La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 123
Después de escuchar lo que ella dijo, Olivier soltó una carcajada, pero pronto colocó una gran rebanada de pan en la mano de Radis.
Al captar el aroma del pan, los cisnes se acercaron a ella dando pasos torpes.
Radis se agachó sin dudar y les extendió la mano, exclamando:
—¡Sus picos hacen cosquillas!
Olivier sonrió mientras observaba a Radis entusiasmada, rodeada felizmente de cisnes.
Un viento que arrastraba el profundo aroma del invierno sopló.
El viento también llevaba consigo las risas de los niños que corrían a lo largo del río, de buen humor tras recibir monedas de plata.
Ah…
Mientras Radis reía libremente, un pensamiento vino de pronto a su mente.
Yo… estoy feliz ahora mismo.
Ya fuera su pasado desafortunado, su futuro incierto o su secreto a regañadientes, en ese preciso momento, la felicidad que sentía en el presente bastaba para olvidarlo todo.
Radis se incorporó lentamente. Y miró a Olivier.
Olivier también la estaba mirando.
Su rostro estaba rojo, y su mirada era infinitamente cálida.
Al ver la sonrisa en sus labios, sintió cómo los latidos de su corazón se hacían más fuertes.
Los labios de Olivier se abrieron, y llamó su nombre.
—Radis…
Había un temblor en su voz.
El breve silencio que siguió se sintió eterno, como si hubiese pasado una eternidad.
Radis quería saberlo.
¿Qué palabras seguirían a la eternidad?
Así que dio un paso al frente y se colocó justo frente a él.
Pero justo entonces…
Algo voló directamente hacia ellos.
—¡…!
Sin tener tiempo de averiguar qué era, Radis lo desvió de inmediato.
Inconscientemente, reunió su maná y —¡Clang!— un sonido metálico resonó.
El rostro de Olivier palideció al instante.
—¡Radis!
Se desató un alboroto.
Cinco caballeros que estaban apostados cerca se dispersaron.
Dos de ellos corrieron tras el atacante, y los demás se dirigieron hacia Radis y Olivier.
—¡Su Alteza! ¿Está bien?
—Estoy bien.
Aún con el rostro pálido, Olivier tomó la mano de Radis e inspeccionó su estado.
Sin embargo, por encima de su preocupación, la mano de Radis estaba perfectamente bien.
—Yo también estoy bien.
Radis retiró su mano y recogió lo que había desviado.
Era una daga afilada.
Había una posibilidad de que estuviera envenenada, considerando el brillo que tenía alrededor de la hoja.
—¡Su Alteza, aquí está!
Olivier hizo una mueca y tomó la daga.
Y se la entregó de inmediato al caballero.
Sin embargo, parecía que el caballero aún no comprendía la importancia del objeto.
El caballero arrojó la daga dentro de una bolsa abultada, que claramente ya contenía una variedad de otros artículos.
Impactada al ver esto, Radis habló con urgencia.
—No tiene características especiales notables, pero ese objeto es una prueba importante, Su Alteza.
—Radis, es peligroso aquí. Volvamos al carruaje primero.
—Ah, ¡Sí!
Radis miró a su alrededor, con los ojos bien abiertos por temor a que otra arma fuera lanzada contra ellos.
Olivier la instó a subir al carruaje, siguiéndola de cerca como si la estuviera protegiendo. Una vez dentro del carruaje, ya a salvo, soltó un suspiro pesado.
—Eso pudo haber sido un desastre.
—Su Alteza, ese era un asesino, ¿Verdad?
—¿Estás herida?
—Estoy bien.
Olivier volvió a examinar sus manos y brazos, tocándolos con cuidado. Luego, como si se sintiera aliviado por las palabras de Radis, dejó escapar otro suspiro.
—Qué alivio. Tuviste suerte. Por favor, no vuelvas a hacer eso.
—¿A qué se refiere, Su Alteza? Si vuelve a pasar, por supuesto que haré lo mismo.
—No, no puedes. ¡No debes!
Su reacción fue inesperadamente fuerte, y ante esto, los ojos de Radis se abrieron de par en par.
Algo no estaba bien.
A pesar de ser el tercer Príncipe del Imperio, le decía que no debía protegerlo. Además, no parecía sorprendido por el intento de asesinato que acababa de ocurrir.
Y Olivier estaba más preocupado por el bienestar de Radis que por el suyo propio. Eso era, por encima de todo, lo más extraño.
Olivier explicó brevemente.
—Esto pasa todo el tiempo. Estoy acostumbrado, pero por favor, no intentes detenerlo tú sola. Podrías salir herida.
—¿Todo el tiempo…?
Radis agarró inconscientemente el brazo de Olivier.
—¿Esto pasa todo el tiempo?
Cuando Radis preguntó, los labios de Olivier se volvieron una línea recta.
Como si fuera una estatua de yeso obligada a endurecerse.
Habló con un ritmo rápido, como si estuviera entregando un informe.
—No todo el tiempo… mis caballeros de escolta siempre están alertas, así que normalmente detienen a cualquier asesino antes de que puedan intentarlo. Hoy salí del Palacio Imperial, y ellos hicieron un gran esfuerzo en poner medidas preventivas por si ocurría otro intento de asesinato.
—Su Alteza.
—Pero no pensé que tú podrías estar en peligro. Todo es culpa mía.
—Lord Olivier.
Radis lo llamó firmemente por su nombre.
Y habló despacio, sin apartar la mirada de la suya.
—Estoy bien. Esto no es culpa suya, Lord Olivier.
Incluso considerando estas circunstancias, sus ojos violetas parecían verdaderamente inquebrantables.
Pero no me lo parece.
Traducido por: Valiz
◈❖◈
Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas]
Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas]
Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas]
Comentarios