Incluso el Villano Tiene Una Historia - Novela Cap. 93
Capítulo 93La línea entre el fruto prohibido y la salvación (11)La oleada terminó después de que Sa-yoon siguiera combatiendo otros treinta minutos incluso tras rescatar a Noah. Los cadáveres de los monstruos se amontonaban como montañas, y los muertos y heridos no dejaban de aumentar. A Sa-yoon le pesaba haber ido a luchar dejando atrás a Noah, que había querido quedarse con él, así que mientras escuchaba las órdenes del señor mantuvo la mirada fija hacia los alojamientos. No podía quitarse de la cabeza al chiquillo, cubierto con la manta, llorando de forma lastimosa.Si lloraba así hasta desmayarse, ¿Quién se suponía que iba a encargarse de él?—Gracias por soportar bien esta crisis. Sin embargo, una vez que comienza un ataque a gran escala, vendrán un segundo y un tercero. Para evitarlo, a partir de ahora reforzaremos las patrullas y fortaleceremos las murallas.—¡Sí, mi señor!Ante la orden del señor, los caballeros se arrodillaron y juraron lealtad. Aunque lo llamaban “sir”, Sa-yoon no era un caballero oficialmente investido, así que quedó fuera de aquella fila. En cuanto oyó al señor decirle que podía ir a descansar, salió disparado hacia los alojamientos. Debía esperar las órdenes secundarias de los caballeros, pero no tenía paciencia para eso. Su paciencia se había agotado hacía rato frente al discurso innecesariamente largo del señor.De todos modos, ya lo trataban medio como caballero. No pasaría nada grave por escaquearse una vez así, pensó, y casi corriendo se dirigió al alojamiento, cuando Geon-joo se le pegó al lado.—¿Dijeron que Noah está a salvo?—Ahora mismo no lo estará.—¿Eh?—Debe de haberse quedado seco.Sa-yoon habló como lamentándose, recordando las lágrimas de Noah, que le habían empapado todo el hombro. Geon-joo, sorprendido, aceleró el paso. Sa-yoon lo dejó adelantar y entró en la habitación atravesando la puerta que su pequeño bonito había dejado abierta.—¿Estás bien?Geon-joo revisó a Noah con manos preocupadas. Aparte de que el chico parecía un poco más demacrado que antes de que Sa-yoon se marchara, no parecía haber nada grave. Chasqueó la lengua.Desde luego, se había quedado sin lágrimas.Con lo llorón que era…Mientras Sa-yoon se preguntaba si debería agarrarlo y enseñarle que una persona solo llora tres veces en la vida, el chico que estaba en brazos de Geon-joo caminó tímidamente hacia él y estiró los brazos. Sa-yoon lo miró con extrañeza, como si estuviera haciendo gimnasia.El chico, con la cara roja, volvió a extender los brazos. Sa-yoon ladeó la cabeza.—¿Qué?—Quiere que lo cargues.—¿Qué?Geon-joo habló como portavoz de Noah. Sa-yoon lo miró, incrédulo incluso habiéndolo oído con sus propios oídos. El hombre que entraba en su campo visual parecía bastante descontento.—Que quiere que lo cargues. Se ve clarísimo.—El que se preocupó fui yo.A diferencia de él, que había buscado a Noah nada más entrar, Noah fue hacia Sa-yoon en cuanto se calmó un poco, y eso le resultaba irritante. Ante el añadido en tono decepcionado, Sa-yoon soltó una risa corta. Siempre había sido él quien sentía esa irritación hacia Geon-joo, y ahora era al revés; el crío que había causado eso le pareció de pronto un poco más adorable.—Mis brazos son caros.—Ah…Al oír “caros”, los ojos del chico vacilaron. Parecía tan leal que rebuscaría en el bolsillo para darle todo el dinero que tuviera. Sa-yoon se inclinó y lo alzó en brazos. Los pies de Noah se levantaron del suelo al instante. Sorprendido por la sensación de flotar, el chico se agarró con fuerza al cuello de Sa-yoon.