Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 46
El trío de magos que había sido asignado a Rosendal se preparaba para cruzar el portal que los conduciría directamente al templo de Ymir.
Los tres acomodaban al unísono distintas partes de sus uniformes de combate, confeccionados con una tela especial capaz de repeler la sangre espesa de las pesadillas, pues después de mucho contacto con el el liquido se hacía corrosivo para la piel. Las largas capas ondeaban con suavidad por la energía mágica que escapaba del portal aún inestable.
—No puedo creer que nos estén enviando a cazar simples pesadillas de bajo nivel. Ni siquiera nos necesitan si Tate está allá.
Comentó Otto, mago de luz, mientras acomodaba despreocupadamente su cabello rubio frente a un pequeño espejo de bolsillo.
Era conocido tanto por su enorme talento como por su ego desmedido. Su belleza casi irreal le había ganado la comparación con los elfos de los antiguos cuentos, y pocas mujeres de la nobleza permanecían indiferentes ante él.
—Sí... pero son órdenes directas del príncipe Ashton. No podemos hacer nada al respecto.
Respondió Cat mientras giraba su varita entre los dedos. La joven maga de fuego era considerada una auténtica villana entre las damas aristócratas. Decía exactamente lo que pensaba, ignoraba las etiquetas y disfrutaba romper todas las normas impuestas a las mujeres nobles.
El enorme círculo mágico comenzó a iluminarse.
Las runas grabadas en el suelo emitieron un resplandor azulado mientras el espacio se deformaba lentamente en el centro.
El joven mago encargado de mantener abierto el portal tragó saliva con nerviosismo antes de anunciar:
—El portal ya está listo...
Otto y Cat continuaban quejándose en voz alta.
Su líder terminó perdiendo la paciencia.
—Si tanto se quejan... me imagino que todavía les queda energía para seguir luchando.
Su voz fue tranquila, pero bastó para congelar el ambiente.
Los dos guardaron silencio al instante.
Cat infló una mejilla con evidente disgusto.
Otto inclinó ligeramente la cabeza.
—Perdón...
—No tenemos tiempo que perder... vamos.
Dijo Dante mientras avanzaba sin esperar respuesta.
Era el más bajo de estatura de los tres, algo que llevaba a muchos enemigos a subestimarlo... una decisión de la que muy pocos sobrevivían para arrepentirse.
Su dominio sobre la magia de oscuridad lo había convertido en uno de los magos más respetados de toda la Torre.
—
Lo hecho, hecho estaba.
Los rumores comenzaron a propagarse con una velocidad aterradora.
Los habitantes de Rosendal que habían conseguido escapar hablaban entre ellos con expresiones de incredulidad, asegurando haber visto a la misteriosa invitada de los Falksen atravesar a una pesadilla con una simple piedra y hacerla estallar sin explicación alguna.
Dentro del templo de Ymir, mientras Anya seguía ausente, la mujer y el pequeño al que había salvado repetían una y otra vez la historia.
Cada vez que alguien nuevo llegaba, ellos la contaban de nuevo.
Describían cómo aquella joven había aparecido cuando todo parecía perdido, cómo el monstruo había explotado frente a ella y cómo ambos seguían vivos únicamente gracias a su intervención.
Las personas comenzaron a mirarse unas a otras con creciente curiosidad.
La misteriosa invitada de los Falksen pasó rápidamente de ser una desconocida a convertirse en el principal tema de conversación dentro del templo.
En muy poco tiempo, prácticamente todos conocían el nombre de Anya Hassad.
Justo entonces, el portal se abrió.
Los tres magos cruzaron la distorsión espacial y aparecieron en una de las habitaciones interiores del templo.
El sacerdote y varios de sus seguidores los recibieron con visibles muestras de alivio.
—¡Bienvenidos a Rosendal!
Exclamó con una sonrisa esperanzada.
Sin embargo, ninguno de los tres respondió.
Cat y Otto continuaron caminando directamente hacia la salida.
Dante fue el único que se detuvo.
Giró apenas el rostro por encima del hombro.
Sus fríos ojos azules parecían atravesar al sacerdote.
El anciano sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—No tenemos tiempo para formalidades.
El sacerdote tragó saliva.
—C-Claro...
Rosendal necesitaba ayuda desesperadamente.
No era momento para ofenderse por la falta de cortesía.
Mientras caminaban por los largos pasillos de piedra rumbo a la entrada principal, el ruido de los murmullos de la multitud comenzaba a escucharse cada vez con mayor claridad.
