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Fui Invocada a Otro Mundo y Ahora Creen Que Puedo Salvarlo - Novela Cap. 29


La sirvienta me guió en silencio hasta el exterior de la finca. Caminaba unos pasos delante de mí con la espalda recta y las manos entrelazadas frente al delantal, sin pronunciar una sola palabra durante todo el trayecto.

Apenas atravesamos el enorme pórtico de piedra, el paisaje cambió por completo.

Un hermoso jardín se extendía ante mis ojos. El césped, perfectamente recortado, brillaba por el rocío de la mañana como si estuviera cubierto por diminutos cristales. Decenas de macetas rebosaban de flores cuidadosamente podadas, cada una acomodada con tanta precisión que parecía formar parte de una pintura. Grandes árboles de copas frondosas se elevaban hacia el cielo, y los primeros rayos del amanecer se filtraban entre sus ramas, dibujando manchas doradas sobre el suelo.

El canto de los pájaros llenaba el ambiente, mezclándose con el relajante murmullo del agua corriendo.

A lo lejos distinguí la silueta de Mason.

Me daba la espalda.

Estaba sentado sobre una banca de piedra junto a un pequeño arroyo de agua completamente cristalina que atravesaba el jardín.

‘Cómo se nota que son aristócratas…’

‘¿Quién demonios tendría un arroyo así dentro de su casa?’

En mi mundo, el arroyo más cercano estaba contaminado con aguas negras.

Qué privilegio.

Mason permanecía cabizbajo.

Jugaba distraídamente con una hoja verde que seguramente había recogido del suelo. La giraba entre sus dedos sin siquiera prestarle atención.

Cuando estuve lo suficientemente cerca sonreí.

—Tate es una persona difícil, ¿no?

El joven dio un pequeño sobresalto.

Giró rápidamente la cabeza hacia mí, claramente sorprendido por escuchar una voz detrás de él.

—Señorita Anya... eres tú.

Parpadeó varias veces.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a buscarte.

Sonreí con total naturalidad.

—¿Por qué otra razón estaría aquí?

Sin pedir permiso, empujé ligeramente a Mason con la cadera para hacerme un espacio en la banca.

Él se hizo a un lado por pura inercia.

Me senté con toda la tranquilidad del mundo.

Su expresión de desconcierto fue inmediata.

Parecía no comprender cómo alguien podía actuar con tanta confianza frente a él.

—¿Estás enojado con Tate?

Pregunté mientras observaba el paisaje frente a nosotros.

El agua del arroyo reflejaba el cielo con una claridad impresionante.

—No...

—Sabes que eres muy malo mintiendo, ¿verdad?

Crucé las piernas y me recargué cómodamente sobre el respaldo de piedra.

Mason frunció apenas el ceño.

—Pero me dijeron que mentía muy bien.

No pude evitar soltar una pequeña risa.

—Pues deberías castigar a la persona que te dijo eso porque claramente te mintió. Eres como un libro abierto.

Nuestros ojos se encontraron.

Su mandíbula volvió a tensarse.

La hoja que sostenía terminó hecha pedazos entre sus dedos.

—Pero no te confundas.

Mi voz se suavizó.

—No vine aquí para juzgarte.

Desvié la mirada hacia el arroyo.

—De hecho, puedo decir que eres un libro abierto porque yo también lo soy.

Me encogí de hombros.

—No sé mentir. Soy terrible haciéndolo.

Suspiré con resignación.

Mason permaneció unos segundos en silencio antes de cambiar completamente de tema.

—¿Por qué me hablas con tanta confianza?

Esta vez fue él quien me observó fijamente.

—Me hablas como si me conocieras...

Hizo una pequeña pausa.

—...y eso, de cierta manera, me molesta…pero al mismo tiempo...

Suspiró.

—...es refrescante que no me trates como todos.

Sonreí.

—Sí, bueno... así soy.

Me rasqué la mejilla.

—Te puedo asegurar que terminarás acostumbrándote.

Solté una pequeña risa.

—Creo que Tate ya lo hizo.

Lo pensé unos segundos.

—Bueno... al menos parece que ya no quiere estrangularme tanto. Creo.

Le di unas cuantas palmadas amistosas en la espalda.

—¿Estás bien?

Esta vez sí lo miré con atención.

Quería que sintiera que podía hablar conmigo.

Él bajó ligeramente la cabeza.

—Sí...

Guardó silencio unos instantes.

—Es solo que...

Respiró profundamente.

—...me molestó lo que dijo sobre mi madre.

‘No sé si Mason sea consciente del comportamiento de su madre…Será mejor avanzar con cuidado.’

—¿Y por qué te molestó? ¿Piensas que es mentira?

Pregunté con calma.

Mason se puso de pie de golpe.

