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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 185


Capítulo 185¿Ya había existido un precedente? En aquella ocasión había sido una hoja sin filo, pero esta vez ella tenía un puñal afilado en la mano.Había sido un error no retirarle el arma. Pensó que no abandonaría la mansión. No tenía motivo para hacerlo.Pero, por el contrario, si la familia que la había atado a ese lugar desaparecía, entonces no tenía razón para quedarse.Abandonar a su familia también borraría la culpa que sentía como miembro de los Loren.La inquietud emocional que a veces mostraba hacia él no era amor ni afecto: era culpa.Fue entonces cuando Mikhail sintió cómo algo se le hundía en el pecho. Era algo que nunca había considerado.Ni siquiera había pensado que Emilia pudiera marcharse por voluntad propia.—Así que ya no pude detenerla. La sangre ya corría por una herida que ella misma se hizo en la muñeca.—Sabe exactamente qué puede usar como arma.Era una mujer terrible. Incapaz de tomar una decisión clara cuando debía, siempre dejándose arrastrar, pero en los momentos cruciales era afilada como un cuchillo.Mikhail se volvió e intentó salir de la propiedad.—Su Alteza, ella se fue en el carruaje del Duque, así que debería ser posible seguir su rastro.—Busquen de inmediato a cualquiera que haya visto el carruaje.—Haremos todo lo posible.—Encuéntrenla cueste lo que cueste. Cuanto más tiempo pase, más difícil será.—Con la lluvia tan fuerte, el carruaje no pudo moverse rápido. Revisaré si hay algún lugar cercano donde pudiera haberse refugiado.—Muévanse en silencio, para que la familia real no se entere.—¡Sí!Mikhail montó el caballo junto a Byne.—Tengan cuidado en el camino resbaloso, y avísenme en cuanto encuentren algo. Por insignificante que parezca, si está relacionado con ella, tráiganmelo.—¡Entendido!Los caballeros montaron y se dispersaron de inmediato.—Su Alteza, ¿Qué tal revisar el sendero de la montaña, por la parte trasera?—¿El camino de atrás?—La señora conducía el carruaje ella sola, sin cochero. Probablemente eligió la ruta trasera, pensando que la verían si pasaba por la ciudad.Los ojos de Mikhail se entrecerraron.Debajo de su capa, sus ojos rojos brillaron.—Aunque el camino de atrás no es fácil para un carruaje.—Aun así, si yo fuera la señora, habría ido por ahí.Mikhail asintió. Ambos giraron enseguida hacia el sendero trasero. El sonido de los cascos se perdió rápido entre la lluvia.La lluvia y el viento golpeaban su rostro con fuerza, pero Mikhail sentía la boca secándose.A pesar del aguacero incesante, su mirada no dejaba de escudriñar el entorno en busca de ella.La chispa de inquietud que se había asentado en un rincón de su corazón se negaba a apagarse, ardiendo con más fuerza incluso en medio de la tormenta.Después de galopar un buen tramo, Byne se detuvo.—¿Ocurre algo?—Su Alteza, creo que debemos desmontar y revisar.Byne amarró el caballo a un árbol y salió corriendo.Mikhail observó en silencio su figura alejándose.A lo lejos podía distinguir los restos de algo.Al levantar la vista, vio el acantilado empinado. A medida que subía, el camino se alineaba perfectamente con la vista que tenía abajo. Su corazón empezó a latir con fuerza.Se mantuvo sobre el caballo, inmóvil bajo la lluvia torrencial. Byne, agachado examinando los restos, parecía actuar de forma extraña.Cuando se incorporó lentamente, se acercó a Mikhail con algo en la mano.—Su Alteza…En la mano de Byne había un fragmento de carruaje, marcado con el sello del Ducado Heinrich.—Esto no tiene sentido. Si no pensaba morir, no habría llevado el carruaje hasta aquí arriba.—Pero este es el carruaje en el que iba la señora, el del Ducado Heinrich.Incluso con el estruendo de la lluvia, las palabras de Byne se escucharon claras.—¿Me estás diciendo que este carruaje destrozado es en el que iba Emilia?—Eso indican las circunstancias.—Registren la zona.Byne sopló inmediatamente su silbato para reunir a los caballeros.Mikhail desmontó despacio del caballo.Apretando con fuerza el fragmento entre los dedos, avanzó hacia los restos a lo lejos.Cuando llegó, su rostro se retorció con incredulidad.El carruaje había caído por la mitad del acantilado y se había hecho trizas. A juzgar por el daño, no había posibilidad de supervivencia.Su mirada se desvió hacia el acantilado izquierdo.El precipicio continuaba, y abajo se veía un río crecido por la lluvia incansable.Los caballeros, siguiendo el silbato de Byne, pasaron junto a Mikhail y corrieron hacia los restos.En una situación en la que la supervivencia parecía imposible, los caballeros apretaron los labios sin decir palabra.La expresión de Mikhail, mientras contemplaba en silencio el carruaje destrozado, era sombría.Sangre goteaba de su mano, aún cerrada sobre un fragmento afilado de madera. A pesar del dolor, no soltó la astilla.No puede ser. No puede estar muerta.No podía haber desaparecido tan fácilmente, no así.Los ojos de Mikhail siguieron a los caballeros mientras escarbaban con cuidado entre los restos.¿Y si aparecía de entre el carruaje?Por un instante, una imagen cruzó su mente: Emilia, ensangrentada y desplomada. Solo imaginarlo hizo que el pecho se le oprimiera.El dolor no cedía; solo crecía. Retorció el rostro con rabia y escupió maldiciones, como si masticara su propia furia.Los caballeros estaban empapados, pero no se detuvieron.Tal vez porque podían ver el brillo feroz, casi bestial, en sus ojos rojos.Mikhail no se acercó al desastre. Se mantuvo a cierta distancia, apenas capaz de distinguir la silueta del carruaje despedazado.Traducido por: Valiz

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