Regresar
DESCARGAR CAPITULO

Viviendo Como La Madrastra Del Villano - Novela Cap. 58


Capítulo 58

Un festín con niños engordados

—¿Galleta…?

Lucar casi muere de miedo, podía sentir la intención asesina que estaba presente en los ojos de Lacias sin siquiera mirarlos directamente. Dio un paso atrás y se cubrió la cara, invocando su anillo por instinto.

—Maestro... por favor, cálmese y escúcheme—. Dijo Lucar con voz ahogada.

—Estoy extremadamente tranquilo. ¿no lo parezco?

Lucar dudó de sus palabras, estaba más concentrado en la mano de Lacias que ya estaba formando numerosos anillos. Parecía que estaba a punto de estallar en cualquier momento. Lucar pensó en la respuesta más segura que pudo pensar entre tanta presión.

—La-la Ca-capitána es quien tiene la culpa—, dijo, señalando en dirección a Roxana. —Maestro, Roxana se comió todas las galletas de Lady Lila, y ella fue quien reveló que a usted no le gustan los dulces.

Lacias miró hacia donde estaba señalando y luego volvió a mirar a la figura encogida. —¿Dónde está Roxana?

—¿Qué?— Miró hacia donde estaba parada la capitana, no había nadie allí...

Lucar se congeló, la toma de decisiones situacionales de Roxana fue lo que la llevó a ocupar el puesto de capitana. Lucar la respetaba y la odiaba por tener tan buenas reacciones.

—Lucar.

—Eh… ¿Sí?— Murmuró lentamente volviéndose hacia Lacias.

—Tú debes haber sido quien le pidió una galleta a Lila en primer lugar, lo que luego animó a Roxana a tener el resto, ¿no es así?— Su voz era tan fría que era aterrador.

—Eso es …

Lucar sintió una sensación de derrota ante la tranquila verdad. No pudo encontrar más excusas; su muerte parecía casi predestinada.

***¡Toc toc!

Se escuchó un ligero golpe desde el otro lado de la puerta.

Sonó una pequeña voz. —¿Puedo pasar, madre?

Hir entró sin autorización, sus ojos recorrieron la habitación hasta que se posaron en los de su madre. Sus manos estaban llenas de tantas galletas con chispas de chocolate como podían sostener.

—¿Hijo? ¿Qué te trae por aquí?— Lila se sorprendió de que él hubiera entrado sin su permiso.

—Jane me dio estas galletas.

—Ah, si, se lo pedí. — Se rió Lila al ver que él evitaba la pregunta.

—Las hiciste tú misma, ¿verdad?

—Sí. Yo las hice—, dijo, sin querer sonar tan orgullosa.

Lila le pidió a Jane que llevara el resto de las galletas a la habitación de Hir. Sin embargo, ahora él llegó hasta Lila con sus manos llenas de galletas, como si fueran un regalo para ella

—Quería comerlas... contigo—. Dijo tímidamente.

Lila sonrió por lo sincero que era.—Tengo mucha hambre. Gracias, Hir. — No tenía ni un poco de hambre, pero no tenía la fuerza de voluntad para rechazar su adorable carita.

Hir respiró pesadamente. —¡Eso es un alivio!

—Ven y siéntate aquí. — Hizo un gesto Lila, palmeando la silla vacante.

Lila había estado organizando el plan para volver matriarca a la Señora Lenior, y la mesa estaba llena de papeles. Los juntó y los empujó a un lado, e internamente se molestó al ver la diferencia de altura entre la sofisticada mesa y la silla para Hir.

—"La mesa es demasiado alta."— Pensó.

Todo en esta habitación era grande o alto, posiblemente debido a los gustos de Madame Marshmell. Seguramente habría sido difícil para Hir comer sus galletas en cualquiera de estos muebles, por lo que Lila buscó una alternativa. Vio su cama un momento.

—Hir, espera un minuto.

—Sí.— Respondió obedientemente.

Colocó las mullidas almohadas de su cama sobre la silla y las cubrió con suaves mantas blancas. Cogió a Hir como si fuera uno más del edredón y lo colocó encima de su obra de arte. Ahora tenía la altura perfecta.

—Ahora si. ¿Estás cómodo?

Su cara enrojecida se volvió más roja. —Sí, me siento como si estuviera sentado en una nube

Empujó hacia abajo la almohada con una expresión de ojos muy abiertos. Le recordó a un gato haciendo masajes.

—¿Ya probaste las galletas, Hir?

—Sí.

—¿Estaban ricas?

—¡Totalmente! Supe que las habías hecho tú en el momento en que me comí la primera galleta.

—Es un honor para mí escucharte decir eso.

—Realmente estaba deliciosa.

Lila vertió leche tibia en la taza amarilla para niños que había colocado frente a Hir, él bebió la mitad en un instante.

—No te preocupes. Puedes comer tus galletas tranquilo—, dijo ella, notando que él solo estaba mirando sus galletas con ojos anhelantes.

—Madre... comamos juntos.

El corazón de Lila se bañó en un sentimiento confuso ante las palabras del chico. —No te preocupes, comeré  luego de que tú lo hagas.

Ante esas palabras, Hir comenzó a tragar sus galletas tan rápido que se veía ridículamente divertido. Sin embargo, a Lila le preocupaba que estuviera comiendo demasiado rápido. Como si fuera un acto, en ese mismo momento los ojos de Hir se enrojecieron y comenzó a toser sin control. Algunas migas de galleta deben haberse quedado atascadas en su tráquea.

Lila le palmeó la espalda hasta que se detuvo. —Come despacio. Tranquilo, por favor.

—Sí Madre.— Respondió débilmente.

Lila volvió a mirar donde estaba la pila de galletas. Ya no se veían por ningún lado. Se alegró de que ahora estuviera comiendo mucho más, en los últimos días su peso estaba volviendo a ser adecuado.

—"Lo he estado alimentando bien."— Pensó después de ver sus lindas mejillas regordetas. Aunque tenía una expresión en su rostro que parecía extraña, como si estuviera a punto de llorar.

—Madre.

—¿Sí?

Hir habló con los labios abiertos como el pico de un pollito.

—Jane me leyó una historia hace unos días.

Lila juntó las manos y escuchó atentamente la historia de Hir.

—Había una bruja que engordaba niños para hervirlos en una olla y luego comérselos.

FIN CAPÍTULO 58 POR OHANA