Bailando En Un Mar Legendario - Novela Cap. 269
Capitulo 269Por esa época, Kira había bajado al puerto principal de Delos.Era un día con buen viento. Las banderas del barco, que ya casi estaba listo para zarpar, ondeaban sin cesar. Varias personas iban y venían ocupadas subiendo el último cargamento.Los caballos, con las riendas puestas, se resistían con adorable terquedad a subir al barco. No estaban acostumbrados al mar por naturaleza y, además, habían tenido que atravesar varias tierras recientemente, así que no querían dirigirse a otro lugar desconocido.Mujeres amazonas, vestidas con pantalones de estilo continental, calmaban suavemente a los animales mientras les ofrecían comida. Acariciándoles la cabeza cubierta de crin, decían:—Vamos, aguanta un poco más. ¡En unos días volveremos a nuestras praderas!Atraído por la comida, el caballo finalmente cedió y avanzó. Su cola se balanceaba mientras subía pesadamente al barco.Kira observó la escena con una sonrisa. Justo cuando acariciaba la corta crin del burro que había traído consigo, una ráfaga de viento marino sopló con fuerza una vez más.Su largo cabello se desordenó en todas direcciones. Mientras lo sujetaba con una mano para acomodarlo, Hipólito —que supervisaba el embarque a su lado— la miró fijamente y habló de repente.—Ahora que lo pienso… realmente se han acortado.Kirai se volvió hacia él. No lo había escuchado bien por el ruido del viento, así que, llevándose la mano al oído, preguntó:—¿Perdón?—Tus cuernos.Hipólito alzó la voz para que lo oyera. Kira sonrió, llevándose la mano detrás de la sien.—¿Recién lo notas? Ya llevan tiempo así.—No, es que al verte así, con el viento… se nota más. Antes tus cuernos sobresalían tanto que ningún viento podía ocultarlos. Pero ahora, en momentos como este… parece como si no tuvieras cuernos en absoluto.Kira soltó una risa seca y pasó la mano por su cabello, que el viento había inflado.—Es solo una ilusión. Mira, todavía están aquí, ¿verdad?Golpeó suavemente sus cuernos, como mostrándolos.Se encontraban unos dos dedos detrás de ambas sienes, justo debajo de la coronilla. A simple vista eran blancos como hueso humano, y al tacto, duros. Aquella anomalía con la que había nacido seguía allí.Sin embargo, su forma había cambiado mucho.Antes, eran como un arco curvado del que se ramificaban dos o tres puntas. Medían casi un palmo y medio. Solo con un sombrero bastante grande se podían ocultar, y a veces chocaban con los marcos de las puertas o se enganchaban en las tiendas.Pero ahora, como dijo Hipólito, se habían vuelto bastante cortos.Apenas alcanzaban la longitud de un dedo. Habían regresado al tamaño que tenían cuando era un bebé, cuando aún no entendía nada y yacía junto a su hermano de leche. Era como si hubieran retrocedido junto con su crecimiento.Así, la silueta que alguna vez la hacía parecer un ciervo desapareció por completo. Solo quedó algo parecido a un pequeño trozo romo.Esto había ocurrido durante la temporada de lluvias anterior, justo cuando aún continuaba. Fue en ese momento, cuando se trasladaban desde Atlántida hacia Delos.De pronto, aquellos cuernos que siempre habían estado allí comenzaron a dolerle. Y cuando volvió en sí, los largos cuernos ya se habían hecho pedazos y se desmoronaban poco a poco.La sangre caía gota a gota, empapando la arena. Fragmentos, como trozos de hueso, caían al suelo. Luego, las olas que avanzaban desde el mar los arrastraron y los hicieron desaparecer por completo.No supo lo que había pasado hasta después. En aquel traslado masivo, incluso un médico egipcio había sido arrastrado con ellos de forma absurda. Orión lo había traído prácticamente a la fuerza, sujetándolo del cuello, y lo obligó a examinar a Kira.Y su conclusión fue, en pocas palabras, la siguiente:‘Parece ser una fractura por fatiga’Como cuando las piernas se agrietan por correr demasiado, o los brazos se rompen por cargar peso… Lo mismo debió de ocurrir con sus cuernos.Sus cuernos eran un cráneo desarrollado de forma distinta a los demás. El hecho de que sintiera dolor demostraba que estaban conectados a su cerebro. Gracias a ello, podía manifestar un