Hay algo especial en ella Cap. 30
Ya no me sorprendía.
De hecho, sentí el impulso de ir tocando cada mueble de Knox solo para descubrir cuántos pasadizos secretos podían estar ocultos por ahí. Después de todo, nunca sabías cuándo algo se abriría con un suave whoosh y revelaría otro de los secretos de la mansión.
—¿Qué estás haciendo? Te dije que me siguieras.
—¡S-sí! ¡Ya voy!
Detrás de la estantería se extendía un largo corredor.
En cuanto puse un pie dentro, lo comprendí.
Así que aquí es donde realmente comienza el Nido.
Todo lo que había visto antes no era más que una fachada cuidadosamente construida, incluido aquel sofá diabólicamente cómodo.
Las lámparas de maná brillaban con una intensidad suave y relajante, otorgando al pasillo una atmósfera acogedora y habitada. En las paredes colgaban abrigos y túnicas de propietarios desconocidos. A un lado había un paragüero. Incluso había una cómoda desgastada con un espejo encima.
Era completamente distinto de la zona disfrazada, que siempre parecía impecable e intocable sin importar lo lujosa que fuera.
—Ya registraron tu sangre, ¿verdad? Bueno, claro que sí. Por eso pudiste entrar sin problemas hoy.
Gisela Rot se quitó las botas y se puso unas cómodas pantuflas mientras respondía su propia pregunta con aquella voz ronca y áspera.
—¿Registro de sangre? ¿Te refieres a esa cosa con forma de cabeza de dragón?
—Sí, es condenadamente fea.
Soltó una risita, asintió y señaló una puerta al final del corredor.
—Aquí también tenemos una. Más pequeña, pero igual.
—...Que sea más pequeña no la hace menos horrible.
Tal como Gisela Rot había advertido, una versión en miniatura de aquella grotesca estatua de dragón servía como picaporte. Sus brillantes ojos dorados se parecían tanto a los de Killian Knox que de inmediato me dieron ganas de apuñalarlos.
—¿Quieres abrirla tú mismo?
—¿Solo tengo que girarle el cuello al dragón?
Hice el gesto de girar una perilla y Gisela Rot estalló en carcajadas.
—¡Pfft! ¡No, idiota! ¡Solo mete cualquier dedo en su boca!
—Así que tengo que meterle el dedo por la garganta al dragón. Entendido.
La verdad, sonaba bastante satisfactorio.
Asentí sin dudar y me acerqué a la puerta.
De cerca, el dragón era aún más feo.
Estuve a punto de introducir mi dedo índice en aquella boca abierta, pero cambié de opinión.
...Capaz me lo arranca de un mordisco.
Así que elegí el meñique de la mano izquierda, el dedo cuya pérdida menos me afectaría.
Imaginando que estaba clavándole el dedo en la tráquea a Killian Knox, lo introduje con fuerza.
La fugaz satisfacción de descargar mi ira sobre una estatua inocente duró apenas un segundo.
¡Clonk!
Un pesado sonido metálico resonó y la puerta se abrió sola.
—¿No muerde?
—Si mordiera cada vez que alguien entra, ¿quién demonios conservaría los dedos? La que vigilaba la sala de recepción tampoco te mordió hoy, ¿o sí?
—Ahora que lo mencionas... Entonces ambas son solo decoración. ¿Para asustar a la gente?
—Como si fuera eso. No conozco el mecanismo exacto. He oído que utiliza ingeniería de maná. En cualquier caso, solo quienes tienen su sangre registrada personalmente por el jefe pueden abrir estas puertas.
—¿Y qué pasa si alguien no está registrado?
—Ni idea.
Gisela Rot inclinó la cabeza, admitiendo que jamás había visto a un intruso.
—Aunque dudo que tenga una muerte agradable. Terminemos esta conversación dentro.
࿈ · ─ · — ·????· ─ · — · ࿈
El verdadero Nido era sorprendentemente luminoso.
Grandes ventanas se distribuían por las paredes, y varias secciones del techo habían sido reemplazadas por cristal, permitiendo que la luz del día inundara todos los rincones.
Por eso.
¿Cómo demonios escondieron esto?
El edificio principal tenía claramente solo cinco pisos.
Y, sin embargo, no solo existía un piso oculto, sino que además estaba lleno de ventanas iluminadas.
Debieron tomar medidas extremas para mantenerlo invisible desde el exterior, pero ni siquiera podía imaginar cómo.
Por dentro parece una oficina normal.
Doce escritorios grandes estaban repartidos generosamente por la amplia sala, cubiertos con pilas de documentos diversos.
A simple vista parecía un lugar de trabajo común.
Había demasiados objetos desperdigados para considerarlo ordenado, pero encajaba perfectamente con el nombre de Nido.
El aire tenía ese aroma seco del papel.
La luz del sol lo hacía sentir acogedor.
