El lugar donde se quebró la rosa dorada Cap. 107
Episodio 107
Nina intentó mentir con voz tranquila.
Esperar que seduzca a un hombre que guardaba secretos nacionales sin acostarse con él mientras cumplía sus órdenes era una auténtica locura. Pero el coronel deseaba una Karen “pura”. Si esa fantasía y ese anhelo se rompían, no había forma de saber cómo trataría a una Karen que ya hubiera agotado su utilidad.
Nina se armó de valor y decidió ser más agresiva a propósito.
El coronel la miró con ojos inyectados en sangre, pero aunque Nina se encogió levemente, no retrocedió.
Nina inclinó la cabeza, aunque el coronel ignoró su saludo.
|El coronel llamará personalmente al médico mañana…|
Ella había pensado hacerlo por su cuenta, pero las cosas no parecían ir bien.
Si quisiera, podría simplemente hacerse la desentendida. Quien tendría que cargar con la furia del coronel sería Karen, esa mujer, y nadie más.
Pero le resultó difícil ignorar por completo a la mujer que podría ser despedazada por las manos del propio coronel.
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Esa voz que le hablaba como a una niña inocente…
Esa mirada cargada de afecto, aunque fuera tenue, debilitó su determinación.
Ayudar a Karen y ponerse ella misma en peligro, o seguir fingiendo ignorancia como hasta ahora.
Nina estaba en una encrucijada.
Mientras sopesaba qué camino elegir, sus pensamientos se detuvieron al llegar a las escaleras.
Karen estaba sentada en el segundo escalón, mirándola con unos ojos vacíos.
Lo pude saber con solo mirarla a los ojos.
Oh, lo escuchó todo.
Al fin descubriste la verdad, Karen.
Se necesitaba un lugar más privado para tener una conversación lejos de los ojos y oídos del coronel que estaba en la misma casa.
Primero salieron de la mansión, con pasos amortiguados. Nina la condujo a la colina que solían subir.
Subir la colina les llevó un buen rato, pero no hubo conversación. Subieron en silencio, sin siquiera mirarse, como si cada una estuviera a solas.
Incluso después de llegar a la cima de la colina, ninguna se atrevió a hablar.
|Pensé que estaría bien…|
Nina había imaginado un día como este.
El día en que Karen Shanner se diera cuenta de que había sido engañada por la persona que ella consideraba como a una hermana menor.
Creía que no le afectaría. Era algo inevitable para sobrevivir.
En un mundo donde utilizar y engañar a otros para salvarse no significaba nada.
Pero su corazón seguía latiendo con fuerza. Nina se aferró al dobladillo del vestido para disimular el temblor en sus manos y se armó de valor para mirar a Karen.
Quizás fue la luz azul de la luna lo que hizo que Karen pareciera particularmente pálida.
Nina no tenía intención de enojarse. Pero se dio cuenta de que su voz se había afilado involuntariamente, como si se estuviera enfadando, entonces cerró la boca con rapidez.
Si se enfadaba ahora, parecería alguien que se sentía culpable y reaccionaba con nerviosismo.
Rompiendo el silencio, Karen habló.
Karen cerró los ojos. Intentaba calmarse y tranquilizarse en la oscuridad total.
Mental y físicamente, no podía permitirse recibir un golpe más fuerte que aquel.
Desviando la mano que inconscientemente había ido hacia su vientre, Karen abrió los ojos y miró de nuevo a Nina.
Tal y como había dicho.
Fue un gran impacto, pero estaba mejor de lo que pensaba.
No era como si quisiera morir o sintiera que el cielo se estuviera cayendo.
Tal vez, sólo tal vez…
Hasta el punto de sospechar que, en realidad, lo había notado antes, pero había hecho todo lo posible por no reconocerlo conscientemente.
Un poco más tranquila, le preguntó a Nina con voz serena. Curiosamente, quien reaccionó con temblores y nerviosismo fue la otra mujer.
La resolución de Nina de mantener la calma y no enojarse, convencida de que no había hecho nada mal ni tenía nada de lo que disculparse, se vino abajo en un instante.
Incluso en esa situación, el hecho de que Karen no alzara la voz ni una sola vez le resultaba insoportable.
Ojalá Karen se enfadara.
Si tan solo se enfadara y la culpase…
Entonces sí podría no sentirse culpable.
Karen la escuchaba en silencio.
Sorprendentemente, no sintió ira alguna.
|No puedo negar que lo que dice Nina es cierto.|
¿Podía afirmar con total seguridad que nunca la había visto como un sustituto de Luis?
Por él le había abierto su corazón a Nina; por él había sido aún más entregada; por él se había obsesionado con la seguridad y la felicidad de Nina.
Así que no había nada de lo que quejarse.
Pero no la veía como un reemplazo total de su hermano. Luis y Nina eran muy diferentes entre sí.
No estaba enojada con Nina. Simplemente se sentía infinitamente triste.
Una disculpa débil escapó de sus labios con una voz apenas temblorosa..
Los ojos de Nina se abrieron de par en par al oír la disculpa. ¿Después de descubrir la traición de alguien a quien consideraba una hermana, no solo no se enfadaba, sino que se disculpaba?
Aunque Nina no parecía comprenderlo, Karen se disculpó con total sinceridad.
Le dolió enterarse de que todo en Nina había sido una mentira. Pero ya no quería odiar a nadie. No, más bien, no le quedaban fuerzas para hacerlo.
Había algo que le resultaba aún más doloroso que el hecho de que la Nina que conocía fuera una ilusión construida.
Sin poder alguno, dejándose arrastrar por otros, terminó sin proteger a las personas que le eran más preciadas.
Creía que, al menos, estaba protegiendo a Nina con su sacrificio, pero incluso eso había sido una ilusión.
|Entonces, ¿para qué estoy viviendo?|
Había lastimado a Arthurus, y Nina realmente no la necesitaba.
Y aun así, ¿existía una razón para seguir viviendo en este mundo?
|… Todavía hay una.|
Sólo le quedaba una razón para vivir.
Para ser exactos, acababa de formarse una.
Se acarició el vientre con cuidado. La mirada de Nina, que la observaba con ojos temblorosos, siguió el movimiento de su mano.
Saber de la existencia del niño no hizo que brotara de inmediato un amor maternal desbordante. Lo importante era que aquel niño era el fruto del hombre que había amado.
Ahora ese hombre la odiaría hasta la muerte, pero no importaba.
Aunque fuera con una mirada cargada de odio, quería volver a verlo.
Karen habló con dulzura, pero con firmeza.
Se lo dijo a la verdadera Nina, con total sinceridad. Tal vez fuera la primera y última vez que podía hacerlo.
Se despidió de la verdadera Nina que vislumbraba por primera vez.
Sin dejar atrás rencor ni odio alguno.
Sin saber que aquella actitud, precisamente, acabaría cargando a la otra con una culpa aún más pesada.
Karen se alejó de ella y descendió de la colina hacia la casa del coronel Berschaunt.
Quien no pudo apartar la vista de aquella espalda que se alejaba fue, irónicamente, la persona que la había traicionado durante tanto tiempo.
Así, la larga representación del papel de hermanas llegó a un final tan vacío como abrupto.
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