poder desconocido que una persona común ni siquiera podría imaginar.Pero… si ese poder superaba cierto límite, ¿qué pasaría con los cuernos?Aquel día, Kira se desplazó desde Atlántida hasta Delos, una distancia enorme. Y no solo ella: transportó a miles de vidas junto consigo. Fue algo que solo se comprendió con exactitud después de contarlo: incluía a los refugiados de la isla central, a los habitantes de Acrotiri, e incluso al ganado que llevaban consigo.Fue, literalmente, un milagro que exprimió hasta la última gota de su fuerza.Era inevitable que los cuernos, que sostenían su poder, también se vieran afectados. En lugar de que su cerebro sufriera una sobrecarga directa, los cuernos —que sobresalían hacia el exterior— absorbieron todo el impacto. Finalmente, no pudieron resistir y comenzaron a agrietarse.Si hubieran sido extremidades normales, aunque el hueso se rompiera no se habría desintegrado así, ya que estaría cubierto de músculos y piel. Pero los cuernos eran solo eso: cuernos, un cráneo deformado que había crecido de manera anómala. Sin ninguna protección, no tuvieron más opción que romperse.Como resultado, solo quedó la base, la parte más cercana a la raíz.¿Podrían volver a crecer, como los cuernos de un animal?El médico egipcio descartó la idea de inmediato: las uñas pueden volver a crecer, dijo, pero los dientes, una vez arrancados, no vuelven.Después de eso, aprovechó una oportunidad y escapó en secreto en mitad de la noche. Orión no se molestó en perseguirlo. Al fin y al cabo, lo único que habían perdido era una pequeña embarcación, y no valía la pena el esfuerzo de capturarlo de nuevo.Desde entonces, Kira tuvo que acostumbrarse a vivir con sus cuernos acortados. Poco a poco, dejó de mantener esa distancia constante de las paredes para evitar golpearlos. También se liberó en gran medida del hábito inconsciente de moverse con cuidado al girar la cabeza.Y así, llegó la primavera. Delos también recibió la nueva estación.En los últimos días, el viento había sido excelente. Tras dejar atrás la difícil temporada de lluvias, el mar volvía a ser apto para la navegación.Era el momento ideal para que quienes habían quedado varados lejos de su hogar emprendieran el regreso.Kira recordó el motivo por el que había bajado al puerto y volvió a mirar a Hipólito. Había ido a despedir a quienes partían ese día.—Entonces… aquí nos despedimos.Los caballos, que antes se resistían, ya estaban todos a bordo. Hipólito los observó fijamente mientras respondía:—Así parece. No sé cuándo volveremos a vernos.—¿Regresarás con las amazonas… o a Atenas?—Primero iré a las praderas. Les debo mucho. Y debería devolverle aunque sea algunos subordinados a mi madre, que lo está pasando mal desde que Partegita la desplazó como comandante. En cuanto a la bestia divina que tanto deseaba…Hipólito sonrió levemente.—¿Quieres subir al barco ahora?—Si sigues diciendo tonterías, haré que este burro te dé una patada.—Es broma. No tengo ganas de que un gigante me persiga hasta el fin del continente por haberte llevado a la fuerza.Levantó ambas manos, como dejando claro que hablaba en serio. Sus ojos verde claro se dirigieron hacia el horizonte.—Desde el principio, fue una obstinación de mi madre. Por muy gran conquistadora que fuera, no pudo evitar ese egoísmo de querer dejar su puesto a alguien de su sangre… No hay necesidad de que yo avive ese deseo otra vez. Lo correcto es que la chica que ya había sido designada heredera ocupe su lugar.Su mirada seguía fija hacia el norte.—Con Atenas pasa lo mismo. Ahora que Partegita ha caído, podría regresar y exigir el puesto de mi padre. Al fin y al cabo, el hijo que mi madrastra lleva en el vientre… podría eliminarlo o ponerlo bajo mi control.—Príncipe…—Pero bueno… ¡es más fácil decirlo que hacerlo! ¿Sabes? Ya tengo antecedentes de no haber apoyado a Atenas cuando invadió Tira. Y además fui exiliado… ¡Sería un milagro que la asamblea no me echara de nuevo por ser un bárbaro al que no pueden soportar!Hipólito soltó esa broma bastante dura y luego sonrió levemente mirando a Kira.