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Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 45


Bansia apenas comenzaba a recuperarse del ataque sufrido días atrás.

Sin embargo, la capital no había sido el único objetivo.

Los informes llegaban uno tras otro desde las fronteras del norte, del sur y del oeste. Aldeas enteras habían sido atacadas por pesadillas, algunas reducidas a montones de escombros ennegrecidos, otras completamente abandonadas. La escasez de caballeros comenzaba a convertirse en un problema crítico, obligando incluso a movilizar a los magos de la Torre para reforzar las zonas más vulnerables.

Ante la desesperación, el Imperio abrió una convocatoria para reclutar nuevos caballeros.

La mano derecha de Michael supervisaba personalmente el proceso, organizando filas interminables de aspirantes. Había campesinos, mercenarios, cazadores e incluso antiguos caballeros retirados. Muchos no acudían por honor ni por patriotismo.

Iban por el dinero.

El emperador, incapaz siquiera de enfrentar personalmente a una pesadilla, ofrecía una recompensa extraordinaria a cualquiera dispuesto a hacerlo en su lugar. Su cobardía se disfrazaba de generosidad.

Y funcionaba.

Cada hora llegaban nuevos voluntarios.

Mientras tanto, Ashton permanecía encerrado en su despacho.

Montañas de documentos cubrían el escritorio de madera oscura. Informes militares, mapas marcados con tinta roja y cartas selladas se acumulaban sin descanso.

Sus dedos golpeaban el escritorio con un ritmo constante.

Tac.

Cada reporte era peor que el anterior.

'Si continúan expandiéndose a esta velocidad...'

Su preocupación no estaba puesta en la capital.

Estaba en Rosendal.

Allí se encontraban Tate.

Y Anya.

Sabía que aquel pueblo jamás había sufrido un ataque de pesadillas.

Precisamente por eso era vulnerable.

Y, por alguna razón que todavía no conseguía explicar, existía la inquietante posibilidad de que Anya fuera un imán para ellas.

Azda le había informado de algo todavía más preocupante.

Las pesadillas habían comenzado a hablar.

No simples sonidos.

No imitaciones.

Palabras.

Aquellas criaturas estaban desarrollando conciencia.

El emperador también conocía esa información. Por eso había comenzado la búsqueda desesperada de personas con almas fuertes y talentos excepcionales. Necesitaba caballeros capaces de enfrentarse a una amenaza que él jamás tendría el valor de mirar de frente.

Nunca imaginaron que las pesadillas llegarían tan lejos.

Tres golpes rápidos resonaron en la puerta.

—Pasa.

La puerta se abrió casi de inmediato.

Un caballero entró apresuradamente e hizo una reverencia.

—Su Alteza... perdone que interrumpa su hora de lectura, pero acaba de llegar un mensaje desde el templo de Ymir de Rosendal.

El pecho de Ashton se tensó.

Aquel mal presentimiento que llevaba todo el día creciendo terminó por confirmarse.

—Están siendo atacados por pesadillas.

La silla cayó hacia atrás cuando Ashton se levantó tan rápido que apenas fue consciente del movimiento.

—¿Rango?

—Según los caballeros destacados allí... son pesadillas de rango C y D. La mayoría pueden eliminarse con relativa facilidad.

El príncipe cerró los ojos unos segundos.

Luego soltó el aire lentamente.

Volvió a colocar la silla en su sitio.

—Dios...

El caballero permanecía esperando órdenes.

—¿Desea que enviemos refuerzos?

Ashton negó con la cabeza.

—Tate está de vacaciones precisamente en Rosendal. Yo mismo le concedí ese permiso. Él puede hacerse cargo.

Pensó unos instantes.

—Envía tres... no. Cuatro magos de la Torre. Que eliminen las pesadillas menores y apoyen la evacuación.

—Como ordene.

El caballero hizo otra reverencia antes de retirarse.

Ashton permaneció inmóvil.

Desconocía por completo que Tate, en ese mismo instante, no tenía el menor interés por salvar Rosendal.

Su única prioridad era Meredith.

Y después...

Anya.

También existía otra razón por la que Ashton no enviaba más refuerzos.

Quería observar.

Quería descubrir qué haría Anya.

Todavía recordaba aquel día en el palacio.

