Bailando En Un Mar Legendario - Novela Cap. 263
Capítulo 263—¡¿Q-qué…?!En el instante en que Loxias gritó, una flecha invisible de energía psíquica atravesó su frente sin hacer el menor sonido. La proyección mental penetró directamente en su cráneo, produciendo un impacto brutal.Su mandíbula se levantó por el retroceso. Durante un instante, quedó atónito, como si no pudiera comprender lo que acababa de suceder. Su aguda percepción seguramente captó el golpe, pero su razón aún no alcanzaba a procesarlo.¿Qué demonios acababa de pasar?Por instinto, levantó los brazos para defenderse, pero era insuficiente para resistir la intensidad del ataque. Perdió el equilibrio y rodó por el suelo, y por primera vez un grito escapó de sus labios:—¡Aaaahhh!Rodó sobre el terreno irregular, y su cabello rubio, cubierto de ceniza, quedó completamente desordenado. Su ropa se enganchó en los escombros y se rasgó, dejándolo en un estado lamentable.Cuando finalmente recobró la conciencia y trató de levantarse, el suelo a su alrededor se abrió de repente, hundiéndose en forma de cuenco. Loxias cayó de nuevo, sin poder incorporarse.Kira respiró con fuerza. Sus manos, aún tensas por la energía que proyectaba, se estremecieron, pero un extraño alivio la invadió. Por fin había encontrado la oportunidad que buscaba. Por fin podía atacar.El hueco en Loxias… su vulnerabilidad…Hasta ese momento, ella solo había esperado, observando a Loxias hasta que su poder alcanzara el límite y dejara un vacío. Pero esa estrategia resultaba demasiado arriesgada para una sola persona. Mientras compartieran la misma fuerza, los límites de Loxias eran también los suyos. No importaba cuán fuerte fuera su mente; su cuerpo femenino aún era vulnerable.Así que cambió de táctica.No podía permanecer a la espera. Si no sabía cuándo aparecería la oportunidad, tendría que crearla ella misma.En otras palabras, usaría su energía mental para sobrecargar directamente el cerebro de Loxias.Ambos estaban acostumbrados a comunicarse mediante telepatía, así que no era difícil. Recordó aquel momento, hace un año, frente al mar de Naxos, cuando Loxias había usado su poder psíquico para atormentar directamente su mente. Solo tenía que devolverle el golpe de la misma manera…—¡Aaagh, duele, dueleee!Loxias gritaba, sujetándose la cabeza y pataleando sobre el suelo. Kira lo observaba con claridad. La escena era amarga, casi dolorosa de presenciar, pero finalmente tenía sentido: ahora podía devolverle lo que él le había hecho.La energía psíquica que Kira liberaba ahora fluía sin cesar hacia el cerebro de Loxias, inyectando un impacto constante. Para su mente, incapaz de soportar siquiera su propio poder, aquello debía ser un volumen absurdo de información y estímulo. Sus sentidos no podrían procesarlo todo; quizá lograra percibir vagamente su entorno, pero poco más.Era como intentar verter un torrente descomunal en un simple cuenco de agua. El líquido que el recipiente no podía contener simplemente se desbordaba, y Kira se preguntaba si aquel cuenco podría resistir indefinidamente. ¿No terminaría rompiéndose bajo la presión?Hasta ahora, nunca se había atrevido siquiera a concebir ni ejecutar un plan así. No buscaba infligir dolor. No, menos aún a alguien con quien había crecido tanto tiempo. La verdad era que ni siquiera sentir los gritos de Loxias le resultaba placentero. Todo aquello estaba lejos de sus verdaderos deseos.Y, aun así, endureció su corazón.Por Orión.Loxias le había ordenado que disparara contra Orión. Si Kira dudaba o se negaba, él probablemente habría intentado derribar a Orión por sí mismo. Y en aquel mar de fuego, quitarle la vida no habría sido difícil.Así que Kira tomó su decisión sin palabras.Ella protegería a Orión. Y para eso no podía