La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 150
¿Qué demonios?
Yves vaciló en acercarse a Radis.
La observó mientras ella se levantaba de su asiento y volvía a ponerse la capa que se había quitado por un momento.
Esta vez, sintió como si su corazón se hubiera hundido hasta el suelo.
Al llevar puesta la capa negra, Radis le sonrió levemente.
—Marqués, me alegra que se vea mejor hoy.
Esa sonrisa suya fue como una picadura de abeja en su corazón.
Yves Russell estaba completamente desconcertado.
¿Soy… un idiota? ¡Esto es un insulto tanto para mi ángel oscuro como para mi amor puro! Mi… mi amor… ¿Se ha convertido en una vil obsesión por una capa negra?
Yves Russell casi se desploma en el lugar.
Por fuera, se esforzó desesperadamente en fingir la mayor frialdad posible, pero por dentro, sentía como si todo el cielo se hubiera derrumbado.
En estado de shock, Yves desabrochó la capa de Radis y se la quitó.
—¿…?
Radis lo miró con un semblante sombrío, observando sus acciones en silencio.
—¡Ya no tienes que usar esto!
Sobresaltada, Radis lo miró con el ceño fruncido.
—Bueno, no lo llevaba puesto por usted, ¿Sabe?
—No, lo diré de otra manera. ¡No lo uses nunca más!
Radis se quedó sin palabras.
Señor, ¿Se ha vuelto loco?
Por supuesto, no podía decirlo en voz alta.
Conteniendo la creciente urgencia de golpearlo, Radis habló con el tono más suave que pudo reunir.
—Si lo he ofendido porque usé la ropa de Su Excelencia sin permiso, le pido disculpas. Pero no entiendo… ayer incluso me pidió que la llevara.
Al escuchar su respuesta, desde la nuca hasta la punta de la frente, Yves se puso súbitamente rojo como un tomate.
Para ocultar su vergüenza, arrugó la capa en una bola y la lanzó muy, muy lejos.
—¡Olvídate de eso! Te compraré toda la ropa nueva que quieras, ¡Pero no vuelvas a ponerte esa nunca más!
—……
Radis lo miró con una expresión lastimosa.
Es realmente difícil seguirle el humor al Marqués…
Justo entonces.
—Aléjate de ella.
Una voz helada, tan afilada como una hoja recién afilada, cortó el aire.
Al oírla, Radis giró la cabeza hacia un lado.
Y en el siguiente instante, su mundo entero se volcó.
Era él.
Robert.
Unos ojos grises, semejantes a un cielo tormentoso, estaban fijos en Radis.
Él no le preguntó nada.
Como si ya lo supiera todo sin necesidad de escucharlo de ella, simplemente la miró.
Frente a él, Radis nunca había podido ser honesta.
¿Cuál era la razón detrás de eso?
¿Era porque se esforzaba desesperadamente en mantener las cosas como estaban, aunque él supiera la verdad?
¿Era porque cargaba con la culpa de haberlo engañado a él y a sus demás camaradas durante tanto tiempo?
¿O era, de verdad, solamente por un inútil orgullo?
Yves respondió con un gruñido.
—¿Quién eres tú?
—El invitado que dejaste esperando todo el día.
—¿Así que eres el de la Casa Roderick? ¿Deberías siquiera llamarte invitado cuando viniste sin que te invitaran?
Radis quiso pronunciar el nombre de Robert.
Sin embargo, tal como siempre lo hacía, se tragó la voz.
Él no la reconocería.
Tal vez había malinterpretado que Yves la estaba molestando y, con su caballerosa nobleza, la estaba protegiendo de él.
Con una sonrisa amarga, Robert dijo.
—No he venido a visitarte a ti.
Luego miró a Radis.
—Dee.
Los ojos de Radis se abrieron enormemente.
Miró a Robert con una expresión llena de incredulidad.
Al ver su reacción, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Robert.
Entonces, dijo,
—He venido a verte a ti.
(N/T: Ay, mi corazón ❤️)
───── •????️• ─────
La mentirosa cargaba con un pesado sentimiento de culpa.
En su vida anterior, la culpa de Radis crecía cada día como una bola de nieve.
Si las mentiras que había dicho hubieran sido solo en su propio beneficio, no habría podido soportar el peso de esa culpa. Sin duda habría confesado la verdad mucho antes.
Sin embargo, todas sus mentiras habían sido por la Casa Tilrod, por su familia.
No podía imaginar cuál sería la consecuencia una vez que esa montaña de mentiras saliera a la luz.
Engañó a la orden de caballeros, al escuadrón de subyugación, a los miembros de la Casa Willingham, a la gente de la región sur y a todo el imperio.
Así que tuvo que cargar con esas mentiras hasta el final, soportando el peso de su culpa, que se hacía más pesada cada mañana.
—…le pido inmensas disculpas, capitán.
La primera emoción que la golpeó al reencontrarse con Robert… no fue la alegría de verlo de nuevo, ni tampoco la sorpresa de descubrir que no era la única que había regresado en el tiempo.
Fue esa insoportable montaña de culpa.
Sentado en una lujosa silla en una sala de recepción, el Robert de veinte años la miraba con ojos que se asemejaban a un cielo nublado.
Ante esa mirada, Radis no pudo decir nada.
Tras un largo silencio, Robert abrió los labios para hablar.
—¿De qué te estás disculpando?
Traducido por: Valiz
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