Incluso el Villano Tiene Una Historia - Novela Cap. 91
Capítulo 91La línea entre el fruto prohibido y la salvación (9)—El destino del niño lo decidirá el señor del territorio. Por ahora hay mucho trabajo, así que ten un poco más de paciencia.Eso fue lo que dijo Rem cuando lo encontró durante la comida con el muchacho, ya que no podían traer a un niño en plena etapa de crecimiento solo para dejarlo pasar hambre. Sa-yoon, recordando las palabras del hombre que se había acercado a darle unas palmadas en el hombro mientras él mostraba claramente su descontento por toda la situación, tragó saliva.Sa-yoon confiaba en él.Bueno… más que confiar en él, confiaba en su propia suerte.Su destino era revolcarse en campos llenos de monstruos, no criar a un niño.Por eso pensaba aguantar un poco más, tal como Rem había dicho.Al verlo con una expresión claramente irritada, el chico, que observaba encogido y midiendo el ambiente, terminó cruzando la mirada con él. En cuanto sus ojos se encontraron, el niño se sobresaltó y corrió a esconderse detrás de Geon-joo. Sa-yoon se quedó mirando fijamente su espalda y frunció el ceño con brusquedad.¿No había dicho que esperara un poco?Desde que Rem le dijo eso, ya había esperado obedientemente… una semana entera. No uno o dos días: siete. En ese tiempo, Geon-joo había mejorado a pasos agigantados en el cuidado del niño, hasta el punto de parecer ya una niñera profesional, y el chico, aunque seguía pendiente del humor de Sa-yoon, ya no le tenía miedo. Nadie lo había consentido, pero se había adaptado a la situación por su cuenta.¿Hasta qué punto se había adaptado? Pues lo suficiente como para, cuando Sa-yoon fruncía el ceño como ahora, no acercarse y limitarse a observar desde lejos… pero si parecía de mejor humor aunque fuera un poco, corría enseguida a pegarse a él. A Sa-yoon le daba la impresión de que ese pequeño se le encaramaba más que el cachorro que criaba uno de los miembros del Gremio Night Rats.La situación era tan absurda que soltó una risa incrédula. El chico, confundiendo incluso esa mueca burlona con una sonrisa de buen humor, empezó a acercarse sigilosamente.—…tengo hambre.—Ay, por favor…El primer día, aunque los rugidos de su estómago resonaban por todas partes, mantuvo la boca cerrada y no pidió comida ni una sola vez. Y ahora parecía que ya había perdido toda la vergüenza. El muchacho se aferró con fuerza a su pierna y lo miró directo a los ojos, haciendo que la cabeza de Sa-yoon se inclinara de lado.—¿Sabes siquiera quién soy para pegarte así?—¿Quién es?—Una persona aterradora.—Voy a engordarte y luego comerte…—No tiene límites con lo que le dice a un niño.Pensó que, si hablaba así, al menos se asustaría, así que levantó adrede las cejas para dar más miedo… pero una voz que surgió de repente cortó el momento. Sa-yoon, ya irritado por el tono abiertamente sarcástico —como si el otro hubiera renunciado incluso a suspirar—, lo miró. Geon-joo, que acababa de terminar de ordenar la ropa del niño, extendió los brazos hacia él.—Ven aquí.—Sí, vete, anda. No te quedes pegado a mí sin razón.—¿No puedo quedarme?—Te digo que soy una persona aterradora.—Pero conmigo no es aterrador.Se quedó completamente sin palabras. ¿Acaso tenía que agarrar a ese niño pequeño y gritarle para infundirle miedo?Sería patético ensañarse con un crío sin fuerzas. Por eso, con la misma actitud con la que uno cuida una planta suculenta, se había limitado a observar en silencio hiciera lo que hiciera y, como mucho, soltarle algún reproche de vez en cuando… pero esa misma actitud acabó volviéndose contra él.Mientras miraba al niño con los ojos vacíos, sin saber qué decir, escuchó detrás un resoplido ahogado. Al girarse, vio a Geon-joo tapándose la boca mientras los hombros le temblaban en silenciosa risa. Los dos —el adulto y el niño— estaban armando un buen espectáculo.