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LOS CAMPOS OLVIDADOS (NOVELA) Cap. 246


Apretó el botón con fuerza e inclinó su cuerpo sobre el escritorio. Algo se derramaba sobre las ruinas que se habían desmoronado hasta el extremo. Y no le tomó mucho tiempo darse cuenta de que ese algo era su propia alma, completamente destruida.

Se giró tambaleándose, sintiendo que su propio ser se desintegraba sin dejar rastro. Luego, sacó un objeto del cajón del escritorio y abandonó el dormitorio. Sintió que los sirvientes alineados a un lado del pasillo lo miraban con ojos llenos de sorpresa.

Varkas les dirigió sus instrucciones con un tono apacible:

—Regresaré pronto, así que no me sigan.

Los labios de los sirvientes se movieron como si intentaran detenerlo, pero se sobresaltaron ante su mirada afilada y bajaron la cabeza todos al unísono.

Cruzó el pasillo a un ritmo constante y bajó las escaleras. La lluvia continuaba cayendo en el jardín trasero. Varkas se abrió paso a través de las gotas de lluvia, que se habían vuelto relativamente ligeras, y cruzó el sendero dirigiéndose directamente hacia el edificio de la capilla. No percibió ningún rastro de presencia humana, probablemente porque era el amanecer temprano.

Varkas cruzó el salón principal, sobre el cual se cernía una oscuridad absoluta, luego pasó a través de la puerta trasera y salió al jardín posterior. Muy pronto, apareció en su campo de visión el cementerio que albergaba dos tumbas.

Los ojos de Varkas, carentes de concentración, se detuvieron ante ellas y se deslizaron sobre el mármol que recibía la lluvia. Su esposa dormía junto al hijo de ambos, en medio de innumerables pilas de flores.

Varkas limpió suavemente con su mano las gotas de lluvia acumuladas sobre la lápida, luego extrajo una daga que llevaba oculta dentro de su manga. La hoja, blanca e impoluta, se humedeció con el agua de la lluvia.

Mientras la acercaba lentamente a su propio cuello, escuchó el sonido de un crujido proveniente de alguna parte. Varkas giró la cabeza despacio y sus ojos se toparon con un lobo enorme de aspecto demacrado. Estaba flaco y lamentable, como si hubiera estado devorado por el hambre desde hacía mucho tiempo, pero pudo reconocer a este animal a primera vista.

Era el lobo de ella, al que él había dejado en algún lugar del bosque de Armond en el otoño del año pasado, tras haber sido incapaz de arrebatarle la vida.

El animal, que permanecía de pie con debilidad como si fuera a colapsar en cualquier momento, salió caminando lentamente de entre los densos matorrales. Varkas observó aquella escena en silencio. Los ojos del animal fluctuaron, cargados de desesperación, tristeza y dolor.

Varkas bajó la hoja que sostenía contra su cuello tras leer en los ojos del lobo un odio desesperado dirigido hacia él. Un momento después, la boca del lobo se contrajo revelando sus colmillos afilados. Y al mismo tiempo, el enorme cuerpo del animal se lanzó hacia él.

Sintió los colmillos largos y puntiagudos clavarse profundamente en su cuello, por lo que desplomó su cuerpo como si colapsara en el agua lodosa. El eco de las fauces del enorme lobo huargo ( Direwolf ) triturando los huesos de su cuello resonó con total claridad en sus oídos. Con ese sonido, todos los demás ruidos desaparecieron, siendo lo último que escuchó.

Miró al cielo intensamente negro con unos ojos cuyas luces comenzaban a apagarse. El agua fría de la lluvia humedecía los lados de sus ojos sin detenerse. Quiso limpiarla, pero su brazo no se movió en absoluto, como si sus nervios ya se hubieran cortado. Sintió la sangre que sobrepasaba su garganta humedecer las comisuras de su boca, y exhaló su último suspiro en una larga bocanada de aire.

Inmediatamente, el lobo levantó la cabeza y lo miró a los ojos. Esos ojos azules y lúgubres parecían suplicarle algo con vehemencia. Miró pacíficamente esos ojos sumidos en la tristeza, luego concentró el último remanente de sus fuerzas y trasladó su mirada hacia la tumba de ella.

Sin embargo, su visión se oscureció rápidamente antes de que su retina pudiera dilatarse para asimilar el nombre de ella. Intentó extender su mano hacia la lápida con desesperación. Pero su brazo, que ya había perdido la sensibilidad, no se movió ni un ápice.

Dibujó el rostro de ella con desesperación en su mente, la cual se desvanecía gradualmente. E incluso ese rostro pronto se volvió borroso. Ahora, ya no quedaba nada que pudiera percibir, salvo el frío polar que penetraba hasta los huesos.

Y el corazón, que bombeaba sangre en abundancia desde su cuello desgarrado, se detuvo finalmente. Muy pronto, una oscuridad fría como el hielo irrumpió. Sintió su consciencia hundirse sin fin dentro de un pantano profundo y abismal.

«¿Es esto la muerte?».

Mientras pensaba en aquello con asombro, fue arrastrado por un río que brotó de alguna parte. El cuerpo, del cual se había retirado la vida, se desvió de su curso original en un abrir y cerrar de ojos y comenzó a flotar como alga marina a lo largo del flujo de agua roja.

El cauce del río de sangre fluía lentamente abriéndose paso en la oscuridad, sin que se supiera dónde estaba su final ni dónde su principio.

Tras un periodo cuya duración desconocía, flotando sin un destino fijo a lo largo de la corriente lenta de un tiempo inmemorial, algo lo sujetó por el cuello. Fue arrastrado hacia algún lugar como el alga atrapada en una red. Transcurrido un tiempo, la textura áspera y seca de la tierra entró en contacto con su mejilla.