Ella había decidido protegerlo cuando una pesadilla infinitamente más fuerte que ambos estaba a punto de asesinarlos.

No lo conocía.

No obtenía ningún beneficio.

Aun así arriesgó su vida.

Una actitud que jamás había visto en la mayoría de los nobles que lo rodeaban diariamente.

Hipócritas.

Interesados.

Cobardes.

Todos fingían lealtad mientras les resultara conveniente.

Anya era diferente.

Una preocupación desaparecía.

Otra ocupó inmediatamente su lugar.

Anton.

Amery había convertido el Imperio entero en un espectáculo sangriento.

Había asesinado a Ethan.

Después exhibió su cabeza decapitada frente al pueblo como si fuera un trofeo.

Y aquello solo había sido el comienzo.

La esposa y la pequeña hija de Ethan fueron encerradas en su propia casa mientras las llamas consumían lentamente la vivienda.

Amery era un monstruo.

Pero el verdadero problema seguía siendo Anton.

Lo buscaban vivo o también muerto.

Vivo, para obligarlo a combatir contra las pesadillas.

O muerto, para diseccionar el cuerpo del caballero más poderoso que había conocido Eternia.

Ashton apoyó los codos sobre el escritorio.

'¿Qué harás ahora, Anton... después de la estupidez de mi tío?'

No sentía afecto por él.

Pero sí entendía algo.

Convertir a Anton en enemigo del Imperio era probablemente la peor decisión política imaginable.

Ya los odiaba.

Los había odiado desde el día en que lo obligaron a sellar con sus propias manos a su maestro en aquel templo olvidado.

Jamás escucharon la versión de Eternia.

Nunca le permitieron defenderse.

Nunca intentaron averiguar por qué asesinó a los antiguos emperadores.

Simplemente lo condenaron.

Ashton cerró lentamente los puños.

—Eternia...

Apenas ahora comenzaba a preguntarse si toda aquella historia escondía algo que nadie quiso escuchar.



Jane acomodó cuidadosamente a Meredith sobre su espalda con ayuda de Tate, procurando no rozar las heridas abiertas que cubrían su espalda.

Cada pequeño movimiento arrancaba un gesto de dolor a la muchacha.

—Debemos llevarla con Marshell.

La voz de Tate sonó firme.

No admitía discusión.

Jane miró hacia el cielo gris.

La lluvia seguía cayendo con violencia.

—Sí... pero esas gotas le harán mucho daño...

Tate levantó una mano.

Runas doradas comenzaron a girar alrededor de sus dedos mientras pronunciaba un conjuro en un idioma imposible de comprender.

Una esfera translúcida envolvió lentamente a Jane y Meredith.

La barrera despedía un tenue resplandor dorado que desviaba cada gota de lluvia antes de tocarles la piel.

—No atravesará el escudo.

Miró a Jane.

—Lamento que tengas que cargarla tú. Necesito mantener las manos libres para protegerlas.

Ella asintió sin protestar.

Cuando estaban por salir...

Tate giró lentamente hacia Mason.

Sus ojos seguían ardiendo de rabia.

—Esto no termina aquí.

Hubo un breve silencio.

—Volveré por tu madre.

Mason sintió un escalofrío.

Bajó lentamente la mirada hacia el suelo.

Ya no encontraba argumentos para seguir justificando a Annika.

Solo quedaba encontrarla.

Tate dio media vuelta.

—Vamos.

Los tres comenzaron a correr bajo la tormenta.

Para reducir el tiempo, Tate utilizó otro hechizo.

Una corriente de luz recorrió los cuerpos de ambos hermanos.

Sus músculos reaccionaron al instante.

Las piernas parecían más ligeras.

El mundo a su alrededor comenzó a desfilar con una velocidad imposible para cualquier ser humano.

Aun así...

Tate seguía molesto.

'Conociendo a los incompetentes de este pueblo...'

Si Marshell seguía vivo...

Seguramente estaría rodeado de heridos.

Eso significaba esperar.

La sola idea hizo que chasqueara la lengua con fastidio.

Después de varios minutos atravesando calles completamente vacías, edificios destrozados y viviendas abiertas como si hubieran sido desgarradas por enormes garras, una mala sensación comenzó a instalarse en su pecho.

El consultorio.

No...

Cuando finalmente llegaron...

