Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 181
Capítulo 181Emilia decía la verdad. No quería herir a nadie.No había querido convertirse en caballero en primer lugar.Había seguido ese camino creyendo que era el correcto, porque su padre así lo había decidido.—¿Hay algo bueno en una tormenta bañada en sangre dentro de esta hacienda?—¿...está preparada para esto?—¿Preparada?Emilia alzó el puñal y lo apoyó contra su muñeca.Sin dudarlo, lo cortó. La sangre roja cayó al suelo.—¡…!Los ojos de Kartho se abrieron de par en par, horrorizados. Emilia no retrocedió.—Si pierdo más tiempo, moriré aquí sin salir de la hacienda del Duque. Llamar a un médico no servirá.—¡Señora!—Lo siguiente será mi garganta.Kartho dio un paso atrás.—…vaya entonces. Pero los otros caballeros intentarán detenerla.Emilia pasó junto a Kartho.Apretando con fuerza el puñal, bajó al primer piso.—¡Deténganla! No dejen que salga…—Cada vez que intenten detenerme, esta hoja dejará una marca en mi cuerpo.Los presentes, al verla descender mientras sangraba, vacilaron.—¡Por los dioses, Emilia!Entonces, detrás de ella, resonó la voz de Boestin.Emilia giró la cabeza lentamente.—¿...qué es esto…? No, ¿Qué es todo este alboroto? Hay sangre…—Señorita Boestin, deténgase ahí.Emilia habló para advertirla.—Sabía que algo pasaría… ¡Háganse a un lado!Boestin murmuró y se aferró a la barandilla, gritando a los caballeros.—El Duque nos dijo que vigiláramos, no que la lastimáramos. ¿Pueden con eso?—Pero…—¡Tenemos el deber de obedecer! Si la señora sale de la hacienda del Duque, estamos muertos.El caballero negó con la cabeza, bloqueando la puerta. Con las espadas levantadas, estaba claro que no retrocederían.Emilia ajustó el agarre sobre el puñal. Tenía que escapar antes de que él llegara.Aunque no quería derramar la sangre de nadie, si permitía que más sangre saliera de su propio cuerpo, el bebé corría peligro.Emilia respiró hondo, preparándose para enfrentarse a los caballeros. Por primera vez, agradeció haber aprendido esgrima.—¡Es mejor escapar con vida que morir en esta hacienda! ¡Idiotas!Boestin gritó, frustrada.—Pero si él se entera de que la dejamos ir…Emilia caminó hacia el caballero. Sostuvo el puñal, ya reajustado, y preguntó:—Dime dónde lo quieres.—¿…Qué?—En los brazos o en las piernas, supongo.Cuando Emilia levantó el puñal, el caballero alzó su espada por instinto para bloquearlo.—Diles que te heriste intentando detenerme. Dolerá, pero…—¡AAAH!Emilia cortó la carne del caballero. Los otros retrocedieron, sobresaltados. Con la mirada vacía, hirió también a los que custodiaban la puerta.—¡Ugh!—Digan que la Duquesa enloqueció e hizo un escándalo, que amenazó con matarse y que no pudieron detenerla.Justo cuando Emilia estaba a punto de abandonar la hacienda…—¡Señora!Escuchó la voz de Dell detrás de ella. Dell cargaba un pequeño bulto.—¡Por favor, lléveme con usted!El rostro de Dell estaba hecho un desastre de tanto llorar, y sus manos, temblorosas, sostenían el paquete.—Dell, no sabes lo que puede pasar si salimos de aquí.—…Señora, si usted se va, yo moriré de todas formas.Emilia recordó lo ocurrido antes. Sí, así era. Él siempre había sido descuidado con la vida de los demás.Emilia asintió levemente. Dell se acercó rápido.Cuando abrieron la puerta y salieron, la lluvia caía con fuerza. Era el día perfecto para borrar cualquier rastro.—¡Emilia!Boestin se acercó y le entregó algo.—Pensé que podrías necesitar esto.Emilia miró la nota que dejó en su palma.—¡Señora, debemos irnos ya!Dell le tendió una capa. Emilia se la puso sobre los hombros y caminó bajo la lluvia.Con cada paso, el nudo en su pecho parecía aflojarse.Solo necesitaba escapar y desaparecer.—Señora… si tomamos el carruaje, nos atraparán enseguida.—Justo por eso lo usaremos.Emilia subió al carruaje del Duque. En lugar del cochero, tomó ella misma las riendas.—Agárrate bien, no te caigas.Dell, sentada junto al asiento del cochero, asintió y se aferró con fuerza.Cuando Emilia tiró de las riendas, el carruaje se puso en marcha.El carruaje avanzó bajo la lluvia, y Dell miraba al frente con expresión aterrada.—Se-señora, ¿A dónde vamos ahora?El carruaje siguió un sendero que se internaba en el bosque, alejándose del pueblo. Dell preguntó con miedo. Emilia mantuvo la mirada fija hacia adelante.—Dell. ¿Confías en mí?—¿…qué? ¡Señora! ¡Si seguimos, caeremos por el acantilado!—Te pregunté si confías en mí.—¡No tengo a nadie más que a usted, señora! ¿Qué… qué va a hacer?El rostro de Dell palideció y comenzó a temblar. Si continuaban, el carruaje caería por el precipicio.—¡Señora! ¡Aaaahhh!Dell gritó.A algún lugar donde nadie pudiera encontrarlas, donde nadie lo esperara.La lluvia caía sin piedad, cubriendo sus huellas.Traducido por: Valiz
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