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Bailando En Un Mar Legendario - Novela Cap. 271


Capitulo 271Las gotas de agua salpicaban el cabello de Orión, brillando como pequeñas joyas. Kira, con gesto cuidadoso, secó con la mano los rastros de su imprudente salto y luego rodeó su cuello con los brazos.—Bienvenido, Orión. Te estuve esperando. Sabía que llegarías hoy, pero aun así…Orión apoyó su mejilla contra la de ella, rozándola con suavidad. Luego, acercó su frente a la suya y habló en voz baja.—Yo también quería volver cuanto antes. ¿Has estado bien? ¿Esos tipos de Atenas y Tebas ya se largaron?—Sí, he estado bien. Ellos también regresaron hoy a su hogar. Dijeron que debían partir en un día de buen viento, así que se prepararon por la mañana y se fueron…—Por fin dejaré de verles la cara a esos desgraciados. Incluso hasta aquí venían a fastidiar. Espero no volver a cruzármelos nunca.No quedaba claro si hablaba en serio o en broma. Kira, como pidiéndole que no siguiera hablando de quienes ya se habían ido, le dio un leve golpecito en el hombro. Él, por fin, la bajó de sus brazos. Estaban justo donde rompían las olas, y la espuma blanca le acarició los dedos de los pies.Entonces Orión se volvió hacia atrás. La galera, incapaz de decidir qué hacer tras su repentino salto, permanecía flotando en aguas algo profundas, como dudando. Orión levantó el brazo y gritó con fuerza hacia el barco:—¡Vayan al puerto! Yo subiré por aquí y luego bajaré a revisar.—¡Ay, vamos! ¡Dígalo claro! ¡Que no pudo esperar ni un segundo para verla y se lanzó sin pensarlo!—Señora Lokira, ¿sabe usted lo impaciente que estaba durante el viaje? ¡Es increíble que alguien llamado gran arquero pueda ser tan distraído…!—¡¿No se han ido ya?! ¡Si se acercan más a aguas poco profundas, se quedarán estancados!Rugió Orión.La tripulación, finalmente, se apartó de la borda. La galera, con su enorme cuerpo, giró con sorprendente agilidad y se alejó bordeando el acantilado. Kira siguió su figura con la mirada hasta que desapareció por completo.Solo entonces se volvió hacia Orión.—¿Por qué viniste en un barco tan grande? Cuando te fuiste no era así.Después de todo, solo había bajado a observar la situación en Tira. Si tanta prisa tenía por regresar, habría sido más lógico usar una embarcación más pequeña y ágil. Además, por las personas que había visto en cubierta, no parecía que transportara a mucha gente.Orión limpió la arena que se había quedado en la mejilla de Kira y respondió con calma:—Tenía muchas cosas que traer.—¿Qué trajiste?—Mi ganado. Vacas, ovejas… y otras cosas más.Kira soltó una pequeña exclamación.Durante la gran migración, ella había logrado salvar también la vida de muchos animales, pero Orión, que poseía más desde un inicio y los había prestado en distintos lugares, no había podido reunirlos todos en Delos.—Es curioso —continuó él—. En mi isla, incluso los bienes del palacio real se hundieron… pero yo, por haber estado fuera, logré salvar a mis animales. Aunque no sé si el número es correcto. Todos se apresuran a devolverme cosas, pero quién sabe si realmente eran mías.Kira rió al escucharlo. Su despreocupación por las posesiones no había cambiado en absoluto. Pensó que, de haberlo sabido, habría enviado con él a Nikos, que últimamente se esforzaba tanto en aprender letras y cálculos. Así habría podido filtrar los “regalos” que algunos ofrecían solo por admiración hacia un héroe.Caminaron juntos, entrelazando los brazos. Querían disfrutar un poco más de ese momento a solas, sin interrupciones. Avanzaron despacio a lo largo de la corta línea de la costa, mientras seguían conversando.