La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 124
Radis sabía que debía estar agitado.
Sin embargo, la máscara de Olivier permanecía intacta.
Las comisuras de sus labios estaban ligeramente levantadas, mostrando una leve sonrisa, luego tomó la mano de Radis y la devolvió a su regazo.
Tras un momento de silencio, el carruaje se detuvo al llegar a la casa urbana.
Mirando a Olivier, Radis dijo,
—Su Alteza, por favor entre. Tome una taza de té.
—¿Está bien?
—Por supuesto.
Radis llevó a Olivier a una pequeña sala con chimenea.
Después de avivar el fuego y añadir más leña, trajo una gran taza de té de hierbas caliente y se la dio a Olivier.
Puede que estuviera tratando al Príncipe Imperial como si fuera un niño pequeño, pero no podía evitarlo.
Olivier había vuelto a su habitual máscara de hielo. Pero ella sabía que, bajo esa fachada, su rostro real no tendría la misma expresión contenida.
Al cabo de un rato, un caballero se acercó a Olivier.
—Su Alteza, hemos capturado al asesino.
—¿Está muerto?
—…lo siento. No pudimos evitar que se quitara la vida.
Olivier cerró los ojos.
—Sí, habría sido difícil evitarlo. Está bien. Ya han visto sangre una vez, así que habrá algo de paz por un tiempo.
Después de que el caballero se retiró, Olivier miró las llamas en la chimenea, con el agotamiento evidente en los ojos.
Su perfil parecía una máscara de porcelana.
Radis preguntó.
—¿Este es el final? Esa persona intentó asesinar a un miembro de la Familia Imperial, ¿Y todo termina con que el asesino se quita la vida?
—Sí.
—¿Cómo puede ser? ¡Debemos encontrar a la persona que contrató a ese asesino en primer lugar!
Olivier giró la cabeza lentamente.
Aun así, su rostro seguía siendo una máscara.
—Ya sé quién es.
—¿Qué?
—Sé quién quiere matarme. Por eso, no se puede ir tras esa persona.
—¡…!
¿Ya lo sabe, pero no puede condenarlo?
¿Por qué?
Pero en el fondo de su mente, Radis ya sabía la respuesta.
¿Alguien de la Familia Imperial… pero, de su propia familia? ¿Uno de sus familiares está intentando matarlo?
Radis mantuvo los labios cerrados.
Era algo de lo que no podía atreverse a hablar abiertamente.
Durante un rato, ambos guardaron silencio.
En esa sala solo se oía el chisporroteo del fuego.
Maestro…
Radis recordó de pronto a Armano.
Hubo días en los que sufría a manos de Margaret, y hubo días en los que era absolutamente doloroso estar sola.
En esos momentos, Radis se lavaba la cara con agua fría y se dirigía a ver a Armano.
Armano residía en el desván del ala de sirvientes de la mansión Tilrod, y a diferencia de un espadachín común, su cuarto estaba lleno de papel, libros y tinta.
Tenía la afición de escribir, y siempre que tenía algo de tiempo a solas, se le podía encontrar escribiendo.
Pero cada vez que Radis iba a su habitación, Armano dejaba la pluma y recibía a su joven discípula con los brazos abiertos.
Vaya, ha llegado mi estudiante más adorable y encantadora.
Suele tener un poco de té caliente en una gran taza de madera preparado para ella, y le daba el asiento más cálido del cuarto. Luego, le decía con voz suave,
¿Qué historia debería contarle a mi linda estudiante? Cierto. ¿Te cuento sobre el espacio subterráneo secreto que se oculta bajo el Palacio Imperial?
En aquel entonces, Radis pensaba que la mayoría de lo que Armano decía no era más que historias moderadamente inventadas, pero esas historias eran lo mejor para sacarla del pantano profundo de desesperación en el que se sentía sumida.
Ya decidida, Radis abrió los labios para hablar.
—Su Alteza.
Al oírla llamarlo, Olivier alzó la mirada.
—¿Sabe? En el Imperio…
Pero cuando Radis empezó así, se dio cuenta de su error.
Qué tonto sería contar una historia de fantasmas sobre el Palacio Imperial a alguien que vive allí y, para colmo, es el tercer Príncipe del Imperio.
Radis rectificó de inmediato.
—¿...sabe que esta misma casa urbana tiene algo extraño dentro?
—¿Eh?
El primer día que Radis llegó a la casa urbana, Yves le mostró el lugar y le contó la misma historia.
—En el sótano, debajo de nosotros, hay… ¡Una momia!
Radis observó con expectación el rostro de Olivier.
Esperando que hubiera una gran reacción.
Pero, contrariamente a sus expectativas, Olivier parecía confundido. No parecía entender lo que acababa de decir.
Con el ceño ligeramente fruncido, preguntó.
—¿Una momia…?
—¡Sí! El Marqués intentó varias veces deshacerse de ella, pero la señora Mariel siempre lo detenía. Parece que es el cuerpo momificado de un antepasado suyo.
Ante eso, la expresión de Olivier se volvió aún más perpleja.
—¿Un antepasado de la Casa Russell…? ¿Dices que lo están guardando en el sótano de esta casa urbana sin enterrarlo?
—Eso parece. Quería ir a verlo al menos una vez, pero el Marqués dijo que no quería ir bajo ninguna circunstancia. Pero Lord Olivier, ¿Quiere ir conmigo?
Contemplándolo por un momento, Olivier finalmente asintió.
—Si quieres que te acompañe, lo haré.
Traducido por: Valiz
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