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La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 115


Radis tomó el tablero de ajedrez y dijo con un tono débil:

—Sí, pregúntame lo que quieras. ¿No es ese el premio del ganador?

—¿Premio?

—El perdedor no puede decir nada.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Robert.

El único comandante de la subyugación, Robert era como un gólem tallado en piedra.

Pero cada vez que sonreía así, Radis recordaba que en realidad era un hombre muy apuesto.

¿Qué estás pensando ahora?

Pero pronto, los ojos de Radis se abrieron mucho y giró la cabeza hacia otro lado.

Ella no era Radis en ese momento.

Era David Tilrod, el subcapitán del escuadrón imperial de subyugación.

Como líder de la unidad de expedición, el único momento de ocio que se tomaba era cuando ayudaba a aliviar un poco la tensión del capitán.

Radis forzó su voz a sonar más grave antes de hablar.

—Entonces pregunte lo que desee, Capitán.

Verdad o reto.

Era la apuesta más común, tan común como apostar por la cena o el turno de guardia nocturna dentro de la fuerza de subyugación.

Por lo general, la mayoría de las preguntas que se hacían entre ellos eran infantiles.¿Fuiste tú quien robó el corcho de mi cantimplora y lo lanzó a la mandrágora?¿Fuiste tú quien metió el pie en mi boca anoche?¿Besaste a Jane en el bar anoche?

En esa posición tan precaria en la que debía mentir todo el tiempo, Radis nunca elegía decir la verdad, siempre optaba por el reto.

Sin embargo, no tenía otra opción, ya que eso fue lo que apostó en su partida de ajedrez con Robert.

No podía cederle su turno de cena o de guardia al capitán.

—…no importa.

Afortunadamente, Robert nunca le hizo una pregunta.

Cada vez que hacía eso, solo miraba a Radis con sus ojos grises, parecidos a un cielo lluvioso lleno de nubes.

Como si ya lo supiera todo, sin necesidad de escuchar la respuesta de ella.

───── •????️• ─────

Radis declaró:

—Jaque mate.

E Yves, arrancándose el flequillo:

—¡Me engañaste!

—Marqués… no sabía que era tan malo en esto.

Radis comentó, mirando una montaña lejana por la ventana.

—Aunque me contuve.

—¿Te contuviste? ¡Radis, cómo pudiste hacerme esto! Me manipulaste como a un tonto, te llevaste todas mis piezas, me dejaste sin movimientos, me acorralaste, ¡Y luego me derrotaste tan desastrosamente!

—Hm… hm, hm. El camino a la victoria suele ser frío.

Yves resopló con enojo, luego se metió bajo su manta y se acurrucó en posición fetal.

—Ay, qué dama tan cruel. Me rindo. Sí, admito mi derrota. Pregunta lo que quieras. ¿Qué te da curiosidad? ¿El mayor secreto del marquesado que ha pasado de generación en generación por cientos de años? ¿Una mina de diamantes escondida? ¿Los bienes ocultos de Loire bajo tierra?

Radis casi estalla en carcajadas.

Colocó una mano sobre el hombro de Yves, que estaba todo envuelto en su manta. Luego preguntó:

—¿Por qué le gusta tanto el color negro?

La boca de Yves se abrió de par en par.

Parecía que no esperaba en absoluto esa pregunta.

—Eso… ¿Eso te da curiosidad?

Radis se encogió de hombros, mirando de forma intencionada las sábanas de seda negras, las cortinas negras y los tapices negros en las paredes.

—¿No sería más raro que no me diera curiosidad?

—¿De verdad? Así que querías saberlo…

—Si no quiere hablar de eso, no tiene que hacerlo.

—No, no es que no quiera.

Yves se rascó la cabeza.

—Solo me sorprendió un poco porque es la primera vez que alguien me lo pregunta. Pero sí, debiste haber tenido curiosidad… está bien, te lo diré.

Yves inhaló profundamente antes de hablar otra vez.

—Es… una historia hermosa sobre mi amor de toda la vida.

Cuando Yves empezó a ponerse cursi tan rápido, Radis se levantó con disgusto.

—Ajá. Olvídelo. Ya escuché suficiente.

—¡Vaya, Radis! ¿Cómo pudiste? ¡Tú fuiste quien preguntó!

Yves reaccionó con una expresión tan desconsolada que parecía como si el cielo se hubiera derrumbado, y Radis se vio obligada a sentarse de nuevo.

Entonces, Yves siguió soltando más tonterías que hacían que a ella le picaran las piernas por querer levantarse y salir corriendo.

—Ella es… un ángel del cielo.

—…

—Oye, no estoy siendo poético, es la verdad. Me perdí en el bosque, y con alas negras, descendió del cielo frente a mí.

—…

—¿Puedes dejar de poner esa cara? Solo estoy aquí, frente a ti, porque ella me salvó de morir en ese momento. Solo era un niño entonces. ¿No sabes lo aterrador que fue para mí? Tuve que vivir cosas tan horribles, suficientes para volverte loco. Apenas recuerdo lo que pasó entonces. En fin, el ángel oscuro me protegió.

Yves tenía una expresión bastante seria en ese momento.

Así que no parecía que estuviera tomándole el pelo.

Radis se vio obligada a asentir.

Traducido por: Valiz

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