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La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 120


—No es así, Su Alteza…

Viendo su perfil tan compungido, Radis habló sin pensarlo.

—Yo también me estoy divirtiendo. De verdad.

Ante esto, Olivier sonrió ampliamente.

—¿De verdad?

Por un momento, dos soles brillaron en Dvirath.

Momentáneamente deslumbrada por él, Radis asintió con la cabeza muchas veces.

—¡P-Por supuesto…!

—Entonces… ¿Estaría bien si te quedas conmigo un poco más?

—¡P-Por supuesto!

Radis sabía muy bien que, si se quedaba más tiempo con él, su corazón se encogería como una ciruela seca, pero no tenía elección.

Renunció a proteger su corazón y, en su lugar, siguió a Olivier mientras él se levantaba de su asiento.

Marqués, por favor sálvame…

Por dentro, llamó al Marqués, pero sacudió la cabeza de inmediato.

Es obvio cómo reaccionaría.

¡Bien hecho, Radis!

Podía imaginar vívidamente cómo Yves le gritaría eso con alegría, levantando ambos pulgares con entusiasmo.

Sin darse cuenta, Radis dejó escapar una breve risa.

───── •????️• ─────

El restaurante estaba conectado al Camino Dorado, así que naturalmente, caminaron por la bien decorada avenida como si estuviera predestinado.

La luz cálida del sol se filtraba a través de las ramas de los altos árboles que bordeaban la acera.

Las personas en la avenida sonreían rebosantes de felicidad.

Había niños con cajas de regalo en las manos, corriendo de tienda en tienda, y sus familiares los observaban con una expresión encantada.

Sin mencionar a las parejas que elegían regalos el uno para el otro.

Como todos estaban ahí por placer, parecía que todos en esa avenida eran felices.

—Haa…

Bueno, todos excepto una persona.

Radis.

Para ella, ese lugar no era exactamente desagradable.

La avenida era un sitio extraño donde uno podía usar el dinero para comprar la felicidad.

Los empleados también eran muy amables.

Disfrutar de esa cálida hospitalidad y ver objetos raros era un tipo de ocio que nunca había conocido.

Aunque había un problema.

Ese hermoso Príncipe a su lado… seguía comprando todo lo que ella miraba.

Mirando impotente a los sirvientes imperiales que cargaban cinco cajas salidas de una sola boutique de sombreros y las subían al carruaje, Radis habló.

—Lord Olivier.

—¿Sí?

—¡Solo estaba mirando! ¡Si sigue comprando todo lo que miro, ¿Qué se supone que debo hacer?!

Sin embargo, la desesperada pregunta de Radis hizo que las cejas de Olivier se bajaran.

Solo se le cayeron las cejas, pero de repente parecía tan miserable como un cachorro que había sido regañado por su madre y luego dejado solo bajo la lluvia.

—Pero son cosas que tu mirada ha tocado. ¿Cómo podría dejarlas…?

—¿Eh?

Radis estaba desconcertada.

¿Existía alguna regla en esa parte de la ciudad que dijera que uno debía comprar todo lo que mirara?

Olivier dio un paso más hacia Radis, quien había decidido no mirar nada más a partir de ahora.

—Radis, ¿Te han molestado mis acciones?

—¡No, Su Alteza! ¡No estoy enojada…!

Radis miró el carruaje, desconcertada.

Incluso antes de añadir esas cinco cajas de sombreros, el carruaje ya había alcanzado su límite.

Tres enormes cajas de música, dos juegos de platos, tres juegos de tazas de té, diez cajas de chocolates e incluso una cama para mascotas.

¡Ni siquiera tenía una mascota ni pensaba adoptar una!

Con este ritmo, va a haber un agujero en las finanzas de la Familia Imperial.

Radis habló con firmeza.

—Su Alteza, dejemos de comprar, por favor.

Quería seguir mirando vitrinas un poco más, pero sentía que hoy debía renunciar a sus deseos personales, por el bien del Imperio.

Y al ver una resplandeciente pastelería dos cuadras más adelante, Radis sollozó por dentro.

Pero si Olivier llegaba a comprarle 'algunas' cajas de pasteles, tal vez tendría que comer solo pastel, tres veces al día, hasta el día en que tuviera que regresar al sur.

—Solo un paseo. Caminemos tranquilamente hacia adelante.

—¿Sí?

Bueno, Radis lo había propuesto, pero en realidad no sabía a dónde debían ir o qué podían hacer. Aun así, Olivier aceptó encantado.

Caminando por la cálida y onírica avenida, Olivier contó la historia de esa calle con su dulce voz.

—El antiguo nombre del Camino Dorado era Camino de la Gloria.

—¿Camino de la Gloria?

—Sí. Hace mucho tiempo, todos los reinos tenían una puerta de distorsión. Incontables magos, héroes, aventureros y otros pasaban por esas puertas. Este camino fue nombrado por la ‘gloria’ que ellos alcanzaron.

Radis recordó las piedras mágicas que los guardianes de la puerta habían colocado en los altares de entonces.

—¿Las piedras mágicas eran baratas en ese tiempo? ¿Tanto como para que los aventureros de todos los reinos usaran las puertas…?

Olivier sonrió, pero negó con la cabeza.

—En la antigüedad, el aire mismo estaba excepcionalmente lleno de maná, así que había muchos magos y caballeros mágicos. La cantidad de maná que la gente tenía en ese entonces también era incomparablemente abundante. Por eso, era algo sencillo para ellos usar su propio maná para activar las puertas y las herramientas mágicas.

Radis recordó de inmediato lo que había pasado en la región prohibida.

Traducido por: Valiz

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