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La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 109


Al ver a Olivier con los ojos cerrados, Radis lo observó aturdida.

Su cabello, bajo la luz de la luna, brillaba hermosamente, con un leve tono azulado sobre su melena plateada.

Y debajo de eso, con los ojos cerrados, su rostro parecía la viva imagen de un ángel esculpido en mármol.

Sus labios se abrieron y, pronto, se vio una bocanada de aliento blanco disiparse en el aire.

—¿Qué ves?

—Un ángel…

—¿Hm?

Radis cambió sus palabras apresuradamente.

—L-la muralla, toda iluminada así. Si miras de cerca, um. Las murallas que se extienden hacia el este y el oeste… parece como si fueran las alas de un pájaro desplegándose.

Una sonrisa apareció en los labios de Olivier.

—Así es, y por eso se llaman adecuadamente Ala Este y Ala Oeste. ¿Qué más ves?

—Hay muchísimos edificios.

—Sí, muchos, ¿Verdad? Este edificio en el que estamos ahora se llama Fortaleza Central, y existe desde cuando el Imperio Cardia aún era solo un Reino. Los demás se construyeron a medida que el Imperio se expandía.

—Está muy iluminado incluso de noche. Estoy segura de que esos lugares también están tan concurridos como el salón del banquete, ¿Cierto?

—No tanto, pero ciertamente hay mucha gente aquí.

—Si es este lugar, estoy segura de que es imposible sentirse sola.

Radis dejó de hablar al ver la suave sonrisa que tiraba de las comisuras de los labios de Olivier.

¿Qué estaba viendo?

No, ¿Qué estaba imaginando?

Olivier habló.

—Hermoso.

Abrió lentamente los ojos.

Y Radis miró fijamente esos ojos morados como amatistas, llenos de humedad.

Pensó que quizás ahora lo conocía un poco más.

Especialmente al verlo sonreír así una vez más, sin la máscara y sin apariencias, justo como sonrió el primer día que se conocieron.

───── •????️• ─────

Cuando Radis y Olivier regresaron al banquete, el ambiente dentro del gran salón había cambiado.

La música tranquila de la orquesta se había transformado ahora en una melodía animada, y la gente bailaba entusiasmada bajo la lámpara de araña.

Quienes lideraban el ambiente festivo eran los caballeros con uniformes blancos.

—Han llegado los caballeros. Debo irme ya.

De pie al pie de las escaleras, Olivier extendió la mano hacia ella.

Era un poco lamentable tener que separarse, pero Radis sonrió de todas formas y también extendió su mano.

La mano de Olivier tomó la suya.

Podía sentir sus dedos curvándose bajo la palma de su mano.

Ante la intimidad inesperada del saludo formal, los hombros de Radis se estremecieron una vez más sin querer.

Aun así, él no soltó su mano.

Olivier posó un beso sobre el dorso de su mano.

Durante un tiempo muy prolongado.

Las mejillas de Radis se tornaron cada vez más rojas al sentir el calor de sus labios a través de sus guantes de encaje.

Con aquel beso repentino y apasionado, Radis no pudo evitar estremecerse e instintivamente intentó retirar su mano.

Pero Olivier no la soltó fácilmente.

Sus labios, mientras Radis tiraba de su mano, pasaron por el dorso de esta, y donde se posaron después, dejaron un rastro de besos sobre los nudillos de sus dedos.

Finalmente, cuando sus suaves labios tocaron las yemas de sus dedos, Radis no pudo hacer nada contra el escalofrío que le recorrió la espalda. Al mismo tiempo, sintió como si su corazón se hubiera salido de su pecho.

Después de ese largo beso, desde el dorso de su mano hasta la punta de sus dedos, Olivier se apartó y soltó su mano. Luego, acercándose a su rostro enrojecido, susurró.

—Nos vemos pronto.

Y cuando Radis volvió a alzar la vista, ya solo podía ver su espalda.

Radis miró a su alrededor, como si hubiera hecho algo malo.

Por suerte, todos parecían ocupados bailando o viendo a otros bailar, así que no habrían visto a Radis y Olivier ocultos en un rincón del salón del banquete.

—Uf…

Extrañamente aliviada, Radis se llevó una mano al pecho.

A medida que la tensión en ella se disipaba, pronto comenzaron a palpitarle las sienes.

Pasaron demasiadas cosas en tan solo unos minutos.

Se sentía como si una avalancha hubiese estallado en su cabeza. La música era fuerte y había demasiada gente alrededor.

Ya no quería regresar.

—Marqués…

Radis alzó la cabeza, mirando a su alrededor.

Por costumbre, comenzó a buscar una capa negra. Sin embargo, había más personas vestidas de negro de lo que esperaba.

No supo cuánto tiempo vagó entre la multitud.

Luego, pronto, vio a una persona particularmente grande y vestida de negro entre las personas junto a una mesa, conversando.

—Mar…

Radis estuvo a punto de llamar a Yves, pero cerró la boca al darse cuenta de que él estaba hablando con Olivier.

—El Sur es un lugar muy hermoso. Es una tierra rica, llena de recursos, y su gente está llena de vitalidad.

La forma de hablar de Olivier hacia Yves Russell era claramente menos fría que antes.

—Al escuchar eso, Alteza, me siento orgulloso como noble de la región sur.

Yves parecía estar tratando de aparentar de todas las formas posibles, pero… mientras posaba como si fuera una especie de molino de viento, Radis podía ver una larga cola bifurcada brotando de la espalda de Yves.

—¡Loire siempre espera su regreso, Alteza!

—El tiempo que pasé en Loire fue ciertamente placentero. Me gustaría visitarlo de nuevo tan pronto como pueda.

—¡Jajajajaja, un día digno de esperar, sin duda!

Radis retrocedió.

Olivier, que había regresado a su asiento, ya había vuelto a su apariencia perfecta de tercer Príncipe, pero Radis no podía decir lo mismo de sí misma.

Cada vez que cerraba los ojos, la imagen y la sensación de él —su rostro tan cerca, sus labios tocando su mano— revivían al instante.

Radis estaba, literalmente, sonrojada de pies a cabeza, por delante y por detrás.

Entonces, chocó con alguien.

—Ah…

Por suerte, no fue nada grave. Aun así, Radis se giró de inmediato e inclinó la cabeza primero.

—¡Lo siento mucho!

Sin embargo, lo único que escuchó de vuelta fue una voz sorprendida, como si estuviera a punto de desmayarse.

—¿Radis?

Radis alzó la cabeza, solo para quedarse igualmente sorprendida.

La persona con la que chocó era un caballero apuesto, de cabellos dorados ondulados y ojos azul brillante.

Llevaba un uniforme blanco sin una sola mota de polvo, y colgadas en su pecho había dos espléndidas medallas.

—¿M-Maestro Armano…?

Traducido por: Valiz

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