Y, sobre todo, ningún extraño podía llegar allí fácilmente.
Era el auténtico refugio de los Cuervos.
Cálido.
Seguro.
Entré en aquel espacio.
—¡Ya volvimos!
La voz de Gisela Rot resonó con fuerza y, desde lo que yo creía una habitación vacía, llegó una respuesta apagada.
—Ya... volvieron...
Era la voz de un hombre joven.
Y no tenía absolutamente nada de energía.
—¿Qué demonios? Noah, ¿dónde estás?
—Por... aquí...
En el rincón más profundo y oscuro, donde no llegaba la luz del sol, una manta colocada sobre un escritorio se movió.
Yo había pensado que era simplemente un montón de ropa y mantas.
Al parecer, había una persona enterrada debajo.
Lo primero que emergió fue una mano pálida cubierta de pequeñas cicatrices.
La mano que levantó para señalar su ubicación cayó con la misma debilidad que mostraba su voz.
Cuando Gisela Rot la vio balancearse como una bandera azotada por una brisa moribunda, frunció el ceño.
Yo la seguí en silencio mientras avanzaba hacia él.
—Noah Benton, te dije que durmieras en los dormitorios. O al menos en la sala de descanso.
—No puedo... Si me acuesto... no volveré a levantarme...
El montón de mantas volvió a moverse antes de revelar finalmente el rostro del hombre llamado Noah Benton.
Su cabello desordenado color oliva enmarcaba un rostro tan pálido como su mano.
Pequeñas pecas salpicaban el puente de su nariz.
Sus ojos marrón claro combinaban perfectamente con sus facciones delicadas, casi bonitas.
Pero estaban apagados.
Como los ojos de un pez que hubiera permanecido demasiado tiempo fuera del agua.
Las profundas ojeras bajo ellos completaban la imagen de una hormiga obrera completamente agotada.
—¿No estabas feliz porque tu turno de cobertura terminaba por las tardes esta semana? Entonces, ¿por qué estás desplomado aquí?
—Sí... yo también tengo curiosidad. ¿Podrías preguntarle al Senior Conrad por mí...?
—¿Conrad?
Todavía encorvado sobre el escritorio, Noah Benton señaló débilmente una dirección.
Me giré.
Debajo de la ventana más luminosa había un sofá largo.
Sobre él, un hombre estaba acostado, usando un libro abierto sobre el rostro como si fuera una visera.
No se movía en absoluto.
Pero su pecho subía y bajaba con un ritmo constante.
Estaba dormido.
Sus botas gastadas sobresalían ampliamente del reposabrazos.
Sus anchos hombros, demasiado grandes para el sofá, sugerían una complexión impresionante.
—¿Por qué está tirado así? Espera... ¿no me digas que te dejó a ti el informe?
—¿Alguna vez has visto al Senior Conrad escribir un informe por sí mismo...?
—¡Maldita sea! ¡Y se supone que es el senior!
Gisela Rot avanzó a grandes pasos y pateó el sofá con fuerza.
—¡Oye! ¡Despierta!
—Mmm...
El hombre llamado Conrad simplemente se giró hacia el otro lado, enterró más el rostro en el respaldo y agitó una mano con pereza, como diciendo déjame en paz .
—¡Por todos los demonios, qué idiota!
Tras patear varias veces más las patas del sofá para descargar su frustración, Gisela Rot dirigió toda su ira hacia Noah Benton.
—¡Te dije que dejaras de consentirlo cada vez que hace un berrinche!
—Pero... dijo que estaba muy, muy cansado después de esa misión tan larga...
—Sabes que solo se aprovecha de lo blando que eres, ¿verdad?
—Como no puedo salir a misiones de campo, esto es lo único que puedo hacer para ayudar.
Noah Benton se frotó los ojos cansados y soltó una risita avergonzada.
Gisela Rot se golpeó el pecho con frustración.
—Siempre corriendo entre la enfermería y el Nido, trabajando hasta morir...
Eso era interesante.
Parecía existir una razón específica por la que Noah Benton no podía participar en misiones de campo.
Mientras lo observaba con curiosidad, finalmente consiguió levantar su cuerpo del escritorio y nuestras miradas se encontraron.
—¿Eh? ¿Quién...?
¿De verdad no había notado que había otra persona presente todo este tiempo?
Su capacidad para percibir presencias parecía bastante deficiente.
Mientras Noah Benton se debatía en la confusión, Gisela Rot regresó a mi lado y se revolvió bruscamente el corto cabello rosado.
—Este es el nuevo recluta que estoy supervisando. Preséntense. Él es Runnelk Eins. Y él es Noah Benton.
—¡¿Un nuevo recluta?!
Noah Benton se puso de pie de un salto y se cubrió la boca con ambas manos.
—¡E-entonces...! ¿¡Eso significa que por fin podré dejar de ser el más joven!?
Traducción: Queen Hans
Corrección: NaRumi
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