—Atlantis… ¿qué pasó con Tira?Preguntó Kira, abordando por fin lo que más le inquietaba.Aunque ya tenía una idea general de lo ocurrido, quería escuchar de boca de Orión lo que él había visto con sus propios ojos.Orión bajó la mirada. Encontró una pequeña piedra junto a los pies de Kira y la pateó hacia el mar.—Muchas cosas se derrumbaron. Las resplandecientes compuertas de oriharukon… los palacios y puentes tan espléndidos… ya no existen. Acrotiri no se hundió bajo el agua, pero… tampoco está en condiciones de ser habitado.La ceniza volcánica caída desde la montaña, mezclada con la tierra que el mar había arrastrado, había sepultado la ciudad por completo. Ahora no era más que una enorme masa de tierra, difícil incluso de atravesar. Y aunque pasaran siglos y la gente pudiera volver a caminar por allí, desenterrar una ciudad enterrada tan profundamente sería casi imposible.Kira escuchó con un nudo en el corazón.Aquel era un lugar que había amado. Recordó sus edificios blancos, sus frescos, sus sistemas de agua… Todo aquello solo sobrevivía ahora en los recuerdos de quienes habían logrado escapar.Incluso aquella montaña, tan imponente… ahora yacía bajo el mar. Había elegido derrumbarse a sí misma y hundirse en las profundidades.Kira aclaró su voz, que se volvía áspera.—Aun así… me alegra que no todo se haya hundido. Me alegra que tantos hayan sobrevivido, incluso en lugares a los que no pude llegar…—Los ancianos dicen que la tierra que recibe ceniza volcánica se vuelve más fértil —respondió Orión—. Será difícil por un tiempo, pero pronto todo mejorará. George y Saphira también están esforzándose mucho por ello.Sonrió levemente, como recordando sus esfuerzos, y alzó la vista hacia el cielo lejano.—Quién sabe… quizá ahora sea mejor que antes. Tira se enriqueció de golpe al descubrir el oriharukon. Eso creó la división entre la isla interior y la exterior, y permitió que la vieja nobleza se aferrara al poder… Pero tal vez ahora, por fin, las cosas están volviendo a como eran originalmente.Bajó la mirada hacia Kira.Soltó su brazo… y en su lugar, tomó su mano.—Nuestra casa en Acrotiris quedó enterrada bajo la ceniza, pero… cuando el ambiente de la isla se estabilice un poco… y con el tiempo tu historia también se vaya desvaneciendo… quizá podamos volver. Podemos reconstruirla desde cero.Kira lo miró de frente.Volver a Tira… Solo imaginarlo ya era esperanzador.Recordó el paisaje del mar del sur, al que había llegado a tomarle cariño durante todo ese tiempo, y asintió con fuerza.—Sí… algún día. Vayamos cuando tengamos la oportunidad.—Pero eso no significa que no me guste este lugar —añadió Orión, como si quisiera evitar malentendidos. Su mano se tensó ligeramente—. También me gusta construir un nuevo hogar aquí contigo. Esto ya no es aquel santuario de antes. Yo… es decir… aquí, en esta tierra completamente nueva, contigo… eh…De pronto, dejó la frase en el aire.Incluso se detuvo y se pasó la mano por el cabello, desordenándolo. Kira reconoció enseguida ese gesto: era lo que hacía cuando se sentía terriblemente avergonzado. Movió su brazo, apurándolo para que dijera lo que llevaba dentro.—¿“Eh” qué? Orión, ¿qué es?—Es que…Él dudó.Pero ya había empezado a hablar. Cuando Kira frunció los labios con impaciencia, Orión, presionado, los abrió y cerró un par de veces más, hasta que finalmente soltó, como si fuera una palabra prohibida:—P-pasar… una vida de recién casados… contigo… no estaría mal…—¡Ah…!El rostro de Kira se encendió al instante.