Al levantar sus párpados, pesados como si pesaran mil libras, divisó de forma borrosa a la entidad desconocida que lo había extraído. El cuerpo del enorme animal, plagado de marcas de cortes por todo su ser, entró en su rango de visión primero. Luego, vio varios pares de ojos rojos.

Conocía a este animal. Era la criatura que él había despedazado con sus propias manos hacía muchísimo tiempo.

«¿Acaso ha venido a vengarse por lo ocurrido en el pasado?».

Mientras pensaba en aquello con asombro, la enorme cabeza descendió hacia él. Y escuchó el sonido de su propia carne y huesos siendo masticados. Su cuerpo se retorció violentamente ante un dolor que enloquecía la mente. Sin embargo, ya no le quedaba boca para emitir un grito. De igual modo, sus extremidades no se movieron en absoluto, como si se hubieran disuelto parcialmente en el agua de sangre. Todo lo que podía hacer era observar la consumación de su cuerpo con total impotencia.

Las diferentes cabezas devoraron sus extremidades en un abrir y cerrar de ojos, y comenzaron a despedazar su torso. Ese dolor viviente continuó hasta que su cabeza fue consumida por la masticación.

Varkas, que fluyó hacia el estómago de la bestia tras haber sido triturado pieza por pieza sin dejar rastro de su forma, sintió su existencia disolverse lentamente dentro del cuerpo de la feroz fiera. Y se hundió en la oscuridad nuevamente tras esa sensación extraña y pavorosa, siendo lo último que percibió.

Su consciencia no volvió a flotar sobre la superficie sino hasta transcurrido un tiempo inmemorial.

Sintió algo cálido rodearlo. El eco de los latidos de un corazón lentos y regulares, junto con el sonido de una respiración ligera, resonaban apaciblemente en la oscuridad. Sin embargo, ese momento de seguridad no duró mucho.

Un destello centelleó como un relámpago, y luego algo colosal lo extrajo. Permaneció agitándose de un lado a otro atrapado en un espacio estrecho y oscuro, en el cual no sabía dónde estaba el cielo ni dónde la tierra. Transcurrido un tiempo, un pesado impacto sacudió la totalidad de su cuerpo.

Sin que tuviera tiempo para reaccionar al intenso dolor que hizo que su entrecejo se tiñera de color blanco, una mano enorme descendió esta vez y comenzó a sacar a los seres vivos que estaban con él en ese mismo espacio uno por uno. Al mismo tiempo, resonó el eco de un llanto amargo, olor a sangre y alaridos feroces.

No podía comprender en absoluto lo que estaba ocurriendo. Lo único era que la vaga conjetura de haber caído en el purgatorio pasó por un lado de su consciencia. Esperó su turno con impotencia en medio de un desconcierto que experimentaba por primera vez en su vida.

Y no pasó mucho tiempo hasta que una mano violenta lo aferró por la nuca. Abrió la boca por completo por instinto. Y en ese instante, un grito extraño, que resultaba increíble que hubiera salido de su propia boca, perforó sus tímpanos.

Abrió sus ojos apagados, como si la escarcha los cubriera, y miró a su alrededor en todas direcciones. Las siluetas de unos gigantes que vestían armaduras de hierro entraron de forma borrosa dentro de su rango de visión, el cual se había dilatado de manera extraña. Su estupor ante esa escena irreal duró solo un instante, hasta que una hoja fría presionó su cuello.

Un grito agudo y extraño brotó de él espontáneamente ante un dolor que le asfixiaba el aliento. Pero la presión que se ejercía sobre su cuello se hizo más intensa. Al final, desistió de la resistencia y bajó sus párpados.

En ese momento, se escuchó el sonido de pasos apresurados, y la fuerza que lo presionaba desapareció. Al abrir sus ojos, los cuales había cerrado de golpe, su visión dilatada captó a la izquierda y a la derecha la figura del gigante caído. El enorme hombre que vestía la armadura de hierro gritó con fuerza hacia alguien. Sin embargo, él no pudo comprender lo que decía.

Varios zumbidos se mezclaron de forma confusa en medio del ruidoso sonido de la lluvia. Quiso taparse los oídos de inmediato, pero su cuerpo no respondió a sus órdenes. Agitó sus extremidades flácidas con desesperación mientras permanecía tendido en el agua lodosa.

Y en ese preciso instante, sintió algo cálido y suave envolver su cuerpo. Su respiración se detuvo de golpe.

Una onda dorada y deslumbrante irrumpió dentro de su campo de visión, el cual había estado lleno de color gris. Y vio las gotas de lluvia, que fluían con ligereza, caer en abundancia empapando las largas pestañas de ella y su mejilla pálida. Al ascender a lo largo del flujo de esa agua, vio un universo profundo y azul sin final.

Súplicó en su interior mientras contemplaba esa luz nítida y transparente:

«Dios mío». «Si esto es un sueño, por favor...».

Y antes de que su plegaria se completara, lo rodeó el aroma del paraíso. La mujer que lo estrechó contra su regazo suave y cálido susurró con una voz que parecía extraída de un ensueño:

—Tu nombre será 'Kahn' de ahora en adelante.

Y las dos pupilas azules y oscuras, humedecidas por la lluvia y las lágrimas, centellearon con el brillo de una alegría triste. Mientras él miraba esa escena sin siquiera parpadear, la mejilla fría y congelada de ella rozó su cuello. La mujer, que portaba en su boca una sonrisa que parecía rebosante de felicidad, susurró con una voz tenue:

—Estemos juntos siempre en el futuro.

NT: Estamos al día con la actualización de capítulos, debemos esperar un poco hasta el próximo, ya que la novela entro en un hiatus pequeño, ¡Disfruten y nos vemos pronto!