La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 132
Entonces, el Príncipe dijo:
—El fuego puede quemar, matar y arrebatarlo todo. Pero, al mismo tiempo, puedes hornear pan, fundir hierro para hacer armas y dar calor a cuerpos congelados. ¿Acaso no puedes también ser alguien que crea, salva y da vida a todo?
Las palabras del Príncipe conmovieron el corazón de la muchacha.
Así, la joven quemó las espinas y siguió al Príncipe, tomándole de la mano.
La chica aprendió del Príncipe a hacer pan de cebada, a forjar armas fundiendo hierro y a dar calor a los cuerpos helados.
Ofreció el pan de cebada y las armas al Príncipe, y también le dio calor al Príncipe.
Y la joven se enamoró de él.
Sin embargo, el Príncipe no pudo aceptar el amor de la muchacha.
Esto era porque ya tenía una Princesa amada, incluso antes de cruzar las montañas y los ríos para conocer a la joven.
El caballero dijo:
—No ames a Su Alteza, querida niña. Si lo haces, quedarás atrapada para siempre en esa espesura de espinas.
El sacerdote dijo:
—Querida niña, deberías hacer pan de cebada, crear armas y dar calor a más personas. Para eso son tus manos.
Pero la joven lloró:
—Debo dar amor a todos en el mundo, ¿Pero por qué yo no soy amada por nadie?
El sacerdote respondió:
—Ya has recibido todo el amor de Dios. Tus manos son prueba suficiente, ¿Acaso no lo sientes?
La joven volvió a llorar:
—Estas dos manos no son fruto del amor de Dios. ¡Son una maldición! Por culpa de estas manos, mi madre y mi padre me ataron en una espesura de espinas y me encerraron. Cuando levantaba la cabeza, la gente venía a escupirme tanto que parecía lluvia. Cuando bajaba la cabeza, me abofeteaban una y otra vez. ¿Acaso todo eso también era el amor de Dios y la voluntad de Dios?
El sacerdote respondió:
—Por haber insultado a Dios, ahora serás castigada.
De debajo de los pies de la muchacha brotaron lianas negras llenas de espinas que apretaron todo su cuerpo.
El caballero se arrodilló frente a la joven y lloró:
—¿No te has dado cuenta del amor que he albergado por ti todo este tiempo?
Cuando el caballero tocó las espinas, estas dejaron de aplastar a la joven.
El caballero cerró los ojos de la muchacha con su mano.
Y la joven olvidó todo el dolor y cayó en un sueño largo, muy largo.
Como la chica se había vuelto tan dura como piedra, el Príncipe la cargó y cruzó nuevamente las montañas y los ríos hasta regresar a su propio Reino.
Mostró a la joven a la Princesa y dijo:
—Mi hermosa Princesa, esta es la Bruja.
Al recibir este precioso regalo, la Princesa se sintió muy feliz.
La Princesa se preocupó mucho por ocultar a la muchacha en la mazmorra subterránea de una torre donde la luz no brillaba.
La joven, que se había convertido en piedra, seguía en el sótano.
Esperando el día en que pudiera despertar una vez más.
───── •????️• ─────
Berry sollozó y soltó un grito.
—¡Siento tanta lástima por la muchacha!
Melody dio unas palmaditas en el hombro de Berry.
—Es una historia de miedo, pero también es triste.
Nicky se veía un poco desconcertada.
—Claro que es triste, ¿Pero no da miedo?
Ante las palabras de Nicky, Radis se quedó perpleja.
—Eh, ¿E-es así?
Entonces, April levantó una vela y la colocó frente a ella.
—Déjenme contarles también una historia.
Los ojos de las jóvenes se volvieron hacia April.
Ella comenzó el relato con voz baja, tan suave como el murmullo del viento afuera de la ventana.
—Esto ocurrió hace apenas unos días, en esta misma habitación.
Esas palabras hicieron que la temperatura en la sala bajara de golpe, helando los cuerpos de las jóvenes.
April continuó en un susurro.
—Era pasada la medianoche, justo como ahora. Esa noche no podía dormir y me dirigía a la cocina a buscar un vaso de agua. Como saben, tengo que pasar frente a esta habitación para llegar. Fue entonces.
Ya aterrada, los dientes de Berry empezaron a castañetear.
Pero April continuó con su relato.
—Escuché algo en esta habitación que hacía, ta-dak, ta-dak…
April golpeó el suelo con las manos, haciendo un pequeño sonido parecido.
Aunque sabían que era solo su voz, las asustadas doncellas se estremecieron.
—Por supuesto, pensé que había oído mal. Todas las doncellas estaban dormidas y la señorita Radis se había ido a la capital. Esta habitación debía estar vacía.
Entonces, la voz de April se volvió más baja.
—Con dudas, acerqué mi oído a la puerta…
En ese momento.
De repente, en medio de la oscuridad, algo retumbó con fuerza.
Nadie supo quién fue la primera, pero al final estallaron los gritos.
—¡KYAAAAAAH!
—¡WAAAAAAAH!
—¡UN FANTASMA!
Radis no temía a los fantasmas.
Eran monstruos insignificantes, de bajo nivel, que podían ahuyentarse solo con la luz de una antorcha.
Sin embargo, cuando volvió en sí, ya estaba aferrada a la cintura del enlutado Yves Russell mientras gritaba:
—¡Marqués, MARQUÉS! ¡Hay un fantasma, un fantasma!
Apenas entendiendo la situación, Yves Russell no pudo hacer otra cosa que quedarse allí, atónito.
Traducido por: Valiz
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