Su peor presentimiento se hizo realidad.

El edificio estaba destruido.

Las puertas colgaban rotas.

Las ventanas habían desaparecido.

Solo quedaban oscuridad, muebles destrozados y el sonido de cristales quebrándose bajo los pies de alguien que caminaba en el interior.

Jane sintió que las lágrimas amenazaban con salir.

—H-Hermano...

Su voz apenas era un susurro.

—¿Qué hacemos?

Tate permaneció inmóvil un instante.

Luego volvió a escuchar aquellos pasos.

'¿Marshell...?'

Una pequeña esperanza volvió a encenderse.

Entró sin pensarlo dos veces.

Una esfera de luz apareció sobre su palma e iluminó los pasillos destruidos.

—¡Marshell!

Su voz retumbó entre las paredes vacías.

—¡Te necesitamos!

La figura que caminaba entre los estantes se detuvo.

Era demasiado baja para ser el médico.

La luz terminó iluminándola.

Tate abrió ligeramente los ojos.

—...¿Anya?

Frunció el ceño.

—¡¿Qué mierda haces aquí?! ¡Te dije que te quedaras en casa!

Su voz resonó por todo el edificio.

Anya ni siquiera levantó la vista.

Seguía revisando frasco tras frasco entre los estantes volcados.

—No es momento para regaños.

Continuó buscando.

—Necesito encontrar algo con urgencia.

Desde el exterior llegó un grito.

—¡¿Tate?! ¡¿Está Marshell ahí?!

Jane.

Anya levantó la cabeza de inmediato.

Una chispa de esperanza cruzó sus ojos.

'Jane...'

Había olvidado por completo que ella estaba con Tate.

Se acercó rápidamente y lo sujetó de los hombros.

—¿Jane está contigo?

Tate asintió, confundido por aquel cambio repentino.

—Bien...

Su mirada volvió enseguida a los estantes.

—¿Cómo está Meredith?

Desde afuera volvió a escucharse la voz de Jane.

—¡¿Tate?!

—¡No! ¡Ahora voy!

Él se masajeó las sienes con evidente frustración.

Justo en ese momento...

Anya encontró el frasco.

Sus ojos brillaron.

—¡Aquí está!

Levantó el recipiente donde podía leerse claramente:

Resina de Noch.

—¡Mierda, Anya!

Tate volvió a perder la paciencia.

—¡Regresa a casa! ¡No puedo estar haciendo de niñero mientras todo esto ocurre!

Ella no retrocedió.

Dio un paso al frente.

Lo miró directamente a los ojos.

—Tu madre está herida, Tate.

El silencio fue absoluto.

La expresión de Tate cambió por completo.

—Estoy haciendo todo lo posible para salvarla.

Su voz era firme.

Serena.

—Así que no te interpongas.

Tate quedó inmóvil.

—E-Espera...

Sus palabras salieron casi sin fuerza.

—¿Cómo que... mi madre está herida?

—No hay tiempo.

Anya comenzó a guardar varios frascos más dentro del morral.

—Tenemos que regresar al templo de Ymir.

—¿Allí pueden ayudarla?

Ella asintió mientras seguía recogiendo medicamentos.

—También necesitamos que atiendan cuanto antes a Meredith. Sus heridas pueden infectarse.

Tate sentía que toda la información caía sobre él al mismo tiempo.

No conseguía unir las piezas.

—Espera...

La miró fijamente.

—¿Cómo sabes todo eso?

Anya caminó hacia la salida sin detenerse.

—Puedo escuchar a Meredith desde aquí.

Tate abrió los ojos.

No supo qué responder.

Anya pasó junto a él.

—Camina más rápido.

Él comenzó a seguirla casi por inercia.

Su mente era un torbellino.

'¿Cómo terminó mi madre herida...?'

Todo lo demás dejó de importar.

Incluso aquella extraña habilidad que Anya acababa de mencionar.

Ella habló sin dejar de avanzar.

—La atacaron cuando regresaba a casa. Perdió mucha sangre. Necesita una transfusión, y Jane es compatible con ella. El resto... es una historia muy larga.

Entonces giró apenas la cabeza.

—Te la contaré cuando todo esto termine.

Por primera vez desde que había comenzado aquella pesadilla, Tate sintió que no tenía el control absoluto de la situación.