Bailando En Un Mar Legendario - Novela Cap. 264
Capítulo 264De su frente no dejaba de brotar sangre. Aunque la mitad de su rostro estaba empapada en ese calor pegajoso, la conciencia adormecida le concedía la bendición de perder la sensación del dolor. Así pudo concentrarse en la serena inmensidad de su mente, olvidando por un instante su propio cuerpo.«¿Qué diablos…?»La primera sensación que le vino fue el asombro.Haberse desplomado porque un altar consagrado a Poseidón le había dado en la cabeza… vaya manera de acabar con él. Nunca había sido devoto en las ceremonias, pero aquello le parecía ya demasiado. ¿Y aquel padrastro? ¿No debía ayudar en algo? La capilla hecha añicos, la estatua hecha trizas y el altar que, encima, casi le parte la cabeza a su hijo.Al final, los dioses no sirven de nada, masculló con una mueca irreverente. Por mucho que rezaras, no demostraban su existencia. Al final, cada quien inventaba algo a qué agarrarse y creía en él a su manera.«Así que yo tampoco soy ningún hijo de los Dioses. Solo soy el resultado de un accidente entre una princesa y algún amante cualquiera.»Recordó que el Senado lo había despreciado públicamente como un paria. Pensó, con cierta satisfacción sombría, que ahora había servido para quitarse de en medio a todos esos tipejos: si aún hubieran estado en pie, ante esta catástrofe no habrían ayudado, y probablemente habrían causado más daño que beneficio.Atlantis iba a cambiar, de alguna forma u otra. Con la recuperación de la posguerra por delante y encima una calamidad natural encima, la reconstrucción iba a ser dura. Pero si aquello era una crisis o una oportunidad, aún no podía decirse. La cúspide política estaba tan estancada tras las traiciones del Senado, que quizá comenzar de nuevo desde cero fuera lo más sano.Si George reaccionaba con sensatez y actuaba bien, podría ser el empujón que necesitaba la isla. Era un tipo de buen corazón; podía curar las heridas anímicas de la gente. Si Saphira manejaba la administración con habilidad en torno a él, tal vez podrían superar está prueba.¿Y él, qué papel tendría en todo eso…?Pues… no estaba seguro. Su presencia, sin duda, ayudaría en lo práctico: podría ser un escudo firme para la gente. Era el guerrero que había enfrentado a la flota ateniense y defendido Atlantis; como supuesto protegido de Poseidón, podía convertirse en un pilar de esperanza.Pero, como ya había pensado, él no era hijo de un dios. Solo un humano inusualmente grande y fuerte. Y los humanos tienen límites.En aquel momento, su cuerpo no respondía. Estaba exhausto y herido; yacía inmóvil, incapaz de mover con facilidad ni un dedo. Había hecho una jornada que cualquier hombre normal habría encontrado insoportable: tras limpiar al Senado y salir inmediatamente al frente, en vez de quedarse en la retaguardia había combatido en primera línea por todo el mar. Y, además, había escalado una montaña en llamas. Si acaso, lo sorprendente era que no se hubiera desplomado antes: aquel día había exprimido hasta la última gota de su energía.¿Era este, entonces, su final?La inconsciente mente cansada trajo aquel pensamiento sin darse cuenta.Por estar extremadamente agotado y por seguir sangrando en ese momento, se sentía como un atleta olímpico que acababa de terminar una carrera de cuadrigas.El cascarón de su cuerpo humano le suplicaba descanso. Si en ese instante soltaba la conciencia, sentía que todo acabaría y por fin hallaría alivio.Curiosamente, aquella sensación no le era desconocida a Orión.Él ya había experimentado esto una vez antes. Cuando huía de Quíos y cruzaba solo el Egeo en un barco. En el instante en que una tormenta repentina volcó la nave.Mientras nadaba en el mar, las fuerzas se le agotaron sin darse cuenta. Con el cuerpo exhausto y hundiéndose en el agua, entonces también había caído en aquella misma desesperanza.¿Quién sabe cuánto tiempo pasó después de aquello? Cuando recobró la conciencia y abrió los ojos, había una mujer desconocida frente a él.Sin pensarlo, creyó que era como una ninfa que vivía en una cueva. Pero resultó que tenía unos curiosos cuernos en la cabeza, y se presentó con el nombre de Lokira.Lokira.Desde que la conoció, su vida también cambió por completo.Con un cuerpo humano luchó contra múltiples enemigos y se enfrentó directamente a quien decía poseer el poder de los dioses.. Y estuvo a su lado, presenciando cómo el poder divino que ella albergaba despertaba poco a poco.A veces, al verla llegar a un ámbito inaccesible para un simple mortal, sentía emociones complejas. Pero Orión terminó enamorándose de ella. Con vergüenza y miedo le costaba admitirlo, pero finalmente se dio cuenta, aunque tarde. Ella era su destino, su respuesta.Los demás le pusieron a su antojo títulos como “bestia divina”, la despreciaron como un monstruo o la idolatraron como si fuera un servidor de los dioses. Pero Orión, que