La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 155
Mientras lo cubría con una manta, había una expresión feliz en el rostro de Yves por alguna razón, aunque se hubiera desmayado. Radis se puso la capa y revisó su equipo por última vez.
Y… realmente no quería hacerlo, pero levantó la espada maldita de 110,000 rupen.
—Huhp.
La blandió una vez a modo de prueba.
No quería admitirlo, pero la espada le quedaba tan bien que era como si hubiera sido hecha para ella.
Radis dejó escapar un breve suspiro mientras la envainaba y colocaba la funda en su cinturón.
Luego salió sigilosamente de la mansión y sacó un caballo del establo. Antes de irse, miró hacia una ventana oscura de la mansión.
Y Radis susurró suavemente.
—Lo siento, Marqués. Regresaré pronto.
───── •????️• ─────
Se dirigió al campamento de la Escuadra Imperial de Subyugación.
—…no, aún no es un campamento.
Todavía era solo un claro vacío, sin banderas de la escuadra de subyugación ni señales de un campamento aún. Mientras estaba de pie en medio, Radis miró alrededor con una mirada nostálgica.
Ese árbol de allá. Esa fue la mesa temporal donde se colocó el tablero de ajedrez, ¿Verdad?
La imagen de Rusty y Thierry jugando ajedrez frente a ella apareció como una aparición ante sus ojos. Ante esto, Radis sonrió.
Merrick también adoraba descansar en la hamaca que colgaba allí. Aquí era el único lugar donde podíamos hervir y limpiar agua. Cada vez que Hardy venía aquí, no dejaba de regañar a Laszlo para que hiciera esa tarea.
Sumida en sus recuerdos, Radis de pronto sintió los movimientos de alguien en la noche.
Al girarse, vio que Robert estaba de pie no muy lejos, sosteniendo las riendas de su caballo.
Con la luna tan alta en el cielo, por mucho que brillara, no podía compararse con la luminosa expresión en su rostro.
Radis se le acercó, algo desconcertada.
—¿Capitán?
Robert estaba atando las riendas del caballo a un árbol con manos algo rígidas, pero al escucharla, respondió.
—¿Cómo… has estado? ¿En todo este tiempo…?
—He estado bien.
—…ya veo.
¿Qué le preocupa? Robert parecía extrañamente renuente a mirar a Radis.
Por supuesto, Radis podía entenderlo.
Después de todo, le había mentido durante seis años.
Él le había dicho que dejaran todo atrás, pero eso no cambiaba el hecho de que le había mentido.
Capitán, lo siento…
Radis se disculpó con él en su corazón.
Pero no puedo seguir cubriendo una mentira tan grande solo con palabras de disculpa. Esta vez, voy a ayudar al Capitán.
Robert había dicho que quería redimir los errores de su vida pasada.
Ella se preguntaba cuáles serían, pero Radis no podía soportar preguntarlo.
Quizá se arrepentía de haber dejado la escuadra de subyugación a cargo de Radis después de irse a la capital.
Si ella llegara a escucharlo de sus propios labios, Radis realmente no podría volver a levantar la cabeza frente a él.
Así que Radis hizo una firme promesa.
Ya sea con la escuadra de subyugación o en la lucha contra el dragón, voy a ayudar al Capitán.
Con esta determinación, Radis levantó la mirada hacia Robert.
—……
Su reencuentro había estado tan cargado de emociones que Radis no lo notó en ese momento, pero ahora se dio cuenta de que el Robert frente a ella era un poco diferente del Robert en sus recuerdos.
Cierto. Mi primer encuentro con el Capitán se suponía que ocurriría dentro de tres años…
El Robert actual era mucho más joven que el Robert de sus recuerdos. No, era literalmente joven.
¡Vaya!
Al abrir los ojos de par en par, observó a este nuevo Robert al que aún no conocía.
Lo más notable era que la cicatriz en su mandíbula había desaparecido.
La cicatriz blanca que cruzaba su labio inferior y descendía hasta la barbilla ya no estaba allí.
¿No es solo eso, verdad?
El Robert actual era un poco más bajo que el Robert de sus recuerdos.
Quizá porque no necesitaba llevar armaduras pesadas, su físico —que antes se veía tan firme como una roca— ahora se veía más esbelto.
—¿...qué pasa?
Su rostro masculino, de líneas angulosas, era casi el mismo, pero de alguna manera aún conservaba gran parte de su juventud.
¿Sería porque sus pómulos estaban ligeramente enrojecidos?
Con una sonrisa, Radis respondió.
—Es fascinante verlo en un tiempo en el que aún no lo conocía, Capitán.
—……
Robert parecía desconcertado por sus palabras.
Tan aturdido estaba, que enrolló las riendas del caballo en una rama tantas veces que la cabeza del animal casi tocaba el árbol.
El caballo comenzó a pisotear el suelo con una pata delantera para mostrar su disgusto, pero Robert no se dio cuenta en absoluto.
—Capitán, las riendas.
—……
Con movimientos rígidos, volvió a deshacer las vueltas de las riendas.
Al verlo así, Radis pensó para sí.
Debería abstenerme de hablar de asuntos personales con el Capitán hasta que su corazón esté aliviado.
Luego habló con un tono más profesional.
—Capitán, lo he estado pensando desde entonces, pero usted está planeando ir ahora a la región prohibida, ¿Verdad?
—…sí.
—Conozco un atajo.
—¿Un atajo?
Ahora, mirando las riendas que finalmente estaban bien atadas, Radis dijo:
—Sígame.
Traducido por: Valiz
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