La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 149
Sobresaltado, Marcel respondió.
—Pero dijo que esperaría hasta que lo reciba…
E Yves contestó con un tono sombrío.
—Ayer casi no hice nada de trabajo.
—¡…!
—¿Has procesado todos los informes que entregaron los administradores?
—He… he resuelto como la mitad.
Mirando los documentos de ayer que aún no se habían procesado, y los nuevos que habían llegado esa misma mañana, Yves murmuró.
—Entonces, ¿Debería salir a discutir con ese tipo de la Casa Roderick? Eso me tomaría como medio día…
Marcel se dejó caer en su asiento con una gran sonrisa pegada a los labios.
—No, estoy seguro de que solo ha estado intentando provocar una pelea sucia. ¿Sería necesario que Su Excelencia gastara energía en algo así? Si lo dejamos solo, se cansará de esperar y se irá por sí mismo.
Yves juntó las palmas y habló en un tono claro.
—Marcel, esa parte de ti realmente me gusta.
El asistente le devolvió una brillante sonrisa. Sin embargo, bajo el escritorio, cruzó su dedo índice y medio antes de decir,
—Jajaja, yo también lo aprecio mucho, Su Excelencia.
—Bien, pongámonos a trabajar entonces.
Después de eso, se sumergieron de lleno en las montañas de documentos toda la mañana, y olvidaron por completo la existencia del invitado no deseado de la Casa Roderick.
A la hora del almuerzo, Allen llegó y dejó caer una indirecta.
—El invitado no deseado aún está esperando, señor… —Pero las palabras le entraron por un oído y le salieron por el otro a Yves.
Estaba ocupado masticando la comida en su boca mientras recordaba la conversación que tuvo con los comerciantes ayer.
—Parece que finalmente hay un conflicto entre las sirenas de la Bahía de Plata Blanca.
Era un mensaje velado de Largot.
Esto era exactamente lo que Yves Russell quería.
Algunos de los monstruos podían ser controlados.
Como cabeza de la Casa Russell, cuyo dominio estaba muy cerca del Bosque de Monstruos, Yves Russell lo sabía muy bien.
Mientras más bajo era el nivel de un monstruo, más obsesionado estaba con la sangre humana.
Las sirenas marinas eran una especie superior.
Más que una sed instintiva de sangre humana, tenían deseos más complejos.
Con esa premisa en mente, los humanos serían capaces de controlarlas.
Yves Russell sabía desde hacía tiempo que un pequeño número de comerciantes había estado intentando comunicarse con sirenas.
Había comerciantes con inclinación a hacerlo, así que, como dueño del Puerto Duran, Yves les había dado implícitamente muchos beneficios para que acudieran más a su territorio.
En particular, Largot y Ramsay eran dos de esos comerciantes que lograron tener contacto directo con las sirenas.
Con su fuerte sentido de aventura, superaron sus miedos y pudieron enseñar a las sirenas que podían obtener lo que querían sin necesidad de pelear.
Como resultado, el Puerto Duran logró alcanzar la paz, aunque fuera solo de manera temporal.
Yves Russell les dijo,
—Lo que quiero es paz.
Pero no todas las sirenas querían lo mismo.
Había una larga historia de derramamiento de sangre entre humanos y sirenas, que llevaba ya cientos de años. Las sirenas que habían sido persuadidas con éxito por los comerciantes eran más bien una anomalía entre las de su especie.
Entonces, el distanciamiento era inevitable.
Esto era lo que buscaba Yves Russell.
—La Amonestación de Duran.
Al escuchar lo que Yves Russell añadió al final, Largot y Ramsay entendieron sus verdaderas intenciones y sonrieron con disimulo.
Si hubiera una división entre las sirenas, las violentas tendrían que abandonar el Puerto Duran.
Pero las sirenas no podrían escapar por completo de la Bahía de Plata Blanca, así que el único camino que les quedaría sería hacia el norte.
Entonces, la paz alcanzada por el Puerto Duran quedaría consolidada, mientras que todos los puertos al norte del Río de Plata se volverían más caóticos.
Para ser exactos, esto incluiría el Puerto Ortiz, el puerto más grande de la región noroeste y propiedad del Ducado de Lebeloia.
Finalmente, la economía de la marginada región sur será revitalizada.
Tomando una taza de té después de la comida, Yves Russell despejó su mente.
Sería bueno si pudiera conseguir la cooperación de los demás nobles del sur, pero el mayor inconveniente con la gente poderosa de esta región es que todos tienen traseros pesados y son insoportablemente gruñones. Si quiero obligarlos a moverse…
Mientras daba un paseo por el jardín para mover un poco el cuerpo después de comer, Yves se detuvo en seco.
Radis estaba sentada bajo un quiosco en el jardín.
Parecía ida, simplemente mirando al vacío.
Con solo una mirada a su rostro, todos los pensamientos complejos en su cabeza se desvanecieron.
—¿Por qué está sentada ahí distraída?
Olvidando que él mismo acababa de deambular sin rumbo y con el rostro en blanco hacía un segundo, Yves se rió en secreto de Radis.
Se acercó a ella con pasos largos.
—¡Radis…!
Con su voz sacándola de su ensoñación, Radis lo miró con ojos redondeados.
Aunque se había sobresaltado así, sus ojos se curvaron suavemente en forma de medias lunas.
Y entonces, al ver su sonrisa —pum— Yves sintió que su corazón latía con fuerza.
Traducido por: Valiz
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