La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 142
La mandíbula de Robert estaba apretada al máximo. Se podía oír claramente el rechinar que salía de él.
—¿…vendida a dónde?
—¡A-Al marquesado! ¡Al marquesado Russell!
Entonces, Irene se cubrió la boca con ambas manos, y su voz bajó hasta un susurro.
—N-No sé qué clase de penurias estará pasando la señora ahora. Por favor, ¡Ayúdela…!
La mirada detrás de los ojos de Robert se ensombreció.
Se inclinó ligeramente para expresar su gratitud hacia Irene.
—Gracias. Te felicito por tu valentía.
—Debe ayudarla, señor…
Ante esto, Robert asintió.
—Definitivamente lo haré. Pondré incluso mi propia vida en juego.
Sus palabras no llevaban más que sinceridad, sin necesidad de añadir ni restar nada.
───── •????️• ─────
—……
Como había decidido visitar a Radis, Yves Russell se encontraba ahora frente a la puerta sin dar aún un paso dentro de la sala de estar.
—Pueden continuar. No se preocupen por mí.
Unas cuantas jóvenes estaban sentadas alrededor de la mesa de la sala. Estaban teniendo una pequeña merienda entre ellas hasta que él llegó, y de inmediato se levantaron de sus asientos.
Avergonzado, Yves Russell repitió apresuradamente,
—No, pueden continuar…
Entonces, Radis habló a las doncellas.
—Ustedes pueden seguir sentadas. Vuelvo en un momento.
Después de ver que se sentaban de nuevo, fue ella quien salió de la sala y cerró la puerta tras de sí.
Yves habló con un tono sombrío.
—Parece que siempre las interrumpo.
—Ah, bueno… ¿No es inevitable siendo usted el jefe?
—Supongo que sí, pero no importa. Más que eso…
Ladeando la mirada hacia Radis, Yves preguntó,
—¿Estás… bien? Ya sabes, cómo te sientes…
El rostro de Radis se sonrojó un poco.
Había pasado apenas unos días desde el arrebato de Margaret, y la gente del marquesado no mencionó el tema con ella ni una sola vez. Se cuidaron de no mencionar ni a ‘Margaret’ ni a la ‘Casa Tilrod’ frente a Radis, como si todos lo hubieran acordado.
Sin embargo, curiosamente, todos caminaban con pies de plomo a su alrededor.
Tal como Yves estaba haciendo ahora.
—Estoy… bien.
—C-Claro. E-Está bien.
Perdido sobre cómo debía actuar, Yves llevó una mano a sus labios y mentón.
De repente, le entregó un sobre grueso.
Al recibirlo, Radis lo volteó y confirmó el nombre del remitente.
—Daniel Sheldon.
Casi preguntó,¿Quién es ese?, pero pronto recordó que ese era el verdadero nombre de Armano.
—¡Maestro…!
Al ver cómo su ánimo se elevaba en ese instante, Yves bufó con brusquedad.
—Como envió una carta a través de mí, el señor Sheldon debe haberse vuelto por fin a la razón.
Radis lo miró ligeramente hacia arriba y le agradeció.
Sin embargo, Yves no se dio la vuelta, incluso después de haber entregado ya la carta.
—¿Qué demonios querrá ese tipo de todos modos?
—¿…?
—¡En serio, por Dios! ¡Aunque se conozcan de hace tiempo! ¡Ahora mismo eres mía! Ahora mismo, mi… ¡Mi vasalla! ¿No es así, Radis? ¿Verdad?
El contenido de la carta de su maestro parecía inquietarlo.
Suspirando, Radis abrió la carta delante de los ojos de Yves.
La mayor parte de la carta contenía simple conversación, pero la parte principal estaba hacia el final.
Mi más adorable y encantadora estudiante.Aquí, les hablé a mis amigos de ti.Cuando supieron que te enseñé esgrima imperial, dijeron que desean comprobar por sí mismos tus habilidades.
Los ojos de Yves se abrieron enormemente.
—¡Mira! ¡Ese tipo realmente aún no ha vuelto en sí! ¡Sabía que pasaría!
Desconcertada, Radis preguntó.
—¿Qué sucede?
—¿Que muestres tus habilidades de esgrima imperial frente a la Orden del Dragón Blanco? ¡Es lo mismo que decir que van a reclutarte!
—¡...!
—¡Eso no pasará jamás!
Pensándolo un momento, Radis habló.
—Espere un minuto, Marqués. Si ingreso en la Orden del Dragón Blanco… ¿No sería eso muy beneficioso para el marquesado?
Pero Yves negó con firmeza con la cabeza.
—¡No!
Luego, con un tono más enérgico y entusiasta, continuó.
—Escucha, Radis. La Orden del Dragón Blanco es la mejor orden caballeresca de todo el Imperio. Claro, podrías decir que ser parte de ella es un honor en cierto modo como caballero. ¡Pero! Si te unes, vas a estar encadenada al Geas.
Era la primera vez que Radis oía eso.
—¿Geas? ¿Qué es eso?
—En pocas palabras, estarás atada por un contrato. Es como un grillete hecho de maná, y puedes obtener más poder al hacer el juramento. Pero si lo violas, hay una gran probabilidad de que pierdas la vida.
Impactada, Radis parpadeó aturdida.
—¿De verdad?
—¡Sí, de verdad! Si te unes a los Dragones Blancos, tendrás que prestar un juramento de lealtad a la Familia Imperial, y el Emperador básicamente tendrá en sus manos tus grilletes y recibirá todas sus órdenes.
Yves negó con la cabeza.
—Si decides unirte a la orden caballeresca, no podrás resistirte a estar atada al Geas. ¡Después de que te pongan ese grillete irracional, el Emperador te arrastrará el resto de tu vida!
—Ajá.
Radis asintió.
—Entiendo, Marqués.
—¿...de verdad entiendes?
—Sí. Lo pensaré adecuadamente.
—¿Adecuadamente? ¡No lo olvides, este asunto te concierne a ti, ¿Entendido?! ¡Piensa en ti misma! ¡Solo tienes que decir que no, jamás! ¡Solo terminarás encadenada por un contrato extraño y obligada a trabajar para un viejo desesperado por librar una guerra!
Pero entonces, Radis se distrajo. Se quedó boquiabierta mirándolo con los ojos muy abiertos.
—Marqués…
Radis señaló su chaleco.
—¿Está usando… verde?
Traducido por: Valiz
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