La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 108
Miró el pastel, que difícilmente bajaría por la garganta sin algo para beber.
La escena que acababa de ver pasó vívidamente por su mente.
Si es lo que deseas, Lord Olivier, entonces por supuesto.
Con una voz tan tímida, Radis dijo esto mientras sus mejillas se teñían ligeramente de rojo. Al escucharla, Yves casi dudó de sus propios oídos.
Ella estaba de pie frente al tercer Príncipe, vestida como una dama con ese hermoso vestido. Al verla así desde lejos, Yves sintió que su ánimo decaía de forma extraña.
La dama que estaba allí era distinta de la Radis que él conocía.
La Radis que él conocía solía decir cuánta hambre tenía, devoraba carne con la boca bien abierta y, de repente, mostraba sus grandiosas habilidades con la espada.
—Pareces una persona completamente diferente, como si llevaras una corteza de pastel encima.
Yves arrojó la bandeja, y sin motivo alguno, levantó un pulgar.
—¡Buen trabajo!
Vestida con una corteza de pastel como estaba, Radis parecía la pareja perfecta para el tercer Príncipe Olivier.
—Tu gusto en mujeres es el mejor, Su Alteza el Tercer Príncipe. Y yo también... ¡Yo también soy genial!
Su plan había sido un gran éxito.
Al reclutar hábilmente a Radis, Yves logró la hazaña de destruir la fortaleza de hierro inexpugnable que Olivier había construido a su alrededor.
Siguiente punto en la agenda: ¡Reclamar el título de Duque...!
De repente, Yves Russell se dio cuenta de que su pulgar seguía levantado.
—…
Bajó ese pulgar y se levantó.
Evidentemente, su plan había tenido éxito.
Todo marchaba bien.
Pero, extrañamente, no se sentía bien.
───── •????️• ─────
Mientras subían al tejado, lo primero que Radis vio fue la amplia baranda de la torre del reloj.
Desde ese lugar, la vista nocturna del palacio imperial se extendía ante ellos.
En el tejado reinaba un gran silencio.
Al punto de que era posible escuchar los pasos crujientes sobre la fina capa de nieve que cubría el suelo.
Parecía una mentira que el banquete estuviera en pleno apogeo justo abajo.
Apoyándose levemente contra la baranda, Radis habló.
—Es hermoso.
Olivier se quitó su capa de piel blanca y la colocó sobre los hombros de Radis.
La capa era sorprendentemente ligera y muy suave al tacto.
Sus hombros se relajaron de forma natural, como si le hubieran puesto una manta suave encima.
Sin darse cuenta, Radis frotó su mejilla contra la piel que rozaba su rostro.
Entonces, captó el leve aroma que quedaba en la capa.
Como lirios entre el rocío frío.
Mirándola con una cálida expresión, Olivier respondió.
—Me alegra que también te parezca hermoso.
Radis alzó la vista hacia Olivier y luego preguntó.
—Su Alteza... digo, Lord Olivier. ¿Qué piensas tú del paisaje?
Una sonrisa algo inescrutable apareció en sus labios.
Mientras sonreía, parecía que estaba ocultando el leve disgusto que había cruzado su rostro un instante antes.
—No me gusta.
Sus palabras denotaban una contención extrema.
Pero la sonrisa de Olivier desapareció tan rápido como había aparecido.
Fue casi instantáneo.
Aun así, Radis sintió que ese breve momento le permitió comprender una parte de él.
Quizás una parte que él jamás deseó revelar.
De pronto, un sentimiento ominoso la invadió.
¿Qué demonios... le pasó?
En su vida anterior, rara vez escuchó sobre las luchas políticas de los nobles.
Aun así, un recuerdo fragmentado cruzó su mente nublada.
Escuché que Su Majestad el Emperador finalmente ha decidido quién será su sucesor.
En algún momento, Zade había murmurando algo así.
¿Quién fue el sucesor?
En ese momento, la mente de Radis cayó en el caos.
Revolvía sus recuerdos nublados, tratando de sacarlos para poder recordar.
Pero entonces, Olivier habló.
—Lo siento.
—¿Sí?
Radis se volvió hacia Olivier, sorprendida.
Su expresión era sombría.
—Cometí un error. No debí haber dicho...
—¡N-No es eso!
—…
Parecía haber malinterpretado el motivo por el cual Radis había guardado silencio.
Y parecía lamentar haber revelado sus pensamientos más profundos.
Radis quería decirle que no era eso.
Radis quería que él supiera que podía entender sus sentimientos, que es natural que haya momentos en que, al acostarse por la noche, uno sienta que está perdido en medio de un abismo de desgracia.
¿Qué clase de futuro le esperaba a él, que era tan hermoso, y sin embargo ahora lucía tan infeliz?
Hace un momento, solo intentaba recordar lo que pasó, pero...
No puedo decir eso.
Radis casi suspiró.
En lugar de dejar escapar ese suspiro, sonrió.
—Lord Olivier, de verdad, estoy bien con eso. Está bien que no te guste algo.
Cuando los ojos de Olivier se abrieron de par en par, ella vio cómo sus pupilas temblaban.
Parecía un niño ansioso.
—¿De verdad?
—Por supuesto. Yo también me siento terrible cada vez que pienso en mi casa.
Después de que Radis dijo esto sin querer, se sorprendió de sus propias palabras.
Jamás imaginó que sería capaz de decir eso en voz alta.
Fue como si se hubiera vuelto una persona profana e insolente.
Sentía que se le congelaban las entrañas.
—Dije algo que no debería haber dicho.
Al verla así, Olivier le ofreció una débil sonrisa.
—Ambos cometimos un error.
—Si para ti está bien que olvidemos lo que acaba de pasar...
De cara a la baranda, Olivier se irguió. Luego, cerró los ojos.
—Empecemos de nuevo.
—¿Eh?
—Dime qué ves.
Traducido por: Valiz
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