La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 107
—En ese entonces, Jurich... Ah, Jurich es mi hermana menor. ¿Cuándo fue...? Creo que fue cuando cumplió ocho años. Recibió una caja de música como regalo de cumpleaños. Cuando abrió la tapa, salió música, y la muñeca de porcelana en su interior giró con su hermoso vestido.
Mientras Radis recordaba aquellos días, una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
—Solo tuve la oportunidad de verla una o dos veces, pero me pareció realmente bonita.
Como si se hubiera sumido por completo en su historia, Olivier apoyó su barbilla en el dorso de una mano y respondió.
—Supongo que tu hermana no te la mostró más veces.
—Bueno, así son los niños. Se preocupan mucho por sus cosas.
—Ya veo.
Al darse cuenta de que Olivier la miraba con una mirada tan atenta, Radis se sintió cohibida y la sonrisa desapareció de sus labios.
—Lo siento, Alteza. Solo he estado diciendo tonterías...
Olivier negó con la cabeza apresuradamente.
—No son tonterías.
—……
—¿Puedo ser honesto contigo? Lo que me acabas de contar es la historia más interesante que he escuchado hoy.
Y al oír esas palabras absurdas de Olivier, Radis no pudo evitar reír.
Aun así, Olivier sonaba sincero.
Con un brazo apoyado en la barandilla, la miraba con ojos tan brillantes, como si realmente quisiera escuchar más de sus 'tonterías'.
Radis se sintió un poco avergonzada.
No era del tipo hablador.
Sin embargo, cuando hay alguien que la mira con una anticipación tan radiante, algo extraño estaba destinado a salir de sus labios.
—Comparado con formar parte de esto, parece que puedo ver un paisaje hermoso como este aún mejor si lo observo desde lejos.
—¿De verdad?
—Um, me gusta mirar los bosques desde la distancia. Es lo mismo. Es difícil ver todo el bosque cuando estás dentro de él.
—Tienes un ojo para la estética y la filosofía. Y también para la estrategia.
—Ack, para nada.
Olivier rió.
Además de ser una risa hermosa, era una risa íntima que solo se puede compartir entre quienes comparten los mismos sentimientos.
Al ver su sonrisa, Radis sintió algo distinto: que las capas y capas de muros alrededor de su corazón se derretían.
Sus manos, cubiertas con guantes de encaje, se inquietaron.
—Anoche... subí a la colina cerca de la casa en la ciudad, y vi la vista de Dvirath y Elarion desde lo alto. La vista nocturna era tan hermosa.
Miró a Olivier y preguntó.
—¿Has estado allí también, Alteza?
Acompañando su mirada, Olivier dio un paso más cerca de ella y susurró.
—Olivier.
—¿……?
—Llámame Olivier.
—¿Alteza?
—Considéralo una orden del Tercer Príncipe.
—¿Eh?
Los ojos de Radis se abrieron de par en par cuando Olivier se le acercó de una manera tan gentil un segundo, y al siguiente cambiaba repentinamente de actitud imponiendo su autoridad.
Pero Olivier parecía estar conteniendo la risa.
Parecía una broma, pero aun así, no podía ir en contra de la orden de un Príncipe Imperial.
Radis no tuvo más remedio que obedecer esa orden.
—...Olivier.
Y entonces, observó cómo los ojos de Olivier se curvaban perezosamente.
—Una vez más.
—Olivier.
—Otra vez.
Sus ojos violetas brillaban.
—...Olivier.
Y entonces, Olivier cerró los ojos lentamente.
Sosteniéndose de la barandilla, inclinó la cabeza.
Su suave cabello rozó el hombro de Radis.
La sensación cosquilleante, que pudo sentir incluso a través de la ropa, hizo que sus hombros se estremecieran un poco.
Con la cabeza baja, habló.
—La colina cerca de la casa del Marqués... debe ser Potter Hill. Escuché que es un lugar hermoso. Me gustaría ir allí algún día.
Olivier la miró.
—No lo sabía. Este gran salón, la capital Elarion... no sabía que eran lugares tan hermosos.
Un pensamiento cruzó la mente de Radis.
Alteza, usted es el que es más bonito...
Extendiendo una mano hacia ella, Olivier habló.
—Desde la azotea se puede ver toda la capital imperial, así que, ¿Te gustaría venir conmigo? Es un paisaje que he visto muchas veces antes, pero quizá sería diferente si lo veo contigo.
—Me gustaría ir.
Radis asintió, colocando su mano sobre la de él.
—Si es lo que desea Su Alteza... digo, si es lo que deseas, Lord Olivier, entonces por supuesto.
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Sentado en las escaleras, Yves clavó el tenedor que tenía en la mano en el pastel de carne.
—Buen trabajo.
Solo habría arruinado el ambiente si se hubiera entrometido allí con un pastel de carne en la mano.
A duras penas cortó el pastel y metió una gran porción en su boca, masticándola.
La corteza crujiente del pastel y la sabrosa carne se mezclaban bien en su boca. Extrañamente, no podía saborearlo.
Y por alguna razón, le dolía un poco la mandíbula.
—Ugh, ¡No debí haber traído una porción tan grande!
Traducido por: Valiz
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