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La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 128


Apoyó la cabeza contra el apoyabrazos del sofá junto a él mientras estaba sentado en el suelo, y luego continuó murmurando con una voz relajada.

—Así que… cuando te vi, lo supe de inmediato. Eres como yo, estás sufriendo… No nos conocíamos entonces, pero lo supe. Así que… me invadió el deseo de verte sonreír.

Radis no pudo responder.

Si su dolor pudiera compararse con una herida, entonces habría estado cubierta por una costra gruesa y endurecida.

¿Reconoció él ese dolor que ella había escondido tan profundamente que ni siquiera sabía que aún existía?

Radis lo miró con una sensación extraña.

Quizás el té de lavanda estaba haciendo efecto, o quizás era porque ahora él se veía relajado, pero Olivier parecía que podía quedarse dormido en cualquier momento.

Radis tomó la manta del sofá y la envolvió alrededor de sus hombros.

Cuando su toque lo alcanzó, Olivier sonrió levemente y cerró los ojos, como un gato de buen humor.

Cuando cerró los ojos, Radis pensó que era un alivio.

Tantas cosas habían sucedido durante ese día.

Cuando lideró el escuadrón de sometimiento y cazó monstruos, tuvo que lidiar con muchas cosas mientras se mantenía en movimiento constantemente.

En esos casos, su cuerpo se cansaba, pero su mente se volvía más aguda.

Ahora, sin embargo, era la primera vez que se veía atrapada en semejante huracán de emociones.

Su cabeza se sentía saturada.

Todo lo que había pasado ese día se sentía como un sueño lejano.

Ah, basta. Basta por hoy.

Radis decidió dejar de pensar.

En su lugar, miró distraídamente a Olivier, que poco a poco se quedaba dormido.

Lindo.

A pesar de sentir que estaba perdiendo la cabeza con todo el caos que pasaba por ella, parecía que solo pensamientos tontos lograban atravesar la barrera ahora.

Radis sonrió con ironía.

Aun así, Olivier adormecido realmente era lindo.

Era una figura principesca y madura cuando tenía los ojos abiertos, pero ahora que estaban cerrados, ahora que dormía, su rostro parecía el de un niño.

Pensamientos dispersos comenzaron a llenar su cabeza.

Todos son lindos cuando duermen. Ese testarudo de Thierry y ese tonto de Laszlo tenían caras insoportables mientras estaban despiertos, pero cuando por fin estaban roncando, también parecían algo lindos… ah, extraño a esos bribones…

Radis también se cubrió los hombros con una manta.

Se recostó, apoyándose contra el otro apoyabrazos del sofá. Aún miraba el rostro dormido de Olivier.

Cierto, durante ese día… no era la única que sufría.

La noche en que estuvo sola durante ese banquete tan lujoso, como si fuera una payasa portadora de peste con la que nadie quería tener contacto, la marginada de su propia familia.

De hecho, si realmente hubiera muerto al final de su vida anterior, finalmente habría encontrado descanso eterno. Como si algún ser trascendental la hubiera engañado, forzándola contra su voluntad a regresar a la misma vida… Todo era demasiado cruel.

No quería pasar por el mismo dolor otra vez. Así que decidió de una vez por todas luchar y vivir una vida para sí misma, de alguna manera.

Pero entonces le pusieron ese vestido ridículo, y fue objeto de las miradas implacables de todos esos extraños. No había forma de que no estuviera sufriendo.

Cuando Margaret le dijo a Radis que debía conocer su lugar, fue como si le clavaran una lezna, cortando profundo en su carne. Y cuando Margaret procedió a dejarla atrás con ese despreciable Huber, fue como si le echaran sal a una herida ya terrible.

Mientras tanto, tuvo que soportar.

Sus rodillas se doblaron, y por una razón u otra, no tuvo la fuerza para volver a levantarse.

Pero entonces, él le tendió la mano.

Y le hizo posible levantarse una vez más.

───── •????️• ─────

—Kuu-hrmph.

Yves Russel abrió los ojos. Miró fijamente a su lado en la cama, y vio que había cáscaras de naranja esparcidas por todas partes.

—Ah, me quedé dormido comiendo naranjas anoche…

Siempre que venía a la capital, tendía a encerrarse en su habitación durante días enteros, sin hacer nada más que comer y dormir como si fuera un oso en hibernación.

Simplemente no podía entender a quienes pensaban que salir de viaje, asistir a un banquete lujoso o pasarse la noche apostando era algo relajante.

Para él, eso no era más que una extensión del trabajo.

Era el tipo de hombre que pensaba que el descanso definitivo del trabajo consistía en revolcarse en la cama así.

Sin embargo, eso era imposible de hacer en la residencia del Marquesado Russell en Loire. Había mucho trabajo por hacer, y muchos vasallos observaban cada uno de sus movimientos. Allí no podía librarse de su inquietud.

Para él, la casa de Dvirath era un oasis lejos de toda esa carga.

Rina también lo entendía, así que se aseguraba de consentirlo porque sabía lo mucho que significaba el descanso para él.

Yves sacó una mano del edredón y tocó una cáscara de naranja que estaba pegada a su almohada.

Tenía sed.

Cuando giró la cabeza para mirar alrededor, vio que una jarra de agua nueva había sido colocada con cuidado al alcance de su mano en la mesa de noche.

Yves levantó solo la parte superior de su cuerpo fuera de las sábanas, y se sirvió un vaso de agua.

Normalmente, se habría quedado en la cama durante días y días. Sin embargo…

Radis.

Traducido por: Valiz

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