La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 146
—¿Marqués?
—……
—¿Se encuentra bien?
—…mierda.
Después de apretarla con fuerza en sus brazos por un largo rato, finalmente Yves la soltó lentamente.
Su rostro estaba rojo, y lo poco que se veía a través de su desordenado flequillo dejaba ver que sus ojos estaban húmedos.
—…perdón.
Como Yves había arrojado el chaleco verde a un lado apresuradamente, su camisa también estaba toda arrugada.
Al ver esto, Radis logró captar la situación a grandes rasgos.
Los efectos secundarios que le traía el chaleco verde parecían bastante graves.
Radis corrigió el cuello desaliñado de su camisa, tratando de no dejar que su mirada se detuviera en su clavícula.
—Estoy bien. Pero Marqués, no creo que deba exigirse tanto.
Sus palabras casi hacen llorar a Yves.
—¡No, puedo hacerlo! Es decir, debo hacerlo. Yo… no quiero fallar.
La mirada de Radis se volvió melancólica al verlo insistir de ese modo, como un niño.
El Marqués daba la impresión de ser un hombre al que ni con una aguja se le sacaría una gota de sangre, pero parecía tener un punto débil.
Y era bastante serio también.
Siendo testigo de sus luchas, Radis se preguntó brevemente cómo había podido soportarlo hasta ahora. Pero al recordar lo que Nicky dijo hace poco, pensó que quizá al final aún necesitaba practicar.
Podrían presentarse diversas situaciones en las que estaría obligado a usar diferentes colores. ¿Acaso sería bueno que se viera forzado a arrancarse la ropa cada vez que tuviera que vestir ropa de color?
Radis preguntó al lloroso Yves.
—¿De verdad tiene que hacer eso?
—……
—Marqués, ¿Puedo ayudarle en algo?
—Nad…
Yves Russell estaba a punto de insistir que no había nada en lo que ella pudiera ayudar, pero vaciló y se interrumpió.
—…nada en lo que piense ahora…
—Aun así dígame lo que sea.
—¿De verdad?
Radis vio cómo la nuez de Adán de Yves subía y bajaba.
—Entonces… por favor, acompáñame a la cena.
—¿Con eso bastará?
—Sí.
Mientras Yves Russell asentía como una oveja dócil, de algún modo le pareció adorable a los ojos de Radis. Sin pensarlo demasiado, ella también asintió a su petición.
—¿Debería cambiarme de ropa?
—¡No! Está bien como está.
Ante las palabras de Yves, Radis bajó la vista hacia su atuendo.
En ese momento, llevaba un traje de equitación y la capa negra de Yves con la capucha puesta.
Se sintió un poco avergonzada.
¿Quiere que asista a la cena así?
De pronto, Yves volvió a hablar.
—¡Espere un segundo!
Regresó a su habitación por un momento. Se puso de nuevo el chaleco verde, y luego volvió, sonriendo como un niño orgulloso.
—Muy bien, ahora estoy listo.
Radis lo miró alternativamente a él y a sí misma, bastante —no, muy— avergonzada.
Yves solo, vestido con su característica ropa negra, ya parecía lo bastante excéntrico.
Sin embargo, ahora que ella estaba a su lado como pareja, además con una capa negra, parecían un archiduque demoníaco y su séquito a punto de reunirse con otros demonios.
Ajeno a sus pensamientos, Yves ahora se sentía más relajado y habló con naturalidad.
—Oh, me siento mucho más cómodo contigo aquí, Radis. Sabes, realmente te pareces mucho a mi primer amor.
Pero viendo que Yves había vuelto a ser su parlanchín habitual, Radis pensó para sí,¿Y qué tiene de malo verme así?
Con una leve sonrisa, Radis repitió sus palabras de antes.
—…no puede enamorarse de mí, ¿De acuerdo?
Al oír esto, Yves Russell soltó una carcajada.
Su sonrisa realmente hacía que todo pareciera estar bien.
Al escuchar la risa de Yves, Radis también rió junto con él.
───── •????️• ─────
Por fortuna, los temores de Radis resultaron ser irrelevantes.
Los propios comerciantes eran tan excéntricos que la capa negra de Radis pasó desapercibida.
Uno de los comerciantes que asistió a la cena se presentó como Largot. Venía de una isla lejana, tenía la piel oscura como el carbón, y llevaba encima tanto oro como accesorios. Además de las joyas que ya lucía, también tenía perforaciones en las cejas, orejas, nariz y labios.
El otro comerciante se presentó como Ramsay, y lo acompañaba un fuerte olor a mar. Su cabello era muy rizado, y encima de él llevaba un sombrero de marinero con forma de cabeza de calamar. Además, vestía un abrigo azul con la figura de un kraken bordada en la espalda.
Ramsay habló.
—No sabe la suerte que siento de haber llegado al puerto de Durán. Nos topamos con un monstruo hostil tras otro allá afuera.
El puerto de Durán era el más grande de la región suroeste del imperio, y estaba bajo la jurisdicción del marquesado Russell.
Con el interés despertado, Radis le preguntó a Ramsay.
—¿También hay muchos monstruos en el océano?
Encantado con su curiosidad, Largot empezó a responder entusiasmado, aunque un poco torpemente, ya que no estaba acostumbrado al idioma imperial.
—Hay muchísimos. Es difícil someter a los monstruos del mar. Hay una parte del Río Plateado que se mezcla con el miasma y fluye de regreso al Mar Negro llamada la Bahía Blanco-Plateada. Es un lugar donde prosperan las plantas acuáticas, y es el dominio de las sirenas donde ellas han construido su palacio.
—Yo he visto una sirena antes.
Ante lo que dijo Radis, los ojos de Yves se abrieron de par en par.
—¿Qué? ¿Cuándo? ¿Viste a un monstruo tan peligroso?
Sin embargo, Radis simplemente ignoró sus regaños y continuó.
—Pero no parecían muy inteligentes. ¿De verdad han construido un palacio para ellas mismas?
Traducido por: Valiz
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