Él estaba hecho un lío, y al otro le parecía divertidísimo.—…increíble.Aunque la situación era absurda, ya no tenía intención de mostrarse aterrador a estas alturas. Frunciendo el ceño, Sa-yoon miró a Geon-joo y al chico, y a regañadientes posó la mano sobre la cabeza del niño que seguía aferrado a su pierna. No fue una caricia precisamente, sino más bien una presión brusca, como si lo aplastara… pero el niño sonrió de oreja a oreja.Había apretado con fuerza para que le doliera, pero el crío resultó tener aguante… y valor.—Entonces, ¿Cómo te llamas?Era el décimo día. Diez días desde que había rescatado al niño del fuego, y ese día Sa-yoon aceptó la realidad.El número de monstruos que atacaban sin previo aviso no dejaba de aumentar; Rem estaba cada día más aturdido como un caballero sin alma, y el señor del territorio estaba tan ocupado resolviendo asuntos que no sería raro que colapsara en cualquier momento. En semejante situación, nadie tenía tiempo para ocuparse de un niño pequeño. Es decir, tendría que convivir con ese chico durante bastante más tiempo.Hasta entonces, con la intención de echarlo cuanto antes, había evitado preguntar su nombre —y tampoco había permitido que lo dijera— porque no quería que Geon-joo se encariñara con un niño que pronto se marcharía. Pero el momento de seguir siendo terco ya había pasado. Para comunicarse con normalidad necesitaban nombres, así que, aunque a regañadientes, propuso presentarse. El chico, iluminándosele el rostro, se sentó de inmediato frente a él.—¡Noa!—Vaya nombre tan feo.—…me lo puso mi madre, que en paz descanse.—Bueno, el sonido no está tan mal, supongo.—¿No podría decir simplemente que es un nombre bonito?—Tú cállate.Desde hacía un tiempo todo eran objeciones. Sa-yoon miró de reojo a Geon-joo, que parecía cada vez más dado a sermonearlo desde que se había hecho cargo de Noa —como si cargar con un niño menor de quince lo hubiera vuelto más audaz—, y se levantó del respaldo de la silla cuando el sonido de una campana resonó por el pasillo.—Otra vez empieza.—Últimamente suena más seguido.—Será que han aumentado los monstruos… probablemente falta poco.Las señales de la Oleada ya estaban apareciendo. Al ver cómo el número de monstruos crecía de forma exponencial, Sa-yoon comprendió que el inicio de la primera Oleada no estaba lejos. Mientras él y Geon-joo se ponían la armadura, Noa los observaba con inquietud, y Sa-yoon apoyó una mano sobre la cabeza del niño.—Tú quédate aquí armando un rompecabezas o jugando.—El jefe del gremio dijo que no me compraran rompecabezas, así que no le compré ninguno…—¿De verdad no le compraste eso?—¡A-aun sin rompecabezas puedo esperar!Como Geon-joo no captaba las indirectas, el niño sí tuvo que medir el ambiente. Podría haber comprado algo con un poco de sentido común, pero como le habían dicho que no comprara nada, realmente no había adquirido ni un solo objeto aparte de ropa. Sa-yoon recordó que unos días antes, en un arrebato, había gritado que comprara algunas cosas para el crío, aunque fuera lo básico, y chasqueó la lengua.El hecho de que hubiera sonado una campana y no la trompeta de emergencia significaba que debían salir de reconocimiento. Si era corto, tomaba cinco horas; si se alargaba, incluso más. Dejar a un niño pequeño solo tanto tiempo era problemático. Claro que Noa, que apenas conocerlos había dicho sin titubeos que Sa-yoon no le daba miedo, era un chico firme y decidido… pero eso no quitaba la preocupación.Pensando que, para evitar que el niño causara problemas en su ausencia, debía comprarle algo con lo que pudiera entretenerse en la próxima pausa, Sa-yoon le revolvió el cabello y salió de la habitación.—Quédate tranquilo y espera.