theodore se llevó una mano a la barbilla y la frotó lentamente.
—Deberíamos ir a verlo.
Comenzó a caminar en la dirección que Michael había señalado, pero el comandante le sujetó la muñeca.
—¿Acaso está loco? ¿Cómo cree que se ponga el príncipe heredero cuando sepa que su hermano está perdido?
Theodore miró con desdén la mano que sujetaba su muñeca.
—Suéltame. No tienes derecho a tratarme así.
Michael no cedió.
—Estamos hablando de algo que podría afectar al príncipe heredero de esta nación, así que sí, tengo derecho a tratarlo como se me dé la gana. Aparte, si su caballero Tate está presente y usted le habla como ahora, ¿qué cree que pasará?
Theodore soltó una carcajada y se liberó con brusquedad. Después se acomodó la bata blanca.
—¿Tate? ¿El joven caballero que salió del castillo por motivos personales justamente la noche que se perdió Peter y mi hermosa Nicole fue asesinada?
Se inclinó ligeramente hacia Michael. Una sonrisa inquietante apareció en su rostro.
—¿No cree que eso es sospechoso? Tal vez el príncipe Ashton tenga escondido a su hermanito indefenso y mutante en su castillo.
Michael sintió que la rabia le quemaba el pecho, pero se obligó a contenerla.
‘Esta gente está loca.’
Theodore volvió a agacharse junto al cuerpo, hablando para sí mismo mientras examinaba los restos de Nicole y acariciaba algunas de sus extremidades.
Michael apartó la mirada.
‘Qué asco.’
—Así que vayamos al palacio del príncipe Ashton.
—Yo puedo ir solo.
—No. Me gustaría ir contigo.
Theodore se adelantó por el camino.
Michael lo siguió con una sensación cada vez más incómoda.
‘¿De verdad Tate está fuera del palacio y fue justo cuando Peter ya no estaba?’
La sospecha comenzó a tomar forma en su mente.
‘¿El príncipe está involucrado?’
Michael apretó los puños.
‘Maldición.’
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