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Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 35


La sirvienta que había sido llevada a la enfermería permanecía recostada sobre una de las camas de la pequeña sala médica. El lugar era silencioso; únicamente se escuchaba el leve tintinear de algunos frascos de vidrio y el canto lejano de los pájaros que entraba por la ventana entreabierta.

De pronto, abrió los ojos de golpe.

Su respiración se aceleró.

Su instinto de supervivencia reaccionó antes que cualquier otra cosa.

Tenía que avisarle a la señora Annika.

Antes de perder el conocimiento por el golpe que Anya le había dado, todavía alcanzó a escuchar una parte de la conversación.

Anya quería saber todo sobre lo que ocurría entre Meredith y la baronesa.

Por supuesto, Lucía llegó rápidamente a una conclusión.

Como al despertar no vio ni a Mairy ni a Felicia, asumió que Anya las estaba interrogando en ese mismo instante.

Mordió nerviosamente su labio inferior.

Sin importarle el dolor que aún le recorría la cabeza, apartó la manta de un movimiento brusco y bajó de la cama.

Aprovechó que la enfermera no se encontraba en la habitación y salió apresuradamente al pasillo.

Todavía sentía punzadas en la mejilla.

Cada paso le provocaba un ligero mareo.

Pequeñas lágrimas escapaban de sus ojos por el dolor.

Pero nada de eso importaba.

Tal vez...

Tal vez la señora Annika pudiera hacer algo contra aquella mujer que se había atrevido a golpearla.

Después de recorrer varios pasillos llegó finalmente frente a la puerta de los aposentos privados de la baronesa.

Respiró hondo.

Golpeó la puerta con rapidez.

Desde el interior resonó la elegante voz de Annika.

—¿Quién es?

—Soy Lucía, mi señora. Es urgente.

Durante unos segundos no hubo respuesta.

Finalmente se escuchó una única palabra.

—Pasa.

Lucía abrió cuidadosamente la puerta.

Lo primero que llamó su atención fue la habitación.

Todo estaba perfectamente ordenado.

Cada mueble ocupaba exactamente el lugar que le correspondía.

Las gruesas cortinas permanecían cerradas, dejando el cuarto sumido en una penumbra elegante.

Sin embargo...

Sobre la mesa central descansaba una vieja vara de madera.

Desgastada por el uso.

Lucía tragó saliva.

Annika se encontraba sentada con absoluta elegancia, sosteniendo una delicada taza de té entre sus manos. Tenía las piernas cruzadas y la espalda completamente recta.

Ni siquiera levantó la vista de inmediato.

—Dime.

Entonces reparó en el estado de la sirvienta.

Su mirada se deslizó hasta la mejilla inflamada.

—¿Qué te pasó en la cara? Pareciera que te golpearon...

Hizo una pequeña pausa.

—Bueno, no me importa.

Bebió tranquilamente un sorbo de té.

—¿Qué es tan urgente?

La indiferencia con la que hablaba hizo que Lucía sintiera un escalofrío.

—Y-Yo...

Respiró profundamente.

—La señorita Anya me golpeó...

La taza quedó suspendida en el aire.

Annika giró lentamente la cabeza.

Su expresión era completamente incrédula.

—¿Cómo dijiste?

—La... la señorita Anya me golpeó...

Lucía comenzó a retorcer nerviosamente sus dedos.

Sabía que lo siguiente solo empeoraría las cosas.

—Fue porque escuchó que Mairy, Felicia y yo hablábamos... de que usted golpea a Meredith...

El color desapareció del rostro de Annika.

Sintió que el corazón le subía hasta la garganta.

La taza salió despedida de su mano.

Se estrelló contra la pared y explotó en decenas de fragmentos de porcelana que quedaron esparcidos por el suelo.

Annika se puso de pie de un solo impulso.

Los tacones resonaron con fuerza sobre el piso mientras avanzaba hacia Lucía.

—¿Cómo que estaban hablando de eso... en un lugar público?