la observaba desde más cerca que nadie, estaba convencido: aunque tuviera cuernos y un poder extraordinario, no era más que una muchacha común. Alguien que podía actuar siguiendo su propio criterio…Una humana.Por eso aquel volcán ardiente también era peligroso para ella. Su torcida familia era un obstáculo terrible en su vida. No podía permitir que cargara con todo eso sola, y por esa convicción había corrido hasta allí.Pero al llegar al momento decisivo, la realidad era esta.Caído tras recibir el golpe de la piedra que debía ofrecerse a su padrastro. Qué ridículo. En un instante tan crucial su cuerpo de simple mortal quedó inmóvil, pidiendo ese descanso eterno permitido solo a los humanos.Ese hecho, de repente, se llenó de una pena tan grande que casi le hizo llorar.«Al final… ¿no he servido de nada…?»Mientras subía la montaña, lo había pensado. Que quizá, aunque estuviera allí, no sería capaz de hacer nada. Que con suerte no terminaría siendo solo una carga innecesaria para ella.Un gigante surgido de la tierra, el mejor cazador del Egeo… incluso así, sus habilidades resultaban insignificantes frente al poder divino que ellos poseían.Solo la previsión había dado en el clavo. Lo que presenció al salir de entre las llamas fue a Lokira derribando a Loxias con sus propias manos.Ella logró, finalmente, someterlo por completo usando solo su fuerza. Orión solo pudo asistir desde un lado; incluso en ese rol de apoyo, en el momento decisivo una emboscada inesperada lo dejó incapaz de actuar, tirado en el suelo.«¿Yo, alguien tan insignificante… queriendo proteger a alguien con poder divino… acaso no fue absurdo desde el principio…?»Al pensar en ello, recordaba que nunca había tenido suerte con las mujeres. Desde que su madre, quien dio inicio a su vida, regresó un día al mar. La niña a la que se le obligó a comprometerse con él, como si fueran animales, murió repentinamente de enfermedad. La princesa que lo quiso poseer a la fuerza y lo hirió, atrapada por un destino extraño, fue usada como instrumento político y finalmente asesinada. Quizá eso cortó aquel lazo maldito, pero la muerte dejó un regusto amargo, innegable.Así habían sido, por lo general, las mujeres importantes en su vida. Tal vez Lokira también habría quedado atrapada en ese mismo destino maldito.Si existiera un dios, debía ser alguien caprichoso que no entiende los corazones humanos. Alguien que coloca a otros en profecías desgraciadas y disfruta viendo cómo luchan sin poder escapar. Así como no puede dominar el volcán en erupción ni el mar embravecido, Orión sospechaba que aquel dios querría que él simplemente se sometiera al destino.¿Entonces tendría que perderla así, sin más?¿Tener que separarse de ella de esta manera?Sin hacer nada, sin mover un dedo, así…«…»Al pensar eso, una chispa brotó en su corazón, exhausto hasta entonces. Su rebeldía innata comenzó a despertarse lentamente.«No seas ridículo…»Las estrellas parecieron titilar en su campo de visión. Algún músculo de su cuerpo se agitó.«¡Los Dioses, el destino, y todo lo demás… váyanse al infierno….!»¿Acaso estaba mal que él hubiera llegado a Delos desde el principio?No. Si no hubiera aparecido, Lokira habría permanecido encerrada en aquella habitación todo el tiempo. Habría seguido una vida marchita, encogida por el abuso, como si fuera una criminal.Orión no podía soportar verla así. Por eso se enfrentó al santuario directamente y la sacó de allí. Le mostró el mundo exterior. Le enseñó lo que era una vida normal. Conoció a muchas personas, se despidió, peleó y, en ocasiones, hizo amistad.Cada uno de esos momentos pasó como un relámpago por su mente, llevándolo finalmente a la casa sobre la colina.Su hogar en Acrotiris.Un lugar al que nunca había logrado apegarse del todo lugar al que nunca había logrado apegarse del todo. Un simple lugar de residencia. Y sin embargo, allí estaba Lokira, sonriéndole, llorando, enfadándose, disfrutando.Se acercaba a él con cuidado, buscaba sus labios, y al final yacían juntos, uno al lado del otro, entregándose sin reservas.[¡Orión!]Lokira.Sí. Aunque tienes un aspecto diferente al de los demás, un poder distinto al de los demás… sigues siendo tan pequeña. Tienes tanto miedo. Y cuánto sabes llorar.Yo, en tu lugar, habría mandado bien lejos a ese loco hace mucho, habría cortado aquel lazo sin dudar… pero tú, al final, nunca eres capaz de ser cruel del todo con él.Porque en el fondo eres amable. Porque aun habiéndote encerrado en aquella maldita habitación, aun pudiendo odiar a la gente y al mundo, mostraste compasión… fuiste capaz de arriesgarte y salir a escondidas para salvar a un hombre arrastrado hasta la orilla del mar.Eres un ser humano con una fuerza mental tan grande como para no enloquecer en esa pequeña habitación.Yo…Yo…Eso es lo que me gustó de ti.Al principio te confundí con una ninfa de las cavernas, pero no era solo eso. Aunque parecieras no saber nada, aunque parecieras débil hasta el extremo, me gustaba que tuvieras tu propia voluntad y siguieras avanzando.Me gustaba que, aun convertida en la presa de toda Grecia, decidieras enfrentarte y hablar con el verdadero culpable.Por eso quise compartir toda mi vida contigo de ahí en adelante.Hasta llegar a albergar el deseo de convertirme en tu esposo, aunque fuera indigno de ti…Orión abrió los labios. Fue un movimiento inconsciente. Como su mente aún no había vuelto del todo, su laringe y su lengua no lograron acompasar la respiración. Por eso, el sonido que salió de su boca no llegó ni a ser un balbuceo, apenas un gemido confuso.Pero él sabía exactamente lo que estaba diciendo.