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La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 152


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Lo sentó de nuevo en el sofá, incapaz de seguir hablando.

Los ojos grises de Robert se posaron en Radis, que bajaba la cabeza como una pecadora.

Soltando otro suspiro bajo, se quedó mirando su cabello rojo brillante y bien cuidado, y sus manos limpias y pálidas que apretaban sus rodillas.

De pronto, su mirada se detuvo en el cuello arrugado de su ropa.

Era cerca del hombro que él había sujetado.

Quiso alisar la tela que había arrugado, pero esta vez no pudo tocarla con facilidad.

Renunciando a la idea, Robert volvió a sentarse en el sofá.

—…ya pasó, dejémoslo así. No hay forma de cambiar el pasado. No, ni siquiera sé si podemos seguir llamándolo pasado.

—……

—¿No sería mejor pensar que, ya que estamos aquí, es un alivio?

Radis levantó un poco la cabeza y lo miró.

Robert se cubría el rostro con ambas manos y, cuando habló otra vez, su voz era más calmada.

—Cuando abrí los ojos de nuevo… solo pensé que debía haber enloquecido. Pero cuando comprendí que esto de verdad es real, yo… pensé que quizá fuera una oportunidad para compensar los errores que cometí en mi vida pasada.

¿Errores?

Las preguntas danzaban en los ojos de Radis.

¿Él tenía arrepentimientos?

Robert se quitó las manos del rostro y la miró.

—Dee.

—…sí, Capitán.

—Arreglemos eso primero. Ya no soy el capitán del escuadrón de subyugación.

Sin saber qué decir, la boca de Radis se abrió y cerró como la de una carpa.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Robert cuando por fin lo llamó por su nombre.

—…Robert.

—Así es.

—……

Entonces, vacilante, volvió a hablar.

—…Radis.

Aunque era su propio nombre, sonaba tan extraño para sus oídos.

Y lo incómodo de todo aquello hizo que Radis se encogiera un poco.

Su actitud a la defensiva borró la sonrisa del rostro de Robert.

Él soltó un breve suspiro.

Por un momento, un silencio incómodo se extendió entre ellos.

Pasado un rato, Robert abrió los labios otra vez.

—Creo que debe de haber una razón por la que volvimos en el tiempo así.

—……

Radis no estuvo de acuerdo ni en desacuerdo de forma apresurada.

Hasta que conoció a Robert, Radis en realidad nunca pensó mucho en qué razón había detrás de su regresión.

Solo pensaba que algo misterioso le había sucedido, o quizá era un truco de un ser trascendente.

Pero no era la única que había vuelto en el tiempo.

¿Qué significaba eso?

—No es que no tenga ninguna sospecha.

—¿...qué?

Los ojos de Radis se abrieron de par en par.

—¿Qué es, Cap… digo, Robert?

—No estoy del todo seguro aún, en verdad es solo una suposición.

—U-Una suposición…

Robert miró de reojo a Radis, pero negó con la cabeza.

—No. No quiero ponerte en peligro otra vez.

—¿Qué?

—Te lo diré cuando lo confirme. Hasta entonces, será mejor que olvides lo que acabo de decir.

De pronto, Robert se levantó de su asiento.

Aturdida y confundida, Radis solo lo observó caminar hacia la puerta, pero reaccionó y corrió rápido a sujetarle el brazo.

—¡Capitán…!

Robert la miró de vuelta con una mirada fría.

No. Solo parecía fría a primera vista. Radis sabía lo que significaba esa mirada.

Era la misma que tenía siempre que estaba al frente del escuadrón y se dirigían a una zona peligrosa, sin la red de seguridad de un grupo de exploración adelantado.

Cada vez que ocurría, esa mirada fría era lo que disuadía a los demás miembros de detenerlo.

Aunque estuvo a punto de desanimarse, Radis no soltó su brazo.

—Debes de estar muy confundido. Que yo fuera una mujer todo este tiempo…

Sus palabras hicieron que Robert se quedara helado.

—Pero, Capitán. Nada ha cambiado. Sigo viva.

—¡...tú…!

Robert quiso decirle algo —lo que fuera— para que lo soltara.

Su otra mano estaba libre para apartar con fuerza la de ella de su brazo, pero no pudo hacerlo. Más bien, la llevó a sus ojos y los frotó.

Radis continuó.

—¿Crees que lo olvidé? ¿Qué suele pasar cuando pones esa mirada?

Aún cubriéndose los ojos con una mano, Robert apenas pudo responder.

—…de verdad estás aferrándote con fuerza, ¿No?

Al oírlo, Radis sonrió.

Ahora, realmente sentía que por fin se había encontrado con el Robert que conocía.

—Capitán.

—……

—Si vivimos, viviremos juntos. Si morimos, moriremos juntos.

¿Se había cansado de su insolencia? Robert no giró la cabeza en absoluto.

Pero tras un largo silencio, al final respondió.

—…cuando salga la luna más grande.

Radis asintió, y contestó con un tono firme.

—Entonces será cuando lo vuelva a ver.

—……

—Capitán.

Robert seguía sin mirarla.

Aun así, Radis estaba complacida.

Muchas cosas habían cambiado, pero Robert seguía siendo Robert.

Conmovida por ese hecho, sonrió con brillo y dijo:

—No sé cómo se siente, pero… Capitán, estoy muy feliz de volver a verlo.

—¡…!

Traducido por: Valiz

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