Su voz era baja.

Peligrosamente baja.

Sujetó violentamente el cuello del uniforme de Lucía y la estampó contra la pared.

El golpe le arrancó un gemido de dolor.

—¡Lo dijimos en voz baja!

Lucía casi gritó entre lágrimas.

—¡No sabemos cómo esa mujer pudo escucharlo!

Su voz temblaba por completo.

Nunca había visto a Annika con un rostro tan desfigurado por la ira.

Sus ojos parecían los de una persona completamente fuera de sí.

—Mierda...

Annika la soltó de golpe.

Lucía cayó pesadamente al suelo.

La baronesa comenzó a caminar de un lado a otro mientras respiraba con dificultad.

—¡Estos malditos plebeyos!

Sus puños temblaban.

—¡Nunca hacen nada bien!

Golpeó con fuerza una mesa cercana.

—¡Solo les pedí que mantuvieran el secreto!

Giró bruscamente hacia Lucía.

—¡¿Qué tan difícil podía ser eso?!

El pecho de Annika subía y bajaba rápidamente.

Parecía contenerse para no romper otro mueble.

Finalmente volvió a hablar.

—¿Dónde están Felicia y Mairy?

Lucía sintió que el estómago se le revolvía.

Ahora comprendía el enorme error que había cometido al venir.

Tal vez habría sido mejor quedarse callada.

—E-Están con Anya... mi señora.

Annika permaneció inmóvil.

—Ella dijo... que quería saber todo lo que pasa entre usted y Meredith.

La expresión de la baronesa cambió por completo.

No perdió ni un segundo.

Abandonó la habitación casi corriendo.

Tenía que encontrarlas antes de que alguna de ellas hablara.

—-

Utilizando la autoridad que poseía dentro de la residencia, Annika ordenó discretamente a varios sirvientes buscar por toda la finca a Anya y a las dos mujeres que podían delatarla.

La búsqueda se prolongó durante un buen rato.

Finalmente dio resultado.

Annika decidió acudir sola.

Si Anya realmente pretendía montar un escándalo para desenmascararla, prefería evitar que más personas presenciaran la escena.

Abrió la puerta.

Y lo que encontró la dejó completamente desconcertada.

Anya conversaba tranquilamente con Mairy, Felicia y Sheyla.

Las cuatro levantaron la vista al mismo tiempo.

Las tres sirvientas palidecieron apenas vieron entrar a su señora.

Anya, por el contrario, sonrió con absoluta naturalidad.

Se levantó y caminó directamente hacia ella.

—¡Ah! ¡Baronesa Annika! ¡Qué gusto verla por aquí!

Antes de que Annika pudiera reaccionar, Anya pasó un brazo alrededor de sus hombros con total confianza.

El gesto hizo que una de las manos de la baronesa comenzara a temblar de la rabia.

—S-Señorita Anya...

Sonrió con evidente esfuerzo.

—¿Qué la trae de visita a nuestra bella casa?

—¡Vine para ver a Mason!

La sonrisa de Anya se volvió aún más amplia.

—Debo decirle que usted tiene un hijo muy guapo y encantador. Desde que lo vi me gustó mucho.

Todo aquello era una mentira.

Anya simplemente estaba divirtiéndose un poco.

Había comprendido cuál era el punto más sensible de Annika.

Su hijo.

—¿M-Mason?

La sonrisa de Annika apenas se sostenía.

—Sí... mi hijo es completamente encantador.

‘¿Cómo una asquerosa plebeya como tú se atreve siquiera a mirar a mi hijo?’

Pensó mientras contenía el impulso de apartarla de un empujón.

Eso dejó de importarle cuando observó las expresiones de Mairy y Felicia.

Las dos estaban aterradas.

—¿Y de qué hablaban?

Preguntó cambiando rápidamente de tema.

—¿Qué hacía con nuestras empleadas?

—Pues nada malo.

Anya sonrió inocentemente.