¡Recién casados! ¡Qué palabras tan impactantes!Había estado tan ocupada pensando en Tira que había olvidado por completo aquella promesa que ahora resurgía en su corazón.Habían dicho que, cuando regresaran del sur, celebrarían su boda. Que, con la estación de lluvias ya pasada y la llegada de la primavera, ese era el momento perfecto… que no debían dejar escapar la oportunidad.De pronto, su mente se volvió un caos. Preparativos, detalles, todo apareció y desapareció a la vez. Y entonces imaginó la casa que construirían en algún rincón del pueblo bajo.Mientras visualizaba ese futuro que pasaba ante sus ojos como un destello, el sonido de las olas la devolvió a la realidad.Sujetó con fuerza las manos de Orión y, sin pensarlo demasiado, lanzó la primera pregunta que le vino a la cabeza:—E-espera, Orión… ¿cómo… cómo te vas a vestir en la boda?Las palabras se le atropellaban por la emoción. Pero para ella, era lo más importante.—¡Tenemos que decidirlo antes! Así podemos pedir que traigan las cosas cuando llegue el barco. Hay que escoger telas nuevas, tomar medidas, decidir los adornos…—¿No puedo ponerme cualquier cosa? Mientras esté limpia, me basta —respondió él con naturalidad—. Más bien tú dime si necesitas algo para el cabello o para vestirte. Si tengo que ir al continente y cazar unos leones, puedo conseguirte ámbar etrusco o coral del mar Rojo para adornarte de pies a cabeza…—¡No! No quiero eso. ¡No me gusta que te vayas tan lejos por cosas así!A Kira le dio miedo que saliera otra vez al mar por ese motivo. Se lanzó hacia él y lo abrazó con fuerza. Orión soltó una risa clara y la rodeó con sus brazos.Kira alzó la mirada hacia sus ojos azules.—En serio… así no podemos decidir nada. Qué terco eres.—Hacía tiempo que no me llamabas así.Las manos de Orión subieron hasta sus mejillas. Sus grandes palmas cubrieron su suave piel.Kira intió algo en ese gesto. Tragó saliva, pero fingió no darse cuenta y siguió hablando, intentando desviar la atención:—A mí me basta con tenerte a ti. Las joyas que Hatsha trajo de casa son más que suficientes. El ámbar o el coral sólo serían una molestia para guardar…—Pienso lo mismo.Orión respondió con suavidad mientras inclinaba su alto cuerpo hacia ella.—Con que tú estés aquí, es suficiente. Después de todo lo que costó traerte… después de todo lo que nos costó volver hasta aquí…Su voz grave, tan cercana, le rozó el oído.Era un estímulo pequeño… pero insoportable.Kira cerró los ojos con fuerza.Y entonces, finalmente, Orión habló con claridad:—Lokira… cásate conmigo. Ni siquiera los dioses podrán impedirlo.Kira abrió los ojos de golpe.Sus miradas se encontraron de nuevo.Aquellos ojos azules, del color del mar Egeo… enmarcados por un rostro tan perfecto que parecía esculpido. Exactamente como lo había sentido la primera vez que él llegó arrastrado hasta esa playa.Hermoso.En el extremo de su ojo derecho quedaba una cicatriz larga, imposible de borrar.Había sido el motivo por el que se conocieron.Kira la observó por un momento y, de pronto, alzó la mano para tocarla. Aquella marca, que siempre había parecido tan profunda, ahora se veía más tenue que antes.No pudo dejar pasar ese detalle.—Orión… tu herida… se ha suavizado.Después de todo, sus propios cuernos también habían desaparecido casi a la mitad. Quizá incluso las cicatrices que parecían eternas acabarían desvaneciéndose con el tiempo.Orión parpadeó, como si no entendiera de qué hablaba de repente. Con un solo brazo, la sostuvo con firmeza por la espalda.—¿Qué acabo de decir?—¿Eh? Que nos casemos.—¿Y tu respuesta?Incluso en ese momento, Orión mostraba señales de inquietud. Intentaba aparentar calma, pero el color de sus mejillas lo delataba. Al verlo tan sonrojado, Kira no pudo evitar reír y extendió los brazos hacia él.De verdad… este hombre…Después de haber celebrado ya un compromiso, y de haber acordado casarse cuando regresaran, seguía esperando su respuesta una vez más.Pero no había razón para negarle lo que deseaba.Kira pronunció, con total naturalidad, una conclusión que no necesitaba adornos:—Sí, Orión. Casémonos. Vivamos juntos por mucho, mucho tiempo.