—Se me acabó mi paleta...
—No seas llorona.
Respondió Dante sin siquiera mirarla.
—Si haces bien tu trabajo, te daré más cuando regresemos a la Torre.
Los ojos de Cat brillaron.
Una sonrisa apareció de inmediato en su rostro.
—¡Prometo esforzarme, líder!
Otto levantó la mano como un niño.
—¡Yo también quiero recibir algo a cambio!
Dante suspiró.
—¿No tienes suficiente con toda la atención que ya te dan las mujeres?
Cat soltó una carcajada.
Otto bajó los hombros completamente derrotado.
El trío había imaginado una entrada gloriosa.
Como siempre.
Esperaban que la gente se apartara al verlos, que surgieran expresiones de alivio y admiración.
Sabían que la presencia de Tate disminuiría un poco el impacto, pero aun así esperaban captar toda la atención.
No ocurrió.
Cuando atravesaron las puertas del templo que llevaba hacia el ala principal...
Todos los ojos estaban puestos sobre dos personas.
Tate Falksen.
Y una joven de cabello negro desconocida para ellos.
Del lado de Tate y Anya, ambos comprendieron de inmediato la gravedad de la situación.
Sus habilidades ya no eran un secreto.
Demasiadas personas habían visto lo ocurrido.
Y eso jamás debió pasar.
La multitud los observaba con una mezcla de curiosidad, admiración y miedo.
Dante ignoró por completo la falta de atención.
Lo primero que notó fue el estado de Tate.
Su expresión.
Su postura.
La tensión acumulada en sus hombros.
Algo había ocurrido.
Después desvió la vista hacia la mujer que permanecía junto a él.
Una joven de estatura similar a la suya.
Cabello negro.
Rostro delicado.
Rasgos muy distintos a los habituales de Eternia.
—Dante... ¿quién es esa mujer?
Preguntó Cat con evidente molestia.
—No lo sé.
Respondió sin apartar la vista.
Miró entonces al sacerdote.
El anciano entendió inmediatamente.
—Ella es una invitada de la familia Falksen. Llegó al pueblo junto con el caballero Tate.
—¿Cómo se llama?
Preguntó Otto, ya mostrando interés.
Cat y Dante lo miraron incrédulos.
Ni siquiera en medio de un desastre dejaba de pensar en mujeres.
—Anya Hassad.
Dante acarició su barbilla.
—Anya Hassad...No me suena.
Poco a poco los habitantes comenzaron a notar también la presencia del famoso trío de magos.
Las conversaciones disminuyeron.
Los tres caminaron directamente hacia Tate.
—Tate. ¿Qué haces aquí? Deberías estar afuera haciendo tu trabajo.
Dijo Dante con su habitual tono frío.
Tate chasqueó la lengua.
Sabía que tenía razón.
Pero primero había elegido salvar a su familia.
Ahora que Jane ya estaba donando sangre para su madre y Meredith recibía tratamiento...
Podía volver a cumplir con su deber.
—De hecho...Ya iba de salida.
Dante no respondió.
Su mirada pasó inmediatamente hacia Anya.
Ella lo observaba con total tranquilidad.
Sin reverencias. Sin nerviosismo. Sin admiración.
—¿Y ella quién es?
—Es mi compañera de trabajo. Anya Hassad.
Respondió Tate con indiferencia.
Después se dirigió a ella.
—Anya. Ellos son magos de la Torre. Cat. Otto. Y su líder, Dante.
—Mmm...
Fue toda la respuesta de Anya.
Ni siquiera hizo el intento de estrecharles la mano.
—¿Y por qué nunca había oído hablar de ella?
Preguntó Dante.
Tate frunció el ceño.
—Por eso me caes mal. Siempre quieres interrogar a la gente.
—A ti todo el mundo te cae mal, Tate.
Comentó Otto mientras se limpiaba distraídamente el oído con el dedo meñique.
Anya soltó una pequeña risa.
Tenía razón.
Tate le lanzó una mirada fulminante.
Ella cerró inmediatamente la boca e intentó silbar con total inocencia.
Solo consiguió expulsar aire.
De pronto...
Una voz femenina atravesó la multitud.
—¡Señorita Anya!
La mujer a la que había salvado apareció sujetando de la mano a su hijo.
Corrían hacia ella con enormes sonrisas.