—Realmente me estaban contando sobre Mason y sobre cómo podría conquistarlo.

Se llevó una mano al pecho.

—Tal vez usted pueda darme algunos consejos, como madre que es.

Aquello fue demasiado.

Annika apartó bruscamente el brazo de Anya de sus hombros.

Ni siquiera respondió a la pregunta.

Se giró hacia las dos sirvientas.

—Felicia.

—Mairy.

Su voz recuperó toda la autoridad.

—Por la noche vengan a mis aposentos privados.

Las dos tragaron saliva.

—Sí, mi señora.



Unos treinta minutos antes de que Annika apareciera, Anya había hablado con ellas con absoluta franqueza.

Las dos mujeres permanecían frente a ella completamente tensas.

—Ustedes no son más que basura desechable para Annika.

Las palabras salieron sin rodeos.

—En cuanto dejen de serle útiles, las va a tirar igual que a cualquier otra cosa.

Las dos intercambiaron miradas.

—Así que tienen dos opciones.

Anya cruzó los brazos.

—O la dejan caer sola......o caen junto con ella.

Las observó fijamente.

—¿De verdad creen que ella daría la cara por ustedes?

Ninguna respondió.

Porque ambas conocían perfectamente la respuesta.

Felicia terminó rompiendo el silencio.

—¿Qué... tenemos que hacer?

—Tendrán que abandonar a su amiga Lucía.

—¡Pero...!

—Pero nada.

La voz de Anya fue firme.

—Ella ya las traicionó.

Las dos fruncieron el ceño.

—¡Eso usted no lo sabe!

—¡Sí!

Mairy dio un paso adelante.

—¡Además, se supone que ahorita está dormida en la enfermería!

Anya sonrió ligeramente.

—Si Annika aparece dentro de treinta minutos...

Las dos dejaron de respirar por un instante.

—...seguirán exactamente mis órdenes.

—Me dirán todo lo que saben.

Hizo una breve pausa.

—A cambio, haré todo lo posible para que a ustedes no les pase nada.

Y exactamente treinta minutos después...

Annika apareció.

En ese mismo instante, Mairy y Felicia comprendieron que Anya había tenido razón.

Lucía había ido directamente a informarles.

Las había vendido.

Por eso, cuando la baronesa finalmente se marchó y las dejó nuevamente a solas, ambas comenzaron a temblar.

Sheyla observó a Anya con evidente nerviosismo.

—Señorita Anya...

Tragó saliva.

—¿Ahora qué harán ellas?

—Irán a la habitación de la señora Annika.

La respuesta salió inmediata.

—Traicionarán a Lucía.

Las dos mujeres levantaron la vista.

—Le dirán que yo nunca la golpeé y que ustedes jamás me contaron nada.

Sonrió.

—Fingiremos que únicamente hablamos sobre Mason.

—Y listo.

Las dos asintieron nerviosamente.

—¿Y... si no funciona?

—Va a funcionar.

Anya respondió con absoluta seguridad.

—Eso sí...

Su sonrisa desapareció poco a poco.

—A cambio de ofrecerles un plan para protegerlas de Annika...

Las miró fijamente a ambas.

—Espero toda su cooperación cuando Tate las interrogue.

Aquello no era ningún poder sobrenatural.

No era magia.

Ni una habilidad especial otorgada por Eternia.

Simplemente, después de pasar por numerosos empleos de atención al cliente en su antiguo mundo, Anya había aprendido a leer a las personas, negociar bajo presión y utilizar las palabras adecuadas para sobrevivir a situaciones complicadas.

Y, por primera vez desde que llegó a Eternia, todas esas habilidades adquiridas en su antigua vida estaban demostrando ser tan útiles como cualquier tipo de magia.

₍ ·♡ ₎

¡Queridos lectores! Gracias por su constante apoyo a esta novela. Esperamos seguir contando con ustedes. Nos vemos el Lunes con mas actualizaciones.