Regresar
DESCARGAR CAPITULO

LOS CAMPOS OLVIDADOS (NOVELA) Cap. 269


Lucas no respondió nada.

Talia levantó la cabeza para echar un vistazo rápido, pero sus ojos se encontraron con la mirada fija y concentrada de aquellos ojos avellana claro, lo que la hizo retroceder un paso con un respingo.

—¿Qué estás mirando?

Cuando ella le habló con brusquedad, como si le estuviera advirtiendo, Lucas soltó una risa ahogada.

—Nada. Es solo que no sabía que a mi cuñada le importaba tanto el puesto de Gran Duquesa.

El rostro de Talia se encendió en rojo. Sentía vergüenza al recordar su pasado, cuando huyó de casa de forma tan imprudente.

Intentando disimularlo, Talia levantó la mirada y respondió cortante:

—¿Qué te importa a ti lo que yo considere importante? Si nos vamos a ir, ¡date prisa y prepara el carruaje!

—Sí, sí, ya entendí.

Lucas se encogió de hombros con una sonrisa y caminó hacia la puerta del castillo. Talia lo siguió de inmediato cruzando el jardín. Khan, que permanecía a su lado como si fuera su propia sombra, la siguió en silencio con total naturalidad.

Lucas se dio la vuelta y miró al lobo frunciendo el ceño.

—¿De verdad piensas llevarte a ese lobo contigo?

—¿Y hay alguna razón para no hacerlo?

—Hay muchísimas razones. —Lucas se frotó las sienes—. El mercado estará abarrotado de visitantes de todas partes del Este. Es obvio el caos que se desatará si un lobo gigante aparece por allí.

—Ya he salido con Khan fuera del castillo varias veces antes y nunca ha habido ningún problema —replicó Talia, alzando la barbilla—. Además, ya corre el rumor por todo Calmore de que me paseo acompañada de un lobo enorme, así que no tiene sentido que se arme un escándalo a estas alturas.

—Pero...

—Suficiente. Si tengo que dejar a Khan, prefiero quedarme en el castillo.

Talia se detuvo en seco. Al final, Lucas levantó las manos en señal de rendirse.

—De acuerdo, nos lo llevamos.

Miró a Khan con recelo por un instante, luego sacudió la cabeza y caminó hacia la puerta del castillo.

Poco después, un carruaje de cuatro ruedas, lo suficientemente espacioso para que Khan pudiera subir, se detuvo ante ellos. Talia subió primero, y Khan cruzó de inmediato la estrecha entrada del carruaje para echarse a sus pies.

Lucas suspiró al ver la escena con fastidio y luego se sentó en el asiento libre.

—En marcha.

Golpeó suavemente la pared del carruaje, y las ruedas empezaron a moverse con un chirrido.

Talia observó por la ventana cómo la puerta del castillo se alejaba, y luego se giró hacia el hombre sentado frente a ella.

—¿Y bien? ¿Cómo está Varkas?

—Acabamos de salir, ¿es que no tienes paciencia? Al menos cuando lleguemos al mercado...

—Me prometiste que me contarías detalladamente la situación de la guerra en el Norte si salía contigo. ¡Cumple tu promesa!

Talia se enfadó y alzó la voz, por lo que Lucas levantó las manos fingiendo rendirse.

—Está bien, está bien, te lo diré. —Se llevó una mano al cuello y comenzó a hablar despacio—: Probablemente ya hayas oído las noticias, pero la guerra civil se intensifica día a día. Aunque el ejército imperial ha tomado algunas de las principales ciudades del sur de Balto, la Alianza del Norte está resistiendo con fiereza. Se dice que se han producido violentos enfrentamientos en varias ocasiones en la región fronteriza del sureste de Balto, donde se encuentra mi hermano.

—¿Enfrentamientos?

El rostro de Talia palideció al instante. Se inclinó hacia Lucas y le preguntó con desesperación:

—¿Qué hay de Varkas? ¿Está bien? ¿No ha resultado herido?

—Si le hubiera pasado algo malo a mi hermano, ¿crees que estaría aquí paseando contigo por el mercado tan tranquilo? Él está bien, así que no tienes de qué preocuparte —respondió Lucas con frialdad. Apoyó la cabeza en la oscilante pared del carruaje y continuó—: Según los últimos informes, los señores del este de Balto lanzaron un ataque a gran escala para abrir las rutas de suministro, pero mi hermano los aplastó uno a uno. Su fuerza era tan abrumadora que los rebeldes lo llaman "la catástrofe personificada".

Talia soltó un profundo suspiro de alivio. Lucas continuó con su explicación con un tono lleno de orgullo:

—Es probable que libre algunas batallas más antes de que comience la temporada de tregua. Parece que tiene la intención de ir cerrando el cerco poco a poco para acorralar a los traidores.

Ella se mordió el labio sintiendo un gran peso en el pecho. Le faltaba el aire al pensar en él luchando sin descanso, y una insoportable culpa la invadió al recordar que, en parte, ella había sido el motivo de que él terminara en ese campo de batalla.

—... ¿No es demasiado peligroso?