—¡Lokira…!Finalmente, Orión la abrazó con emoción. La rodeó con una fuerza casi sofocante.Y poco después, comenzó aquello que ella ya había anticipado. Un contacto que ambos habían estado anhelando en silencio durante tanto tiempo.Kira alzó el rostro.Los labios de Orión se posaron sobre los suyos con intensidad. Se besaron profundamente, respirando con fuerza, como si chocaran el uno contra el otro.Aun así, Orión no parecía capaz de contener su energía. Sin separar sus labios, la alzó en brazos y giró sobre sí mismo.El agua salpicó bajo sus pies.Cuando por fin se separaron, Kira estaba suspendida en sus brazos, mirándolo desde arriba. Apoyó las manos en sus hombros para recuperar el aliento y luego acercó sus labios a su oído, susurrando suavemente:—Oye, Orión… cuando estemos casados, llámame Kira. Quiero escucharlo en tu voz.Orión la miró desde abajo, dibujando una sonrisa.—¿Y por qué no ahora?—También me gusta que me llames Lokira. Por ahora… quiero disfrutar de ese nombre.—A mí me preocupa que, con solo pronunciar tu nombre, termine desgastándolo… igual que tus labios, tu cabello, tu piel…Aunque decía eso, la abrazó con fuerza.Kira sonrió ante aquella absurda idea. Ni siquiera sus cuernos habían desaparecido del todo… mucho menos iba a desvanecerse por sus palabras o su tacto. Ante ellos solo se extendía un futuro brillante y en paz.Como si quisiera demostrarlo por sí misma, Kira volvió a besarlo. Rodeó su cuello con los brazos y dijo:—Yo, en cambio, quiero llamarte muchas veces… Orión, Orionis, Orión…—Suena bien, pero… ¿para qué llamarme tanto? Falta el propósito.—Te amo.Kira lo dijo de repente.Al ver los ojos de Orión abrirse tanto, soltó una risita suave. Repitió la confesión una vez más mientras lo abrazaba.—Te amo. Orión… te amo.—Tú, de repente… ¡Lokira!En ese momento, tal vez arrastradas por la ola, unas algas se enredaron bajo sus pies. Orión, ya de por sí desconcertado, perdió el equilibrio al dar un paso.Resbaló hacia atrás, levantando una gran salpicadura.Ambos terminaron tumbados en el agua. Empapados, se incorporaron y, al mirarse, estallaron en risas. Como jugando, comenzaron a salpicarse mutuamente.Y en medio de ese juego, intentando atraparse el uno al otro… en algún momento, sus cuerpos se entrelazaron.Sus labios, otra vez cercanos, volvieron a encontrarse.No se escuchaba nada más.Solo la voz de Orión.—Yo también te amo.Kira asintió en silencio.Finalmente, el canto de las olas volvió a llegar a sus oídos. La espuma acariciaba su piel.El mar Egeo, donde vivían ambos. El mar de Grecia, que fluía tranquilo, respirando con vida, acogiendo en su vasto seno a dioses, ninfas y criaturas.Pero sobre sus aguas, los únicos que navegaban con determinación… eran los humanos.Porque en el mar, solo las personas crean historias. Solo las personas las transmiten.Y así, las historias de unos y otros se convierten en leyendas.La vida de una mujer nacida con cuernos y de un hombre, hijo del dios del mar, no sería diferente.Algún día, también su historia se desvanecería con el tiempo, quedando solo como una leyenda. Amor, odio… y todos los sentimientos, danzando en el océano de los relatos.Pero ese día aún estaba lejos.Kira miró a Orión.A su amado presente. Y al futuro cercano que compartían.La felicidad de pasar toda una vida junto a él llenó su pecho… y una sonrisa floreció en sus labios.Sintió una premonición, firme como una certeza.Sin duda, ellos vivirían felices durante mucho, mucho tiempo.Su largo viaje… apenas acababa de comenzar.****Traducción: Claire

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