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La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 151


Solo después de tragar saliva, Radis logró confesar.

—Mentí… mentí… lo siento mucho…

—¿Sobre qué mentiste?

Había un filo en la voz de Robert. Rara vez ocurría esto.

En su vida anterior, él nunca había expresado sus sentimientos de esa manera, sin importar lo difícil que fuera la situación.

Radis sintió las palabras atoradas en su garganta. Pensó que al menos debía arrodillarse frente a él.

—Soy… una mujer…

Sus palabras hicieron que la expresión de Robert se contrajera.

—¡Tú…!

Como si intentara reprimir sus emociones, se frotó la cara con fuerza antes de decir:

—No tienes que disculparte por eso.

—¿Qué…?

Soltando un pequeño suspiro, Robert respondió una vez más.

—Nos conocemos desde hace seis años. ¿De verdad creíste que no sabía nada?

—¡…!

—Lo que me enfada…

Al verlo tan emocionado, el corazón de Radis dio un salto.

Sus ojos grises estaban llenos de una furia contenida.

—Es que tú… que tuviste que ocultarlo tan a fondo que terminaste rota.

—¡…!

Robert bebió de un trago su té caliente como si fuera agua fría para reprimir sus emociones desbordadas.

También sabía que estaba mostrando un nivel de ira que nunca había expresado antes.

No pretendo hacer esto.

No tenía la intención de ser tan cortante frente a ella.

¿Por qué? ¿Será porque hace un rato la vi con ese hombre?

Robert sintió que sus emociones hirvientes se enfriaban de golpe.

¿Cómo me atrevo?

Una sonrisa cínica apareció en sus labios.

No la merecía.

¿Acaso no había hecho un juramento?

Que la protegería si alguna vez tenía la oportunidad.

Robert reprimió sus emociones.

Después de aplastarlas tan fuerte que ni siquiera podía levantar la cabeza, se recompuso.

Al cabo de un rato, volvió a abrir los labios.

—Hay algo que debes saber. Poco después de tu muerte ocurrió un hecho inesperado. Su inicio fue anunciado por la aparición de un monstruo en el Palacio Imperial.

Ante sus palabras, Radis levantó la cabeza.

—¿Qué…? ¿El Palacio Imperial?

—Sí. Y no solo eso, sino que el monstruo era poderoso. No basta con decir que era tremendamente fuerte. Era como… la encarnación de una deidad.

La mano de Robert tembló levemente.

—La mitad de la capital fue arrasada. Casi todos los Caballeros del Dragón Blanco y los soldados de la capital murieron. El Palacio Imperial quedó en ruinas y el Emperador Claude también falleció.

Los ojos de Radis se abrieron de par en par.

Robert continuó.

—No se detuvo ahí. El monstruo que apareció en la capital eventualmente encontró su fin, pero al mismo tiempo ocurrieron cambios en la región sur. Monsterwood comenzó a expandirse como loco.

—¡…!

Los labios de Radis temblaron.

—¿Monsterwood… se expandió?

—Porque nació un nuevo amo del bosque.

—¡…!

Robert habló rápido con una voz baja y monótona.

—Era un dragón. Es el tipo de monstruo más grande, que se creía extinto, pero apareció. Era tan grande como una ciudadela, y todo su cuerpo estaba cubierto de escamas que podían repeler cualquier cosa. De cada paso que daba sobre la tierra, surgían constantemente más y más monstruos. La región sur fue completamente pisoteada bajo los pies de esas criaturas.

Radis no podía respirar bien.

Porque ahora comprendía la razón de su muerte.

Robert asintió.

—Sí, morí luchando contra el dragón. Tenía un solo punto débil, y era su escama invertida en la parte trasera del cuello. Después de una feroz lucha por alcanzar su cuello, logré clavar mi espada en ese lugar. Sentí la punta de mi espada golpear algo duro, y comprendí instintivamente que era el núcleo del dragón. Traté de hacer más fuerza, pero… fue entonces cuando encontré mi final.

Robert miró a Radis y continuó.

—Pero en el momento en que pensé que todo había terminado, abrí los ojos de nuevo.

Atrapada por una emoción indescriptible, Radis inclinó la cabeza.

No sabía qué decir.

¿Una disculpa?

Eso solo sería un insulto.

Lo había engañado todo el tiempo que se conocían, y había fallado en cumplir su última orden de cuidar al escuadrón de subyugación.

También había sido ella quien cayó en la trampa que llevó a la muerte a sus camaradas.

Había muerto de forma irresponsable, pero comparada con ella, Robert lo había perdido todo e incluso tuvo que luchar solo contra esos terribles monstruos sin tiempo para llorar.

Y después de una larga y ardua batalla, encontró su final.

Radis se arrodilló en el suelo.

—Capitán…

Entonces, Robert se levantó de su asiento de un salto y fue hacia ella.

La tomó de los hombros y la levantó de inmediato.

—¿Qué estás haciendo ahora?

Sin alzar la cabeza, Radis habló.

—Todo fue mi culpa. Lo engañé, capitán… y perdí a nuestros hombres por mi error, por mi irrevocable error…

Sintió cómo el agarre de Robert en su hombro se apretaba.

Con un pesado suspiro, respondió.

—No fue tu culpa.

—……

—No estoy aquí para recibir una disculpa tuya. Yo solo…

La voz de Robert pareció quebrarse un poco.

Traducido por: Valiz

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