Viviendo Como La Madrastra Del Villano - Novela Cap. 54
Capítulo 54
Un conocido especial (2)
El emperador se rió torpemente tratando de mantener su fuerte carácter en su lugar. Pero el discurso de Lila se lo hizo muy difícil.
—Me molesta y me incomoda su certeza de que soy su mascota—. Su voz seca y tranquila hizo que Enrique se descolocara. No podía soportar no tener el control total.
—Lo admito, eres más inteligente que mi gata perdida.
—Encuentro sus expresiones también incómodas. Por favor discúlpese.
—Bien, bien. Lo siento. ¿Estás satisfecha?— Dijo con indiferencia.
La boca de Lila se endureció ante las palabras poco sinceras del emperador. Sin embargo, ella estaba satisfecha con su victoria. —Tengo que irme ahora, ya que mis sirvientes no se habrían quedado calmados con su visita inesperada.
—Bueno…— Los ojos de Enrique brillaron turbios mientras murmuraba algo de manera irritada. —No puedes regresar todavía.
Lila casi le preguntó por qué, pero en lugar de eso, reprimió un suspiro. Podía ver la mirada de deseo en sus ojos. Solo la trajo aquí por una cosa y solo una cosa.
Quiere mi anillo ya que el anillo que Madame Marshmell había purificado ya estaba contaminado.
Estimó que Enrique y Madame Marshmell se conocían mucho antes de que ella se casara con el vizconde, ya que ella no estaba en condiciones de cometer adulterio. Enrique no habría intentado conocerla hasta que su anillo se volviera a contaminar, lo que significaba que no habría tenido acceso a un anillo purificado en mucho tiempo.
Entonces, debe haber estado lo suficientemente desesperado como para venir a mí en este momento.
Dado que Lila aún no había reclamado su título de duquesa, este era el momento perfecto para que él la secuestrara. Tenía que pensar en algo rápido.
—Espero que el malentendido se haya resuelto.
—¿Qué malentendido?
—Su Majestad había mencionado que estaba buscando a su gata.
—Eso es correcto.— Parecía impaciente esperando que ella fuera al grano.
—Sin embargo, no soy su gata, y esta es la primera vez en mi vida que veo a Su Gracia.
El emperador se rió para sí mismo. —A pesar de que te necesito ahora y no tengo intención de dejarte ir.
Antes de que pudiera continuar su oración, Lila lo interrumpió y habló con voz seca. —¿Y?
—¿Qué?— Todavía estaba procesando cómo la mujer frente a él acababa de detenerlo en medio de un discurso.
—Independientemente de tus intenciones, no soy tu pájaro en una jaula. Como puede ver, tengo dos piernas que funcionan.
No pudo ocultar más su mirada de sorpresa, decidió permanecer en silencio para asegurarse de que sus emociones no decaigan más que eso.
—Me iré y, por favor, perdóneme por levantarme primero.
—Detente— Lila rápidamente esquivó su intento de agarrarla. —Ya que he perdonado sus acciones esta vez, por favor no vuelva a cruzar la línea—. Dijo ella, dándose la vuelta lentamente e inclinándose cortésmente.
Enrique le devolvió la mirada con una expresión vacía, su anillo estaba tan cerca pero tan lejos. Sus ojos brillaban con el deseo de poseer, por lo que se puso de pie para su último intento. Se levantó y corrió frente al camino de Lila. Perdió toda su vergüenza.
—Está bien, yo perdí.
—¿?
—"¿Qué quiso decir con eso?"— Lila observó a Enrique de cerca mientras continuaba parado frente a ella.
—Te lo voy a dar.
—¿Qué me va a dar?
Enrique respiró profundo y se frotó la cara.
—Te daré lo que siempre quisiste.
—Te daré lo que siempre has querido de mí, así que deja de estar molesta—. Enrique sonrió mientras le susurraba tan cerca de su oído. Se sentía incómoda, pero tenía que mantenerse fuerte.
—"¿De qué está hablando? ¿Y según el qué me tiene molesta?"— Pensó.
Lila retrocedió lentamente.
—Su Majestad, no sé de qué está hablando, y yo no deseo tener nada de usted.
—¿Qué?
Enrique se rió de la negativa de Lila, no podía creer que ella no quisiera algo de él. El hombre que podía tenerlo todo.
—Ja…
Los ojos de Enrique se hundieron en un deseo posesivo oscurecido, en silencio le hizo una pregunta a Lila.
—¿Cómo te sentirías… si tu mascota siguiera a otro dueño?
Lila lo pensó y respondió como si fuera una pregunta trivial.
—Si hubiera cuidado a la gata adecuadamente, nunca se habría ido en primer lugar. Si se fuera, respetaría su decisión y admitiría que soy un mal dueño.
El emperador se sorprendió por la respuesta cortante. —"Ella ha ganado algo de ingenio durante el tiempo lejos de su mano"— Pensó para sí mismo.
—Si vas a seguir con esta actitud…
Un grito resonó detrás de la puerta de la habitación. —¡No puede entrar sin aprobación! ¡Duque Wipere!
Tanto Enrique como Lila se volvieron hacia la fuente al mismo tiempo.
—¡Su Alteza! ¡No puede!
FIN CAPÍTULO 54 POR OHANA
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