Tate y Anya tragaron saliva al mismo tiempo.
Ambos desearon exactamente lo mismo.
'Por favor... no digas nada.' En el camino hacía el templo, Anya le había contado todo a Tate y por supuesto, no se salvó de la regañiza de Tate, pero entendió perfectamente porque lo hizo.
—Ah… Me alegra que hayan llegado a salvo.
Respondió Anya con una sonrisa sincera.
Ahora entendía perfectamente por qué todo el templo conocía su nombre.
—No lo habríamos logrado sin usted.
Dijo la mujer mientras las lágrimas recorrían nuevamente sus mejillas.
El pequeño abrazó con fuerza la cintura de su madre.
Ella le correspondió el abrazo.
—Muchas gracias por salvarnos...
Dante giró lentamente la cabeza hacia Tate.
Luego volvió a mirar a la mujer.
—Así que dice que Anya la salvó. ¿Podría decirme cómo?
'Mierda.'
Pensó Tate.
—¡Joven Dante! ¡Es un honor poder verlo en persona! Siempre lo veo en los periódicos.
La mujer apenas acababa de percatarse de la presencia del famoso trío de magos.
Sus ojos brillaron de emoción.
—Claro. Así como ya se lo conté a todos aquí...También se lo contaré a usted.
Anya sintió un auténtico escalofrío.
'En esta época no existen las revistas... porque las viejas chismosas hacen ese trabajo gratis.'
—¡La señorita Anya posee una habilidad que merece ser recompensada!
—¿Una habilidad que merece ser recompensada?
Preguntó Cat.
Otto seguía demasiado distraído observando a Anya.
—¡Sí! ¡Las pesadillas explotan con solo acercarse a ella!
Otto salió inmediatamente de su trance.
Y estalló en una carcajada.
—¿Dije... algo gracioso?
Preguntó la mujer confundida.
Otto terminó limpiándose una lágrima de la risa.
Dante habló con absoluta seriedad.
—No estamos bromeando.
—¡Yo tampoco! ¡Casi pierdo la vida! ¡Mi hijo también! ¡Gracias a ella seguimos vivos!
Dante guardó silencio.
No respondió.
Simplemente comenzó a observarla detenidamente.
Sus movimientos.
Su tono.
La velocidad de sus latidos.
La tensión de sus músculos.
Su habilidad para detectar mentiras era excepcional.
No encontró ninguna.
Eso hizo que incluso él sintiera un ligero escalofrío.
'¿Las pesadillas explotan... únicamente por acercarse a ella...?'
Los tres magos quedaron completamente en silencio.
Pero la mujer aún no terminaba.
—¡Y eso no fue lo más increíble! Cuando la sangre de la pesadilla cayó sobre ella... ¡Su piel comenzó a absorberla!
La mujer sonreía maravillada.
No tenía la menor idea de que cada palabra que pronunciaba hundía más y más a Anya.
Jamás había visto una pesadilla antes de aquel día.
Para ella, todo aquello simplemente era... un milagro.
Para los magos...
Era algo completamente imposible.
En el instante en que terminó aquella frase...
Los tres levantaron simultáneamente sus varitas.
Runas luminosas comenzaron a girar alrededor de las puntas.
Hechizos de combate quedaron preparados en una fracción de segundo.
Dante observó a Anya exactamente igual que observaría a una pesadilla.
Sin vacilar.
Tate reaccionó al instante.
Se colocó delante de ella, usando su propio cuerpo como escudo.
—Tate...Lo que dijo esa mujer...¿es verdad?
El silencio se volvió pesado.
El cerebro de Tate trabajaba desesperadamente buscando una salida.
Dante dio un paso al frente.
—Si esa mujer está mintiendo...Será decapitada por difundir una falsedad en medio de una emergencia imperial.
El templo entero quedó en silencio.
La mujer abrazó inmediatamente a su hijo.
—¡Y-Yo no estoy mintiendo!
Los labios de Tate se tensaron.
Miró a la mujer.
Luego al niño.
Los dos lloraban aterrados.
Frunció el ceño.
'Lo siento...'
Pensó.
—Lo que dijo esa mujer es men...
No terminó.
Anya dio un paso al frente.
Rebasó completamente a Tate.
Lo obligó incluso a quedar detrás de ella.
Sus ojos ya no mostraban miedo.
Solo determinación.
Miró directamente a Dante.
—Es verdad.
No permitiría que una mujer y un niño salieran heridos por ella.
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