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La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 153


—Marqués.

—……

—¡Marqués!

Radis juntó las manos y miró hacia arriba a Yves Russell con un rostro desesperado y suplicante.

—……

Sin embargo, Yves Russell no vaciló.

Sentado en su escritorio, en la oficina, siguió leyendo el documento que tenía en la mano con la misma calma.

Inclinando la cabeza hacia un lado y acercándose al documento, Radis dijo:

—Va a hacerle un agujero al papel, señor.

Bajo su espeso flequillo, se vieron moverse un poco sus ojos color ámbar.

Quizá habían hecho contacto visual.

Siguiendo con insistencia su mirada, Radis lo llamó de nuevo.

—¡Marqués…!

Al final, Yves Russell fue derrotado.

—¡Uf, qué!

—Deme permiso para salir.

—¡De ninguna manera!

—¿Por qué no?

Golpeando el documento contra el escritorio, Yves respondió:

—Vas a ir a ver a ese bastardo ilegítimo, ¿Verdad? ¡Claro que no voy a decir que sí!

Radis frunció el ceño ante la palabrailegítimo.

—No lo llame así.

—Ni siquiera quiero hablar de él, muchas gracias. Así que no lo menciones frente a mí.

—Robert es mi amigo.

Tic.

Yves Russell sintió una vena palpitarle en la frente.

Casi gritó y volteó el escritorio.

¡Amigo, mis narices!

¡Ese hombre miraba a Radis con una mirada tan profunda!

Sus ojos llevaban tanta tristeza al borde de la muerte. Incluso parecía como si mirara a un amante que creía haber perdido.

¿Con esa mirada, solo un amigo? ¿A-miii-go?

Pero Yves no era tan benevolente como para decirle eso a Radis.

Sin tener idea de lo que él estaría pensando, Radis continuó hablando con seriedad.

—Son solo unos días, Marqués.

Entonces Yves Russell la miró sorprendido.

—Oh, ¿Escuchaste eso?

—¿…?

—Acabo de oír algo.

—¿De qué habla?

—¿De qué hablo? No puedo creer que encima preguntes… Ah, no sé. Estoy ocupado, ocupado, ocupado. ¡Dios, tengo tanto trabajo hoy!

Enojada, Radis cruzó los brazos sobre el pecho.

—¡Marqués!

—Creo que alguien me llama… ah, no sé, ¡Estoy ocupado!

Yves extendió los papeles y se cubrió con ellos para no ver a Radis.

Radis estaba absolutamente sin palabras.

Yves ahora fingía mirar los documentos con diligencia, pero lo único que Radis pudo hacer fue sacudir la cabeza.

—Si está ocupado, entonces yo me encargaré.

Luego, bajando un poco el documento que cubría su cara, Yves respondió:

—De verdad no puedes.

—¡Ah, vamos!

—¡Sigues diciendo amigo! Radis, si quieres pasar el rato con tus amigos, hay muchos otros lugares donde hacerlo. ¡Una fiesta de té, un club de bordado o un círculo de lectura! Si dices que vas a esos sitios, ¡A ver si te lo impido!

—Pero mi amigo es Ro…

Yves se levantó de un salto y, con pasos pesados, se plantó justo frente a Radis.

La tomó por los hombros, la guio amablemente hacia la puerta y susurró dulcemente:

—No vuelvas a mencionar ni siquiera la ‘Ro’ de la casa Roderick frente a mí.

—No es Roderick, es Robert…

Tic.

Como si hubiera escuchado un chasquido en alguna parte, Radis levantó la vista hacia Yves.

Él se obligaba a sonreír, pero la mandíbula le temblaba visiblemente.

Entonces abrió la puerta y sacó a Radis. Luego, con una última palabra, dijo:

—Nunca.

Con eso, la puerta se cerró justo frente a ella.

Apoyándose en las bisagras, donde quedaba una rendija, Radis gritó:

—¡Es usted tan mezquino!

Entonces, a través de la misma puerta, se escuchó la voz indiferente de Yves.

—Oh, eso está bien. Debería usarlo como segundo nombre. De ahora en adelante, llámame Yves Mezquino Russell.

Al oírlo, Radis pateó el suelo con rabia y se fue.

───── •????️• ─────

Desde que surgió el honorífico segundo nombre, Yves parecía realmente decidido a estar a la altura de él con todo el corazón.

—¡Buenas noches, Radis!

Acomodado en la sala de estar conectada con el dormitorio de Radis, Yves M. Russell saludó alegremente con la mano.

Mirándolo con una expresión lastimera, Radis preguntó:

—Marqués, ¿En serio va a hacer esto?

Yves saltó de inmediato.

—¿Hacer qué? ¡Esta es mi casa! ¡Y tú! ¡Eres mi, mi, eh…! ¡Mi vasalla que está bajo mi cuidado! ¿Qué tiene de malo que trabaje en la habitación de mi vasalla?

—Ah, está bien. Haga lo que quiera.

Radis cerró la puerta y volvió a su dormitorio.

Hasta hacía un momento tenía sueño, pero al verlo así, sintió que se le escapaba el sueño.

En lugar de ir a la cama, se sentó en una silla junto a la ventana.

En el marco estaba la perla de sirena que el comerciante Largot le había regalado.

Tomando la perla, la comparó con la luna.

Pronto iba a ser luna llena.

Mientras hacía rodar la lisa perla en su mano, Radis se perdió en sus pensamientos.

—Si hay una razón por la que el Capitán y yo regresamos en el tiempo, ¿Cuál es?

Robert parecía tener una ligera idea de la razón, pero Radis no tenía ninguna. No lograba descifrarlo por más que pensara.

Radis decidió retroceder y volver al principio.

¿Por qué el Capitán y yo?

Buscando algo que pudiera ser un denominador común entre sus muertes, una cosa vino a su mente.

Piedra mágica…

Traducido por: Valiz

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