—Que conste que esta vez es gratis.Al decirlo como si lo amenazara con que no habría próxima vez, oyó un pequeño crujido junto a la oreja. Probablemente había asentido.Sosteniéndolo bien para no dejarlo caer, Sa-yoon caminó hasta la cama y lo dejó allí. Pensó que al bajarlo ya estaba, pero Noah no parecía dispuesto a soltarse. Pegado a él como una lapa, Sa-yoon lo miró de reojo y le dio dos palmadas en la espalda.Una era una breve disculpa por haberlo dejado atrás.La otra, un ligero elogio al chico por haber luchado solo contra el miedo.—A partir de ahora, cosas como hoy pasarán a menudo.—¿...sí?—Las oleadas no terminan con una sola.—¿Oleadas?—A lo de hoy, cuando los monstruos vienen en masa, lo llamamos oleada.Manteniendo la mirada con Noah mientras se lo explicaba, Sa-yoon dirigió la vista al armario de la habitación.—Si vuelve a pasar algo y tienes que esconderte, no te metas debajo de la cama. Métete ahí.—¿En el armario?—Sí. Y no olvides colgarte esto al cuello todos los días.Sacó un artefacto del inventario y lo dejó sobre la mano del chico.Un collar de resistencia al miedo de grado B.Era un rango inadecuado para Sa-yoon o Geon-joo, pero perfecto para un Noah sin ningún poder. Como mínimo, contra los monstruos de las primeras oleadas, no debía quedarse paralizado ni con la mente en blanco.Tras regalarle el artefacto para que pudiera reaccionar con calma en situaciones de peligro, Sa-yoon frunció el ceño al ver a Noah mirando sin reaccionar el collar de hilo plateado. Lo recuperó casi arrebatándoselo, giró medio cuerpo al chico y le colocó el artefacto en el cuello. Tras comprobar que quedaba bien sujeto, lo volvió a girar.—¿Qué es?—Algo que te da valor si lo llevas.—¿Valor?—Cuida el vocabulario.Geon-joo, que seguía observando con ojos afilados, todavía algo dolido por Noah, intervino regañando. Sa-yoon, ya que el tutor estaba allí, se retiró hacia el fondo de la cama. Ya le había dado el artefacto y explicado qué hacer; consolar al niño, darle de comer y lavarlo era cosa de Geon-joo.—Ahora vete.Noah gateaba tras él por la cama, así que Sa-yoon extendió un dedo y le empujó la frente. Noah tembló, esforzándose por no ser empujado. Resultaba bastante gracioso que sufriera tanto contra un solo dedo.Mientras lo empujaba con pequeños rebotes, como burlándose, Geon-joo dijo que ya bastaba y levantó a Noah.—Vamos a lavarnos, Noah.Habló con dulzura y lo llevó al baño. Se oían alternarse las protestas del chico y la voz calmándolo. Sa-yoon pensó que habría nacido para maestro de jardín de infancia, se acomodó para descansar… y tuvo que aceptar sin resistencia el ataque del chico recién bañado.—¡Noah! ¡Sécate el pelo!Geon-joo entró con la ropa del chico en brazos y empezó a regañar. Decía que si seguía yéndose a la cama con el pelo mojado, las sábanas se humedecerían y se resfriaría. Noah y Sa-yoon se taparon los oídos al mismo tiempo. Sus miradas se cruzaron.—Tú escucha, mocoso.Estaba aprendiendo cada cosa rara… Sa-yoon siempre fingía no oír o se tapaba los oídos cuando Geon-joo regañaba, y el chico lo había copiado tal cual. Sa-yoon soltó una risa incrédula, y Noah, creyendo que reía de alegría, sonrió igual de radiante.—Lloras mucho y también ríes mucho.—¿Eh?—Ve a secarte el pelo.Sa-yoon empujó al chico con el brazo. Poco después, Geon-joo volvió a llevárselo y empezó a secarle el pelo.—¿Y si no me lo seco?—No.—No me resfriaré.