La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 111
Armano se volvió hacia Yves, luego continuó.
—Y Marqués… debo haberle causado problemas, ¿No es así?
Yves entrecerró los ojos y asintió en respuesta.
—Eso, bueno… debo disculparme. Lo siento.
—¿Maestro? ¿Qué clase de problema?
Yves abrió la boca.
—Déjame explicarlo brevemente. Hace siete años, Sir Sheldon descendió en secreto al sur por órdenes de Su Majestad el Emperador, y me pidió que le permitiera usar el portal de teletransporte para que no quedara registro de sus viajes. No fue algo difícil de hacer.
La voz de Yves estaba cargada de irritación.
—Pero el problema es este: ¡Sir Sheldon desapareció del mapa desde entonces! Claro, es posible perder el contacto en medio de una misión, pero el problema es que ¡Han pasado seis años completos así!
Los hombros de Armano se encogieron poco a poco, al mismo tiempo que metía la barbilla como si se convirtiera en una tortuga.
—El Emperador exigió que le llevara a Sir Sheldon en persona. Pero dime, ¿Sería fácil encontrar a alguien que está decidido a esconderse? ¿Y que además se oculta tan bien siendo nada menos que el miembro número doce de los Caballeros del Dragón Blanco?
Yves resopló.
—¡Pero si estabas justo en la Casa Tilrod!
—No tengo nada que decirle, Su Excelencia. Me aseguraré de pagar esta deuda con usted.
Armano sonrió con incomodidad, luego se volvió hacia Radis.
—Radis, tampoco tengo nada que decirte a ti.
Pero Radis tomó la mano de un hombre, con los ojos brillando.
Por supuesto, tomó la mano de Armano.
—¡Maestro, me alegra tanto…!
—¿Eh?
—Maestro, no sabe cuánto me apenó que lo echaran así sin siquiera una carta de recomendación para su siguiente empleador. Además, el Marqués me vio practicar mi técnica de espada… pero luego descubrí que es una técnica de la que no se debe hablar. ¡Por eso estaba tan preocupada de que hubiera algún problema…!
Armano se levantó de un salto y abrazó con fuerza a Radis.
—¡Ohh, qué corazón tan hermoso tienes, mi linda y adorable estudiante!
—¡Maestro!
Mientras estaba en los brazos de su maestro, Radis sintió como si hubiera regresado a los días de su infancia.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas de alegría.
No le importaba si el nombre de su maestro era Armano o Daniel, ni si era un caballero de la Orden del Dragón Blanco o un caballero sin título alguno.
En ambas vidas, Armano fue el único que había estado a su lado en todo momento.
Como si sostuviera a un bebé entre sus brazos, Armano sacó un pañuelo de seda y limpió las lágrimas de Radis.
—Para serte honesto, estaba pensando en acogerte como mi discípula. No estoy en una posición favorable, pero pensé que sería mejor que dejarte en la Casa Tilrod. Aun así, me alegra ver que estás bien.
Yves resopló un momento, luego se metió entre Radis y Armano.
—Sí, Radis está muy bien en el Marquesado Russell. Su situación allí es cien veces mejor que ser arrastrada por el irresponsable Sir Sheldon.
—¡Marqués…!
—¡Jajajajaja! No tengo nada que decir. Su Excelencia tiene razón, cien veces.
Daniel aceptó las palabras de Yves con facilidad.
Normalmente, el asunto habría terminado ahí.
Yves, sin embargo, no lo notaba él mismo, pero en ese momento estaba bastante alterado.
Presenciar el desparpajo alegre de Daniel casi le hacía odiarlo, pero lo que más le crispaba los nervios era que Daniel seguía abrazando a Radis. Ya van dos veces seguidas.
Las aletas de la nariz de Yves se ensancharon.
—Ella está ahora bajo el cuidado del Marquesado Russell, y así continuará en lo que a ti respecta. Ten en cuenta que tratarla de forma imprudente como esta equivale a tratar de la misma manera al Marquesado.
Ante la fría advertencia de Yves, Armano miró a Radis con incomodidad.
Y Radis, por su parte, estaba sin palabras.
Todo lo que pudo hacer fue mirar a Yves mientras se preguntaba qué le pasaba.
¿El maestro metió en un gran problema al Marqués hace tiempo…? ¿Será por eso que está tan molesto ahora?
Eso fue lo que pensó Radis internamente, tratando de racionalizar qué le pasaba a Yves en ese momento.
Entonces, Armano sonrió con alegría mientras colocaba una mano sobre el hombro de Radis.
—Su Excelencia, he sido el maestro de Radis desde que tenía diez años. ¿No cree que la relación que tengo con ella es como la de un padre con su hija? Es cierto que Su Excelencia ahora está a cargo de los asuntos personales de Radis como su tutor actual, pero solo han pasado unos pocos meses. ¿Cómo puede separarnos cuando ya hemos construido una relación tan larga…?
Justo cuando la mano de Daniel estaba por alcanzar el hombro de Radis otra vez, Yves se levantó de un salto.
Abrazó a Radis, la ocultó completamente detrás de él y luego gritó.
—¡N-No la toques de forma tan imprudente, dije!
—¿…?
—¡…!
Traducido por: Valiz
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