permitirse vacilar ni escudarse en reservas de conciencia. La relación con Loxias ya estaba hecha un lodazal; por su persistente apego no podía arriesgar la vida de Orión. Incluso si eso significaba infligirle dolor, debía asegurarse de someterlo allí mismo, en ese instante.Su determinación se hizo evidente. Loxias gimió, retorciéndose en el suelo, una imagen que bien podría compararse con un insecto arrastrándose sobre la tierra.Todo aquello había sucedido en cuestión de segundos.Orión, aunque no conocía los detalles, no se quedó paralizado ni perdió tiempo en análisis complicados. Al ver a Loxias inmóvil y arrastrándose, se lanzó sin dudar. Su mano izquierda presionó la nuca de Loxias hacia abajo, mientras la derecha sacaba el hacha de tala, levantándola con fuerza.—¡¡Maldito bastardo!!Sin darle tiempo a Kira para intervenir, golpeó hacia abajo. La fuerza fue suficiente para partir una cabeza en dos, pero Loxias no sucumbió tan fácilmente. El aire estalló con un estruendo, generando una onda de choque. El hacha salió disparada de la muñeca de Orión, describiendo un arco antes de clavarse en algún lugar del suelo, perdido entre los escombros.—¡¡G-Gigante… no… me toques…!!Loxias apenas logró balbucear mientras apretaba los dientes, incapaz de soportar el dolor de la cabeza. Orión no desperdició el momento: presionó con fuerza la nuca de Loxias contra el suelo, hablando entre jadeos por la carrera montañosa que acababa de recorrer.—¿Quién te ha ordenado algo a tí? —vociferó Orión—. ¡Deja de farfullar! Toda tu vida te has aprovechado de ese poder que presumes para humillar a los demás; ahora que te toca a ti, ¿resulta que no vales ni para eso? ¿Te creías un ser tan intocable que ni una sola hebra de tu cuero cabelludo podía tocarse?Apretó el brazo con rabia y, como si descargara todo su rencor, gritó:—Una pena que ya haya pasado un año desde que te mandé volar el pelo. ¡Ahora voy a terminar lo que no pude entonces! Aunque te hayas deshecho del hacha, eso no significa que no haya forma de hacerte pagar.Con un movimiento seco, Orión volteó el cuerpo de Loxias y le propinó un puñetazo en la mejilla que lo dejó jadeando. Aquello, hasta entonces, habría sido impensable; esta vez surtió efecto. La sangre brotó de la nariz recta de Loxias; escupió tierra y tosió.Orión no se conformó. Le agarró por la nuca con mano firme, sacudiéndolo de un lado a otro, y escupió entre dientes:—Mira esto. Esto es el puño de un hombre común y corriente. Ya basta de hacerse pasar por un dios. ¿Quién va a asumir la responsabilidad por el desastre que montaste? ¿Qué piensas hacer ahora con este lío?No hubo respuesta, solo un silencio pesado. Kira miraba a Loxias con una expresión compleja. Su rostro estaba hecho un desastre: la nariz sangrando, el mentón empapado en sangre, el cabello rubio manchado de ceniza y barro; una visión tan lamentable que era difícil creer que fuera el mismo rostro que hasta no hace mucho le había parecido bello incluso cuando había emergido del mar empapado.Pero todo aquello era producto de sus propias acciones.Kira lanzó otra vez su energía psíquica, manteniendo a Loxias sometido, cuidando de no dañar a Orión que seguía cerca. Loxias emitió gemidos dolorosos. Ella habló en voz baja:—Loxias. Todavía no entiendes mi corazón.Él creía conocerla mejor que nadie, pero estaba equivocado. No había intentado comprenderla en absoluto.