—¡Por supuesto que es mentira!

Frunció el ceño.

—¡Mi madre jamás miraría mal a su propia gente!

Apoyé tranquilamente la mejilla sobre mi mano.

Lo observé con absoluto desinterés.

‘Así que el cariño que siente por su madre lo está cegando…’

—Entonces...

Levanté una ceja.

—¿Por qué te enojas si sabes que es mentira?

Las palabras parecieron desarmarlo.

Retrocedió un paso.

Su enojo se transformó poco a poco en confusión.

—Yo...

Bajó la mirada.

—No lo sé.

Volvió a mirarme.

—¿A ti no te enojaría que hablaran así de tu familia?

—Claro que sí.

Respondí sin pensarlo.

—Me enojaría muchísimo.

Hice una breve pausa.

—Pero si estuviera en tu posición, enojarme solo haría que la acusación pareciera más creíble.

Mason frunció ligeramente el entrecejo.

—¿Mi posición...?

—Sí.

Lo señalé con un dedo.

—No eres cualquier persona. Eres el futuro líder de los De Vries.

Me incliné un poco hacia él.

—Si reaccionas así por una acusación que tú mismo consideras falsa...

Sonreí apenas.

—...solo haces que los demás piensen que es verdad.

El joven permaneció inmóvil.

Sus hombros fueron perdiendo tensión poco a poco.

Finalmente soltó un largo suspiro y volvió a sentarse.

Se frotó ambas sienes con fuerza antes de cubrir parcialmente su rostro con las manos.

—Tienes razón...

Sonreí orgullosa.

—Por supuesto que la tengo.

Me acomodé el cabello hacia atrás exageradamente.

—Siempre la tengo.

Mason terminó soltando una pequeña risa.

La tensión que había cargado desde el comedor comenzó a disiparse poco a poco.

—--

Durante varios minutos ninguno volvió a hablar.

El silencio, lejos de resultar incómodo, era tranquilo.

Mason observaba de reojo cómo Anya, completamente ajena a cualquier comportamiento esperado de una dama aristócrata, se levantaba de la banca y caminaba hasta la orilla del arroyo.

Se puso en cuclillas sin preocuparse por ensuciar el vestido.

Metió lentamente las manos en el agua cristalina.

Al sentir lo fría que estaba, sus ojos se iluminaron de inmediato.

Una sonrisa infantil apareció en su rostro mientras dejaba que la corriente escapara entre sus dedos.

Mason la contempló unos segundos.

Era una escena curiosa.

No parecía una joven intentando impresionar a un noble.

Simplemente disfrutaba de las cosas pequeñas.

Pero, mientras la observaba, las palabras de Tate seguían dando vueltas dentro de su cabeza.

"Y también le aconsejo que su esposa sea más disimulada con sus miradas."

Él no era tonto.

Amaba profundamente a su madre.

Sin embargo...

Podía reconocer que había tratado de forma distinta a la familia Falksen.

La diferencia era evidente.

Los demás invitados que visitaban aquella casa casi siempre pertenecían a la aristocracia.

Los Falksen no.

Una parte de él comenzaba a admitir que Tate quizá tenía razón.

Pero la otra parte...

La que seguía viendo a su madre como la mujer que lo había criado...

Se negaba rotundamente a aceptarlo.

‘Quizá solo está haciendo un esfuerzo por su enfermedad…’

‘Tal vez por eso luce tan incómoda…’

Miró las manchas verdes que aún permanecían sobre sus dedos.

La hoja destrozada había dejado restos de savia.

Las frotó una y otra vez intentando limpiarlas.

En la comida también había visto cómo su madre observaba a Anya.

Con desagrado. Como si fuera inferior.

Ni siquiera le había dirigido realmente la palabra a la familia.

Y eso resultaba extraño.

Su madre siempre había sido una mujer conversadora con cualquier visita importante.

Entonces...

¿Por qué con ellos era diferente?

Seguía dándole vueltas al asunto cuando la voz de Anya volvió a romper el silencio.

—¿Sigues pensando en eso?

Ella acababa de levantarse.

El viento movía suavemente su largo cabello negro mientras algunos mechones se balanceaban alrededor de su rostro.

La luz del amanecer iluminaba sus ojos oscuros.

Sonreía.

Por un instante, Mason sintió que aquella escena se quedaría grabada en su memoria.

Sin darse cuenta, sus orejas comenzaron a enrojecer.

Respondió casi en un susurro.

—Podrías obtener las respuestas directamente de tu madre.

Anya habló con total naturalidad.

—Habla con ella.

Mason bajó la mirada.

—Mi madre está... enferma.

Apretó ligeramente las manos.

—Tal vez mencionar este tema haga que recaiga. No quiero que empeore.

Anya permaneció unos segundos observándolo.

