La Hija Mayor Camina Por El Sendero De Las Flores - Novela Cap. 161
Radis se dio la vuelta y revisó la puerta de piedra.
Era la misma puerta de piedra que había visto antes, salvo que esta vez, el musgo que goteaba un líquido venenoso y que la había cubierto antes ya no estaba.
Aparte de eso, las runas que la habían enviado de regreso al marquesado seguían allí.
Sí. Esas son las runas.
Como el musgo mortal ya no estaba, por fin pudo ver todo el conjunto de runas que habían sido talladas en la puerta de piedra.
Al mirar las runas, sintió algo extraño.
Las inscripciones antiguas en la puerta de piedra, que tenían sin duda cientos de años, parecían moverse. Se sentían vivas.
Su piel comenzó a erizarse.
De alguna manera, Radis sintió náuseas.
Tratando de sacudirse aquella sensación peculiar, Radis señaló las runas y habló.
—Ya lo había visto antes, Capitán. Este es el lugar correcto.
—……
Sin decir nada, Robert se puso en marcha.
Radis se apresuró a seguirlo.
Al cabo de un rato, Robert habló solo cuando el Árbol del Inframundo apareció a la vista.
—Tenías razón. Esta es la región prohibida.
—……
Radis se quedó totalmente sin palabras.
Ya era bastante sorprendente que el bosque hubiera cambiado por completo de apariencia, pero aún más lo eran los cambios ocurridos en el Árbol del Inframundo.
El Árbol del Inframundo había parecido muerto durante siglos y siglos, pero ahora… hojas estaban brotando de sus ramas.
Cada rama sobre las cabezas de Radis y Robert tenía pequeñas hojas de un verde claro colgando de ellas.
El miasma que recorría este lugar era tan abrumador que resultaba difícil respirar. Aun así, también se sentía distinto.
Su piel ardía, pero de una forma refrescante. En lugar de dolor, era como si agua carbonatada corriera sobre su piel.
Mirando las hojas del Árbol del Inframundo, Radis le preguntó a Robert.
—Capitán, ¿Sabe si el Árbol del Inframundo alguna vez se había visto así antes?
Robert negó con la cabeza.
—Que yo sepa, no.
—Entonces, ¿Qué… qué significa esto?
Radis se agachó y examinó las raíces del majestuoso árbol.
—Capitán, si observa aquí y allá, hay muchos huevos de monstruo. Los monstruos padres deberían estar cerca para protegerlos, así que debemos tener cuidado.
Mientras Radis decía esto, levantó la mirada hacia Robert.
Con la combinación de la niebla dorada, las raíces blancas y las suaves hojas, se creaba una atmósfera mística que bien podía llamarse una tierra misteriosa.
En medio de todo, Robert la miraba con los ojos entrecerrados.
Ella sacó un pañuelo y se lo entregó.
Robert lo recibió atónito y, como si fuera un tesoro precioso, lo guardó cuidadosamente en el bolsillo interior de su chaqueta.
—No, Capitán. Necesita cubrirse la nariz y la boca.
—Ah…
—¿Por qué entrecierra tanto los ojos? ¿Le arden? ¿Quiere lavarlos con agua?
Al escuchar la preocupación en su voz, Robert suspiró profundamente y negó con la cabeza.
—No es necesario.
Radis lo miró, todavía entrecerrando los ojos y sin usar el pañuelo que ella le había dado.
Fue él quien dijo que no debían bajar la guardia ni un solo segundo en un lugar tan peligroso, pero ese recuerdo parecía haberse perdido ahora que había regresado de la muerte.
Robert nunca había sido más joven que ella, ni en esta vida ni en la anterior, pero en ese momento, se sentía como un hermano menor para ella.
Radis cuadró los hombros y le dio un consejo al capitán, asegurándose de que su voz sonara firme.
—Capitán, no debe bajar la guardia ni un solo segundo en un lugar peligroso como este.
Al oír esto, los ojos de Robert se abrieron de par en par.
Su expresión en ese momento se veía… ¿Tierna? Radis se irguió, conteniendo las ganas de tararear.
—Entonces, ahora…
Sin embargo, algo se movió entre las sombras de las raíces.
Robert gritó de inmediato.
—¡Detrás de ti!
Fue un poco tarde en notar la presencia a sus espaldas, pero su reacción fue más rápida que la velocidad de la luz.
En cuanto desenvainó su espada negra, esta chocó al instante contra algo.
Y Radis pronto quedó horrorizada al sentir la sensación vacía que le transmitió su mano.
—¡Gólem!
Lo que Radis había cortado era la cabeza de un gólem hecho de barro. La cabeza cercenada empezaba a recomponerse por sí misma.
Mientras el cuerpo principal del gólem se expandía y encogía poco a poco, como un pulso, sus brazos se alzaron y se dirigieron hacia Radis.
El maná era lo único que podía detener a un gólem de regeneración infinita, y este no sentiría dolor alguno. La única forma de derrotarlo era destruir su núcleo.
Radis se apartó con rapidez, esquivando la pesada mano del gólem que caía sobre ella. Al mismo tiempo, reunió su maná e infundió su espada con él.
En ese momento.
Una pequeña explosión estalló desde su mano.
—¡Ugh…!
El inesperado retroceso casi le hizo soltar la espada.
Rápidamente, Robert la agarró por el cuello de la ropa y la jaló hacia atrás. Ella aún se tambaleaba por el impacto momentáneo.
Al mismo tiempo que Radis fue apartada del gólem, Robert se lanzó y lo cortó.
Con el sonido del viento siendo rajado, el cuerpo del gólem fue partido verticalmente en dos, justo por el medio.
¡Crack!
Fue el sonido del núcleo del gólem, incrustado en su pecho, al hacerse añicos.
Al perder su núcleo, el cuerpo del gólem no fue más que un montón de barro y cayó al suelo con un golpe sordo.
Traducido por: Valiz
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