—Creíste que con el pretexto de que sería por el bien de Orión caería en tu juego. Contabas con que yo solo esperaría a que tú eliminaras a Orión aquí mismo.Si Kira hubiera sucumbido a su artimaña, ¿qué habría ocurrido? Si ella, por su mano, hubiera derribado a Orión y lo hubiese teletransportado lejos… Claro que Kira no conocía todas las intenciones de Loxias, pero aquella opción era una debilidad evidente.Quizá Loxias habría intentado matar a Orión justo antes de que ella ejecutase la teletransportación. O tal vez, mientras Kira se concentraba en Orión, él habría aprovechado para llevársela a algún otro lugar lejano. Fuera como fuese, Loxias habría disfrutado al verla desolada y desesperada. Así había actuado siempre: quería que Kira no obtuviera nada del mundo exterior. Incluso la supuesta “caza de la bestia divina” le servía, en el fondo, para atormentarla.No sería extraño que Loxias hubiera planeado de un tirón arrebatarle a Orión —esa bendición que Kira había obtenido tras salir al exterior— y llevárselo.Pero esta vez Kira había jugado con ventaja.—Loxias. Que te quede claro… ya no soy la Lokira de esa habitación.Ya no era la niña que lo creía sin más y seguía sus órdenes sin cuestionarlas. De pronto se había convertido en una mujer capaz de desconfiar, de pensar por sí misma y de tomar decisiones.—Y aunque diga que voy a proteger a Orión… protegerlo no significa que vaya a apartarlo de mi lado para que se quede a salvo. Eso sería tu forma de hacer las cosas, no la mía.Decir “quédate quieta, es demasiado peligroso” o “no salgas” puede sonar a consejo sensato; pero cuando se traspasa la línea, se convierte en opresión. La elección de en qué lado situarse, en ese fino borde, corresponde a cada persona.Loxias eligió la opresión: quiso encerrar a Kira de manera unilateral en esa habitación. Orión, en cambio —aunque lleno de dudas y errores— acabó por comprenderla. Aceptó su poder, admitió con honestidad su propio deseo de evitar riesgos y, en lugar de resolver la situación en solitario, decidió acompañarla.Kira descubrió lo mismo cuando finalmente se cruzó con Orión, saliendo él del fuego: ella también había caído en un equívoco. La idea de que, puesto que todo había empezado por su acción, ella debía asumir sola toda la responsabilidad, resultaba una soberbia absurda. Al menos Orión no lo veía así.Había venido hasta allí para afrontar el problema con ella. No tenía poderes divinos, pero subió la montaña ardiente impulsado por un único pensamiento: protegerla, cueste lo que cueste.¿Quién podría rechazar por la fuerza ese anhelo suyo?Para que ambos se comprendieran no necesitaron ninguna habilidad sobrenatural. Orión entendía a Kira sin poderes, y Kira entendía a Orión sin recurrir a ellos. Sólo Loxias insistía en imponer su juicio mediante su don, en encerrar a Kira en su mano.Ahora, bloqueado y derrotado, Loxias bajó la cabeza y se quedó en silencio.—Loxias. Ya basta —dijo Kira, con la voz queda—. Si te quedas aquí, lo único que harás será perder la vida. Primero, bajemos la montaña…La frase se quedó en el aire. ¿Qué venía después? El volcán seguía con su furia. ¿Sería posible enmendar una catástrofe que ni siquiera el causante podía detener?No había tiempo para titubeos. Kira apuró las palabras, urgida por lo que había que hacer.—¡Orión! ¡Sujeta a Loxias! Primero, tenemos que salir de aquí.Con su poder, Kira podría teletransportarse montaña abajo. Mientras se decidía a acercarse, Orión frunció el ceño y miró hacia abajo a Loxias.—¿Vas a llevártelo?—Si desaparece, este tipo volverá a vengarse. El control que puse en su mente se liberará… —respondió Kira, mordiendo sus labios. Una sensación incómoda de estar atrapada por vínculos desgastados de antaño la atenazaba, pero dejarlo aquí significaba correr el riesgo de que hiciera otra locura. No había más opción que contenerlo usando toda su fuerza mental.Orión exhaló con rapidez. Era la señal de que aceptaba la decisión de Kira.