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Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 44


Tuve que salir del templo a toda prisa para regresar al consultorio médico abandonado donde había estado antes con Kora. Mientras corría, no podía evitar mirar de reojo hacia las enormes puertas del templo. Temía que, en cuanto saliera, las personas que antes se habían negado a dejarnos entrar volvieran a interponerse en el camino.

Pero una cosa tenía completamente clara:

Haría lo que fuera necesario para salvar a Kora.

La lluvia caía con una fuerza brutal. Las gotas golpeaban mi rostro como pequeñas piedras heladas y el agua se acumulaba sobre mis pestañas, obligándome a parpadear constantemente para no perder de vista el camino.

Las calles seguían sumidas en el caos.

A lo lejos se escuchaban gritos, derrumbes y el eco de aquellas risas infantiles que pertenecían a las pesadillas.

Aceleré el paso.

Entonces, de repente, una pequeña figura salió disparada desde un callejón oscuro.

El niño ni siquiera me vio.

Chocó contra mí de lleno.

El impacto fue tan fuerte que ambos salimos rodando por la calle cubierta de piedras, barro y cristales rotos. Sentí un dolor agudo en las manos y en la rodilla cuando los fragmentos de vidrio se clavaron en mi piel.

—¡Maldición...!

Me incorporé con una mueca de dolor. Varias cortadas superficiales comenzaban a sangrar lentamente y el agua de lluvia hacía que ardieran todavía más.

El niño permanecía tirado en el suelo.

Lloraba.

Temblaba de pies a cabeza.

Me acerqué rápidamente y me arrodillé frente a él.

—Pequeño, ¿estás bien? ¿Te hiciste daño?

Él no respondió.

Solo levantó el rostro lleno de lágrimas y me agarró la mano con una fuerza sorprendentemente desesperada para alguien tan pequeño.

—P-Por favor... ayuda a mi mamá...

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Qué le pasó a tu mamá?

—Está atrapada bajo unos escombros y no puede salir... —sollozó—. Hay una pesadilla jugando con ella... la está torturando...

Cerró los ojos con fuerza, como si la imagen siguiera grabada detrás de sus párpados.

Fruncí el ceño.

Aquello no encajaba del todo con lo que había visto hasta ahora. Las pesadillas que me había encontrado parecían más interesadas en destruir casas y buscar algo que en perseguir directamente a las personas.

Entonces recordé a Kora.

—¿Tu madre hizo algo para defenderse?

El niño asintió rápidamente.

—Le lanzó un plato... para distraerla y que yo escapara...

Entendí de inmediato.

Al menos según mi experiencia, aquellas criaturas no atacaban mientras nadie las provocara. El problema era que la gente estaba tan aterrada que reaccionaba por puro instinto.

Miré hacia el cielo cubierto por la tormenta.

‘Kora... por favor aguanta un poco.’

Luego volví la vista hacia el niño.

—Llévame con tu madre.

Sus ojos se abrieron con sorpresa y esperanza al mismo tiempo. Asintió enseguida y tiró de mi mano para guiarme por el mismo callejón del que había salido.

Era un pasaje estrecho, oscuro y húmedo. Las paredes estaban tan cerca que apenas cabíamos los dos corriendo juntos. Las enormes pesadillas flotantes jamás podrían entrar allí.

Mientras avanzábamos, el niño habló entre sollozos.

—S-Señorita... si no puede salvarla... lo entenderé... Aun así gracias por no ignorarme como las otras personas.

Sentí un nudo en el pecho.

‘¿Por qué un niño tiene que vivir algo así?’

En mi otro mundo aquello ya sería una tragedia.

Aquí parecía casi normal.

Entonces pensé en Ashton.

En cómo aquel niño, siendo príncipe, se había interpuesto entre una pesadilla y yo cuando apenas nos conocíamos.

Tenía razón.

Debía hacerme más fuerte.

Salimos finalmente del callejón y llegamos a una pequeña casa de madera parcialmente derrumbada. El techo había colapsado sobre una de las habitaciones y varias vigas atravesaban los restos de la vivienda.

La mujer estaba atrapada debajo de un montón de tablones.

Su pierna permanecía aplastada por los escombros y no conseguía liberarse.

Pero lo peor no era eso.

Lo peor era la criatura que estaba junto a ella.

Parecía un enorme saltamontes construido con restos humanos. Su cuerpo era alargado y cubierto por una piel grisácea demasiado tirante, como si estuviera a punto de rasgarse. Tenía seis patas articuladas terminadas en agujas óseas y un rostro casi humano, aunque deformado por una sonrisa antinatural que dividía la cara hasta las orejas. Donde deberían existir ojos solo había dos cuencas completamente negras, profundas como pozos sin fondo.

La criatura no intentaba matarla.

Disfrutaba haciéndola sufrir.

Clavaba lentamente una de sus patas en el hombro de la mujer, luego la retiraba, observando fascinada cómo ella gritaba de dolor.

Después lo hacía otra vez en el costado.

Y otra.

El niño abrió los ojos horrorizado.

—¡Mamá!

Antes de que pudiera detenerlo, salió corriendo hacia ella.

Todo ocurrió como si el tiempo se ralentizara.

Vi al niño avanzar.

Vi a la criatura girar lentamente la cabeza hacia nosotros.

Vi cómo una de sus patas se tensaba, lista para atravesarle el pecho.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

Me impulsé hacia adelante con toda la velocidad que pude reunir.

Alcancé al niño por la cintura y lo empujé lejos.

La punta de la pata quedó a escasos centímetros de mi piel.

Y en cuanto estuvo lo suficientemente cerca...

La criatura explotó.

Un estallido de carne oscura y sangre negra me cubrió por completo.

Caí de espaldas sobre el barro.

—¡Thomas!

Gritó la mujer, mucho más preocupada por su hijo que por ella misma.

Me incorporé rápidamente y corrí hacia el niño.

Estaba ileso.

Lo sujeté de los hombros con fuerza.

—¡¿Por qué mierda hiciste eso?!

Le grité casi temblando.

—¡¿Sabes cómo se habría sentido tu madre si hubieras muerto frente a ella?!

Él rompió a llorar con más fuerza.

—¡Lo siento!

Suspiré. Mi enojo desapareció tan rápido como había llegado.

Lo abracé con cuidado.

—Sacaré a tu madre de ahí, ¿de acuerdo?

El niño asintió entre sollozos.

Luego me acerqué a los escombros. Varias vigas eran pesadas, pero aquella fuerza extraña volvió a manifestarse. Fui apartando los tablones uno a uno hasta liberar la pierna de la mujer.

Ella intentó levantarse.

Cojeaba, pero podía caminar.

Tomó la mano de su hijo con fuerza.

—Vayan al templo de Ymir —les dije mientras la sangre de la pesadilla comenzaba a ser absorbida por mi piel sin que yo me percatara.

La mujer me miró sorprendida.

—¿Y usted, señorita?

—Tengo algo que hacer. Por favor, váyanse.

Di media vuelta y comencé a correr otra vez bajo la lluvia.

—¡Espera!

Me detuve y la miré por encima del hombro.

Ella seguía abrazando a su hijo.

—¿Cómo te llamas?

—Anya. Anya Hassad.

La mujer llevó una mano al pecho mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

—Señorita Anya Hassad... muchas gracias por salvarnos.

Y por primera vez desde que había llegado a este mundo, alguien me agradecía no por obedecer órdenes ni por ser útil para alguien poderoso, sino simplemente por haber salvado una vida.

ᕘᕙ◞

¡Les dejo especial de 3 capítulos! Si quieren un glosario de personajes, dejenmelo en comentarios.