—Es gracias a tu consejo. Voy a dejar de intentar encontrar mi lugar siguiendo el rastro de mi sangre. Teseo, Hipólita, Atenas, las amazonas… ya no voy a preocuparme por nada de eso.Tomó aire suavemente y, por fin, llegó a una conclusión:—Voy a vivir a mi manera. Igual que tú elegiste quién ser y dónde vivir.Su tono era firme. Kira, que lo escuchaba, sonrió aliviada.—Me alegra si mis palabras le han servido de algo, príncipe Hipólito.—No me llames así. Ya no soy un príncipe… Es más, creo que también puedo dejar atrás el nombre de “hijo de Hipólita”. Podría considerar que morí en Tira y volver a vivir con un nuevo nombre.Hipólito bajó la mirada y sonrió. Luego, de pronto, miró a Kira con seriedad.—¿Me darías uno tú?—¿Eh?—Esta nueva vida la encontré gracias a ti. No solo lograste encauzar mi corazón perdido, sino que también… en la erupción de aquel día…Sus ojos, suaves y abiertos, transmitían una calidez sincera.—Hazlo como un regalo de despedida.Kira se quedó un poco desconcertada ante la petición. Nunca había tenido talento para poner nombres… y mucho menos a una persona. Tras pensarlo un momento, soltó lo primero que le vino a la mente:—…¿Virbio?—¿Qué? ¡Claro que sé de quién es ese nombre! ¡Es el del hijo mujeriego del dueño de la perfumería!—¡P-pero ahora ya no es así! Dicen que cambió desde que llegó aquí. ¡Ahora anda diciendo que va a convertir Delos en una tierra famosa por sus perfumes!Kira se apresuró a justificarse. Al fin y al cabo, era cierto. ¿Sería que, tras enfrentarse a la muerte, las personas experimentaban una gran revelación? ¿O que, al perderlo todo de la noche a la mañana, nacía en ellas el deseo de empezar de nuevo? La madre del joven, al ver a su hijo tan cambiado, incluso había llorado de emoción.Hipólito soltó una risa cansada, llevándose una mano a la cintura.—Muy propio de ti. Puedes leer el corazón de las personas con claridad… pero no entiendes nada del corazón de los hombres.«Si tanto te importa el nombre, podrías elegirlo tú mismo…» Pensó Kira, pero no lo dijo en voz alta. Hipólito no insistió más. Murmuró un par de veces:—Virbio… Virbio…Y finalmente asintió con naturalidad.—Está bien. Entonces viviré tomando prestado el nombre del futuro rey de los perfumes que me has regalado. No sé en qué tierra acabaré ni qué me deparará la vida, ahora que no pertenezco ni a Atenas ni a las amazonas…Así cerró el tema. En ese momento, alguien bajaba del barco con pasos pesados, así que giró la cabeza y le habló:—¿Y tú? ¿No quieres que te dé también un nombre? Me gustaría ver cuál elige.—¿De qué estás hablando? Yo soy quien soy. No puedo ser otro que Acteón de Tebas.Acteón lo rechazó de inmediato y bajó al muelle. Luego miró a Kira y dijo:—Todo está listo de este lado. Vamos a zarpar enseguida. Vine a despedirme de ti por última vez.Kira, distraída, se puso de puntillas sin pensarlo. Acteón no se había dado cuenta, pero detrás de él, sus subordinados se habían asomado por la borda y saltaban mientras saludaban a Kira con entusiasmo. Era una escena tan graciosa que ella apenas podía contener la risa, mientras Acteón, sin enterarse de nada, continuaba hablando con total seriedad:—Te debo mucho por todo este tiempo. Me disculpo por cualquier falta de respeto, y te agradezco por tu ayuda. Especialmente… por haber salvado a mis hombres y a mí al final. Nunca lo olvidaré. Pase lo que pase en el futuro, te prometo que Tebas jamás pondrá en peligro tu bienestar…*Risita*—¡Hey, estoy hablando en serio!Acteón saltó irritado. Tras lanzar una mirada fulminante a sus subordinados en la borda, volvió a girarse hacia Kira. Ella, que apenas había logrado dejar de reír, se secó una lágrima con la mano y, con un toque de disculpa, preguntó:—¿Qué piensas hacer cuando regreses a Tebas?—…Primero tendré que hablar bien con mi familia.Acteón respondió como si soltara un suspiro. Kira recordó a su madre y a su hermana menor.—Y también tendré que exigirle responsabilidades a Dioniso. Seguro que hay fondos del tesoro que se gastaron apoyando esa inútil expedición de Atenas. Además de los bienes intercambiados en nombre de “acuerdos políticos”… Está claro que, en lugar de preocuparse por Tebas, solo le importaba aumentar su propio prestigio.La voz de Acteón se volvió más grave.