La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 138
—Entonces pregúnteme lo que quiera, Capitán.
Después de perder una partida de ajedrez, eso fue lo que dijo Radis. En realidad, había tantas cosas que él quería preguntarle.
¿Por qué te uniste al escuadrón de subyugación bajo el nombre de tu hermano menor?
¿Cuánto tiempo piensas hacer esta cosa tan peligrosa?
¿Hay alguien en tu corazón?
…pero cómo podría decir algo de eso.
Era un hijo nacido fuera del matrimonio.
Su padre y sus hermanos eran quienes deseaban desesperadamente que desapareciera del mundo.
No tenía a dónde ir excepto permanecer como miembro del escuadrón de subyugación.
Robert tomó una decisión.
Conseguiré un sello. Después de eso, le propondré matrimonio.
Pensaba que podría pararse con más confianza frente a Radis si recibía el sello de caballero mago.
Cuando reveló que estaba a punto de recibir uno, Radis se alegró de todo corazón, como si el honor que él había conseguido fuera suyo.
—¡Capitán, no se preocupe por nada aquí!
Robert acarició la cabeza de Radis y respondió,
—Confío en ti, Dee. Eres la única persona en la que puedo contar. Dejaré el escuadrón en tus manos. Y…
En un futuro cercano, sería un hecho cierto que su honor sería completamente de ella.
Robert sintió su corazón palpitar con fuerza al pensar en recibir su sello y luego arrodillarse frente a ella.
Mientras el escuadrón celebraba alrededor de ellos, susurró en su oído.
—Hay algo que quiero decirte.
Radis respondió valientemente.
—Por favor, adelante, Capitán.
Sus palabras hicieron que el corazón de Robert latiera tan fuerte que parecía querer escapar de su jaula.
—No… después de que regrese.
Después de que fuera lo suficientemente digno para pararse frente a ella.
—Te lo diré cuando vuelva.
Le confesaría.
Radis asintió y sonrió.
…esa fue la última vez que la vio.
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Después de escuchar la tragedia ocurrida en Monsterwood, David revisó de inmediato la lista de sobrevivientes y luego se dirigió a la residencia Tilrod.
—¡C-Capitán…!
Era David, apareciendo ante Robert con gran agitación.
—Eh, sobreviví. Qué alivio, ¿No?
Robert no era un tonto.
Hacía mucho que había descubierto cuál era el secreto de la Casa Tilrod. Cuando David dijo esto frente a él, estuvo a punto de romperle el cuello en ese mismo instante.
Si David no se pareciera tanto a ella, realmente lo habría hecho.
Robert dejó una profunda marca de su mano en el cuello de David y gruñó.
—¿Dónde está la verdadera?
Pensando que su cuello realmente sería roto en ese momento, David confesó de inmediato la verdad.
Pero fue en vano.
Ella yacía en el osario, ya fría.
Ahora que estaba sin su armadura y casco, todas las huellas del miasma que había estado ocultando desesperadamente permanecían intactas en su cadáver.
En el momento en que la encontró, lo invadió un impulso aplastante de buscar a cada miembro de la familia Tilrod, despedazarlos vivos y matarlos.
Pero no podía hacerlo.
Eran los miembros de la familia por quienes ella había sacrificado su vida hasta llegar a ese punto.
No tuvo más remedio que salir de la residencia Tilrod sin hacer absolutamente nada.
───── •????️• ─────
Después de perderlo todo, lo único que llenó el vacío en su corazón fue el remordimiento.
¿Por qué no lo supo antes?
¿Acaso ya lo sabía pero se convenció de lo contrario?
¿Por qué la dejó atrás?
Incluso mientras dormía profundamente, esas preguntas aparecían sin cesar en su mente docenas de veces cada noche.
No importaba cuánto intentara golpearse la cabeza contra una roca, su resentimiento hacia sí mismo no desaparecía.
Era como un hombre de pie bajo la lluvia sin paraguas, día tras día, empapado por completo en arrepentimiento.
Lo sorprendente era que no estaba solo en esta lucha por respirar en medio de ese pantano de desesperación.
El mundo que la había perdido sufría tanto como él mientras descendía por el camino de la destrucción.
Más bien, pensaba que era una fortuna.
No habría podido soportarlo si, sin ella, el cielo siguiera siendo azul, si el aire siguiera fresco, si las estaciones aún cambiaran.
Pero estar en la oscuridad no hacía diferencia con el dolor y el arrepentimiento que sentía.
No debí haberme ido.
Si pudiera retroceder en el tiempo, juraba no dejarla jamás.
¿Por qué lo ocultaste?
Si hubiera sabido del miasma que la atormentaba, podría haberla ayudado.
Si lo hubiera sabido, no habría muerto sintiendo un dolor tan grande.
Pero esos arrepentimientos eran demasiado tardíos, incluso si los reflexionara miles y miles de veces.
Ya no me queda nada.
Era dolorosamente consciente de su propia necedad.
Era un tonto irremediable que se dio cuenta de lo valiosa que era solo después de perderla.
Así que, cuando la muerte llegó a él, la recibió con los brazos abiertos.
Traducido por: Valiz
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