Su voz fue completamente serena.

—¿Harás la vista gorda?

Aquellas palabras cayeron sobre él como un balde de agua helada.

Apretó con fuerza el pulgar entre los demás dedos.

Sentía un nudo en el estómago.

No le agradaba que Anya le hablara con tanta confianza.

Pero tampoco podía decir que estuviera equivocada.

‘¿Cómo voy a convertirme en el próximo barón si ni siquiera puedo afrontar un problema dentro de mi propia familia?’

Bajó lentamente la cabeza.

—Lo pensaré.

Anya sonrió con tranquilidad.

—Sé que tomarás la mejor decisión.

En realidad, ella nunca había ido hasta allí para disculparse por Tate.

Sabía perfectamente que aquello no serviría de nada.

Tarde o temprano, Tate volvería a hacer exactamente lo mismo.

Había ido por otra razón.

Información.

Mason la observó con curiosidad.

—No me conoces.

Frunció ligeramente el ceño.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

Anya se encogió de hombros mientras volvía a sentarse junto a él.

—Simple intuición.

Lo miró de reojo.

—¿Te molesta?

Él negó lentamente.

Esbozó una pequeña sonrisa.

—Solo que no estoy acostumbrado.

Miró hacia el jardín.

—Normalmente la gente no habla conmigo. O, si lo hace....es porque espera obtener algún beneficio.

Anya apoyó los codos sobre las piernas.

—Bueno… Así funciona el ser humano. Siempre terminamos utilizándonos unos a otros de alguna forma.

Suspiró. Sonrió apenas.

Hizo una breve pausa.

—Pero puedo notar que tu padre es diferente.

El rostro de Mason volvió a iluminarse.

Asintió varias veces.

—Lo es.

Sonrió con orgullo.

—Mi padre es un buen hombre.

Anya aprovechó el momento para meter un tema de conversación diferente ahora que lo veía más animado.

—Y tú...

Lo miró con curiosidad.

—¿Alguna vez has ido a Bansia?

—Sí. Fui el año pasado.

Su expresión se volvió más seria.

—Es una ciudad muy activa...pero también muy triste.

Desvió la mirada.

—Los únicos que realmente disfrutan vivir allí son los nobles. El pueblo...

Negó lentamente.

—Está desesperado.

Recordó las calles abarrotadas de comerciantes.

—Cuando estuve ahí, los mercaderes casi me suplicaban que les comprara algo.

Sus ojos mostraban una incomodidad evidente.

Todavía recordaba aquellas expresiones cargadas de necesidad.

Anya permaneció pensativa unos segundos antes de hacer la siguiente pregunta.

—¿Y qué opinas del príncipe Ashton?

Mason se quedó completamente inmóvil.

Giró lentamente el rostro hacia ella.

—¿Por qué quieres saber mi opinión sobre ese hombre?

—Simple curiosidad, porque pareces un hombre justo.

Sonrió.

Había notado el tono con el que se había referido a Ashton.

Definitivamente no sentía simpatía por él.

—Sus métodos...

Mason habló con calma.

—...no son compatibles con los míos.

—Ni los de él...Ni los de su tío, el emperador Johan.

Anya frunció ligeramente el ceño.

—¿Su tío?

Parpadeó sorprendida.

—¿Entonces el emperador no es su padre?

Mason levantó una ceja. La miró con evidente incredulidad.

—Por supuesto que no.

Negó con la cabeza.

—Los padres del príncipe Ashton...

Su voz se volvió más grave.

—Los antiguos emperadores...Fallecieron hace años.

La observó unos segundos.

—¿Cómo es posible que no sepas eso?

La mente de Anya quedó completamente en blanco.

‘¿Y ahora qué demonios digo?’

—Ah...

Rió con nerviosismo.

—Es que... no soy de aquí.

Se señaló a sí misma.

—Soy una investigadora del extranjero. Je, je, je...

Se rascó la nuca.

—Perdona mi ignorancia.

Mason soltó un largo suspiro y cruzó los brazos.

—Eso explica entonces tu comportamiento... y todo el desconocimiento que has mostrado.

Guardó unos segundos de silencio antes de continuar.

—Pero bueno… Los padres del príncipe Ashton fueron asesinados por el guardián Eternia.

Sus palabras hicieron que el estómago de Anya se encogiera.

Tragó saliva.

—...quien ahora permanece sellado dentro de un templo.

‘¿Cómo que él los asesinó? ¡Si el propio Eternia me dijo que no confiara en la familia imperial!’

‘¿Qué demonios está pasando en este mundo?’

—¿Eternia... está encerrado en un templo?

Preguntó confundida, sabiendo que eso era una mentira. Eternia ya había perecido, solo que el pueblo parecía no saberlo aún.