—¿Acaso existe alguna guerra que no sea peligrosa? —se burló Lucas con sarcasmo, pero añadió rápidamente al ver la evidente palidez de su rostro—: Aun así, las cosas van a nuestro favor por ahora, así que no te preocupes. Por mucho que lo intenten los rebeldes, no podrán cambiar el rumbo de la batalla.

Tras terminar de hablar, apartó la fina cortina de la ventana y miró hacia afuera. El carruaje ya había entrado en las calles de la ciudad.

—Ya casi llegamos. Esa calle principal que se extiende al sur de la plaza es el mercado de telas.

Talia dirigió la mirada hacia donde él señalaba y vio una vista impresionante detrás de la plaza, donde se extendían un sinfín de carpas y puestos coloridos que parecían no tener fin.

—Parece difícil que el carruaje entre por ahí, así que caminemos desde aquí.

Lucas detuvo el carruaje, salió primero y le tendió la mano. Talia ignoró su mano e intentó bajar, pero Khan se levantó de repente, saltó al exterior apartando hábilmente a Lucas de un empujón.

—Este animal de verdad...

Lucas, que había sido empujado sin poder hacer nada, frunció el ceño y miró con dureza a Khan, pero este no le prestó la menor atención y continuó moviéndole la cola a Talia.

Talia soltó una risita y le dio unas palmaditas en la cabeza a Khan.

—Buen chico, mi lindo perrito.

—¿Lindo? ¿Cómo puedes decir eso viendo su tamaño? Se vuelve más feroz cada día.

—Khan solo odia a quienes se me acercan demasiado —añadió ella, clavándole una mirada de advertencia—. Así que será mejor que no intentes ninguna tontería; mi perro es muy celoso.

Dejando atrás a Lucas, que se había quedado con la boca abierta a punto de responder, Talia caminó con paso firme hacia el mercado.

Tal como había dicho Lucas, la calle estaba sumamente concurrida por visitantes vestidos con ropas lujosas que parecían pertenecer a la nobleza o a la alta sociedad. Talia los examinó con atención y, a medida que avanzaba entre las carpas, decenas de miradas se posaron sobre ella al mismo tiempo.

En ese instante, el bullicioso mercado quedó sumido en un silencio casi mágico; parecía que acababan de reconocer su identidad.

Talia caminó despacio entre la gente, que se hacía a un lado con cautela para abrirle paso. Finalmente, apareció ante ella la gran carpa de subastas donde se llevaba a cabo una feroz competencia. Al acercarse, algunos comerciantes que la reconocieron corrieron a inclinarse con respeto.

—Sea bienvenida, Su Alteza la Gran Duquesa.

Pasó de largo con frialdad y se dirigió hacia los estantes donde se exhibían las mercancías. Dejando atrás a los comerciantes que competían en la subasta, llegó al puesto del fondo, examinó los productos expuestos y asintió con la cabeza hacia el hombre que parecía ser el comerciante a cargo.

—Muéstrame ese, ese y este también.

El comerciante, que vestía un elegante abrigo de seda y un cinturón de llamativos colores, sacó las telas para mostrárselas.

—Tiene usted un gusto exquisito, mi señora. Mire esto; esta tela fue elaborada por los artesanos más hábiles, quienes tardaron meses en bordarla meticulosamente con la mejor seda importada del continente sur. Sería perfecta para confeccionar una túnica o incluso un vestido de fiesta.

Talia extendió la mano para comprobar la calidad de la tela y luego le hizo un gesto con la cabeza a Lucas.

—Compra esto.

—¿No deberías revisarla con más cuidado? Después de compararla con las otras mercancías...

—No seas tacaño. ¿Vamos a perder el tiempo comparando solo para comprar unas simples telas?

Lucas frunció el ceño, dándose cuenta de que ella elegía las cosas con total indiferencia solo por aburrimiento. Suspiró levemente, sacó unas monedas de oro de su bolsillo y pagó el precio.

—Bien, regresemos entonces.

—No hagamos eso, paseemos un poco más. Te compraré cualquier cosa que te guste, ¿qué te parece esto? Creo que te quedaría perfecto... —dijo Lucas mientras tomaba un vistoso abrigo de mujer de un estante.

Talia lo miró con frialdad y desvió la mirada.

—No lo necesito.

—Al menos pruébatelo.

—Si tanto te gusta, ¿por qué no te lo pones tú? —se burló ella con frialdad.

Se dio la vuelta dispuesta a marcharse, pero él se interpuso rápidamente en su camino para cerrarle el paso.

—No seas así, demos una vuelta. Se dice que habrá una recepción en el salón de reuniones tras terminar la subasta. Será una buena oportunidad para que estreches lazos con los nobles del Este.

Talia frunció el ceño mientras lo observaba. Al fin comprendió que el objetivo de este hombre era arrastrarla a la alta sociedad de los nobles del Este, aunque no lograba descifrar la razón detrás de ello.

—¿Por qué insistes tanto en que vaya a un lugar como ese?

—Eso es porque... mi cuñada lleva ya años viviendo en Calmore, y creo que ya es hora de que empieces a relacionarte como la esposa del Gran Duque...

—¿Y por qué te preocupas tú por esos asuntos?

Una sombra de desconcierto cruzó el rostro del hombre.