—Aunque tú digas que no, eso no depende de ti, mocoso. Con lo enclenque que eres.Aprovechó para burlarse, y Noah saltó indignado diciendo que no era enclenque. Geon-joo alzó un poco la voz para que se sentara, y las cejas del chico se encogieron. Sa-yoon, viendo la escena ridícula, soltó una risita audible y siguió fastidiándolo.Dos días después de la primera oleada comenzó la segunda. Luego otra al día siguiente, y después otra medio día más tarde. Tras pasar rápidamente por cuatro oleadas, Sa-yoon regresó a la habitación con Geon-joo y, como ya era costumbre, apartó al chico que corría a recibirlos.—Estás manchando de sangre.La armadura, los brazos… todo estaba hecho un desastre. Noah, que ya había vivido varias oleadas, ni siquiera se sorprendía al verlos cubiertos de sangre, y retrocedió obediente.Tras lavarse, Noah subió a la cama; Sa-yoon intentó apartarlo, pero al ver que no ganaría, suspiró y le dio palmadas en la espalda. Desde la primera oleada, Noah apenas quería separarse de él, y quien terminó rindiéndose fue Sa-yoon.Si dormía separado, Noah tenía pesadillas y lloraba. No sabía si lo hacía a propósito, pero gemía como si los monstruos se lo comieran, y aquello le irritaba muchísimo.Cada noche lloraba así y al día siguiente se levantaba pálido. Antes que pasarse todo el día pendiente de él, era cien veces mejor dormir juntos.Mientras le daba palmadas con cara harta, Geon-joo, ya con el pelo seco, miró fijamente la escena y habló:—Lo llevo pensando tiempo, jefe de gremio. Se le dan mal los niños.—Si te quedan fuerzas para tonterías, sal y haz otra ronda de patrulla.—Estoy cansado.Con cara de que la patrulla le daba escalofríos, Geon-joo se tumbó en la cama vacía. Sa-yoon dejó de darle palmadas a Noah y contó los días desde que entraron en la mazmorra.Ya habían pasado quince. Aún quedaban noventa y seis oleadas, y ni rastro del origen de la destrucción. Pensaba que quizá de verdad tendrían que vivir allí toda la vida, cuando oyó un quejido desde su pecho y bajó la mirada.—Mm…—Duerme más.Noah era más fácil cuando dormía. No lloriqueaba diciendo que quería salir con ellos, ni había que darle de comer o lavarlo. Siguió dándole palmadas, instándolo a dormir, cuando Noah giró la cabeza y miró a Geon-joo.—¿...hermano duerme solo?Parecía preocupado por Geon-joo, que llevaba días durmiendo solo. La expresión de Geon-joo se volvió extraña; parecía que la comisura de su boca temblaba.—¿Hoy quieres dormir conmigo?—Eh…Noah miró de reojo a Sa-yoon, evaluando. A Sa-yoon le daría igual que se fuera con él, así que se encogió de hombros y agitó la mano para indicar que no había problema. Tras dudar, Noah se pegó aún más a Sa-yoon… y dejó un hueco libre.—Ah…No dijo nada más, pero la mirada lo decía todo. Geon-joo miró la cama estrecha con ojos atónitos.—¿Que me meta ahí?—¿No… se puede?—Para tres es estrecha.—Ah…Noah se sonrojó un poco… y enseguida puso cara de estar a punto de llorar. Geon-joo, alarmado, se rindió rápidamente. Subió a la cama a regañadientes. Sa-yoon, viendo cómo resolvían la situación sin que él, dueño de la cama, hubiera dado permiso, empujó a Noah hacia Geon-joo con cara incrédula.—Es estrecho, idiotas.—Para mí también. O baja usted o dígaselo a Noah.Era una insolencia total, pero no estaba equivocado. Sa-yoon cruzó la mirada con el mocoso que lo miraba fijo.—Vete a dormir allí.La cara del chico volvió a torcerse, a punto de llorar otra vez. Si lloraba, el que sufría era él.Ah, joder.—Vale, haz lo que quieras. Lo que quieras.Suspiró ante el chico que parecía amenazar con llorar y se subió la manta.En fin.Para qué habría recogido a esa bestia de pelo negro.Traducido por: Valiz
◈❖◈Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas ]Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas ]Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas ]
Comentarios