—Aunque… incluso si en medio de esa lucha llegara a eliminarlo… un nombre que ya ha echado raíces en la mente de la gente permanecerá eternamente como un dios.—Vamos, que moriría y se convertiría en mito. Tal vez eso sea justo lo que quiere.Hipólito intervino desde un lado. Acteón asintió.—Aun así, no puedo dejar Tebas en manos de un rey fuera de sí y un dios en las sombras. Volveré y lucharé a mi manera. Igual que tú te enfrentaste a Loxias.Acteón miró fijamente a Kira.—Después de verte y vivir todo esto contigo, yo también he aprendido algo. Entender a las personas a mi alrededor… y, cuando es necesario, enfrentarme a ellas de frente. No puedo quedarme lamentándome en un huerto florido y dejar que el tiempo pase…Kir sostuvo su mirada por un momento. Recordó su primer encuentro con él. Aquel Acteón terco, incapaz de escuchar, que siempre la ponía en aprietos…Aquella mirada cargada de frustración y apatía ahora brillaba con convicción y determinación. Costaba creer que fueran la misma persona.—Lord Acteón… realmente ha cambiado.—Será gracias a haberte conocido. Quién sabe, tal vez hasta me estén saliendo cuernos.Acteón se rió mientras se tocaba la cabeza, como en broma. Luego alzó la barbilla y miró al cielo despejado.—Sí… he aprendido mucho en estas tierras del sur. De alguna manera, siento que morí y volví a nacer. Cuando te conocí, pensaba que eras una mujer que debía permanecer encerrada en el hogar… pero ahora he cambiado de opinión.Bajó la mirada.—Lokira… has sido verdaderamente grandiosa, como una diosa. Acteón de Tebas te ofrece su respeto.Hipólito, a su lado, negó con la cabeza entre risas, como si no estuviera de acuerdo.—Yo no opino igual. La caza de bestias divinas ha terminado, así que prefiero que dejes de estar atada a lo divino y vivas feliz como una mujer normal. Considéralo mi bendición de despedida.—¿Cuál es el problema? Ambas cosas son ciertas. Esta mujer logró hazañas divinas con un cuerpo humano… y, aun llevando el título de bestia divina, eligió vivir como humana.Acteón cerró el tema ahí. Hipólito se encogió de hombros, como aceptando.El viento se volvió perfecto en ese momento. Desde ambos barcos llamaron a los pasajeros para que subieran.Los dos hombres se despidieron con una mirada y luego dirigieron su última despedida a Kira.Subieron a sus respectivos barcos. Retiraron la pasarela, prepararon la cubierta y levantaron el ancla. Las amplias velas de la galera se desplegaron ondeando.—¡Zarpamos!Sonó la caracola. Los barcos comenzaron a alejarse lentamente del muelle. Desde la borda, Hipólito y Acteón le gritaron a Kira.—¡Cuídate!—¡Gracias por todo!—¡Si el destino lo permite, nos veremos de nuevo…!—¡Y si no, sé que sabrás vivir bien!Sus voces se fueron apagando con la distancia. Kira, dejando atrás al burro, corrió hasta el borde del muelle. Agitó el brazo con fuerza mientras gritaba su despedida:—¡Adiós! ¡Adiós!Cuando ya no pudo oír sus voces y sus figuras se volvieron borrosas, finalmente bajó el brazo. Con una mezcla de alivio y nostalgia, contempló los dos barcos alejándose.Aquellos hombres del mundo exterior que conoció gracias a la caza de bestias divinas… Habían pasado por tantas cosas juntos. Sin duda, ambos le habían enseñado distintas facetas de la humanidad a Kira, que hasta entonces apenas había salido al mundo.Ellos le habían expresado gratitud y respeto… pero tal vez era Kira quien debía haberles dado las gracias. Por todo lo que aprendió. Por desearles un buen futuro.Pero el mundo era demasiado grande para sus ojos y sus pequeñas manos.A partir de ahora, ellos vivirían sus vidas en lugares que ella no podría ver ni alcanzar. Quizá les esperaban grandes aventuras… o tal vez una vida sencilla, con pequeñas alegrías y desgracias.Ya no se veían los barcos.Los cazadores se habían ido.Tras contemplar el horizonte un momento más, Kira se dio la vuelta. Era hora de regresar a lo que estaba ante sus ojos, a lo que podía tocar.Al único hombre que había elegido desde el principio hasta el final.Iría hacia Orión.Traducción: Claire
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