—…Entiendo. No podemos soltar a un perro rabioso. Escucha bien: cuando bajemos, lo ataré al ancla para que se haga responsable de esta situación. ¡Hasta hundirlo en el fondo del mar sería poco para este hijo de…!Dijo Orión, apretando los dientes, mientras levantaba a Loxias del cuello. El cuerpo tambaleante apenas podía sostenerse y se balanceaba débilmente. A simple vista parecía exhausto, abatido por el dolor que le atravesaba la cabeza.Kira respiró hondo para calmar la oscuridad que se formaba en su corazón. A regañadientes, extendió la mano. Iba a emitir su onda espiritual para envolver a los tres y teletransportarlos al lugar deseado.Fue en un instante. Loxias levantó la mano de golpe y atrapó el cuello de Kira, mostrando los dientes. La onda espiritual reprimida estalló, propagando un fuerte impacto.—¡Orión!Kira gritó sin querer: la onda golpeó directamente a Orión, que estaba sosteniendo a Loxias. Él salió despedido hacia atrás, rodó por el suelo y, recuperando rápidamente la posición, corrió hacia ellos. Iba a separar a Loxias de la garganta de Kira, pero la desgracia no tardó en llegar: el altar, que estaba parcialmente volcado, se precipitó sobre su cabeza con un estruendo.—¡No!Kira, gritó, pero la piedra no mostró piedad. Una línea de sangre comenzó a descender por la frente de Orión, reflejada por el fuego, cubriendo todo el lado derecho de su rostro, tal como la primera vez que lo vio. Fue como revivir aquel día en que llegó arrastrado por la marea hacia la costa; nuevamente se derrumbó ante sus ojos.Kira se retorció para acercarse a él, pero no había manera: la fuerza de Loxias la mantenía fuertemente contenida. Paradójicamente, esa misma fuerza le indicó qué estaba sucediendo. La respiración le faltaba y su cabeza dolía; bajo semejante violencia, no quedaba concentración para usar su onda espiritual.—¡Lox…ias…!Frente a ella. Los labios de Loxias, enrojecidos, torcidos, sangrando, y con lágrimas corriendo por su rostro deshecho. Se acercaba como si quisiera besarla con ese rostro destrozado.—Kira… tampoco me conoces del todo hasta ahora.Un mechón corto de cabello rubio cayó sobre el rostro de Kira. Loxias parecía haber agotado todo su poder tras derribar a Orión. Ahora, la pura fuerza de un hombre humano comprimía a Kira.—Igual voy a morir pronto. ¿Pensaste que hablando bonito me harías entrar en razón? Kira, aunque te llame hermana, tú tampoco tienes la autoridad para darme lecciones.—¡Ahhk…!—Mira. Si me lo propongo, puedo inmovilizarte completamente con estas dos manos… ¡Kira, pobre niña con cuernos! Eres incapaz de ir a ningún lado. Un tesoro que solo yo puedo cuidar. Si no es así, no me gusta. Solo yo… No te atrevas a ser feliz sin mí, ¿entiendes?—¡Ugh… ahk…!—Kira, tú puedes ser feliz en el mundo exterior, y yo… un hijo divino cuyo linaje desconozco, un falso dios de la luz que vive y se desvanecerá pronto… ¿solo eso quieres que sea? Kira, al menos cede a tu “hermano”. Fuiste tú quien me convirtió en un dios, así que al menos tu vida puedo tomarla yo, ¿no? ¡No ese gigante despreciable!Ya no había palabras disfrazadas ni rodeos: todas las emociones crudas de Loxias se derramaron sobre Kira. Pero ella apenas podía comprender la mitad. Su cabeza estaba aturdida. La violencia física que ejercía sobre ella era mucho más dolorosa y amenazante que cualquier ataque espiritual dirigido a su mente.Era tan intensa que Kira pensó que quizá realmente podría morir.—Vamos… Kira. Es hora de regresar. A nuestro Olimpo.Entre su visión borrosa, un Loxias humano sonreía.—Qué bonita te ves cuando te quedas quieta…***En ese instante, la oscura visión de Orión se iluminó con destellos semejantes a estrellas. Su conciencia descendía hacia lo profundo, pero no se sumía completamente en la oscuridad. Su inconsciente, todavía ondulante, vagaba entre la frontera de la vida y la muerte, somnoliento y perdido.Traducción: Claire
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