«Lokira»«Yo…»«A ti…»La siguiente palabra era tan descarada que, con su carácter, casi le avergonzaba pronunciar. Pero al final no había de otra.«Te amo.»Te protegeréSi tú me proteges con el poder de los dioses… ¡Yo te protegeré con la fuerza de la voluntad humana!No puede ser que mi final sea tan insignificante.¡No puedo dejar que esto termine así!No he hecho nada. He nadado a través de ese mar de fuego hasta llegar aquí y no he logrado nada. Solo he recibido una piedra lanzada por ese loco, sin poder hacer nada ante el poder de los dioses.Pero todavía no ha terminado. Aunque el hacha haya volado, todavía llevo en su cintura el arco y las flechas. ¡Tengo manos para levantarla en brazos! ¡Tengo piernas para escapar de aquí con ella!La imagen que vio justo antes de que su cuerpo cayera en la debilidad comenzó a aclararse. Loxias. Ese psicópata inmaduro estaba estrangulando a Lokira. Ese bastardo que solo sabía jugar con los demás, al verse totalmente sometido y arrastrado al barro, hacía… eso.Una violencia que ni siquiera un animal emplearía. ¿Dejarlo así, impasible? ¡No era momento de sucumbir y dejarse llevar por el espejismo de la muerte!¡Levántate, Orionis!¡Un cazador no se deja caer ante su presa!¡Yo!¡Nunca!¡Moriré!¡Aquí!—¡Lokira!Con un jadeo, inspiró profundamente. Su cuerpo, temblando, abrió los ojos de golpe. Se incorporó de un salto y gritó ese nombre que le surgió de manera instintiva.Al hablar consigo mismo, el reflejo de la conciencia le devolvió las sensaciones que había olvidado. Dolor como corriente eléctrica recorrió todos sus músculos, y la herida en su cabeza le punzaba. Su ojo derecho, pegado por la sangre, apenas podía abrirse. La cima de la montaña estaba luminosa como el día, pero se veía oscura, quizá por ello.Pero nada de eso podía detener a Orión.Era el cazador más famoso del Egeo, cuyo renombre llegaba hasta la península del continente. Había abatido leones con flechas, atrapado jabalíes en trampas, e incluso vencido tiburones con lanzas.La montaña era su patio trasero, la noche era aire que respiraba junto a los animales, el arco era parte de su propio cuerpo.Orión tensó el arco. Colocó la flecha a tientas. Con fuerza en los brazos, tiró de la pesada cuerda. Su visión estaba oscurecida y mareada por no poder abrir bien un ojo, pero aún podía deducir la forma de su presa.Esa bestia aún no lo había percibido. Era lógico: estaba concentrada únicamente en estrangular a la mujer frente a él.Los animales que atacan a las personas suelen enfocarse tanto en su objetivo que no prestan atención a los alrededores. Para un cazador experimentado, aprovechar ese instante y moverse sin hacer ruido no era nada complicado.Orión concentró su atención. La punta de la flecha apuntaba hacia adelante.La bestia emitió un jadeo grave y desgarrador.—¡Kira!Era el nombre de esa persona. Esta cayó débil, sin fuerzas para resistir por más tiempo su ataque. Aquella bestia abrió el hocico hacia ella.—Te amo. A veces me irritas, pero cuando eres mía, eres hermosa, Kira. Vamos juntos… a cualquier lugar, así como estamos…¡Basta de tonterías!Era el momento. Orión soltó de golpe la cuerda tensada del arco. Antes de confirmar el impacto, ya había preparado la siguiente flecha.Cuando se quiere golpear de nuevo un objetivo que ya ha sido alcanzado, conviene disparar lo más rápido posible. Apuntó de inmediato y disparó la segunda flecha.No había necesidad de mirar el resultado.Sus flechas nunca fallaban, por pequeñas que sean las dianas.La primera atravesó la delicada nuca que la bestia había expuesto al atacar. La segunda, lanzada sin demora, iba hacia el oído que hasta entonces no había sido tocado por las flechas.Apuntar a la oreja recordaba aquella vez frente al mar de Naxos, un año atrás, pero esta vez no terminó solo perforando la oreja. La reacción torpe de aquella bestia ante la primera flecha hizo que él mismo moviera la cabeza, convirtiéndose involuntariamente en un objetivo perfecto.La flecha que atravesó la sien de la bestia provocó un grito.No cabía duda: era el último estertor, el alarido final.Traducción: Claire
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