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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 226


Capítulo 226—He renunciado a la casa de la ciudad, y el Ducado incluso publicó una corrección en el periódico. ¿No hay nada más que pueda hacer?—Lo sé. Pero ahora ella está muerta.Así que el Duque y ella tenían que ir.Emilia pensó en Leah. La última vez que la había visto fue cuando visitó la residencia del Duque.Ya basta de pensar en eso.Negó lentamente con la cabeza. Cuanto más lo pensaba, más se le oprimía el pecho.Cuando el Conde Chevron gritó, ella también quiso llorar. Conocía demasiado bien el dolor que traía la muerte de un familiar.Emilia salió en silencio de la habitación.Iba a enterrar a sus padres. Pero esperaba que nadie asistiera.Por esa razón, decidió ir sola al lugar donde los enterraría. Deseaba que descansaran en las tierras de la familia Loren, no en las del Duque Heinrich.Una vez que subió al carruaje, Emilia se sentó en silencio, esperando.Sin embargo, el carruaje, que pensó que partiría de inmediato, permaneció extrañamente quieto.Finalmente, cuando Emilia abrió la puerta para preguntarle al cochero qué ocurría…—…dije que iría sola.—¿Cómo podría dejarte ir sola? Solo finge que no estoy aquí.Cuando Mikhail subió al carruaje, la expresión de Emilia vaciló. No quería mostrarle cuán débil estaba.Nadie podía permanecer indiferente ante la muerte de su familia.Intentó bajar del carruaje, pero en cuanto Mikhail subió, el cochero puso el carruaje en marcha.Cuando las ruedas comenzaron a girar, Emilia se sostuvo torpemente de la pared para no perder el equilibrio.—Es peligroso si te caes. Siéntate.—Nunca tuvo la intención de dejarme ir sola, ¿Verdad?—Es porque me preocupas, no porque quisiera ignorarte.—¿Teme que huya?Mikhail negó con la cabeza. Pero en ese breve instante, ella percibió una vacilación.Parecía que él planeaba ir con ella a la finca Loren.Emilia dejó de intentar hablar con él y giró el rostro hacia otro lado. El atardecer se desvanecía tras las montañas, y pronto el cielo se llenó de una oscuridad tenue y sombría.Hacía mucho tiempo que no iba a la finca Loren.Aunque estaba segura de que Mikhail había hecho los arreglos, solo pensar en verla hacía que su corazón se acelerara.Finalmente llegaron, y el carruaje se detuvo en el patio. El cochero abrió la puerta, y Emilia bajó con cuidado.Al girar la cabeza, Mikhail solo la observaba en silencio desde el interior.—Me quedaré aquí. Adelante.No podía saber si intentaba ser considerado o si se había vuelto indiferente ante las muertes que antes le importaban.Emilia descubrió que las rosas de la finca Loren, que creía marchitas desde hacía tiempo, estaban en plena floración.—…son fuertes.Tal vez crecían mejor porque nadie las había tocado. La lluvia había sido suficiente, y las flores habían tenido las condiciones perfectas para florecer.Atravesó el jardín, cautivador, y se dirigió hacia la parte trasera de la mansión.Había pedido que sus padres no fueran enterrados juntos, y parecía que su deseo había sido respetado, pues sus tumbas estaban alejadas una de la otra.Cuando llegó, los encargados del funeral, probablemente sepultureros, preparaban el ataúd para bajarlo a la tierra.—¿Desea ver sus rostros por última vez?Emilia negó con la cabeza. En su lugar, evocó los rostros de sus padres tal como los recordaba.Era mejor así. Si abría el ataúd y los veía, se derrumbaría por completo.—Entonces, procederemos.El ataúd descendió, y pronto la tierra comenzó a cubrirlo.Emilia lloró en silencio, con sollozos contenidos. No se desplomó ni gritó. Sentía como si los lazos que la oprimían se aflojaran, dejando de asfixiarla.—Ahora viviré como yo misma.Su vínculo con la familia Loren había terminado. Solo cuando la tierra quedó apilada y la lápida colocada, se dio la vuelta para irse.Sus piernas se sentían débiles, y caminó despacio, intentando no tropezar, con la mirada fija al frente.La mansión, con sus puertas cerradas, parecía vacía de todo calor. La familia Loren sería olvidada poco a poco.Deseaba que incluso el hecho de haber pertenecido a esa familia desapareciera.Pero antes de eso, todos debían conocer el final del camino equivocado de esa familia.Al regresar, Emilia quería escribir un artículo para enviarlo al periódico Spiegel. Era lo único que podía hacer por ahora.≫ ────•◦ ✦ ◦•──── ≪Mikhail permanecía frente al carruaje, esperando a que Emilia regresara.Sentía el impulso de correr hacia el lugar al que ella había ido, pero lo contuvo y mantuvo los pies firmes en el suelo.Aun así, su mirada no se apartaba del punto donde ella había desaparecido.Temía que se desvaneciera en la oscuridad de la noche, devorada por el dolor, perdiendo toda luz.Ya la había perdido una vez. Por encima de todo, Mikhail temía su ausencia.Cuando había pensado que podría estar muerta, incluso su propia vida le había parecido insignificante. Ahora, el miedo lo abrumaba.Aunque parecía estar bien, se encontraba en un estado frágil. Ella había pedido estar sola, pero él no podía concedérselo.Era un cobarde.Aunque eso significara que ella lo odiara más, no quería dejarla sola.Y ahora, lamentaba haber permitido que enfrentara el funeral sola.El tiempo seguía pasando, y su ansiedad crecía. Al girar la cabeza, vio una rosa roja que le recordó a ella.Mikhail pensó que debería trasplantar esas rosas a la residencia del Duque Heinrich.Ver rosas seguramente le traería recuerdos, y quizás la ayudaría a sanar.Maldita sea.Traducido por: Valiz

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