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La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 129


Yves sacudió la cabeza como un perro y dejó escapar un suspiro molesto.

—Si ella vino, entonces habría dicho algo, ¿No? Así que supongo que no vino.

Bueno, incluso si Radis hubiera venido aquí, él habría estado dormido a esa hora. Pero de todas formas, seguía culpando a Radis.

Mirando la luz que se filtraba a través de las cortinas, Yves calculó la hora.

La cantidad de luz afuera le decía que quizá apenas estaba amaneciendo.

Sería una pérdida de tiempo levantarse ahora.

—Ugh… hiic…

Aun así, Yves se arrastró fuera de la cama, reprimiendo las lágrimas.

Si tuviera que comparar resistir la tentación de una mujer hermosa con levantarse de la cama cuando las sábanas estaban tan cálidas… definitivamente diría que lo último era, por mucho, mucho más doloroso. Pero no tenía opción.

Golpeado por el aire frío del invierno, se puso su gruesa bata y salió de su dormitorio, encogiendo los hombros hasta abajo.

A esa hora usualmente todo estaba en silencio en la mansión, pero extrañamente ahora había movimiento.

Las velas estaban encendidas por todas partes y todos los sirvientes se movían en perfecto orden.

Desconcertado, Yves bajó las escaleras por ahora.

Vio a varias doncellas, incluida Lina, formadas cerca de la puerta principal. Parecía que estaban despidiendo a alguien.

Yves se acercó a Lina y preguntó.

—Oye, ¿Ahora es de noche?

La simple pregunta hizo que Lina diera un salto, como si hubiera visto un fantasma.

—Oh cielos, oh cielos. ¡Milord! ¿Por qué está aquí?

—¿Me preguntas a mí…? Pero si esta es mi casa…

—Usted dijo que descansaría unos días, ¿Verdad, señor?

—S-Sí, bueno…

—¡Pero por Dios, mírese! Milord, si va a quedarse aquí, ¡Por favor apresúrese a cambiarse de ropa primero!

—¿Ropa? ¿Por qué?

—¡Porque tenemos un invitado! ¡Y está a punto de salir ahora!

—¿Invitado? ¿Qué invitado? ¿Radis?

Entonces, una voz suave se escuchó desde las escaleras.

—Ella está durmiendo ahora. La llevé a su habitación.

Sin que lo notaran, Olivier, ya vestido, descendía las escaleras con languidez.

En su absoluta confusión, la boca de Yves se abrió de par en par.

¿El Tercer Príncipe? ¿Por qué el Tercer Príncipe está bajando de ahí? ¿Y qué dijo? ¿Llevó a quién a su habitación? ¿Quéee? ¿Qué? ¿Qué? No puede ser, ¿Significa eso que ha estado con ella hasta ahora? ¿Con R-R-R-Radis?

Había tantas cosas que quería señalar en ese momento.

Sin embargo, al ver el rostro de Olivier, Yves no tuvo más remedio que guardar silencio.

Olivier no solo estaba vestido con ropa formal, sino que también su porte había vuelto a ser la máscara perfecta que mostraba a los demás hasta ahora, la máscara del Tercer Príncipe del Imperio.

Cuando Olivier terminó de bajar las escaleras y se plantó frente a Yves Russell, ya no quedaba rastro de la sonrisa tierna de ayer, ni de la expresión brillante, ni de los ojos llenos de tristeza.

Ahora no había sonrisa, su expresión parecía sombría, y sus ojos no revelaban nada, como si fueran gemas. Después de mirar fijamente a Yves Russell, Olivier abrió los labios para hablar.

—Debe de haber algo que usted desea.

Al oír esto, Yves sintió que sus emociones hirvientes se enfriaban de inmediato.

Cierto.

Tenía un plan.

¿No era ese el plan desde el principio?

Un plan ruin para usar a Radis y así acercarse a Olivier.

Hablando con franqueza, lo que hacía en ese momento era aprovecharse del corazón de una joven que estaba en una mala situación. Sin embargo, aun así lo hacía porque había algo que deseaba lograr.

Una sonrisa sardónica lentamente apareció en los labios de Yves Russell.

—Su Alteza, no hay nada que desee tener. Todo lo que ruego es por el bienestar de nuestro hermoso Imperio y de la Familia Imperial.

Luego, Yves Russell bajó la voz y susurró.

—Y mientras milealtad ‘especial’hacia Su Alteza sea reconocida, ¿Qué más podría querer?

Olivier miró a Yves Russell con ojos inexpresivos.

Sabía que Yves Russell esperaba recuperar la dignidad de Duque que la Casa Russell había tenido antes.

Era muy probable que se acercara a Olivier por esa misma razón.

Y justamente por eso Olivier no podía confiar aún más en Yves Russell.

Si realmente quisiera ser restituido como Duque, lo único que debía hacer era acercarse a Charles, el primer Príncipe.

Pero ahí estaba, tratando tan descaradamente de ganarse el favor de Olivier.

Como si supiera cuál era el objetivo de Olivier.

¿Qué sabe esta persona y hasta dónde ha averiguado?

Olivier era originalmente el tipo de hombre que no permitía este tipo de acercamientos.

Cualquiera que caminara por un camino ancho tenía muchas opciones disponibles.

Podría unir fuerzas con muchas personas, planear juntos con anticipación, atraer más aliados y avanzar sin tropiezos.

Sin embargo, desde el momento en que nació, él había estado en un único y estrecho sendero.

Detenerse significaba la muerte para él. No podía bajar la guardia ni un instante.

Incluso una simple pluma cayendo sobre su hombro podía resultarle fatal.

Había vivido veinte años sin siquiera respirar.

Excepto ayer.

Así que… no podía rechazar la mano de Yves Russell.

Olivier finalmente respondió.

—Marqués Russell.

—Sí, Su Alteza.

—Hay algo que usted no sabe sobre mí.

Olivier dio un paso más cerca de Yves.

A su vez, Yves aguzó el oído como si no pudiera perderse ni una sola palabra.

Los exquisitos labios de Olivier se movieron.

—Detesto el color negro.

—¿…?

—La simple vista de ropas negras que parecen luto me repugna. Para ser más preciso, quizá es un sentimiento más cercano a la aversión.

—¡…!

Traducido por: Valiz

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