Los Diarios De La Boticaria Cap. 77
VOLUMEN 4
Prólogo
Mamá sonreía radiante.
Eso significaba que ella también debía sonreír. Eso había aprendido. Mamá estaba enfadada con papá.
Eso significaba que debía fruncir el ceño como mamá. Eso había aprendido.
Mamá estaba disciplinando a una de las damas de compañía.
Eso significaba que debía simplemente quedarse de brazos cruzados y no hacer nada. Lo sabía.
Entonces mamá la miraba, observándola muy, muy de cerca, y no pudo hacer nada más que aceptar el reto. Reírse cuando su madre reía, lamentarse cuando ella lamentaba.
Entonces mamá no se enfadaría. Una sonrisa se dibujaría en su rostro y no se vería más fea.
Cuando tenía unos cinco años, le aplicaron colorete en los labios; a los diez, le pusieron polvos blanqueadores en las mejillas. Le depilaron las cejas y le dibujaron unas postizas, y entonces sintió como si llevara una máscara. Era como si tuviera hilos invisibles conectados a sus brazos y piernas, y su madre tirara de ellos. Estaba acorralada por todos lados.
Podía aceptarlo. Estaba perfectamente dispuesta a ser una marioneta toda su vida. Pero era un error.
No importaba si se ponía una máscara, si se convertía en una marioneta: su madre se ponía cada vez más fea. Descubrió que era imposible detenerlo.
Ah: todo había sido en vano.
Pero para cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Demasiado tarde para hacer nada.
Comentarios