—¡Sí! ¡Hermanos, vuelvan sanos y salvos!El chico los despidió agitando la mano. Sa-yoon observó cómo Geon-joo no disimulaba en absoluto lo mucho que le enternecía el niño, y enseguida apresuró el paso al oír la voz del caballero que llamaba a formación.La quinta salida de reconocimiento ya seguía un patrón conocido. Para no repetir la tragedia del primer reconocimiento, dividían el grupo en dos y, con diferencia de tiempo, revisaban el pueblo dos veces; además se internaban en el bosque cercano para localizar y eliminar grupos de monstruos. A veces, si encontraban una guarida, la misión cambiaba a exterminio y luchaban medio día. Y parecía que hoy era uno de esos días.—¡Hemos asegurado la madriguera! ¡Toquen el cuerno y pidan refuerzos!—¡Se reproducen rápido! ¡No dejen escapar a ninguno!Dos caballeros que habían descubierto una cueva durante la exploración gritaron a pleno pulmón, movilizando a los mercenarios.—¡Está oscuro dentro, enciendan antorchas!—¡Cuando salgan, lancen antorchas dentro!Gritos y órdenes se oían por todas partes. Cada guarida solía albergar alrededor de doscientos monstruos, así que no era extraño que todos estuvieran tensos y excitados.—¡Sir Yoon, necesitamos apoyo adentro!—¡Sir Geon-joo, por aquí!Tras cinco reconocimientos demostrando una habilidad muy superior, Sa-yoon y Geon-joo ya recibían recompensas del señor y eran tratados entre los caballeros como algo más que simples mercenarios: prácticamente al nivel de caballeros. Sa-yoon, ya acostumbrado a que lo llamaran “sir”, se unió al combate y empezó a reducir el número de monstruos. La cueva seguía completamente a oscuras porque las antorchas aún no llegaban, pero una oscuridad así no le molestaba.De hecho, la oscuridad lo facilitaba todo.Igual que los monstruos se ocultaban en las sombras para atacar, Sa-yoon podía fundirse en ellas y cortarles la respiración.—¡Graaagh!—¡Grrrk!—¡Kek!Los gritos desgarradores se sucedían. Para moverse con rapidez prefería la daga al mandoble, así que, aprovechando un descuido de los demás exploradores, sacó una hoja corta de su inventario y resolvió la situación con velocidad.Cuando sintió que ya había abatido más de treinta, empezó a reducir el ritmo. Con eso bastaba para ganarse el reconocimiento de los caballeros y del señor. Mostrar aún más habilidad solo serviría para que lo arrastraran a cada reconocimiento sin obtener nada a cambio.Ocultando su verdadera capacidad en el punto justo, guardó la daga y se limpió la sangre del rostro. Al parecer el otro frente también estaba casi resuelto, porque los caballeros ordenaban a los mercenarios salir y traer antorchas.Una vez eliminaron a todos los monstruos visibles, salieron de la cueva, arrojaron leña dentro y lanzaron las antorchas. La cueva que había sido guarida de monstruos quedó devorada en un instante por las llamas rojas.—Que sufran lo mismo que hicieron.Uno de los mercenarios, que había sudado sangre apagando un pueblo en llamas, miró el incendio con una sonrisa torcida. En ese momento, un destello de satisfacción cruzó los rostros de los caballeros por la victoria conseguida.—¡Sir Reno! ¡Sir Reno!Desde lejos alguien corría apresuradamente, llamando al caballero que comandaba la patrulla. Sir Reno, que aún disfrutaba del triunfo, se volvió hacia la voz. El mensajero se detuvo, recuperó el aliento y habló.—¡El señor ordena retirada inmediata! ¡Los monstruos… los monstruos están marchando hacia el castillo!Era un grito cargado de pánico. No hacía falta saber cuántos eran para entender que no se trataba de una cantidad normal. Sobresaltado, Sa-yoon siguió a quien daba la orden de retirada y miró a lo lejos hacia el castillo del señor.Desde esa dirección, la tierra vibraba.Era una vibración demasiado familiar. Sa-yoon frunció el ceño y pensó en Noa, que se había quedado en el castillo.—…vaya mala suerte tiene ese chico.Justo tenía que empezar cuando él había salido del castillo.Traducido por: Valiz
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